Las
células son los componentes fundamentales de la vida, pero están lejos de ser
simples. El cuerpo humano contiene unos 37 billones de células, una cifra
superior al número de estrellas en el cielo, y los científicos todavía no saben
con exactitud cómo funciona cada tipo de célula ni qué contiene cada una de
ellas.
Desde hace décadas, los científicos modifican mediante bioingeniería
células naturales para resolver problemas humanos. Un ejemplo conocido es la inserción de genes de la insulina humana en células de la bacteria E.
coli para producir insulina y tratar la diabetes. Los
investigadores sostienen que las células sintéticas representan la próxima
frontera de este campo, ya que podrían conducir al desarrollo de nuevos
tratamientos contra el cáncer y de formas innovadoras de capturar carbono o
fabricar sustancias químicas.
En Madrid
el 01 de julio de este año 2026, el diario El País de España, nos muestra
a Kate Adamala, una joven investigadora
de la Universidad de Minesotta quien informa que su equipo ha publicado un
estudio no revisado aun por expertos independientes en el que describe su
creación... Aseguran haber creado una “célula
sintética” capaz de realizar un ciclo completo: nacer, alimentarse y
reproducirse.
El objetivo del equipo era explorar la vida artificial, algo que muchos
equipos de todo el mundo persiguen desde hace años, pero el anuncio de Kate
Adamala se ha hecho de forma completamente irregular, sin publicar un estudio
revisado por expertos independientes, sino con un largo documento de 190 páginas que se ha subido a la web del equipo.
La responsable principal del estudio, Kate Adamala, de
la Universidad de Minnesota, asegura que envió el estudio a la revista Cell, un referente de la investigación
en biología molecular, y que lo rechazaron diciendo que esto no era biología,
según la sección de noticias de Science.
Tras este rechazo, Adamala contactó a unos cuantos
periodistas de Estados Unidos para contarles el avance. Medios como The New York Times, CNN o
el especializado Quantamagazine han
publicado este miércoles la noticia.
La joven Kate Adamala explica que no le quería poner su nombre a su
creación, así que decidió llamarla Spudcell, “célula patata”. Se trata
básicamente de una esfera de grasa microscópica que compone el esqueleto
celular, y en cuyo interior hay unas 90.000 letras químicas de ADN que componen
un genoma reducido a su mínima expresión, unas 50 veces más pequeño que el de
microbios naturales. Este material incluye la maquinaria molecular para leer y
copiar ese ADN para permitir que estas células artificiales puedan replicarse.
Según el documento publicado por el equipo de Adamala, estas células
creadas desde cero son capaces de alimentarse cuando los científicos les
proporcionan alimento —pequeñas vesículas rellenas con compuestos bioquímicos—.
También pueden poner en marcha su sencilla maquinaria genética y copiar su ADN
para replicarse y producir otras células hijas. Pero este sistema funciona solo
si los científicos intervienen aplicando fuerza para producir la división
celular.
El proceso, además, es muy imperfecto. Para lograr múltiples rondas de
división, los investigadores tuvieron que pasar las células a presión a través
de una membrana con agujeros diminutos. Al hacer esto surge otro problema:
debido a que los genomas replicados no se separan limpiamente durante la
división, solo el 30% de las células resultantes conserva el genoma completo
tras cinco ciclos de división. Y además los elementos clave de la maquinaria
molecular necesaria van estropeándose y dejan de funcionar.
Los científicos aseguran que este nuevo sistema no solo se alimenta y
reproduce, sino que también evoluciona. Han introducido una mutación en el
genoma que hace que las células se alimenten con más avidez que otras y crezcan
más rápido. En cinco generaciones, esa mutación se hace mayoritaria. Parece
evolución natural, pero realmente no lo es, porque la mutación ha sido
introducida adrede y la división celular, asistida por los científicos.
Uno de los principales objetivos de este campo de la biología sintética
es crear formas de vida capaces de realizar “funciones a la carta”, como producir energía limpia a partir de
residuos. Más allá, este tipo de experimentos intenta entender cómo pudo surgir
la vida por primera vez y diseñar nuevos sistemas capaces de realizar las
funciones fundamentales de las entidades vivas, sin ser exactamente seres
vivos.
Hasta ahora, los mayores hitos en este campo se habían conseguido con
una aproximación de características opuestas: partir de un microbio real, vivo,
e ir reduciendo su genoma hasta su mínima expresión. Este esfuerzo, liderado
por el recientemente fallecido Crag Venter, consiguió crear vida más sencilla que la vida natural.
La aproximación de Adamala es precisamente lo contrario: empezar de cero
e ir construyendo los componentes básicos de un sistema autorreplicante, hecho
de 36 enzimas, 90.000 letras de ADN y una membrana lipídica que envuelve el
conjunto en una pequeña burbuja de grasas.
La célula sintética que Adamala y sus colegas
construyeron “no representa “vida creada
en el laboratorio”, sino “un
verdadero hito en el camino hacia esa cuestión”, esto lo afirmó Yuval
Elani, profesor asociado de Tecnologías Bioquímicas en el Imperial College
London, quien no participó en la investigación.
Maracaibo, el lunes
6 de julio del año 2026
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