¿Por qué hoy, de nuevo, me
encuentran regresando a conversar sobre este escritor-pintor-hombre de ciencia?
Ernesto Sabato, nació el 24 de junio
de 1911, día de San Juan Bautista, en Rojas, un pueblo de la provincia de
Buenos Aires, Argentina. Lo he visto otra vez por “las redes”, hablando desde
“la nube” sobre su interés en la pintura y de sus obras pictóricas, y me
provocó volver a escribir sobre él, en lapesteloca…
Sencillamente. á
La
vocación literaria de Sabato estuvo presente desde que él era un niño. Fue un
profesor de matemáticas, un hombre importante en su vida quien le mostró el
mundo de los números y de los teoremas… “Cuando
yo descubrí las matemáticas encontré una gran paz, un orden que yo necesitaba
en medio del caos”. En la Facultad de Ciencias
Físico-Matemáticas de la Universidad de La Plata, Ernesto cursaría la carrera
de Física mientras comenzaría a ver la injusticia social y eso le llevará a
vincularse con grupos comunistas y anarquistas. Cuando en 1930 se dio el primer
golpe militar en Argentina, Sabato ingresaría a la clandestinidad como
militante de la Juventud Comunista para finalmente escapar de La Plata… El
Partido Comunista le llevaría al “Congreso
contra el fascismo y la guerra” en Bruselas, perro de allí también se
escapó y regresa a Argentina para terminar su doctorado. Luego le conceden
una beca para trabajar en 1938 en el Laboratorio Curie, junto a Irene
Joliot-Curie. Sabato entra en contacto con Wilfredo Lam, pintor cubano y a
partir de allí con “el grupo surrealista
de André Bretón: Oscar Domínguez, Féret, Marcelle Ferri, Matta, Francés,
Tristan Tzara…”
Su
primer libro, Uno y el Universo,
publicado en 1945, comprende una serie de artículos filosóficos en los que
critica la neutralidad moral de la ciencia y alerta sobre los procesos de
deshumanización en la sociedad. El
túnel (1948), una novela psicológica y existencialista, aparece
en la revista Sur después de ser rechazada en varias editoriales. Sobre héroes y tumbas (1961)
narra la historia de una familia aristocrática argentina en decadencia,
intercalada con relato intimista sobre la muerte del general Juan Lavalle. Es
considerada como una de las mejores novelas argentinas del siglo xx. Su tercera
y última novela, Abaddón el
exterminador (1974), en la cual Sabato se incluye a sí mismo como
personaje principal y allí retoma a algunos de los personajes ya aparecidos
en Sobre héroes y tumbas.
Informe
sobre ciegos es considerado el mayor logro estético de Sabato y
su más audaz creación narrativa dentro de Sobre héroes y tumbas (1961) donde
aceptar la vida es aceptar la existencia del Mal que recoge una tradición
intelectual y, por supuesto, religiosa. La idea del Mal es la esencia del
Informe sobre ciegos. El Mal existe en el hombre, en su vida subterránea,
oscura, y primitiva y Fernando Vidal, el narrador del “Informe”, es un
loco con una hipótesis asombrosa y gran tenacidad para defenderla. “los
males del mundo son culpa de una secta de malvadísimos ciegos que viven en el
mundo subterráneo”. Pero el Mal también está en el interior del propio
Fernando. Su egoísmo, su locura, su pasión incestuosa, todos estos factores
afectarán de forma decisiva a las vidas de los que le rodean. Fernando Vidal es
asimismo un “hombre subterráneo”.
Dostoievski,
tiene un peso fundamental en la trayectoria novelística de Sabato, y será
Fernando Vidal el héroe dostoievskiano más claro. Como Dostoievsky, Sabato
analiza la naturaleza humana, en un estado de locura, la del crimen y su
análisis se refiere a estados de enajenación que no son normales. La
reconstrucción de ese horizonte nos puede ayudar a definir qué significa la
locura para el narrador argentino. En Sabato, la locura no se reduce a la
negatividad absoluta de la sinrazón. “Si existe el hombre como
persona, el mal ha de tener un origen interno y no puede ser el resultado de
condiciones o ambientes externos”.
Sabato
escarbando en la irracionalidad se arriesgará más aun en Abaddón el
exterminador, donde el novelista, convertido en personaje, ahonda en
esos territorios que escapan a la verificación y al pensamiento lógico. La
trilogía novelística sabatiana es, la intensificación progresiva de una idea
central, la de la ceguera, de la cual se extrae todo un potencial significativo
y metafórico. Fernando Vidal trata de descubrir los secretos de la Secta de los
Ciegos para encontrar una explicación a la injusticia y al sufrimiento humano y
se esfuerza por convencernos de que esa idea es indemostrable y, sin embargo, es
atractiva. El protagonista continúa su investigación en la casa de Belgrano y
las presencias fantásticas le rodean: siente al Anciano gigantesco con un solo
ojo y siente el vuelo de los pterodáctilos. Teme que le arranquen los ojos,
como él hacía con los animales de sus crueles experimentos juveniles. En el
siguiente espacio en un páramo, un Ojo Fosforescente llama a Fernando y la
entrada en el Ojo, lo transformara en pez, lo que supone el ascenso final hacia
el destino cuando la unión con la Ciega supondrá el límite de la profundización
en el inconsciente logrando, de ese modo, asumir el Mal entregándose totalmente
al mundo de las tinieblas.
Abaddón el Exterminador es la última parte de la trilogía que
Ernesto Sábato empezó con El túnel (1948) y
siguió con Sobre héroes y tumbas (1961). Abaddón es un libro
que hay que leer con calma, y, si es posible, volviendo atrás de vez en cuando
para releer alguna escena. Su técnica nos presenta una estructura
narrativa fragmentaria que sirve a una mezcla de sucesos autobiográficos
verídicos o fantásticos (historias paralelas, análisis filosóficos, hipótesis y
crítica literaria) recreados por personajes que, con el mismo rol, tienen
generalmente presencia en la novela anterior. Abaddón es la más
experimental de las tres novelas del escritor argentino y posee un
argumento marcadamente apocalíptico, con la recreación de sucesos nefastos de la Historia Argentina de los 70, donde
también se encuentran presentes los dramas mundiales del siglo XX como la
Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Vietnam.
El texto es una visión apocalíptica de los tiempos
actuales, donde se denuncia el triunfo del Mal. El autor, desnudando la verdad,
rompe con la inmanencia ficcional, y crea una novela abierta, fragmentaria con
evidencias de un arduo trabajo introspectivo, reflexivo y
crítico. La novela se estructura en torno a un sujeto que mira al
mundo y se mira a sí mismo con una visión abarcadora, que va desde el yo
poético inserto en la historia hasta la reflexión sobre la creación literaria.
La fisión de los personajes es notoria: se observan series que se despliegan o
duplican en espectros psicológicos amplios y el autor se presenta en forma
explícita, ya que aparece como personaje o es aludido por otros.
Las obsesiones de Sábato aparecen en Abaddon,
el exterminador y debido a la estructura de la novela servirán
para incrementar la impresión de caos y pesadilla. Las manías persecutorias del
Sábato personaje se convierten en cotidianas pero el horror y la intuición de
que seres malignos pueden estar guiando nuestras vidas más allá de lo que nunca
llegaríamos a sospechar se impone durante toda la novela. Sábato escritor
arrastrará al lector hacia sus obsesiones, hasta convencerlo para luego dejarlo
libre.
La pesadilla cobra vida durante la lectura, no
después, y sin caer en refugios apocalípticos de mundos paralelos o realidades
alternativas, el lector percibe estar entre personajes que se persiguen y se
espían hasta la exasperación. Mediante la continua necesidad de crear, el
escritor de la novela avanzará entre la melancolía, el horror y el humor que
surge de los diálogos, inteligentes y agudísimos, que termina por conducirnos
hacia ese territorio de sombras, donde florece el Mal, ese que forma parte de
la esencia del ser humano, ese que cada uno lleva dentro de sí pero muy
pocas veces se dispone ni tan siquiera a mirar de reojo...
Frente a la omnipotencia
científico-técnica, Sabato rescataría los fueros del arte, de la poesía y la
literatura. Su talento ha sido reconocido y premiado entre otros muchos,
recibiría el Gran Premio de la Sociedad Argentina de Escritores
en 1974, el premio de Consagración Nacional de la Argentina (1975), el
Premio Miguel de Cervantes en 1984, el más importante de los
galardones para escritores de habla hispana. También fue candidato en
tres ocasiones al Premio Nobel de Literatura.
Sabato representa el escritor con
una misión ética, una responsabilidad política en el sentido más amplio y así,
mantuvo una constante y reiterada preocupación por el pueblo argentino y su
destino histórico. Sábato planteó siempre la posibilidad de rectificación
buscando un ajuste permanente de sus opiniones políticas y su autenticidad y
valentía hicieron de él un orgullo de sus compatriotas por ser un árbitro moral
en los conflictos de su país.
Maracaibo, el martes 25 de agosto del año 2026
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