En tu intestino viven billones de microorganismos, en su mayoría
bacterias, con millones de genes, una comunidad a la que se le llama microbiota intestinal que participa en
la digestión, en la defensa contra patógenos y en el entrenamiento de tu
sistema inmune.
La microbiota empieza a formarse desde el nacimiento y en ella influye
hasta el tipo de parto, la lactancia y la alimentación en los primeros años; después,
la dieta, la actividad física, el lugar donde vives la siguen moldeando toda la
vida. En ella dominan dos grandes grupos de bacterias, los Firmicutes y los
Bacteroidetes, y juntos suman cerca del 90 %. Las personas con obesidad tienen
menos diversidad bacteriana, más Firmicutes que Bacteroidetes, y menos algunas
bacterias “protectoras” como Akkermansia muciniphila y Faecalibacterium
prausnitzii.
¡¿Cómo es que tus bacterias le hablan a tu cuerpo?! Esto, hace unos días que lo preguntaba Noemi Cárdenas Rodríguez el 28 de septiembre este año 2026 a través de WordPress…
Noemi nos contaría que la pared del intestino es como “un muro vivo”; posee una sola capa de células unidas por las llamadas uniones estrechas, pero por esa pared se cuelan hasta la sangre los lipopolisacáridos (LPS), que son fragmentos de la pared de ciertas bacterias que el sistema inmune reconoce como amenaza y ellas van a producir una inflamación silenciosa y constante, de bajo grado, lo que hace que las células respondan peor a la insulina. A esto le llaman resistencia a la insulina, y es el primer paso hacia la diabetes tipo 2,
¿Qué pasa cuando comes fibra? Cuando comes fibra -o sea verduras- frutas, granos enteros, leguminosas
en general, tus bacterias la fermentan y producen ácidos grasos de cadena
corta, como el butirato, el propionato y el acetato, moléculas que activan
receptores en el intestino, el páncreas y la grasa: ellas estimulan hormonas
que te hacen sentir lleno (GLP-1 y PYY), ayudan a liberar insulina y a
regular cuánta grasa se almacena. Las bacterias que transforman los ácidos
biliares, también funcionan como señales para el metabolismo de azúcares y
grasas.
Algunos nutrientes abundantes en la carne roja, el huevo y ciertas
bebidas energéticas (colina y carnitina) son convertidos por las bacterias en
una sustancia llamada trimetilamina (TMA), que el hígado transforma en óxido de trimetilamina (TMAO). El TMAO favorece que el
colesterol se acumule en las paredes de las arterias y promueve la inflamación
de los vasos. En más de 4 000 personas, quienes tenían el TMAO más alto,
tuvieron más infartos, eventos vasculares cerebrales y muertes en un análisis
de tres años.
No es para asustarse, también existen buenas nuevas, y la buena noticia
es que la microbiota cambia con lo que comes, y esto lo hace
relativamente rápido. Tú, come fibra todos los días. Lo recomienda Noemi: come verduras,
frutas, granos enteros y leguminosas son el alimento favorito de las bacterias
benéficas. La dieta mediterránea es un buen modelo. Reduce los “ultraprocesados”, el azúcar y el exceso
de grasa: además, algunos aditivos industriales, como los
emulsionantes, que pueden dañar la barrera intestinal y recuera, usar
antibióticos solamente cuando los indique un médico: recuerda que ellos alteran
la microbiota.
Noemi
finaliza sus consejos proponiéndote: “muévete, duerme y cuida el estrés y el
alcohol ya que ambos afectan la pared intestinal. Probióticos y prebióticos: bacterias como Lactobacillus
y Bifidobacterium, y fibras como la inulina, han mostrado beneficios en algunos
estudios, aunque no son una solución mágica. Entre tanto, en la clínica se
exploran opciones más avanzadas, como el trasplante de microbiota fecal, la
cirugía bariátrica (que también modifica las bacterias) y fármacos
experimentales que bloquean la producción de TMAO (óxido de trimetilamina.
En este blog (lapesteloca) ya
hemos conversado sobre estas cosas desde el 31 de julio del 2021, el 5 de
octubre y el 23 de noviembre del 2024; si retrocedes y le echas un ojo, veras
hasta donde hemos llegado con los trasplantes de caca (lease elegantemente “de
microbiota”).
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