“Un estudio descifra la alargada espiral que emerge del cráneo de estos
unicornios marinos, formada por dos capas dentales que crecen en sentidos
opuestos y le confieren gran resistencia”. Así lo anunciaba recientemente Ana Lozano del Campo,
el18 de agosto de este año 2026, en un reportaje en el
diario El País, de España, sobre
el colmillo de- el narval- “un
“cuerno mitológico” que se adelantó miles de años a la ingeniería de materiales”.
Cuando
en 1593 Cornelius de Jode publicó en Amberes su famoso atlas Speculum
orbis terrarum, dibujó sobre los mares cercanos al polo Norte un extraño animal: un
caballo con cola de pez y un largo cuerno en la frente. Unas décadas antes, una imagen muy
parecida había aparecido en un mapa de Escandinavia publicado
por el sueco Olaus Magnus, quien describía el extraño ser como "un monstruo marino con un gran cuerno en la
frente, con el que embiste
los navíos que le salen al paso y los hunde. La bondad divina ha querido que
sea una bestia tarda y muy lenta, de suerte que los
marinos al verla pueden escapar fácilmente".
Siempre se había
considerado al unicornio como un
animal terrestre, pero… ¿Podía acaso haber unicornios marinos? En el
siglo XVI, algunos empezaron a fijarse en el hecho de que los supuestos
cuernos de unicornio se hallaban más fácilmente en los países de “la Europa
atlántica”. Por su parte, los navegantes aseguraban haber visto animales
marinos semejantes en aguas de América del Norte. Esto tal vez explicaría
la referencia de Olaus Magnus al monstruo marino que él llamaba monoceros,
esto es, "unicornio".
El navegante
inglés Martin Frobisher pensó lo mismo cuando, -en el viaje
que en 1577 hizo por aguas de América del Norte, entre Groenlandia y Canadá-,
encontró "un pez muerto, que llevaba
sobre su nariz un cuerno recto y enroscado, de 1,80 metros de longitud
[...]. Dedujimos que se trataba de un unicornio de mar". Frobisher se
trajo consigo el cuerno y lo
regaló a la reina Isabel de Inglaterra, quien, encantada, lo hizo
adornar con joyas.
El aumento de expediciones al Ártico hizo
que se sucedieran los hallazgos en los años siguientes, lo que indujo a los
estudiosos a analizar a fondo el asunto de los peces con cuerno. El médico danés Ole Worm fue
el primero en afirmar, en una obra publicada en 1638, que los cuernos como
los que había traído Frobisher no pertenecían al fantástico unicornio de
mar, sino a un animal marino real: el narval. En 1676, el médico
alemán Paul Ludwig Sachs dedicó al tema un extenso
tratado, titulado “Monocerologia”, o, "La ciencia del
unicornio".
En efecto, el
narval, es una ballena emparentada con la beluga, que ha resultado
ser la inspiración del imaginario unicornio marino. Cuando son adultos, los
narvales pueden llegar a medir hasta cinco metros de longitud
y viven mayoritariamente en las frías aguas árticas de Canadá,
Groenlandia y Rusia. De estas zonas procedían los supuestos cuernos de
unicornio que circulaban por la Europa medieval. Los inuit cazaban los
narvales y los daneses se encargaban de comercializar los cuernos.
El
impresionante apéndice que sale de la nariz del narval ha
constituido durante largo tiempo un enigma para los científicos. En la
actualidad, sabemos que el "cuerno" es en realidad un colmillo que ha
ido creciendo exageradamente y que sólo
está presente en los machos adultos. Para los narvales es un elemento
imprescindible que garantiza su supervivencia en el Ártico, no como defensa
sino por sus funciones sensoriales:
con más de diez millones de conexiones nerviosas, el colmillo del
narval puede detectar cambios en la temperatura, la salinidad y las partículas
del agua.
Aun después de desligarse del unicornio mitológico, el
colmillo de narval siguió siendo un objeto de deseo: el rey Federico
III de Dinamarca (1648-1670) mandó construir un nuevo trono para
su corte ornamentado con cincuenta pequeñas columnas hechas con
trozos de colmillo de narval, como hoy puede aún verse en el
castillo de Rosenborg, en Copenhague. El polvo de colmillo de
narval siguió estando presente en las farmacopeas europeas hasta
entrado el siglo XVIII como remedio
infalible para curar dolencias y depresiones. Y hasta el nombre
científico de la especie del narval, Monodon monoceros ("un
diente, un cuerno"), remite al mítico unicornio que
fascinó a los hombres
del Renacimiento.
En Maracaibo, el domingo 23 de agosto
del 2026
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