lunes, 17 de febrero de 2020

Mary Fairfax Somerville


Mary Fairfax Somerville

Mary Somerville, fue un genio autodidacta. Fue declarada "la reina de la ciencia". Lo logró a pesar de que durante gran parte de su vida su destino como una heroína científica fue poco probable. ¿Te imaginas que alguien pudiera escribir hoy en día un libro que abarcara toda la ciencia conocida? ¿Y que lo hiciera de manera que le permitiera a cualquier persona con matemáticas de nivel escolar comprender las partes más complicadas de la física de partículas, la química y la astronomía? No obstante, luego cayó en el olvido. En el mes de julio de 2018, en este blog hablé sobre dos mujeres que hicieron ciencia y eran poco conocidas; Caroline Herschel​ y Mary Somerville (https://bit.ly/2OBzvBa), hoy en 2020 regreso a contarles sobre Mary Somerville.  

Mary Fairfax Greig Somerville (1780-1872) "La Reina de las ciencias del siglo XIX", fue una matemática, astrónoma y científica escocesa que era autodidacta.​ Era hija de William George Fairfax (oficial naval, vicealmirante) y de su segunda esposa Margaret Charters. El hogar de la familia estaba en Burntisland, en Escocia. Mary fue la quinta de siete hijos. Con diez años acudió durante un año al colegio, y cuando retornó a su casa, se le despertó la pasión por la lectura. Contó con el apoyo de uno de sus tíos que la animó para que aprendiese latín.  Cuando tenía trece años, la familia se trasladó a Edinburgo y Mary continuó sus clases para completar su formación como dama de clase alta, incluyendo costura, lecciones de piano o pintura. Mary había nacido en 1780 y creció deambulando por la campiña escocesa cerca de su casa en Fifeshire, recolectando conchas y observando aves. El grabado "Mary Fairfax Somerville en la pradera" ilustra lo que era gran parte de la vida de quien más tarde se convertiría en una gran genio autodidacta reconocida por la comunidad científica.
 
Su educación se limitaba a instrucciones en el hogar para que dominara las típicas actividades femeninas de la época: pintura, música y francés. Aprendió a leer cuando tenía 10 años y desde ese momento comenzó a devorar vorazmente libros y revistas, cualquier cosa que pudiera tener en sus manos, incluido Shakespeare. Sus padres no apoyaban sus intereses: su padre era un oficial naval que pasó largos años en el mar, y a su madre aparentemente solo le interesaba leer textos religiosos.

De 13 años visitó una de las aburridas fiestas de té de su madre y una joven amiga le mostró "una revista mensual con imágenes de colores de vestidos de damas, charadas y rompecabezas". Las revistas sí eran material de lectura apropiado para las damas. "Al final de una página leí lo que me pareció una simple pregunta aritmética; pero al pasar la página me sorprendió ver frases de aspecto extraño mezcladas con letras, principalmente X y Y, y pregunté; "¿Qué es eso?" "Oh", dijo la señorita Ogilvie, "es una especie de aritmética: lo llaman álgebra". Tras fastidiar a todos sus "conocidos o parientes" para que le explicaran qué era álgebra, finalmente alguien le dijo que se podía aprender con un libro llamado "Euclides". Tuvo que suplicarle al tutor de su hermano que le comprara el libro, pues no era correcto que una mujer leyera ese tipo de cosas.

Sin dejar de tocar el piano, pintar y arreglar ropa, cuando se iba a la cama, Mary se dedicaba a aprender de Euclides, algo que sus padres no veían con buenos ojos.  Su padre le comentó a su madre: "Peg, debemos ponerle fin a esto, o tendremos a Mary en una camisa de fuerza uno de estos días. Recuerda que X, se volvió loca por estudiar la longitud", y decidieron quitarle la vela para evitar que leyera de noche, pero ella se quedaba en la oscuridad revisando los primeros 6 libros de Euclides en su mente hasta que se los aprendió de memoria.

El matrimonio de Mary con Samuel Grieg, un primo lejano, fue arreglado por sus padres. Para la vida intelectual de Mary, esta fue una unión desastrosa. Más tarde escribió que Grieg "tenía una opinión muy baja sobre la capacidad de mi sexo, y no tenía conocimiento ni interés en la ciencia de ningún tipo. Tomé lecciones en francés y aprendí a hablarlo". La pareja se fue a vivir a Londres, y tuvo dos hijos, finalmente  Grieg murió en 1808 cuando Mary tenía 28 años.  Después de su muerte, Mary volvió a Escocia, y, a pesar de que estaba amamantando a su bebé y cuidando a su otro hijo, "tenía mucho tiempo", escribió, así que reanudó sus estudios; "Estudié trigonometría plana y esférica, secciones cónicas y astronomía de James Fergusson".

En Edimburgo, Mary empezó finalmente a encontrar gente afín. Se ganó una medalla de plata por resolver un problema publicado en un diario matemático, que había sido planteada por William Wallace, el primer profesor de matemáticas de la Universidad de Edimburgo, y era uno de los matemáticos destacados con los que ella mantenía correspondencia. Además, conoció gente con nuevas teorías sobre el mundo natural, extendió sus estudios a astronomía, química, geografía, microscopía, electricidad y magnetismo y usó la herencia que recibió de Grieg para comprar una biblioteca de libros científicos.  

Para cuando conoció a su segundo esposo, William Somerville, ella era una persona excepcional. Somerville también era su primo y médico, pero al contrario de Grieg, tenía una mente inquisitiva y estaba encantado de haber encontrado una esposa inteligente.  Somerville y sus padres alentaron la investigación científica de Mary. Los Somerville frecuentaban la Royal Institution, que había sido fundada en 1799 para "difundir el conocimiento y facilitar el acceso general a invenciones y desarrollos mecánicos y útiles; para enseñar, a través de cursos compuestos de conferencias filosóficas y experimentos, la aplicación de la ciencia en la vida común". 

Vivieron primero en Edimburgo y luego en Londres, y estaban bien conectados con la escena intelectual de la época: eran amigos del pionero de la informática Charles Babbage, del astrónomo John Herschel, el polímata Thomas Young, quien trabajó en todo, desde la teoría de las ondas de luz hasta los jeroglíficos. Por fin Mary estaba en su elemento. Tuvo otros cuatro hijos y, mientras los criaba, comenzó a realizar sus propios experimentos sobre luz y magnetismo y a publicar sus propios artículos científicos. 

Los Somervilles vivían en el centro de todo tipo de entretenimiento científico, y asistían a las conferencias de la Royal Institution, donde científicos como Michael Faraday, Alexander Von Humbolt y Humphry Davy hablaban con Mary como un igual. Fue nombrada miembro honorario de la Royal Astronomical Society.  Fue en este punto que a Henry Brougham, un político reformista que había fundado una "Sociedad para Difundir el Conocimiento Útil", se le ocurrió que había un trabajo para el que ella sería la candidata ideal. Se habían conocido en Edimburgo y Brougham no la olvidó. 

Con su francés fluido y su profundo conocimiento de las matemáticas, le encargó que tradujera el libro que había sido aclamado como el mayor logro intelectual desde "Philosophiæ naturalis principia mathematica" de Isaac Newton: "Mecanique Celeste" o "Mecánica celestial" del matemático y astrónomo Pierre-Simon Laplace, quien no se molestaba en explicar detalladamente sus descubrimientos así que "Mecánica celeste", que abarcaba 5 tomos -4 de ellos publicados entre 1799 a 1805, y el 5º en 1825-, no solo era monumental sino complicada. Mary tenía 51 años y su gran carrera como la escritora científica más vendida estaba por comenzar cuando aceptó la propuesta de Brougham bajo la condición de que el manuscrito fuera quemado si resultaba ser un desastre. 

La labor requerida no era realmente una traducción, sino de una interpretación que hiciera comprensible lo que no lo era: y ella era una de las pocas personas con los conocimientos suficientes como para explicar no solo lo que Laplace había logrado sino también la serie de desarrollos científicos que lo habían posibilitado. Una vez que se convencía de la verdad de un resultado, Laplace tendía a no molestarse en explicar en detalle el asunto. Otro traductor de Laplace había dicho que cuando veía en el texto la frase “es claro” sabía que le esperaban horas de trabajo para poder entender lo que se venía. "Además, era imposible comprender el libro sin saber lo que precedió su obra”, así que Mary empieza con una disertación magistral -así fue descrita en la época- “que sintetiza todo lo que pasó antes en la astronomía física hasta ese punto".
 
En 1832 y 1833 residió un tiempo en París, donde estrechó sus lazos con los científicos franceses, y trabajó en su siguiente libro, "The connection of the physical sciences" publicado en 1834. Su análisis de las perturbaciones de la órbita de Urano incluido en la sexta edición del libro (1842), es el origen de la investigación del astrónomo John Couch Adams que llevó al descubrimiento de Neptuno en 1846. "La visión del mundo que emergía de la astronomía física era deslumbrante". "El alcance (de lo presentado en el libro) lo conectaba al sublime científico, esa idea de que a través de la ciencia encontramos lo asombroso y hermoso en la naturaleza". En su círculo familiar era frecuente la presencia de Lady Byron y de su hija Ada Lovelace, a quien Mary Somerville sirvió de estímulo para el estudio de las matemáticas ejerciendo durante un tiempo como tutora y mentora. A partir de 1838, los problemas de salud de William Somerville llevaron al matrimonio a trasladarse a vivir en el sur de Italia, en busca de un clima mejor.

Pero todo eso se habría quedado atrapado en las páginas a menos de que quien tradujera la obra no solo entendiera las palabras sino también los conceptos y pudiera comunicarlos. Para Lord Brougham, una de las pocas personas con esas capacidades era Mary, y no se equivocó. Otro de los talentos de Mary, resalta Neeley, era la pintura. Eso le permitía dibujar con sus palabras mundos que los lectores no habían visto, desde esa primera obra, que tenía lugar en el espacio sideral, hasta la última, "De la ciencia molecular y microscópica" (1869), que recogía los más recientes descubrimientos revelados por el microscopio. Desde su primera publicación, Mary se volvió famosa, primero entre los expertos y con sus siguientes libros -ya de su autoría- cada vez más con lectores aficionados a la ciencia. 

Su mayor éxito de ventas fue "Geografía física", publicado en 1848, en el que, según dijo, siguió "el noble ejemplo del barón Humboldt, el patriarca de la geografía física", y adoptó una visión amplia de la geografía que incluía la Tierra, sus animales, "habitantes vegetales", así como "La condición actual y pasada del hombre, el origen, las conductas y los idiomas de las naciones existentes, y los monumentos de las que ya no existen". Las ilustraciones de "Geografía física", por decisión de Somerville, no eran necesarias pues para ella eran suficientes los mapas realizados de acuerdo a las estadísticas de Humbold, a quien ella admiraba, un sentimiento que se volvió mutuo tras la publicación del libro.  El libro la hizo merecedora de la Medalla de Oro Victoria de la Royal Geographical Society y de la admiración de Humboldt quien le escribió aplaudiendo su originalidad

Nadie habría pronosticado que Mary Somerville llegaría tan lejos dadas las condiciones en las que creció. Afortunadamente, no solo era un genio sino que vivió en un momento en el que se estaba empezando a reconocer la ciencia "como un foro de conocimiento distintivo, como una fuente cultural común, en lo que valía la pena especializarse". Las ciencias no eran disciplinas que se enseñaban en las universidades en la época en la que ella escribió 'La conexión de las ciencias físicas' (1834) y, como a menudo ha sido el caso, en las áreas que están emergiendo hay espacio para las mujeres. "Si hubiera tratado de participar activamente unos años más tarde, le hubiera resultado muy difícil, pues una vez solidificada, la ciencia dejó de estar abierta para su género".
 
Mary y William Somerville se mudaron a Italia cuando este se retiró de su labor como médico en el Hospital Chelsea en 1840. Veinte años más tarde, William murió.  Mary brindó su apoyo a causas liberales como la campaña de votos para las mujeres y la educación de buena calidad para las niñas. Y continuó escribiendo. Con la ayuda de sus hijas compiló su autobiografía que les pidió que publicaran póstumamente.  

Vivió hasta 1872.  En sus últimos días escribió: "Tengo 92 años, mi memoria para los acontecimientos ordinarios es débil, pero no para las matemáticas o las experiencias científicas. Todavía soy capaz de leer libros de álgebra superior durante cuatro o cinco horas por la mañana, e incluso de resolver problemas". En su obituario, el diario The Morning Post declaró: "Cualquiera que sea la dificultad que podamos experimentar a mediados del siglo XIX para elegir un rey de la ciencia, no hay duda alguna sobre quién es la reina de la ciencia". En 1879, el Somerville College de la Universidad de Oxford fue nombrado en su honor.

Pero, con el tiempo, su contribución a la ciencia fue casi olvidada. La fama tiende a otorgarse a las personas que hacen descubrimientos, no a las que pueden comunicarle brillantemente esos logros al público. Años después, en 1911, en el desfile de "Mujeres famosas" las sufragistas, vestidas como mujeres notables del pasado, se unieron a la marcha y la concentración en el Royal Albert Hall para reclamar el voto. Entre esas mujeres notables incluyeron a Mary Somerville, defensora de la educación superior para las mujeres y el sufragio femenino. 

Maracaibo lunes 17  de febrero de 2020

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