jueves, 17 de septiembre de 2026

Maestros


Hace ya un tiempo, en realidad seis años atrás, cuando en octubre del año 2020 me tocó hablar en la Academia de Medicina del Zulia, diría que ya estaba a un par de años de llegar a los ochenta y que tal vez podría ser adecuado reflexionar sobre los tropiezos que había significado querer luchar para hacer investigación, usualmente contracorriente y en ocasiones obligándome a tomar complejas decisiones. Esperaba que ellas pudiesen servir al menos como catarsis, ante lo complicado que se vislumbraba, el futuro del país… En este blog, decidiría entonces hablar de “Mis Maestros” y hoy regreso a hablar de ellos

 

Conservo vivo el recuerdo de mis profesores en la Facultad de Medicina, en la Universidad del Zulia; desde el Dr Julio Árraga Zuleta, hijo de nuestro famoso pintor Julio Árraga, con un gran don de gente y extensa cultura literaria, él fue fundador de nuestra Academia de Medicina del Zulia. Entre los cirujanos recuerdo al Dr Rodolfo Urrutia Loaiza, impulsor de la Cirugía experimental en el Zulia quien desarrollaría innovadoras técnicas en cirugía gastrointestinal y particularmente sobre el abordaje de la vesícula biliar. En el mismo hospital Chiquinquirá como estudiantes mucho aprendimos al ver actuar al siempre actualizado Dr José Trinidad Martínez, ahora ya fallecido el ilustre experto ginecólogo de Maracaibo y no puedo olvidarme de otro Dr José Trinidad, José Trinidad Núñez Montiel el brillante colposcopista y estudioso ginecólogo, quien me condujo hacia la investigación ultraestructural sobre el virus del papiloma humano (VPH), en trabajos que adelantaríamos juntos a comienzos de los años 70.

 

Inolvidables resultarían siempre las clases magistrales del Dr José Ordoñez Marín quien fuera decano fundador de nuestra Facultad de Medicina. Como internista imposible no citar al Master, el Dr Jorge Quintero Atencio brillante filósofo con una mente privilegiada, y al tempranamente fallecido Dr Oswaldo García Arenas fundador del Servicio de Medicina Interna en el hospital General del Sur; recuerdo al Dr Jorge Hómez Chacín el dermatólogo venereólogo y parasitólogo de la escuela francesa y al mencionar la parasitología debo mencionar al Maestro Dr Adolfo Pons y a su revista Kasmera, y por las revistas, ninguna como Investigación Clínica del genial Dr Américo Negrette. Negrette fue nuestro maestro de Semiología en las salas del hospital Central, y despertó mi interés por la investigación, y a través de su presencia me uniría a los jóvenes prospectos de investigadores que en aquellos días, ayudarían a Negrette para crear el Instituto de Investigación Clínica… 

 

Tengo que confesarles que esperaba ser un cirujano como el Dr Humberto Rivera, entusiasmado al verlo, no solo operando, sino por los cuidados postoperatorios que le prodigaba a sus pacientes quirúrgicos… Pero terminé decidiéndome por examinar en el hospital universitario, las causas y las consecuencias de las enfermedades bajo la tutela del doctor Franz Wenger. Es importante recordar el rol que jugó el Dr Wenger en su lucha para darle su justo valor al despistaje de cáncer por citología. Fundó una Sección de Citología, muy especial para entrenar citotecnólogos en el hospital universitario de Maracaibo, en aquellos tiempos cuando los radio y quimioterapeutas oncólogos eran los Drs Luis Guillermo Borjas Duarte y Jesús Acosta Galván. Todos ellos fueron mis profesores y muchos más a quienes no he podido por razones de espacio mencionar, les conocí estudiado Medicina y hoy aprovecho para agradecerles de nuevo y públicamente por lo mucho que me enseñaron…

 

Les decía que hice anatomía patológica con el doctor Wenger desde mi graduación en julio del año 63 hasta febrero del año siguiente, 1964, y sería el propio Dr Wenger, al verme a dedicación exclusiva y sin sueldo, quién me consiguió una beca de un Club Rotario en Wisconsin y fue asi como fui a parar a los Estados Unidos. Tras 5 años de entrenamiento como “médico residente en patología”, en Wiscosin y en Filadelfia, tengo que nombrar a tres Maestros de aquel entonces; el profesor William Ehrich en el Hospital General de Filadelfia y la baronesa Gabrielle Zurhein y Enrique Valdivia, en la Universidad de Wisconsin quienes me enseñaron a hacer investigación sobre la patología de las autopsias, en neuropatología y en patología pulmonar y particularmente a trabajar en microscopía electrónica…

 

He comentado en otras ocasiones, como una noche, viviendo en el helado clima de Wisconsin, el doctor Pedro Iturbe me contactó telefónicamente y me informó que había conseguido un microscopio electrónico (ME) para su Sanatorio. Iturbe, era el padrino de nuestra promoción médica, y él me pidió que fuese hasta Chicago a visitar a Fernández Morán. Así lo hice, y desde entonces supe apreciar la importancia de aquel ser a quien el pais había rechazado llamándolo “el Brujo de Pipe” quien habría de luchar haciendo intentos por regresar a su patria sin conseguirlo… Ya de regreso, en 1968, instalaríamos el ME para hacer investigación en el Sanatorio Antituberculoso de Maracaibo siguiendo las instrucciones del doctor Fernández Morán... Pero esa habría de ser, otra historia, la de “La entropía Tropical”

 

Mis colegas patólogos no creían en el ME. El elefante gris lo denominaba el jefe del Servicio. Los patólogos zulianos no estaban interesados en hacer investigación. Con el Dr Iturbe al frente, organizamos el Laboratorio de ME del Sanatorio y ya en 1971, nos visitaría personalmente el doctor Fernández Morán, y organizamos el 1er Simposio Venezolano de Patología Ultraestructural donde asistiría entre otros invitados el ya famoso doctor Rui Pérez Tamayo  Luego, ese mismo año, durante el VIII Congreso Latinoamericano de Patología que se dio en el hotel del Lago, presentaríamos trabajos con el ME sobre encefalitis equina, rabia, amibiasis, y la ultraestructura de tumores y en aquel evento latinoamericano, conversando con JTNúñez Montiel y decidimos usar el ME para examinar el cuello uterino de sus pacientes. Debo recordar que, p

ara aquella época, y durante muchos años, el cáncer del cuello uterino era la primera causa de muerte por cáncer en la mujer venezolana. Habíamos ya publicado varios trabajos sobre la ultraestructura del cérvix y de las tricomonas, y en el siguiente Congreso de la Sociedad Latinoamericana de Patología, que se dio en 1973 en Mérida, Yucatán-México, demostraría con JTNuñezMontiel la presencia del virus del papiloma humano (VPH) en el cuello uterino y señalamos tempranamente y por primera vez, n el mundo, la importancia de este virus en el cáncer cervical.

 

En unos años, el Sanatorio se transformó en hospital General y el gran maestro que era el doctor Pedro Iturbe se fue a la Medicina Familiar; mis técnicos buscaron mejores posiciones y a pesar de existir una veintena de publicaciones en revistas indexadas, el laboratorio comenzó a quedar desamparado y su situación, y la mía personal, se hizo cada vez más complicada… Cuando acepté una oferta para trabajar un año como neuropatólogo en el hospital Vargas de Caracas y lo hice aprovechando mi año sabático de la Universidad del Zulia donde era profesor Asistente en la Facultad de Ciencias Veterinarias.

 

Pero esa ya es otra historia, con la que recientemente he fastidiado a los lectores del blog y tan solo he querido aprovechar esta ocasión para permitirme mencionar en el blog a algunos de mis profesores, a quienes recuerdo con respeto y admiración, ellos fueron mis Maestros en Medicina.

Maracaibo, jueves 17 de septiembre del año 2026

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