¿Existe alguna conexión
entre Don Quijote y Madame Bovary? Una respuesta a esta interrogante nos la
ofrecería el escritor y diplomático español José María Ridao Domínguez, quien
en “El País de Don Quijote”(2005)
señalaba que las ideas del hidalgo manchego y la “inflamación amorosa” de Emma
Bovary eran producto de una “intoxicación literaria” siendo inequívoco el
origen libresco de sus respectivas ambiciones.
Flaubert aprovechando los
recursos de Cervantes y apropiándose de ellos destacará “las imperfecciones de la vida” y en su último manuscrito, Bouvard el Péuchet (1881), resumirá en
estos dos personajes, “caballeros andantes del saber”, quienes, como ya lo
vivirían Don Quijote y la señora Bovary se dirgen al fracaso, siguiendo fieles
al modelo cervantino con ese tono paródico que nos regresa obligadamente a
Miguel de Cervantes y a su Don Quijote de la Mancha.
La documentación
requerida por Gustavo Flaubert para escribir “la historia de una pareja de
copistas” redactando “una enciclopedia de la estupidez”, le tomo varios años…
Ridao Dominguez destaca como ya en 1869, Julio Verne había publicado en Francia
con gran éxito su novela “Veintemil
leguas de viaje submarino” y la literatura que manejaba con gran éxito
aquella especie de cierto “desencanto por
las imperfecciones de la vida” como las padecidas por don Alonso Quijano y
por la señora Emma Bovary, mostraba otras opciones.
Todas estas reflexiones
nos obligan a recordar a Isaiah Berlin quien escribiría sobre las doctrinas
fanáticas del siglo XIX y de la necesidad de preservar un cierto equilibrio,
aunque sea imperfecto pues estará referido a las cuestiones humanas, sobre
infelicidades individuales o colectivas, lo cual siempre es una responsabilidad
que, como seres humanos, nos corresponde enteramente.
Maracaibo,
viernes 14 de agosto del año 2026
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