lunes, 6 de julio de 2026

Las “células sintéticas”


Las células son los componentes fundamentales de la vida, pero están lejos de ser simples. El cuerpo humano contiene unos 37 billones de células, una cifra superior al número de estrellas en el cielo, y los científicos todavía no saben con exactitud cómo funciona cada tipo de célula ni qué contiene cada una de ellas.

Desde hace décadas, los científicos modifican mediante bioingeniería células naturales para resolver problemas humanos. Un ejemplo conocido es la inserción de genes de la insulina humana en células de la bacteria E. coli para producir insulina y tratar la diabetes. Los investigadores sostienen que las células sintéticas representan la próxima frontera de este campo, ya que podrían conducir al desarrollo de nuevos tratamientos contra el cáncer y de formas innovadoras de capturar carbono o fabricar sustancias químicas.

En Madrid el 01 de julio de este año 2026, el diario El País de España, nos muestra a Kate Adamala, una joven investigadora de la Universidad de Minesotta quien informa que su equipo ha publicado un estudio no revisado aun por expertos independientes en el que describe su creación... Aseguran haber creado una “célula sintética” capaz de realizar un ciclo completo: nacer, alimentarse y reproducirse.

El objetivo del equipo era explorar la vida artificial, algo que muchos equipos de todo el mundo persiguen desde hace años, pero el anuncio de Kate Adamala se ha hecho de forma completamente irregular, sin publicar un estudio revisado por expertos independientes, sino con un largo documento de 190 páginas que se ha subido a la web del equipo.

La responsable principal del estudio, Kate Adamala, de la Universidad de Minnesota, asegura que envió el estudio a la revista Cell, un referente de la investigación en biología molecular, y que lo rechazaron diciendo que esto no era biología, según la sección de noticias de Science. Tras este rechazo, Adamala contactó a unos cuantos periodistas de Estados Unidos para contarles el avance. Medios como The New York Times, CNN o el especializado Quantamagazine han publicado este miércoles la noticia.

La joven Kate Adamala explica que no le quería poner su nombre a su creación, así que decidió llamarla Spudcell, “célula patata”. Se trata básicamente de una esfera de grasa microscópica que compone el esqueleto celular, y en cuyo interior hay unas 90.000 letras químicas de ADN que componen un genoma reducido a su mínima expresión, unas 50 veces más pequeño que el de microbios naturales. Este material incluye la maquinaria molecular para leer y copiar ese ADN para permitir que estas células artificiales puedan replicarse.

Según el documento publicado por el equipo de Adamala, estas células creadas desde cero son capaces de alimentarse cuando los científicos les proporcionan alimento —pequeñas vesículas rellenas con compuestos bioquímicos—. También pueden poner en marcha su sencilla maquinaria genética y copiar su ADN para replicarse y producir otras células hijas. Pero este sistema funciona solo si los científicos intervienen aplicando fuerza para producir la división celular.

El proceso, además, es muy imperfecto. Para lograr múltiples rondas de división, los investigadores tuvieron que pasar las células a presión a través de una membrana con agujeros diminutos. Al hacer esto surge otro problema: debido a que los genomas replicados no se separan limpiamente durante la división, solo el 30% de las células resultantes conserva el genoma completo tras cinco ciclos de división. Y además los elementos clave de la maquinaria molecular necesaria van estropeándose y dejan de funcionar.

Los científicos aseguran que este nuevo sistema no solo se alimenta y reproduce, sino que también evoluciona. Han introducido una mutación en el genoma que hace que las células se alimenten con más avidez que otras y crezcan más rápido. En cinco generaciones, esa mutación se hace mayoritaria. Parece evolución natural, pero realmente no lo es, porque la mutación ha sido introducida adrede y la división celular, asistida por los científicos.

Uno de los principales objetivos de este campo de la biología sintética es crear formas de vida capaces de realizar “funciones a la carta”, como producir energía limpia a partir de residuos. Más allá, este tipo de experimentos intenta entender cómo pudo surgir la vida por primera vez y diseñar nuevos sistemas capaces de realizar las funciones fundamentales de las entidades vivas, sin ser exactamente seres vivos.

Hasta ahora, los mayores hitos en este campo se habían conseguido con una aproximación de características opuestas: partir de un microbio real, vivo, e ir reduciendo su genoma hasta su mínima expresión. Este esfuerzo, liderado por el recientemente fallecido Crag Venter, consiguió crear vida más sencilla que la vida natural.

La aproximación de Adamala es precisamente lo contrario: empezar de cero e ir construyendo los componentes básicos de un sistema autorreplicante, hecho de 36 enzimas, 90.000 letras de ADN y una membrana lipídica que envuelve el conjunto en una pequeña burbuja de grasas.

La célula sintética que Adamala y sus colegas construyeron “no representa “vida creada en el laboratorio”, sino “un verdadero hito en el camino hacia esa cuestión”, esto lo afirmó Yuval Elani, profesor asociado de Tecnologías Bioquímicas en el Imperial College London, quien no participó en la investigación.

Maracaibo, el lunes 6 de julio del año 2026

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