domingo, 27 de septiembre de 2020

Regreso a los “pie de páginas”.

Regreso a los “pie de páginas”.

 

Se supone que «Las notas de pie de página sirven para mejorar la comprensión del texto. Se llama pie de página porque las notas se colocan en la parte inferior, ya que si se colocaran en el texto, implicaría confusión para el lector». Cuando se trata de traducciones, algunos opinan que poner notas de pie de páginas representa un fracaso del traductor. Otros consideran que usarlas en las llamadas «novelas históricas» viene a ser casi una necesidad. El rechazo de las mismas en las novelas es un concepto general que tiene explicaciones sencillas y de una cierta lógica.

 

La tercera edición de la novela “Escribir en La Habana” es una “Edición Especial” ya que tiene 820 notas al pie de página. Los temas que se abordan en esta novela van desde la literatura al cine, de la música y las canciones, hasta la santería y la política, bajo la mirada de quien analiza el conocido fenómeno de la revolución cubana para el año 1989.  Para no cansar al lector con detalles que puedan sonar como excusas, o aclaratorias, señalaré solo un ejemplo demostrativo.

 

Si examinamos las 820 notas a pie de página, y tan solo seleccionamos desde la No 1 a la No 85 (esta muestra es tomada arbitrariamente, para usarla como ejemplo) y decidimos escoger un solo tema entre las 85 citas, como puede ser: la música. Hallaremos en el texto y citados en los 85 pie de páginas, 35 fragmentos de canciones, usualmente boleros que se encuentran intertextualizados, no están destacados con comillas por lo que no es de esperar que sean detectables como retazos de composiciones musicales.

 

Si examinamos los nombres de músicos, cantantes o cantautores, o de conjuntos musicales entre los primeros 85 pie de páginas, encontraremos que hay 10 personas citadas, pero si examinamos el mismo renglón en los breves textos que conforman los pie de las páginas, hallaremos 42 personas o agrupaciones musicales citadas y también 48 títulos de piezas musicales de diversos estilos. Si este ejercicio se realiza con toda la novela en sus 820 citas, es comprensible que exista mucho más de un centenar de personajes, canciones, y referencias musicales, usualmente asociadas con el Caribe, y ellas estarán inmersas en el texto por lo que seguramente pasarán absolutamente desapercibidas para el lector.

 

Si vamos más allá y el ejercicio lo repetimos con algunos otros temas, como pueden ser, la literatura, las obras literarias y sus autores, el cine y sus artistas hombres y mujeres, los directores de cine, la música de las películas, los boleros, la santería y el sincretismo religioso, la política y algunos otros aspectos menores, el resultado puede llegar a ser sorprendente.

 

El resultado de este experimento en la tercera edición de esta novela, con pie de páginas (Edición Especial de “Escribir en La Habana”), señala que los pie de páginas, lejos de distraer la atención de los lectores, debería enriquecer la emoción de vivir la trama a través de hendijas o espacios que se acerquen a la corriente de pensamiento del autor.

Todos estos comentarios antes expuestos, aparecen como “Nota del Autor”, en una especie de prólogo y con el título de “Sobre novelas y notas de pie de páginas” en la tercera edición de la novela “Escribir en La Habana” editada en Fuerteventura, isla Canaria, por la Fundación Tindaya con la colaboración del Cabildo de Fuerteventura. Al final he de parafrasear a una joven personaje de esta misma novela quien casi al final de la misma dice un par de frases: “la literatura no se ha hecho para leerla sino para releerla» y «lo que cada uno encuentre en los libros depende más del lector que del autor, sobre todo del lector que sea capaz de releer”.

 

En enero 2013 Hice una llamada de atención sobre los “pie de páginas” en las novelas (http://bit.ly/1hL30xG), y en julio 2013, propuse en Maracaibo, discutir en la Universidad (LUZ) las varias maneras de abordar el texto de esta 3ra edición  de “Escribir en La Habana”, lamentablemente sin lograr apoyo (http://bit.ly/1O06dDA). Más de 15 ejemplares fueron donados a profesores de La Escuela de Letras de LUZ para propiciar un debate sobre la narrativa, sin que ninguno llegase ni siquiera a acusar, recibo de los mismos.

 

Voy a citar también a un catedrático y politólogo español, Rafael del Águila Tejerina (1953 - 2009), especialista en Teoría Política, quien en una de sus obras más sobresalientes "Sócrates furioso: el pensador y la ciudad", ensayo que fue finalista del premio Anagrama del año 2004, hizo este agudo comentario sobre los pie de páginas. “… Tener que leer un pie de página es como tener que bajar las escaleras para abrir la puerta mientras estás haciendo el amor”. Por estas razones y otras propuse una reunión que pudiese ser denominada “conversatorio” en la cual los lectores que se hayan atrevido a leer la novela, pudiesen escuchar y discutir opiniones sobre la 3ra edición de “Escribir en La Habana. Como ya comenté antes, no fue posible…

 

Con cierta preocupación acepté que el formato para una novela (que incluía los 812 pie de páginas y llevaba un anexo con una detallada “fe de erratas”), pudiese hacer parecer extraña mi sencilla propuesta: se trataba de plantear un debate sobre las varias maneras de abordar el texto de la 3ra edición de lo que podría verse como una antinovela, o como un reto por atrevernos a publicar esta “edición especial” de una obra ya antes premiada por el Ateneo de Valencia en la Bienal José Rafael Pocaterra del año 1994. Para regusto o desagrado de quienes desearan leerlos, fueron separados del texto y serían publicados en 2015 todos, en varias tandas en mi blog  lapesteloca.blogspot.com”. 

 

Hace unos meses conversando virtualmente con una estimada amiga que es Profesor Asociado de Literatura en la Universidad Federal de Santa María en Rio Grande del Sur, en Brasil, le plantee el tema de los “pie de páginas” en la Edición Especial de mi novela premiada en la Bienal José Rafael Pocaterra de 1964 y de las dificultades para abordar su lectura en Maracaibo en 2013, y mostraré aquí sus comentarios sobre este particular.   

Es interesante lo que dices del añadido de las notas (pie de páginas) en “Escribir en La Habana”… Es verdad, en un sentido ellas “incomodan”, pero en otro, cuando son bien colocadas, se tornan muy interesantes y constituyen otro “tipo” de lectura, si no me acuerdo mal uno del que hace uso es Puig en “El beso de la mujer araña”, pero no recuerdo que muchos lo utilicen. De cualquier forma, hay aquí una discusión que le gusta mucho a los teóricos, ¿quién es el lector? ¿Para quién se escribe? Los modernos tenían su idea del lector ideal, el “hypocrite lecteur” de Baudelaire y se contentaban con eso, porque era gente que sabía que estaban rompiendo moldes y que sus lectores eran contados, además de todo el aurea de “malditos’, aunque ya comenzaban a batallar interiormente con esto del mercado que le complicó la vida al escritor pero que no podría haber sido de otra manera en un contexto mercantilista como el del capitalismo”.

 

Sin querer descargar las culpas sobre los posibles lectores, que no se atreviesen a aceptar mi propuesta, quiero recordar a Enrique Vila Matas en “Dublinesca”, quien decía: sueño con un día en que la caída del hechizo del best-seller dé paso a la reaparición del lector con talento y se replanteen los términos del contrato-moral entre el autor y el público”. Vila Matas expresaba su la opinión diciendo que,  “si se le exige talento  a un escritor, también debe exigírsele al lector”. Él insistió en que sin llamarse a engaños, “el viaje de la lectura pasa muchas veces por terrenos difíciles que exigen capacidad de emoción inteligente… finalmente expresó como en su opinión “las mismas habilidades que se necesitan para escribir, se necesitan para leer”.

 

Finalmente he de parafrasear a una joven personaje de esta misma novela quien casi al final de la misma dice un par de frases: “la literatura no se ha hecho para leerla sino para releerla» y «lo que cada uno encuentre en los libros depende más del lector que del autor, sobretodo del lector que sea capaz de releer”.

 

Maracaibo, domingo 27 de septiembre, 2020.

 

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