Alejandro Sánchez-Alvarado, el director ejecutivo del Instituto Stowers para
la Investigación Médica, es un investigador que nos ha explicado cómo es que un
animal diminuto nos puede enseñar a regenerar órganos, y continuara explicándonos… Hay otros
animales, sin embargo, que toman otra estrategia muy diferente: en vez de mantener
las células somáticas jóvenes el mayor tiempo posible, las envejecen con gran
rapidez para poder reponerlas inmediatamente con células nuevas. ¿Y de dónde
provienen esas células? De células madre. Esos organismos tienen muchísimas
células madre, mientras que nosotros, en comparación, tenemos muy pocas, porque
el tejido somático vive muchísimo tiempo.
Por ejemplo, nuestras neuronas viven prácticamente toda la vida; se
mantienen vivas por casi ochenta años. La musculatura, por meses, mientras que
otros organismos la reemplazan casi cada 24 o 48 horas. Otros tejidos del
cuerpo tardan muchísimo tiempo en repararse. Por ejemplo, las células del
corazón prácticamente se mantienen vivas hasta que nos morimos, y no se
reemplazan constantemente. Ese tipo de estrategia de supervivencia, pienso yo,
ha determinado que ciertos organismos hayan mitigado su capacidad de
regeneración y, al mismo tiempo, ganado una estabilidad somática que les
permite mantener la especie y propagarla. Hay animales que reemplazan los tejidos
muy rápidamente, y animales como nosotros, que reemplazamos gran parte de
nuestras células muy lentamente.
Lo que necesitamos es comprender cómo hacer para trasladar esas capacidades deseables
de estos organismos más capaces de regenerarse a otros sin tener efectos
indeseados y lo primero que habría que hacer es tener un entendimiento mucho
más profundo de cuál es la relación dinámica durante el envejecimiento de un
organismo entre las células madre y las células somáticas. Entender cómo estas
células están o no están envejeciendo en relación una con la otra. Y una vez
que tengamos una noción de cómo esas relaciones son establecidas, uno podría
imaginarse una estrategia que nos permita modular esas interacciones en un
tejido que normalmente no se regenera.
Todas las células de nuestro cuerpo, con la excepción de los eritrocitos
[los glóbulos rojos], tienen un núcleo, y ese núcleo tiene todo el genoma, o
sea que esencialmente todas las células potencialmente son capaces de producir
un individuo completo porque tienen toda la información genética necesaria.
Imagínate, por un momento, que uno pudiese modular el estado de diferenciación
de un tejido ya establecido —como el músculo, por ejemplo, o las neuronas de la
médula espinal— y cambiar ese contexto de tal forma que ahora los núcleos de
esas células sean capaces de activar genes que normalmente están reprimidos
para producir más células.
En casos como el Párkinson o el Alzhéimer, en los cuales esas células se
van perdiendo, si nosotros pudiésemos de cierta forma reactivar la capacidad de
expresión génica de las neuronas que están en la vecindad del daño para que se
reproduzcan y reestablezcan esos lazos, eso se podría hacer sin necesidad de
introducir células foráneas, reactivando la capacidad proliferativa y
regenerativa de las células que ya tiene el cuerpo. Como todas las células
tienen la información genética, eso, teóricamente, se podría hacer.
¿Qué tiene que suceder para que nosotros podamos manipular todo el
potencial del genoma en una célula diferenciada? Hay muchas cosas que no
entendemos, sobre todo cómo se comunican los genes unos con otros para que se
activen de una forma que produzca algo que se parezca a una función biológica
normal, y no una cosa horrorosa que esté fuera de control.
Eso creo que va a llegar con más rapidez de lo que pensamos, a menos
que, por supuesto, como especie nos destruyamos. Pero imaginando que eso no
vaya a ocurrir, creo que, al menos en este siglo, a mí no me sorprendería mucho
que nuestros nietos puedan experimentar una medicina o un tratamiento médico
que hoy en día nos parecería totalmente futurista. Y también vamos a tener una
capacidad extraordinaria de prevenir muchas enfermedades.
Pero no sabemos explicar por qué animales que comparten casi todo el genoma,
como pasa con chimpancés y humanos, son tan diferentes. Es cierto y creo que es
porque solamente hemos rascado la superficie de lo que es posible en la
biología. ¿Por qué? Porque solamente hemos estudiado una ínfima parte de todos
los organismos animales que existen en el planeta. Y cada forma de asumir una
función biológica por esos organismos es una solución nueva que no hemos
estudiado, no entendemos y no estamos incluyendo en la forma en que
interpretamos la poca biología que conocemos.
Cada vez que identificamos un animal que se regenera, la mayoría de la
gente nos dice: “Esa especie, ese grupo de animales, no son capaces de
regenerarse”. ¿Y qué pasa? Que siempre hay una especie que no recibió el
memorándum que le prohibía regenerarse, y se regenera sin ningún problema.
Estos animales que rompen nuestras reglas —reglas que definimos con nuestros
experimentos utilizando nada más que siete u ocho organismos—, nos muestran que
esas reglas no son las reglas de la naturaleza. La naturaleza tiene quién sabe
cuántas otras reglas que desconocemos por completo.
Al no saber qué es posible en la biología, va a ser muy difícil para
nosotros poder responder preguntas como la que tú me hiciste: si hay tanta
similitud entre una mosquita y un ser humano, ¿por qué son tan diferentes? Yo
puedo tener toda la secuencia del genoma de las moscas y de los seres humanos,
y uno no podría predecir, solo con esa secuencia, el aspecto del animal que
está codificando. En un futuro, yo me imagino que si a mí me dan la secuencia
genética de un animal desconocido, sin decirme cuál es su anatomía, su ciclo de
vida, etcétera, uno podría aproximar una predicción de qué aspecto puede tener
ese animal. Pero hoy estamos tan lejos de eso que parece imposible.
La realidad es que no sabemos por qué, por ejemplo, las especies tienen
un número definido de cromosomas: nosotros tenemos 23 pares, las mosquitas
tienen 4 ¿por qué no tienen solo uno y nosotros veinte? Abordar estos problemas
con menos arrogancia y con el armamento tecnológico que tenemos hoy en día, nos
permitiría abordar la biología de una forma totalmente nueva, que quizás cambie
la forma en que pensemos sobre nosotros mismos, nuestra relación con otras
especies y la forma en que la vida ha estado evolucionando en nuestro planeta.
Ser pesimista es mucho más fácil que ser optimista. El optimismo
requiere mucha energía, y pienso que para ser científico tienes que ser
optimista. Ahora, también existe la posibilidad de ser demasiado optimista y
prometer cosas que a lo mejor no son posibles. Me preocupa que si le prometes a
alguien que en 20 años morir va a ser su elección y en 20 años eso no sucede,
la gente empiece a perder confianza en la ciencia. Lo lindo de la ciencia es que
está basada en hechos verificables a través de la experimentación. Tú puedes
tener todo el optimismo del mundo, pero los hechos experimentales no apoyan ese
tipo de optimismo. Yo creo que hay que tomarlo con un poquito más de medida,
hay que ser un poquito más modestos. Ahora, que sea posible, sí, pero lo veo
muy poco probable. Porque no entendemos las bases del envejecimiento, no
entendemos por qué las especies viven los años que viven, ni siquiera lo
entendemos para los mamíferos.
Déjame poner un ejemplo. Los
mamíferos tienen un origen evolutivo común, hace 300 millones de años, en un
animal que se parecía a un ratoncito del que salieron todos los mamíferos,
incluidas las ballenas. Entonces, puedes tomar un ratoncito diminuto, de
Madagascar, y compararlo con una gran ballena. El ratón vive un año y las
ballenas décadas, y son 100.000 veces más grandes. El tamaño de su genoma es
casi el mismo. Si nosotros de verdad entendiésemos por qué el mismo genoma
puede producir animales que son pequeños, que solamente viven por un año y
animales que son gigantescos, que pueden vivir por décadas, yo diría, ok, a lo
mejor sí podemos llegar a hacer realidad ese sueño de hacer opcional la muerte,
pero no lo entendemos y nadie está estudiando estos organismos con este fin. Y
asi finaliza el blog lapesteloca con el curioso tema de “las planarias”…
En Maracaibo, el viernes 14 de febrero del año 2026
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