miércoles, 14 de octubre de 2026

Rosalind si lo había visto


Daniel Mediavilla es un destacado periodista científico español y cofundador de Materia, la sección de Ciencia del prestigioso diario El País. Su trayectoria, le ha llevado a especializarse en acercar al público temas complejos sobre astrofísica, biología, tecnología y sobre el impacto de la inteligencia artificial. Anteriormente formó parte de las redacciones de otros medios españoles como ABC y Público, y ha colaborado en el ámbito de la comunicación institucional redactando discursos. Además de sus artículos escritos y reportajes en formato de vídeo, participa en proyectos de divulgación sonora como el podcast El lado malo de la historia. Muy recientemente, el día 6 de octubre de este año 2026, Mediavilla publicó un artículo en El Pais, España, donde destaca un hecho histórico señalando que: “Rosalind Franklin sí había visto la hélice” y de cómo una foto olvidada cambia la historia de la estructura del ADN.

La existencia de unas notas sobre la científica Rosalind Franklin apuntando a la estructura helicoidal del ADN desmienten una vez más, el relato distorsionado de su papel en el descubrimiento de esta investigación. La situación destacada por Mediavilla muy recientemente nos lleva a regresar a trabajos previos en este blog (lapesteloca en mayo 2017 y junio 2023) sobre el importante rol de Rosalind Franklin y la historia de cómo su trabajo no fue tomado en cuenta por Watson y Cricks.

Durante décadas, una de las historias más conocidas de la ciencia se contó como una película. En 1953, con 23 años, James Watson visitaría el laboratorio de Maurice Wilkins en el King’s College de Londres, y allí, Wilkins le enseña una fotografía del ADN que había tomado Rosalind Franklin y Watson tuvo una epifanía… “En cuanto vi la imagen, me quedé boquiabierto y mi pulso empezó a acelerarse”, escribe Watson en La doble hélice: una reseña autobiográfica sobre el descubrimiento del ADN, el libro en el que quince años después, el científico contó cómo él y Francis Crick desentrañaron la estructura del ADN…Una emotiva historia que destacaba la genialidad del autor del relato y la incapacidad de la mujer que tomó la Fotografía 51 para comprender su significado pese a haberla tenido delante durante varios meses. Watson, Crick y Wilkins recibieron el Premio Nobel de Medicina en 1962, cuatro años después de la muerte de Rosalind Franklin. Ahora, un artículo publicado en el Journal of the History of Biology, adelantado por la revista Science, cuestiona este relato. Ella sí había visto la hélice, según lo demuestran sus notas.

Uno de los argumentos que hicieron dudar sobre la capacidad de Franklin para entender su propia imagen es que, a diferencia de lo que solía hacer, no tomó apenas notas en la 51 comentando su resultado. Alistair Sponsel, del Instituto de Historia de la Ciencia de Filadelfia, y Brian Sutton, del King’s College, explican que no lo hizo porque ella ya había percibido la estructura helicoidal del ADN con una imagen anterior, la Fotografía 49, tomada el 2 de mayo de 1952. Según sus anotaciones, señalan los autores del análisis, ella reconoció el patrón de la imagen como compatible con una hélice y calculó que la estructura completa una vuelta cada 3,4 nanómetros y que tiene aproximadamente diez capas de bases “por vuelta de hélice (si es que es una hélice)”, escribió. Pero la imagen no era lo bastante buena y por eso, con la misma muestra de ADN y las mismas condiciones experimentales, tomó la Fotografía 51. Quería una foto mejor centrada y de calidad publicable. El motivo de que la nueva imagen sea tan clara era, precisamente, porque Franklin sabía qué fenómeno quería capturar. Sin embargo, el artículo también aclara que esto no significa que, por sí sola, Franklin hubiera descubierto la estructura completa de la doble hélice. Aunque en mayo de 1952 sabía que el ADN tenía esa forma, todavía no había establecido con precisión cómo se organizaban las dos cadenas ni cómo encajaban sus componentes.


Watson y Crick fueron más allá, construyendo un modelo de la molécula en el que se reunían las pistas de la fotografía con lo que se sabía sobre la química del ADN. Las diez capas de bases que Franklin calculó para cada vuelta de la hélice eran en realidad diez pares de bases enfrentadas. En ese modelo, las dos cadenas corrían en sentidos opuestos y las bases de una cadena se unían de manera específica con las de la otra: adenina con timina y guanina con citosina. Así, cada cadena contenía la información necesaria para reconstruir la otra.

Esto permitía explicar algo que una fotografía no podía mostrar por sí sola. La gran aportación de Watson y Crick no fue simplemente identificar una hélice, sino encontrar una arquitectura que explicaba al mismo tiempo la forma de la molécula, sus propiedades químicas y su capacidad para almacenar y copiar información. En resumen, cómo podía copiarse el ADN y, por tanto, cómo podía transmitirse la información genética de una célula a sus descendientes.

En 2023, Brian Sutton, uno de los autores, ya contó que Rosalind Franklin estuvo cerca del descubrimiento. A comienzos de 1953, sus notas muestran que estaba considerando explícitamente una hélice de dos cadenas y escribió que consideraba muy probable una estructura helicoidal, probablemente con diez bases por vuelta, con los fosfatos hacia fuera y las bases hacia dentro, como reza la descripción clásica de Watson y Crick.

Una de las principales fuentes de la confusión histórica sobre el papel de Rosalind Franklin es la potencia del relato en primera persona de Watson en La doble hélice. El autor ya explica que es su versión de los hechos y, en el prólogo original, Lawrence Bragg, director del Laboratorio Cavendish y jefe de Watson y Crick, advierte de que el libro “no es una historia”, sino un “registro de impresiones más que de hechos históricos”, y advierte de que los acontecimientos fueron más complejos y las motivaciones de los protagonistas y menos tortuosas de lo que Watson comprendía entonces.

En esas impresiones queda claro el desprecio al que tuvo que enfrentarse Franklin con sus compañeros. Watson habla de “la terrible Rosy” y se muestra obsesionado con su aspecto, con que fuese sosa y no usase pintalabios o se arreglase el pelo para resaltar su belleza. También la describe como “incompetente en la interpretación de imágenes de rayos X”, aunque fuese una experta cuyas fotografías, según otros expertos, eran las mejores de la época. Watson escribe que “el mejor lugar para una feminista es el laboratorio de otro”   y recuerda el conflicto de la investigadora con Wilkins porque este daba por hecho que Franklin trabajaría como su asistente, mientras ella pensaba que tendría independencia para llevar su propio proyecto.

El libro de Watson ya fue polémico en su momento, él ya tenía el libro “apalabrado” con Harvard University Press, pero Crick y Wilkins protestaron por cómo los retrataba y la editorial renunció a publicarlo. Crick escribió a Watson que el libro era “engañoso y de mal gusto” y que, en lugar de iluminar el descubrimiento científico, lo distorsionaba. Wilkins dijo que era injusto con casi todos los mencionados, excepto el propio Watson, y en particular con Rosalind Franklin, de la que ni siquiera mencionaba que había muerto. El libro fue modificado tras las objeciones de los retratados, pero Franklin ya no se podía defender.

En el epílogo del libro, Watson habla de la muerte de la científica y rectifica parte de su retrato. Admite que sus primeras impresiones, tanto científicas como personales, eran en buena medida erróneas, y elogia su valentía y su integridad, en especial la entereza con la que siguió trabajando mientras estaba enferma. También reconoce el valor de su trabajo cristalográfico. Sin embargo, para muchos, eso no compensa el tono despectivo del resto del libro, que sigue siendo uno de los más controvertidos de la historia de la ciencia.

Maracaibo, para lapesteloca en el miercoles 14  de octubre del 2026

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