jueves, 30 de abril de 2026

Otra “nueva ola” en América


La «nueva ola» fue un fenómeno cultural que tuvo lugar en varios países de Hispanoamérica entre finales de los años 1950 y mediados a finales de los años 1960, y  ligado a la expansión de nuevos estilos musicales orientados a los jóvenes (como el pop, el rock and roll y el twist) que “constituyeron los canales fundamentales para la transformación del consumo, el ocio y las modas juveniles” de la época.  

La Nueva Ola (New Wave), también conocida por New Thing (en inglés), es también una corriente literaria dentro de la ciencia ficción surgida durante los 60 y que duró hasta los 70. Nouvelle vague (traducido literalmente del francés, “nueva ola”) es la denominación que la crítica, especialmente de la revista Cahiers du Cinéma, utilizó para designar a un nuevo grupo de cineastas franceses de finales de la década de 1950. Surgido como un movimiento de reacción contra las convenciones y estructuras presentes en el cine de masas de ese momento, estos nuevos realizadores postularon como máxima aspiración la libertad de expresión y la libertad técnica en la producción fílmica.

Cuando Cristóbal Colón descubrió a América en el siglo XV encontraría toda una civilización particular que había florecido en aquellas tierras, las cuales para los europeos, eran desconocidas. “Los conquistadores” encontrarían, que los naturales habían levantado grandes ciudades, en determinadas regiones con magníficos templos en los que adoraban a sus propios dioses en sus extrañas lenguas…

 

Se dice que nuestros antepasados tienen la cuna de la humanidad en África… Entonces, ¿Cómo y cuándo llegaron los primeros humanos a aquellas lejanas tierras separadas por un vasto océano? Aquellas imponentes ciudades no crecieron de la noche a la mañana: habían pasado milenios desde que estos homo-sapiens se habían establecido allí.

 

Se ha dicho que fueron grupos de personas hace 15.000 años quienes cruzó a América desde Asia, por el estrecho de Bering -que en ese momento estaba cerrado y conectaba los dos continentes en lo que hoy están Siberia de un lado y Alaska del otro-. De ahí, se expandieron de norte a sur, por todo el territorio, aquellos los 'americanos originales' (todos los actuales moradores descienden de ellos salvo un reducto en el Ártico). Relativamente poco tiempo después, hace 9.000 años, tuvo lugar una segunda oleada migratoria que sustituyó, en parte, a la primera; “los conquistadores”

Otros resultados, con algunas sorpresas más, acaban de publicarse en la revista 'Nature'. Ahora, el ADN de 199 individuos indígenas contemporáneos de 53 poblaciones (incluidas Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, México, Paraguay y Perú) reescribe la historia y revela una tercera migración desconocida ocurrida hace unos 1.500 años (mucho antes de la llegada de Cristóbal Colón) que también influyó de manera patente en los genes de los actuales nativos de Sudamérica.

 

El trabajo, de Nature fue liderado por el Instituto de Biología Evolutiva (IBE-CSIC) y la Universidad Pompeu Fabra (UPF), junto con la Universidad de São Paulo, y es el mayor estudio genómico realizado hasta la fecha sobre poblaciones nativas en América. “Hasta ahora, solo se habían caracterizado genéticamente dos poblaciones indígenas amazónicas, y debido a la naturaleza particular de su entorno y su aislamiento, no eran muy representativas”, explica Marcos Araújo Castro e Silva, investigador postdoctoral del IBE y primer autor del artículo.

 

Esta información genética, también ha sido completada con datos de ADN antiguo, es que, efectivamente, la primera oleada ocurrió hace 15.000 años tras la llegada inicial a Norteamérica. Sus huellas aparecen en algunos de los restos humanos más antiguos del continente, desde Montana hasta Chile y Brasil. La segunda, que ocurrió hace 9.000 años, aún se puede sentir en el ADN de los actuales moradores de las regiones andinas y del Cono Sur. Después está la sorpresa de la nueva ola hace 1.300 años. Aquellos nuevos pobladores venían de Mesoamérica, la región que hoy ocupan el sur de México y parte de Centroamérica. Desde allí, grupos humanos se habrían desplazado hacia Sudamérica y el Caribe, dejando una señal genética detectable tanto en poblaciones indígenas actuales como en individuos antiguos caribeños.

 

En pocas palabras, el ADN de los indígenas sudamericanos señala que no hubo dos oleadas masivas de homo sapiens, sino tres. La última, ocurrida hace 1.500 años desde lo que hoy es México y Centroamérica hacia el sur, conformando la genética de los actuales pobladores del sur de América.

 

El estudio también pone de manifiesto hasta qué punto la ciencia había dejado fuera a estas poblaciones. Los investigadores detectaron más de un millón de variantes genéticas nunca registradas en bases de datos globales. No son genes 'nuevos', sino fragmentos de diversidad humana que simplemente no habían sido estudiados hasta la fecha, produciendo sesgos en el mapa genético actual. De hecho, este es uno de los grandes problemas de la genómica moderna. «Estos resultados demuestran la necesidad de representar mejor a estas poblaciones», señala Tábita Hünemeier, investigadora principal del IBE y líder del estudio. «Desde el diseño de fármacos hasta la prevención de enfermedades, comprender la diversidad genómica humana beneficia tanto a las comunidades indígenas como a la población mundial».

 

Ella sabe de lo que habla, ya que fue  su equipo el que describió en 2023 la resistencia genética a la enfermedad de Chagas en poblaciones amazónicas. Aparte, lideró el proyecto 'ADN de Brasil', publicado en 2025, en el que se arroja luz sobre el país con el mayor mestizaje reciente del mundo. Así, buceando entre los nuevos datos, se encontraron mutaciones vinculadas al sistema inmunitario, al metabolismo, crecimiento, fertilidad y desarrollo físico. Esto responde a que aquellos moradores tuvieron que adaptarse a ambientes extremos: Amazonía húmeda, altiplanos andinos con poco oxígeno, zonas áridas, bosques tropicales y regiones frías. Miles de años viviendo allí dejaron huella genética en ellos que ahora es revelada por este nuevo estudio.




 

El estudio también ha puesto de manifiesto hasta qué punto la ciencia había dejado fuera a estas poblaciones. Los investigadores detectaron más de un millón de variantes genéticas nunca registradas en bases de datos globales. No son genes 'nuevos', sino fragmentos de diversidad humana que simplemente no habían sido estudiados hasta la fecha, produciendo sesgos en el mapa genético actual. Este es uno de los grandes problemas de la genómica moderna. «Desde el diseño de fármacos hasta la prevención de enfermedades, comprender la diversidad genómica humana beneficia tanto a las comunidades indígenas como a la población mundial», es la opinión de Tábita Hünemeier, investigadora principal del IBE y líder del estudio.

 

No toda la historia genética habla de miles de años. Parte de ella habla de los últimos cinco siglos. El estudio confirma un enorme 'cuello de botella' demográfico tras la llegada europea. Ese colapso poblacional masivo fue causado por epidemias, violencia, esclavitud, desplazamientos y destrucción de formas de vida. Señalan los autores, que en muchas regiones la población indígena cayó hasta un 90%. Eso también queda escrito en los genomas en forma de menos diversidad, más fragmentación y más aislamiento. Y aun así, sobrevivió algo extraordinario: en ciertas zonas puede rastrearse continuidad genética de más de 9.000 años. Es decir, los genes de esa gente y sus antepasados apenas cambiaron en nueve milenios. La foto muestra mujeres y niños yanomami en un jardín forestal en Brasil. Brasil

 

Además, como la mayoría de poblaciones no africanas, los ancestros indígenas americanos también heredaron fragmentos de ADN de grupos humanos extintos como neandertales y denisovanos. Concretamente, entre el 1% y el 3% del genoma analizado procede de esos cruces antiguos, con variantes relacionadas con la inmunidad, el metabolismo y la piel. Viejas herencias que quizá ayudaron a sobrevivir en nuevos ecosistemas. Más allá de cifras y porcentajes, la gran lección es otra: la historia indígena americana no fue simple, aislada ni uniforme. Porque el ADN no solo guarda enfermedades o parentescos. Guarda memoria. Y la de Sudamérica acaba de volverse mucho más compleja.

 

Maracaibo, 1 de mayo del año 2026

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