Los escritores caribeños han sido fundamentales al crear las denominadas “novelas de bolero”, libros estos que han quedado marcados en su ritmo, en su argumento o en su tema, por la música, las canciones, y la vida de los músicos e ídolos populares. La música caribeña sonaría en las páginas de ciertos libros, siempre con un lugar especial para el bolero y otros géneros afines. Es que el bolero con su ritmo, en su argumento o en su tema, por la música, las canciones, y la vida de los músicos e ídolos populares, siempre el bolero rebasaría las fronteras, y no sólo se presentó como forma pan-caribeña sino también pan-latinoamericana.
La musica brillaría con Guillermo Cabrera Infante (https://bit.ly/3WGrcou) en Tres tristes tigres (1964), con Luis Rafael Sánchez en La guaracha del Macho Camacho (1976) y La importancia de llamarse Daniel Santos (1988). Inolvidable Parece que fue ayer de Denzil Romero (1991), y con el título del bolero de Pedro Vergés Sólo cenizas hallarás (1980) en uno de los cuentos de Raúl Pérez Torres (1994) y en Te di la vida entera (1996) de Zoé Valdés.
La novela de Denzil Romero crea la expectativa de un divertimiento donde se reproduce la letra completa del bolero Parece que fue ayer (1967) del mexicano Armando Manzanero, canción que recuerda un amor feliz que perdura, situación poco común en este género donde abunda la tristeza y los fracasos amorosos. En los seis capítulos/números, la novela relata como un grupo de bolerómanos integrado mayoritariamente por venezolanos, aunque también hay un cubano, un puertorriqueño y un costarricense, se hallan reunidos en un bar caraqueño dos días seguidos, en la noche del 13 al 14 de febrero de 1990, -día de los Enamorados-, y discurren sobre los boleros, sus medios de difusión y sus intérpretes preferidos, lo que les provocará delirios sensuales expresados en un lenguaje a veces bastante vulgar, donde los boleros les llevan a fantasías eróticas del pasado. Todos recuerdan canciones de las grandes estrellas del bolero, del mexicano Agustín Lara, o de la cubana Olga Guillot, y cantan estos boleros “tergiversando las letras; arruinándolas no pocas veces; haciéndoles segregaciones”. De este modo, todos se divierten inventando adivinanzas a las que contestan con una frase de bolero o insertan boleros en contextos nuevos, lo que les provoca la risa.

En realidad, la erudición desmesurada de Denzil Romero abruma en este texto excedido de canciones. Lo que Denzil Romero, o quizá sus editores presentaron como novela, en realidad resultó ser un palimpsesto donde la literatura sobre este género musical, se transforma en una inserción intertextual de los boleros y la introducción de ellos en los discursos, pudiendo plantear la relación entre oralidad y palabra escrita, en ocasiones puede rebasar los límites de un tratamiento realmente literario.
Para los cubanos y los puertorriqueños hay un sesgo de la literatura que se asocia a la situación política. Nueva York era visto como la capital del Caribe según el escritor puertorriqueño Luis Rafael Sánchez (La guaracha del Macho Camacho) El sesgo político en mi novela Escribir en La Habana es innegable, sin embargo, hay más de 60 boleros intertextualizados en la novela, por lo que la música caribeña, como el cine y la literatura, forman parte muy importantes en esta novela, que fue premiada en 1994 en la Bienal Jose Rafael Pocaterra. El caso dominicano es distinto, sobre todo desde que el premio Pulitzer 2008 fue adjudicado a Junot Díaz por La maravillosa vida breve de Óscar Wao; en cierto momento le dieron al escritor Diaz una medalla para distinguirlo como ciudadano dominicano y después se la quitaron porque Junot había criticado la política del gobierno hacia los haitianos.
Maracaibo, lunes 12 de octubre, 2026 antes, “Dia de la raza”



No hay comentarios:
Publicar un comentario