Sobre los escritos de don Miguel de Unamuno
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En
1897 Unamuno publicó un libro titulado “Paz
en la guerra” donde recogería en una versión novelada sus recuerdos de
Bilbao durante la última batalla del carlismo, y que le ofrecería a Azorín una
oportunidad para criticar su obra aprovechando aquella circunstancia y diría de
Unamuno, que era un hombre que no sabía él mismo lo que pensaba. José Martínez
Ruíz quien firmaba como Azorín desde 1905, desde finales del siglo XIX había
adoptado un estilo sobrio y descriptivo usado para recrearse en el pasado
español y se permitía, apoyándose en su labor literaria y periodística, hablar
con analítica transparencia. En 1887 Azorín escribiría en “El País” artículos opinando sobre la influencia y el desconcierto que
los escritos de Unamuno ejercían sobre los jóvenes, señalando que Unamuno “Es
un espíritu paradójico, atormentado por la soledad de su retiro de la afueras
de Salamanca; caótico por la multitud de lecturas antiéticas y en lenguas
diversas; hosco, agresivo a veces, por el apartamiento de la vida social… No es
un pensador de una sola pieza: coexisten varios hombres en Unamuno-¿Cómo explicar
sino sus paradojas, sus genialidades?”
Ese
mismo año, Unamuno entraría en una profunda crisis y abandonaría sus ideas
socialistas, hundiéndose en “una agonía”, diría él -a lo griego-, una lucha en
sentido religioso que luego aparecería fragmentada en su “Diario íntimo”, hasta 1902. Desde ese entonces, la preocupación por
la muerte y la supervivencia lo va a obsesionar. Para ese entonces diría: “La lucha
por las reivindicaciones sociales solo tiene para mí un sentido, y es que
libertando al hombre de la angustia del pan de cada día le deja lugar a mirar
hacia arriba y atender a su unión con Dios”. En esos años, Unamuno
regresará al género novelístico, en un tono amargamente sarcástico, casi
humorístico “Amor y pedagogía” (1902).
De 1905 es “Vida de don Quijote y Sancho”
que era su desahogo personal anticervantino.
Unamuno
se oponía a expresar su vida personal en sus novelas, lo que él llamaba “la
intrahistoria” y así dejaría su inicial universalismo para adoptar una actitud
más hispánica. Luego de sus “Recuerdos
de niñez y mocedad”(1908), va a reunir sus artículos en “Mi religión y otros ensayor”(1907-1909)
mostrando sus clásicos contrastes verbales. “Mi religión es buscar la verdad
en la vida y la vida en la verdad, aun sabiendo que no he de encontrarla
mientras viva”… En 1912 publicará “Contra
esto y aquello” de resonancia kierkegaardiana. Por leer el “Brand” de
Ibsen, Unamuno descubriría a Kierkegaard a quien llamará su hermano o amigo y
sustentará su estilo de un perpetuo monólogo, ese estilo suyo que no lo
abandonará en su narrativa y claramente en su poesía.
Maracaibo 12 de mayo de 2017
Debo a la pluma de José María
Valverde(1926-1996), famoso traductor y Catedrático de la Universidad de
Barcelona, en su Historia de la Literatura Universal-Barsa-Planeta 2002, buena
parte de lo comentado en este resumen.
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