martes, 22 de septiembre de 2026

Club de Lectura


En las novelas, lo que es verdad es también mentira. Los autores construyen a la noche los mismos mitos que han destruido por la mañana”. Tomás Eloy Martínez (Santa Evita). Con este epígrafe se inicia mi novela “Ratones desnudos” publicada en 2012. Al año siguiente, en 2013 recibí telefónicamente una invitación del Club de Lectura del Banco Exterior, en Caracas, para saber si podía acompañarles en una reunión del Club pues los empleados que querían hacerme preguntas sobre la novela. 


Una semana después viajé a la capital y me acerqué al edificio del Banco para sorprenderme al comprobar que el auditórium del Banco Exterior, había reunidas allí unas 30 personas, todos empleados de la entidad, personal administrativo, secretarial y obrero, miembros del Club de Lectura quienes se habían leído la novela con un mes de antelación y estaban interesados en poder conversar con el autor. Aquella que resultó mi primera vez cuando conocería “in vivo” que cosa era y cómo funcionaba “un Club de Lectura” que resultaría para mí una experiencia inolvidable. Años más tarde, tuve la oportunidad aquí en Maracaibo de enfrentar a un grupo grande de lectores miembros de un antiguo Club de Lectura local, con otra novela “Vesalio el anatomista” y nuevamente resultaría una muy interesante y grata experiencia.

 

Para los amables lectores del Banco Exterior, la novela de los ratones, hablaba de una ciudad de fuego (que era Maracaibo) donde “ya no existe un edificio blanco con columnas de capiteles corintios sosteniendo un frontispicio con las siglas INP”, y de cómo quien escribía (el periodista Hernando Salazar) lograría con la ayuda de las doctoras María Eugenia y Marianela, organizar el rompecabezas de un instituto desaparecido 10 años atrás, cuando el autor tomó la decisión de concretar en una novela lo que le parecía “una jerigonza sicalíptica”, tras largas conversaciones con Ágatha Gallegos (una curandera con poderes mentales conocida y respetada en los populosos barrios de la parte norte de la ciudad de fuego).

 

Les muestro aquí el índice de sus 32 capítulos: 1.A orillas del río Orinoco/ 2.Los poderes de la bruja/ 3.El pibe de la Guajira/ 4.Felisberto el hembriólogo/ 5.Estudiantes de Medicina/ 6.Una gatita de ojos azules/ 7.Confidencias/ 8.La ciencia en “las taguaras”/ 9.Un restaurante en Los Haticos/ 10. MariaAntonia/ 11.Las hijas de Chelita/ 12. Entre gatos y ginebra/ 13.Con la mirada del amor/ 14.Vitico y Bobures/ 15.El poder de los Orihas/ 16.Organizándose/ 17.El embrujo telúrico/ 18.La tragedia de “El Brujo”/ 19.Tumores cerebrales/ 20.¿Un oasis?/ 21.Amores de Manicomio/ 22.Es Ágatha quien habla/ 23.Cilicios y amistades/ 24.Milonga sentimental/  25.Sarita sin rencores/  26. Cita en “El Chicote”/ 27.Noches del Kristoff/ 28.Cantos gregorianos/ 29.Las armas y la docta toga/  30.Quosque tándem/  31.La herencia de “El Brujo”/ 32.Los Tres Caballeros/ 33.La savia del petróleo/ 34.Regreso del más allá/  35.Días de ira I -Días de ira II -Días de ira III -Días de ira IV - Días de ira V- 36.De visita en la isla de Toas.  Al final hay un Epílogo y una evolución cronológica.

 

Con éste prolegómeno, me ha preocupado un lector local, de quien supe que al enfrentarse a la lectura de la novela “Ratones desnudos”, “se había rajado”… Es decir, “no pudo con ella”… Yo suponía que cualquier común lector si vive en esta, la “ciudad de fuego” debería al menos en interesarse por saber, -como dicen los españoles- “de que va la novela”… La mencionada actitud, no la puedo llamar desinteresada, pues mi amigo es un consistente y buen lector (otra razón tendrá!) y contrasta -a mi modo de ver- visiblemente con el interés que su lectura despertó en los ciudadanos empleados de un Banco, hombres y mujeres habitantes de la ciudad capital, con variables niveles culturales, y quienes gratamente me sorprendieron con sus preguntas derivadas de la lectura, algunas realmente emocionadas, otras llenas de curiosidad… Por este motivo regreso al tema de mis ratones “en pelota”.

 

Explico así el motivo, por el que he querido compartir esta historia con los lectores de este blog lapesteloca. Regreso a comentar algunas de las preguntas y comentarios más relevantes de los que me hicieran en aquella oportunidad los amables lectores caraqueños: 1-¿Es real todo lo que dice en este libro? 2-¡Fui a Google y averigüé que Fernández Morán si existió! 3-Su interés por los ojos me llamó mucho la atención. 4-¿Por qué se tardó 10 años escribiendo la novela? 5-¿Qué le sucedió a Diego? ¿Se murió? 6-Son muchos personajes y cada uno es diferente…¿Cómo logra hacer eso? 7-¡La ciudad de fuego!¿Podría ser Ciudad Bolívar? 8-Me llamó mucho la atención el lenguaje; ¡No había visto antes “escribir en maracucho”! 9-¿Pueden verdaderos científicos actuar así, tan despiadadamente? 10-¿Cómo hace con tantos nombres? ¿Los inventa, o son reales? 11-¿Algún familiar lo ayudó a construir la novela? 12-¿Se pueden escribir varias novelas diferentes a la vez? 13-¿Por qué toca cosas religiosas?, santería y así…14-Usted dijo que antes tenía otro nombre para esta novela. ¿Es verdad que se llamaba “Cabeza de ratón”? 15-Al saber que usted es pintor uno entiende porque hay tantos detalles, los colores y texturas son como si uno los estuviera viendo…

 

Al responder a estas y otras preguntas, me tocó dar algunas explicaciones adicionales, como; decirles que escribo a mano antes de llevarlo a la computadora, que tardé muchos años escribiendo la novela por problemas familiares, pero que lo importante fue no abandonar la escritura. Sobre los personajes les aclaré que todos fueron creados y que usé mezclar la personalidad de gente que he conocido, y les conté que uno termina por crearle a cada quien un curriculum-vitae y llevarlo a través de los años. Como dato adicional, las hojas de Excel ayudan en esa labor. 


Cuando tenía listo el manuscrito de “Ratones desnudos” recuerdo que se lo di a leer a una joven querida amiga que siento como mi hija y ama a los gatos. A ella le pareció muy divertida, y me hizo anotaciones al margen que me hicieron muy feliz. Todavía regreso y me emociona mirar ese manuscrito con sus observaciones. Curiosamente, me enteré años después que no le había regalado un ejemplar ya publicado; quizás esa es otra de las razones por las que recordé que en la ciudad de fuego había un lector con el libro sin haberse decidido a entrarle a su lectura… No sabía de lo que se perdía.

 

Pero, no me mortifica este detalle pues le llegará su momento y leerá la novela, aunque luego no me cuente si le gustó, o no… Al fin y al cabo, hay que recordar siempre la sabia opinión de Tomás Eloy Martínez de que “En las novelas, lo que es verdad es también mentira”, entendiendo que “los autores construyen a la noche los mismos mitos que han destruido por la mañana” y de esa manera vamos creando vidas y conflictos de personajes que nacieron de nuestro subconsciente. Gracias por leerme.

 

Nota: a) este artículo, o uno muy parecido, fue publicado ya en este blog con el título de El Club de los ratones desnudos” en mayo del año 2021. b) el Club de Lectura de la ciudad de fuego, tiene pendiente por analizar una de mis novelas que fue premiada en una Bienal de Literatura el año 1997… (¡No se deciden!...¡ ¿Por qué será?)

 

Maracaibo, martes 22 de septiembre del año 2026  

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