Ya
lo dijimos al comienzo, señalando que todo esto estaba escrito en los anillos
de los árboles. Al analizar árboles centenarios en los Pirineos españoles y
otras zonas del sur de Europa, Büntgen y Bauch se toparon con algo llamado 'anillos
azules'. Cuando un verano es extremadamente frío, los árboles no pueden
lignificar sus células correctamente (el proceso que endurece la madera), y eso
deja una marca pálida, casi azulada, en su registro de crecimiento.
Encontrar
un anillo azul es raro. Encontrar
varios consecutivos es una señal de alarma climática. Y esos árboles nos dicen
que los veranos de 1345, 1346 y 1347 fueron muchísimo más fríos y
húmedos de lo que deberían haber sido. La temperatura cayó en picada. Y aquí es
donde los investigadores hacen su 'magia' conectando la geología con la
economía, y la economía, a su vez, con la biología.
En el Mediterráneo, las grandes repúblicas marítimas italianas eran las
superpotencias de la época. Ciudades florecientes, muy pobladas y que
necesitaban una gran cantidad de suministros. Pero el cambio climático
repentino provocado por el volcán arruinó las cosechas locales. El frío y la
lluvia constante, de hecho, pudrieron el trigo en los campos de buena parte de
Italia y el sur de Europa. De modo que el espectro de la hambruna y las
revueltas sociales empezaron a poner en riesgo a los gobiernos de las
ciudades-estado.
“Analizamos el periodo anterior a la Peste Negra en lo
relativo a los sistemas de seguridad alimentaria y las hambrunas recurrentes -explica Bauch-, lo cual fue importante para poner
en contexto la situación posterior a 1345. Queríamos analizar juntos los
factores climáticos, medioambientales y económicos, para poder comprender mejor
qué desencadenó el inicio de la segunda pandemia de peste en Europa”.
Sin saberlo, en efecto, junto con el trigo destinado a salvar las vidas
de los ciudadanos, los barcos llevaron a Europa otra carga: pulgas y roedores
portadores de Yersinia pestis, que
en esas bodegas repletas de alimento encontraron un refugio inmejorable para
alimentarse y reproducirse durante el viaje de vuelta. En cierto modo, resulta
irónico que un sistema diseñado para salvar vidas fuera, también, el vehículo
que transportó el germen de la extinción al viejo continente. Si el volcán no
hubiera estallado, si el clima no se hubiera enfriado, si las cosechas
italianas no hubieran fallado... esos barcos jamás habrían tenido la urgencia
de importar grano de esa zona específica y en ese momento concreto.
Lo que este nuevo estudio ha puesto sobre la mesa es un concepto que nos
resulta familiar: la globalización es un arma de doble filo. Porque no fue solo
la bacteria, ni tampoco el clima, lo que provocó la catástrofe. Fueron la
interacción compleja entre un evento natural (el volcán), la respuesta
ecológica (el fallo de los cultivos) y la infraestructura humana (las
rutas comerciales de larga distancia). Büntgen lo describe como una 'tormenta perfecta'. La bacteria saltó
de sus reservorios naturales en roedores salvajes de Asia central (posiblemente
jerbos) a humanos y animales domésticos en los puertos del Mediterráneo. Y una
vez desembarcada, no encontró resistencia. Según Bauch, sin embargo, “también pudimos demostrar que muchas
ciudades italianas, incluso las grandes como Milán y Roma, no se vieron tan
afectadas por la Peste Negra probablemente porque no necesitaron importar grano
después de 1345”.
La conexión entre clima-hambruna-grano es, por lo tanto, el 'mecanismo de entrega' que faltaba para explicar la velocidad del contagio. Incluso hoy, casi 800 años después, dice Büntgen. “en muchas ciudades y pueblos europeos se pueden encontrar pruebas de la Peste Negra. Aquí en Cambridge, por ejemplo, el Corpus Christi College fue fundado por habitantes del pueblo después de que la peste devastara la comunidad local. Hay ejemplos similares en gran parte del continente”.
Hoy vivimos en un mundo que está infinitamente más conectado
que el de los genoveses del siglo XIV. Y si una erupción volcánica y las rutas
comerciales de antigüos veleros de madera pudieron causar entonces la mayor
catástrofe demográfica de la historia, ¿qué no podría ocurrir en la actualidad?
Büntgen
lanza una advertencia final que resulta difícil de ignorar. «Aunque la coincidencia de factores que
contribuyeron a la Peste Negra parece rara, la probabilidad de que surjan
enfermedades zoonóticas bajo el cambio climático y se traduzcan en pandemias
probablemente aumentará en nuestro mundo globalizado. Eso es algo que quedó muy
claro en nuestras recientes experiencias con la Covid-19».
Fin
de: la Peste Negra y las erupciones volcánicas.
Maracaibo, miércoles 4 de febrero del año 2026
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