La metamorfosis en los insectos es el proceso biológico de desarrollo post-embrionario mediante el cual estos animales cambian de forma, estructura y ecología desde su nacimiento hasta alcanzar la madurez. Con esa precisión habías comenzado a conversar y seguidamente, añadirías: este fenómeno les otorga una enorme ventaja evolutiva, ya que permitirá que las fases juveniles y adultas no compitan por los mismos recursos renovables, o no…
Eso es más elemental que el queso. Así te lo dije, fríamente, como para que recordases que es Enmental aquel queso duro o semiduro famoso por sus grandes agujeros y entonces fue cuando pensé en los negros, -a los agujeros me estoy refiriendo- aunque, aceptaria mi equivoca digresión ya que era elemental circunscribir la conversa a la metamorfosis de los insectos… Pero vos, de inmediato saliste replicándome que no eran incestos sino insectos, pues aquellas prácticas –las incestuosas- me aclaraste, son otras, las que por lo que sabemos requieren de cierto grado de consanguinidad.Toda aquella perorata que parecía comenzar a desenrollarse, valió para que regresáramos al hecho de que la metamorfosis aunque ya sabiamos que era un proceso post-embrionario y aunque bastaría con meter una ache, para que se revolviese el asunto regresando a la onda incestuosa entre hembras y machos… ¡Pero no mochos! Acostaste vos interrumpiéndome con toda la precisión de “pseudolinguista aficionado” que te caracteriza, entonces, volviste a preguntarme si acaso yo recordaba que era Sir Arthur Conan Doyle el culpable de aquella frase –la del queso- que mentalmente siempre remataríamos con “querido Watson”…
Estábamos casi enzarzados en un ditirámbico trabalenguas como el del perro de Ramón Rojas que tenía el rabo roto, casi adentrándonos en los predios de Mariachucena la que techaba su choza… Por lo tanto… Te lo dije, pidiendo con palabra de referee, un “break” -aunque en realidad lo que les pide el árbitro a los contendores es “descanso”- y esto me llevaría a recordar que, y ni se cómo, cuándo, ni por qué (como cantaba aquel colombiano PachitoEché) pero esa era una frase icónica en mi subconsciente que se repite sin que pueda saber de dónde saldría:“me canso ganso dijo un zancudo cuando volar no pudo”.
En realidad, estábamos muy lejos de andar apostrofando ya que un apóstrofe, implica interrumpir una conversación con vehemencia, y poniéndole cierta emoción y sin molestarnos es decir, sin recriminación alguna, y nosotros, -ambos dos- estábamos sencillamente conversando sobre el queso y los insectos mientras en una casi inveterada costumbre, andábamos y -en modo- exprofeso, mezclando la gimnasia con la magnesia: y no es Phillips, remataste vos con una precisa acotación de esas que te caracterizan.

Acordamos que no era lo mismo –pelota en China que chinaenpelota- y vino a mi mente, -automática/ídem- pero hablábamos de conversar y no de andar apostrofando, aunque de revolver o batuquear tanto el lenguaje, fuese el sin sentido de toda aquella conversa y como si tratásemos de regresar al comienzo, a la forma juvenil o iniciática de lo que debería ser una conversación seria, me recordaste que eran larvas las formas juveniles de los insectos y que ellas eran completamente diferentes a las de los insectos adultos, aunque todavía tendrían que pasar por una cierta fase de inactividad llamada

Pupa, me dijiste, con toda la precisión que te otorgaba tu afición a la Biología, y continuaste informándome que es un estado de la metamorfosis en los insectos holometábolos para transformarse desde su penúltima fase de larva cuando eran sencillamente una oruga o un gusano hasta llegar a convertirse en un insecto adulto. Cuando son mariposas o polillas, se les dice “crisálida” me informaste de manera precisa, como para complementarme o para rematar y casi poder darle punto final al tema de la transformación vital de los insectos.

Yo recordaría que las crisálidas son como capullos de seda y te diría que no olvidases aquello de que “mona se queda” aunque de seda se vista… Vos te reíste y supongo yo que fue porque pensaste en tu país, mi país, el pobre país, y de cuán lejos estábamos de regresar a la normalidad ciudadana, de volver a la Mona lisa de Leonardo, no a la monaplana, si a la de la mística sonrisa, aunque ya hasta Julia Roberts se nos estaba envejeciendo y no había aun ni visos de enderezar la vida ciudadana (buscaba yo la rima solamente) y es que provocaba apostrofar con ganas ante tanta desidia y un proseguir sufrido e inclemente mientras los vemos metamorfosearse irreverentes, son un reguero, de canallas de uña en el trasero…
Que oiga quien tenga oídos decía mi primo hermano Ernesto…
Maracaibo, el mismo domingo 25 de octubre del año 2026

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