miércoles, 23 de agosto de 2017

El Nilo Azul




El Nilo Azul

Creo que si a cualquiera de nosotros le preguntan por “las cataratas del Nilo”, pensará que debe ser una equivocación, y dirá para si: cataratas las del Niágara, o las del Iguazú, y además, todos sabemos sobre el salto Ángel, pero, ¿del Nilo? No faltará quien haga el comentario de: cataratas las del cristalino del ojo, ¿será de estas que me están hablando? Es adecuado entonces el momento para aclarar el punto y destacar que el Nilo tiene cataratas y no una, sino seis cataratas. Las cataratas del Nilo son secciones poco profundas del río Nilo, y se hallan entre Asuán y Jartum, en algunos lugares, estos tramos están sumergidos. En el lago Nasser la segunda catarata, y la cuarta está sumergida en el Embalse de Merowe, en otros tramos, las cataratas del Nilo se transforman en aguas bravas y se parecen más unos rápidos. Ellas aparecen señaladas en el mapa anexo con una línea roja. Pero creo que más interesante puede resultar comentarles sobre otro río, el río Nilo Azul.


El río Nilo Azul es un largo río africano que nace en Etiopía  y discurre también por Sudán, donde se une, en Jartúm con el Nilo Blanco, J para dar formalmente lugar a la formación del río Nilo. El Nilo Azul nace en el lago Tana, un gran lago de 2.156 km² localizado en la meseta norte de Amhara, a 1.788 m de altitud, en Etiopía. El río Nilo Azul nace en un bosquecillo de árboles que se elevan en una pradera de hierba corta, en un lugar donde las aguas emergen burbujeando de unos pozos que se encuentran ocultos entre la vegetación. Al lago Tana le llegan unos cincuenta arroyos que se mezclan en sus aguas; el más grande de todos ellos los etíopes le llaman Abbay Wenz, «río grande» y dicen que es el verdadero Nilo Azul; A unos 32 km del lago Tana, hacia el sureste, en la meseta etíope, se pueden ver las cataratas del Nilo Azul o de Tis Abay, nombre que significa «agua humeante». En este lugar hay establecida una central hidroeléctrica no muy grande que no es utilizada por los etíopes ni para obtener energía ni para regadío

El curso del río Nilo Azul, dibuja una curva muy amplia por el país, en forma de arco, a través de la región montañosa central de Etiopía y después sigue hacia el norte, hacia el Sudán en un recorrido de más de 800 km, a lo largo del cual el río va tomando un desnivel de aproximadamente 1.200 m. Las aguas van excavando poco a poco un cañón, cuyas paredes son de roca volcánica, que llega a tener una anchura de 25 a 30 m, al mismo tiempo que van transportando hacia el desierto el limo que proporcionan las tierras altas de Etiopía. Ya en Sudán, el río recibe por la margen derecha a su principal afluente, e río Dinder con 480 km de longitud, que también nace cerca del lago Tana, pero que tiene un curso muy diferente, siempre hacia el oeste-suroeste. Tras su recorrido por las tierras etíopes, el Nilo Azul llega a Jartúm en el Sudán y allí se une con el Nilo Blanco; juntos darán sus aguas al Nilo propiamente dicho. El río ha supuesto desde tiempos remotos una barrera que en cierto modo dividía el país en dos. Durante muchos años y hasta el siglo XX sólo disponían de dos puentes,  construidos en piedra con mortero. Más tarde fueron construidos otros tres mucho más modernos y funcionales, de acero y hormigón, con dos carriles de circulación.

Las gentes que pueblan las riberas de la estrecha garganta del río Nilo Azul lo llaman El río Guijón y estos pobladores aseguran que su río era uno de los cuatro que manaban del Paraíso bíblico en los tiempos del principio del Mundo. El Edén, evocación bíblica que no es de extrañar, pues en el Génesis está escrito así: “Brotaba de Edén un río para regar el vergel, y desde allí se dividía y formaba cuatro brazos. El nombre del segundo río es Guijón, (que es igualmente el nombre del único manantial que existe en Jerusalén) río que circunvala todo el país de Kush”, que es el nombre que se le daba a la actual región de Nubia. A finales del siglo XV se establecieron en la zona algunos misioneros jesuitas que construyeron iglesias y monasterios, algunos de los cuales subsisten aislados y recónditos, sobre todo en las islas del lago Tana.

Navegar por el río Nilo Azul ofrece una serie de dificultades hoy en el siglo XXI, como los rápidos, que dificultan la navegación por el río; las cuadrillas de bandidos (llamadas shifta) que merodean por aquellas tierras, los indígenas de la cuenca baja cuyas jabalinas pueden llegar a ser un peligro para cualquier visitante; los cocodrilos, de gran tamaño; el calor asfixiante y los parásitos que provocan enfermedades febriles. Es importante saber que luego de su recorrido por las tierras etíopes, el Nilo Azul llega a Jartúm en el Sudán y allí se une con el Nilo Blanco; juntos darán sus aguas al Nilo propiamente dicho y hay que entender que las inundaciones anuales del Nilo se deben en gran parte al Nilo Azul que ofrece a lo largo del año muchas variaciones en su caudal. En la confluencia, en Jartún, ambos ramales, el Blanco y el Azul, será el Nilo Azul el que le aportará alrededor del 80% del caudal total al Nilo, mientras que el Blanco aporta el 20% del agua restante.

No fue sino hasta el año 1968, a petición del emperador Haile Selassie de Etiopía, cuando un equipo de 60 militares etíopes y británicos científicos, hicieron el primer descenso del Nilo Azul desde el lago Tana hasta un punto cercano a la frontera con Sudán. La expedición estaba dirigida por el eminente explorador capitán John Blashford-Snell. En 1999, la escritora Virginia Morell y el fotógrafo Nevada Wier hicieron el viaje en balsa desde el lago Tana hasta Sudán, para después publicar un documental sobre el viaje. En abril de 2004, el geólogo Pasquale Scaturro y su socio, el kayakista y documentalista británico, Gordon Brown, se convirtieron en los primeros en navegar el Nilo Azul. Fueron el canadiense Les Jickling y el neozelandés Mark Tanner quienes  río abajo y llegaron al mar Mediterráneo tras haber remado por primera vez río abajo desde el lago Tana, hasta el mar.

Maracaibo 23  de agosto del 2017

martes, 22 de agosto de 2017

Jiménez Emán y García Tamayo imaginan a Zorba



Jiménez Emán y García Tamayo imaginan a Zorba

“En los años 60 o 70 a los quince o dieciséis años, comparándolas con las obras literarias en las cuales se inspiraban, como La Biblia en los comienzos, en versión libérrima de John Huston, y Barrabás, la novela de Pär Lagerkvist trasladada al cine por Richard Fleischer. Dato curioso, el actor mexicano Antonio Rodolfo Quinn Oaxaca, mejor conocido como Anthony Quinn, encarnó a Barrabás en esta cinta, y protagonizó uno de los magistrales filmes de los años 60, Zorba el griego, de Michael Cacoyannis, basada en la novela homónima de Nikos Kazantzakis. Aunque nunca leí la novela de Kazantzakis donde se inspira, la película puede considerarse cine puro, actuación pura, actuaciones soberbias, música perfecta y de una sencillez narrativa que lo deja a uno perplejo; sus escenas, secuencias, diálogos, tomas, la historia, todo, son magníficos. La actuación de Anthony Quinn no sólo le consagró en el cine europeo, donde trabajó, por ejemplo, como protagonista con Federico Fellini en La Strada, junto a Giulietta Masina, esposa de Fellini, y de otros grandes roles secundarios en las películas de Elia Kazan Viva Zapata! —al lado de Marlon Brando—, o la aparición fugaz en la película de Vincente Minnelli El loco del pelo rojo, protagonizada por Kirk Douglas, sobre la vida Paul Gauguin, donde Anthony Quinn obtuvo sendos Oscars como actor de reparto. No estoy seguro, pero creo que en la película de Kazan fue el primer Oscar otorgado a un actor latino. Si se mira bien en la vida de Quinn, asediada por la pobreza, le vemos desde niño como un ser aventurero, un factótum que hizo de todo: limpiabotas, frutero, carnicero, vendedor de periódicos, obrero de fábrica, boxeador, imitador de actores, dibujante, y luego de una pasantía como extra en el cine, Mae West y Katherine DeMille (con quien se casa y tiene cinco hijos) le ayudan a conseguir sus primeros papeles en algunos filmes de Hollywood. Es decir, su vitalismo personal, su capacidad de riesgo y lucha se conectan perfectamente con muchos de sus papeles actorales. Interpretando a Alexis Zorba, Anthony Quinn quedó sellado para siempre como un icono del hombre griego pleno de fortaleza, voluntad y ansias de vivir. Por su parte, el actor inglés Alan Bates cumple perfectamente su rol de hombre tímido y morigerado, mientras que la griega Irene Papas y la rusa Lila Kédrova hacen unos papeles inolvidables, sobre todo el de Kédrova como Madame Hortensia, la «Bubulina» (como cariñosamente la llamaba Alexis Zorba), es uno de los personajes más tiernos y conmovedores que puedan presenciarse en el cine. Esta película marcó para siempre mi juventud, dejó un sello en mi memoria que no puede ser borrado con nada, y terminó de complementar mi pasión por el mundo griego que me había sido inculcada por mi padre, Elisio Jiménez Sierra, escritor estudioso y admirador de la literatura griega clásica, con quien fui a ver este filme cuando yo contaba veintidós años. ( * ):Texto extraído de: “Memoria literaria y cinematográfica: un recorrido personal”, por Gabriel Jiménez Emán. En “Cine y Literatura: 21 años en Letralia 2017, Editorial Letralia.

Para rendirle homenaje a Anthony Quinn, a la actriz griega Irene Papas y la rusa Lila Kédrova personajes todos, con Alan Bates de la maravillosa película Zorba el griego dirigida por Michael Cacoyannis, basada en la novela “Vida y aventuras de Alexis Zorbas” de Nikos Kazantzakis, con la música inspiradora eterna de Mikis Theodorakis, va un pequeño texto que es parte del Capítulo X de mi novela “Escribir en La Habana”, que describe los pensamientos introspectivos del singular personaje Alicia Barrera, quien recuerda la película de Cacoyannis y dice para sí…

“…están equíferas si creen que voy a perder mis objetivos. ¡Ay Carrioncito! Con o sin rusa, con o sin mujeres, contra toda una manada que se interponga, todas las que se atrevan, que vengan como un cardumen, una turba de mujeres furiosas, chismosas, no me vencerán, que lleguen ellas graznando, como los pájaros de Hitchcock, como aves agoreras, como en el film de Kazantzakis el griego, las viejas vestidas de negro destrozándolo todo… El griego, Zorba sí, y yo, Irene Pappas, yo quien sólo ando buscando mi cabra perdida, bajo el aguacero y los hombres en la puerta mirándome, deseándome y el chaparrón cayendo, y ellos extasiados deseándome, quisieran poseerme, pero yo soy Irene, la viuda y los miro altiva y los desprecio a todos... ¿Yo Irene Pappas?, ¿con esta papada?, ¿con este aspecto de rubia regordeta? No se puede. Irene es angulosa, de grandes ojos negros, con cara de pepa de mango, yo no... Soy una gorda papuja, quizás deba tomar el papel de Bubulina, la vieja gorda que suspiraba añorando el perfume del pasado. ¡Oh Marcelo! ¿Dónde iba yo a conocer a cuatro viejos almirantes que bebiesen champaña en mi bañera?... Ay no Marcelo, el papel de Bubulina para mí sería degradante, ¿estás loco? ¿Marcelo dónde estás? Entonces notó que la señora del vestido de florecitas se había ido y el zaguán era un túnel interminable. Temerosa de tropezarse con algún conejo, marchó paso a paso y luego corriendo desesperadamente hasta despertar”.

Maracaibo  22  de agosto del año 2017

Una ópera y dos novelas




Una ópera y dos novelas

Klingsor es un personajede la ópera Parsifal del compositor alemán Richard Wagner (1813-1883). Klingsor era un caballero de la Orden del rey Amfortas, quien siendo incapaz de controlar su propia libido se castró a sí mismo y fue expulsado de la Orden con desprecio. Exiliado al desierto, Klingsor construyó allí una tierra de placeres, donde era flanqueado por una suerte de doncellas mitológicas llamadas las flores diabólicas y gracias a ellas, logrará engatusar héroes y destronar reyes para así vengarse de sus congéneres y desde aquel entonces intentar atrapar a los caballeros con la idea de conseguir volver a su reino. Cuando el rey Titutel, ya anciano, entregó la insignia de soberano a su hijo Amfortas, este en el ardor de la juventud intentó combatir al diablo de Klingsor, a cuyo reino se dirigió llevando la Sagrada Lanza con él, pero, fue seducido por una rubia borrascosa a quien llamaban Herodías y se convirtió en una flor del infierno. Así fue como la lanza cayó en poder de Klingsor quien se la clavó a Amfortas en el costado provocándole una herida que sólo la propia lanza podría curar. El rey en su retirada, sería escoltado por el anciano Gurnemanz, mas ardía una llaga en su costado. ¡Era la herida del remordimiento que jamás querrá sanar!...  Por eso era necesario conseguirla la lanza de nuevo, pero todos aquellos que intentaron recuperarla de manos del brujo, también sucumbieron. Sin embargo, el Grial había profetizado que un día llegaría un hombre puro y gran conocedor de la pena...

El escritor mexicano Jorge Volpi escribió En busca de Klingsor, una novela que relata la búsqueda de Klingsor, un físico de primera línea que, en tiempos del Tercer Reich, que aconsejaba a Hitler en materias científicas. La novela fue ganadora del Premio Biblioteca Breve 1999, Seix Barral. Barcelona, con gran éxito pues es de esos libros donde no se puede suspender la lectura. Una obra que  se sucede en los estertores del nazismo, aunque remite con frecuencia al lector a los orígenes del III Reich. La novela ha sido estructurada como un policial o novela de espionaje, un poco como las que popularizó el famoso escritor John Le Carré. Pero especialmente es una incursión en la historia de la Física alemana y veremos en ella a personajes que fueron reales científicos, como Heisenberg, Stark, Bohr, Einstein y Von Neumann, quienes intervinieron de diversa manera o directamente en los proyectos nazi o estadounidense en el diseño de la bomba atómica. El principal personaje de ficción es un joven físico y teniente norteamericano, Francis H. Bacon, a quien se le encarga la misión de descubrir la identidad de Klingsor  quien supuestamente sería el consejero científico, secreto y privado, de Adolf Hitler. Si no la ha leído, tiene que hacerlo.

Herman Hesse escribió una novela corta, surrealista con el título de El último verano de Klingsor.  En ella Hesse describe los últimos meses de la vida del pintor Klingsor, meses llenos de deseos de vivir y de obsesión por el trabajo, en los que plantea el presentimiento de la muerte próxima. El pintor naturalista quien vive su vida al tope, siempre exaltado a causa de la pintura, la poesía y la bebida será denominado Klingsor, como el personaje de la ópera Parsifal de Richard Wagner; el mago perverso y libidinoso que desterrado, construye su propio reino de placeres. Nuestro personaje, el pintor, tiene una gran imaginación creadora y una admiración exacerbada por un poeta chino del siglo VIII, Li Tai Pe, y la lectura de sus poemas le hacen acompañar su éxtasis con un reiterado delirio poético reflejo de la propia situación del escritor en aquel momento: una encrucijada en que buena parte de su vida anterior -la lucha por hacerse un nombre como escritor, el áspero conflicto con su familia, su primer matrimonio y sus frutos- había tocado fin o estaba a punto de hacerlo. Junto con Siddharta y El lobo estepario, ésta es una de las obras que hicieron célebre al gran escritor alemán y lo catapultaron al Premio Nobel de Literatura de 1946.

Maracaibo 21  de agosto de 2017

domingo, 20 de agosto de 2017

La vaquera de la Finojosa



La vaquera de la Finojosa

Comenzaré esta historia recordando a un buen amigo y colega de quien me tocó aprender muchas cosas y con él luchar para defender otras tantas, durante muchos años, en el IAP de la UCV. El doctor José Ángel Suarez, un llanero erudito en refranes (“el primer maíz es de los pericos”, “aonde barro si no ha llovío”, “de las muchachas bonitas la cincha y la gurupera”, y etc,etc), quien había comenzado a estudiar muy niño en el único colegio privado del estado Guárico, la escuela del profesor Cherubini, hasta que su padre lo inscribió en el Liceo, ¡mixto!, y con un primo llegó en un camión de repartir queso y allá en el Liceo Gil Fortul de Valle de la Pascua, estuvo hasta el 3er año de bachillerato que habría de terminar en Mérida, la Ciudad de Los Caballeros y sería en la ULA donde iniciaría sus estudios de Medicina para mudado en el tercer año a la capital culminaría exitosamente en la UCV. Toda esta historia de la que me enteré muchos años después de conocer a José Ángel, viene a cuento porque ambos conocíamos, ante cualquier ignaro presente, todo lo necesario sobre el Marqués de Santillana y de memoria, éramos capaces de recitar sus Serranillas, cosa que nos llevaba siempre a lamentar las fallas del sistema educativo actual y al hacer comparaciones obligarnos a creer en aquello de que “todo tiempo pasado fue mejor”.

Íñigo López de Mendoza, I marqués de Santillana,  I conde del Real de Manzanares y señor de Hita y de Buitriago del Lozoya, mejor conocido como El Marqués de Santillana, (1398-1458), fue un militar y poeta español, tío del poeta Gómez Manrique y pariente de los poetas Jorge Marrique y Garcilaso de la Vega. Su abuelo, Pedro González de Mendoza, y su padre, el Almirante de Castilla Diego Hurado de Mendoza, fueron también poetas. Sus hijos continuarían esta labor literaria y en particular será reconocido el gran Gran Cardenal Pedro González de Mendoza. Su padre falleció teniendo él cinco años (1404), por lo que su infancia la pasó en casa de su abuela Mencia de Cisneros, y luego con su tío, que más tarde sería Arzobispo de Toledo. Se casó en 1412 con Catalina Suárez de Figueroa, transformándole en uno de los nobles más poderosos de su tiempo.  Marchó al poco a Aragón, con el nuevo rey Alfonso V de Aragón, y se formó en la corte aragonesa donde  nació en septiembre de 1417 su primogénito, Diego Hurtado de Mendoza y Suárez de Figueroa, futuro duque del Infantado. Regresó a Castilla y participó en las luchas entre Enrique de Aragón y Álvaro de Luna, en el bando del primero.
Íñigo López de Mendoza, estuvo en el cerco del castillo de La Puebla de Montalbán, en diciembre de 1420 y tras la prisión de don Enrique, regresó a sus posesiones de Hita y Guadalajara. En 1428 nació en Guadalajara su sexto hijo, el que sería Cardenal Mendoza. En la primera batalla de Olmedo(1445) estuvo en las filas del ejército real, y como recompensa por su ayuda el Rey le concedió el título de Marqués de Santillana y el condado del Real de Manzanares. Don Íñigo contribuyó claramente a la caída de don Álvaro de Luna, apresado y ajusticiado en la plaza pública de Valladolid (1453)  y contra él escribió su Doctrinal de privados; a partir de entonces comienza a retirarse de la política activa. Su última gran aparición se produce en la campaña contra el reino nazarí de Granada de 1455, ya bajo el reinado de Enrique IV de Castilla.  Ese mismo año muere su mujer, doña Catalina de Figueroa, y el Marqués se recluye en su palacio de Guadalajara para pasar en paz y estudio los últimos años de su vida. 

Su obra literaria, es fruto del cruce de dos tendencias, una culta predominante y otra popular menos representada. Se le conoce sobradamente su intento fracasado de insertar el endecasílabo y el soneto en la tradición métrica y estrófica castellana por medio de sus 42 sonetos fechos al itálico modo, en que tendrá más fortuna ya en el siglo XVI su pariente Garcilaso de la Vega.  Bien conocido es su juicio sobre las poesías populares castellanas "con las que la gente baxa y servil se alegra". Se incluyen en su obra colecciones de proverbios como los Refranes que dicen las viejas tras el fuego, que condensan la sabiduría popular, o en sus Serranillas, en que la refinada tradición culta de la pastorela provenzal se une a la popular castiza de la serrana.  A su obra culta pertenece el primer esbozo de historia de la literatura escrito por un autor castellano, el Prohemio e carta al condestable don Pedro de Portugal. Como género literario Ramón Menéndez Pidal reconstruyó el ejemplo más antiguo de serranilla que conocemos, anterior a 1420, en su trabajo "Serranilla de la Zarzuela" aparecido en 1905 en la revista turinesa Studi Medievali II Pocos años después existen una serie de serranillas muchas de ellas paródicas y cómicas, de un autor de todos conocido, Juan Ruiz, el arcipreste de Hita, en el Libro de Buen Amor de la primera mitad del siglo XIV.  En el siglo XV, finalmente,  don Íñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana, compuso sus célebres Serranillas en las cuales idealizó a las serranas, muy probablemente a causa del influjo de la refinada lírica provenzal y sus pastorelas. Los cancioneros de ese mismo siglo y del siglo XVI contienen algunas cancioncillas que pueden ser reformulaciones de esas cantigas o villancicos de serrana desaparecidos.

Regresando al comienzo de este breve tránsito por el siglo XV, transcribo las coplas del famoso Marqués que contrapunteaba con José Ángel en el IAP de la UCV entre 1975 y 2004, en la capital de nuestro ahora desguarnecido país... Moza tan hermosa no vi en la frontera, como una vaquera de la Finojosa. Haciendo la vía del Calatraveño a Santa María, vencido del sueño, por tierra fragosa perdí la carrera, do vi la vaquera de la Finojosa. En un verde prado de rosas y flores, guardando ganado con otros pastores, la vi tan graciosa, que apenas creyera que fuese vaquera de la Finojosa”…
 
Maracaibo, 20 de agosto de 2017