Isabella Giovanna Rossellini (1952), es una actriz, modelo
y filántropa italiana
hija de la actriz sueca Ingrid
Bergman y del director italiano Roberto Rossellini, conocida por su carrera
como actriz, consolidada por su larga y exitosa trayectoria como modelo de la
marca Lancôme.
Isabella ha sido nominada a importantes premios como a los Premios Óscar,
a los Premios Globo de Oro, a los Premios Primetime Emmy o los Premios BAFTA.
Hizo su debut cinematografico en A Matter of Time (1976),
y su fama despegó en el filme de David Lynch, Blue Velvet (1986). Otros papeles en
filmes son /Death Becomes
Her (1992), Conclave (2024), en el que
fue nominada a un Óscar.
Isabella Rossellini,
es una a actriz que no compite por papeles. El periodista español Ángel Antonio Herrera,
comentaría en diciembre del año pasado, 2025 en un artículo de prensa sobre
Isabella Rossellini considerándola como “musa
de unas joyerías planetarias”, pero como todas las grandes, diría que: “ella no anuncia nada más allá o más
acá de sí misma, porque su
fama es mitológica”.
La expulsaron,
de Lancôme, con la excusa de que a los cuarenta años “ya no representaba la idea de juventud”,
pero aquel despido resultó una bendición, ya que podría haberse hundido, pero lo
aprovechó para estudiar biología, levantar una granja en Long Island, y
reinventarse.
Por todas estas evidencias, Herrera consideró que Isabella “fue lombriz, fue pavo real, y fue mantis
religiosa” y para ella, el despido de Lancome fue una especie de “fichaje eterno” porque Rossellini se ha
eternizado en ese spot, bajo una quieta elegancia que ella llevaría al idioma
completo de la vulnerabilidad en la película 'Terciopelo azul'. Allí,
bajo la luz irreal de David Lynch. Escribiría Herrera que “cantaba 'Blue
Velvet' como si se suicidara
varias veces dentro de la canción..
Rossellini, sin pretenderlo, fijó un modelo de presencia, la
mujer que no actúa para ser vista, sino que actúa como si estuviera viendo algo
que a los demás se nos escapa. Y así ha seguido durante décadas, entrando y
saliendo del cine, la moda, la televisión y hasta de la biología, bajo esa
misma naturalidad con la que cambió de amor, o de peinado. Isabella prestigia
una rara cúpula de celebridades que son por linaje sonorísimo, su madre, Ingrid Bergman y el padre,
Roberto Rossellini. Se casó joven con Martin Scorsese, quien la
bautizó para el mundo del cine estadounidense, aunque su primera aparición de
poderío llegó con 'Infierno de cobardes', un filme dirigido por Clint Eastwood,
donde ya Rossellini dejaba ver la atadura de firmeza y delicadeza que más tarde
iba a ser su sello propio, su huella digital.
La carrera de Isabella Rosellini, ha transcurrido entre el cine de
autor, la moda de alta costura, las rarezas científicas y algún que otro
regreso imprevisible. Con Jonathan Wiedemann, guapo de oficio, tuvo a su hija
Elettra. Luego vino David Lynch, que no solo la amó: la convirtió en
un símbolo. como su participación en 'Joy' de David O. Russell, o en la
serie 'Shut Eye', donde se avaló de mujer que aún se sostiene para
los papeles incómodos, y es que a diferencia de tantas actrices de su
generación, Rossellini no compite por papeles, los papeles
van y la encuentran a ella.
Naturalmente, ya hizo autobiografía donde confesó sus dudas, sus
heridas, y sus amores. Más de una vez ha insistido en su carácter tímido, un
prestigio en quienes viven en la labor de trabajar las muchas muchedumbres que
nos habitan. De su belleza no suele hablar, y ahí está, asomada a fotos de
hemeroteca. No ha ido buscando la perfección sino la honestidad. La
archifamosa, musa ya de sí misma, vive
hoy en una granja, haciendo contabilidad de nubes.
Maracaibo, viernes 6 de
febrero del año 2026
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