miércoles, 3 de julio de 2019

Vladimir Nabokov


Vladimir Nabokov

Vladimir Nabokov pertenece a esa clase de personajes cuya verdadera existencia va más allá de la idea aproximada que algunos puedan tener del escritor como un extravagante cazador de mariposas, o acechador de jovencitas. Estas impresiones quizás son derivadas de alguna fotografía que muestra a un Nabokov senil en pantalón corto, el lepidopterólogo con un cazamariposas en la mano, o puede que tal vez se superpongan a la visión del maduro profe Humbert Humbert acosando a Lolita. La realidad es que el exiliado ruso en Estados Unidos era un escritor muy serio, un profesor sensato, nada aficionado a las jovencitas, aunque sí a los lepidópteros y al ajedrez, y quien dadas sus circunstancias tuvo que aclarar en repetidas ocasiones, ser absolutamente fiel a su mujer, Vera.

Vladímir Nabókov(1899-1977) era un escritor de origen ruso, nacionalizado estadounidense, quien sus primeras obras literarias las escribió en ruso, pero se hizo internacionalmente famoso como un maestro de la novela escrita en inglés. Su novela Lolita (1955), ofreció un retrato de la sociedad estadounidense sobre un hombre de mediana edad que se enamora y sostiene una relación con una adolescente. Es conocido también por sus significativas contribuciones al estudio de los lepidópteros y por su creación de problemas de ajedrez. 

Nabokov fue el mayor de los hijos de Vladimir Dmitrievich Nabókov y de su mujer Yelena Ivánovna Rukavíshnikova, una familia rica y aristocrática de San Petersburgo, donde se crio durante su infancia y juventud. La familia hablaba en ruso, inglés y francés, por lo que Nabokov fue trilingüe desde muy pequeño. Incluso, con sus maestros, aprendió a leer y en inglés antes que en ruso. En 1919 su familia se exilió a Alemania, y Nabokov ingresó en la Universidad de Cambridge. En 1922 su padre fue asesinado por el monárquico Piotr Shabelsky-Bork. Su hermano Serguéi murió en un campo de concentración alemán, en 1944. En 1940 Nabokov emigró a los Estados Unidos procedente de Francia, huyendo de los horrores de la Segunda Guerra Mundial.

En su condición de ruso blanco exiliado, primero en Cambridge, donde estudió zoología y literatura rusa y francesa, y más tarde en Alemania y Francia, y su éxito posterior como escritor en su asentamiento en los Estados Unidos, revela la verdadera personalidad de Vladimir Nabokov. Era un hombre que desposeído de una considerable fortuna familiar tuvo que abandonar el territorio de su infancia de niño rico, con más de 50 criados, quien pasó su primera infancia educado por institutrices inglesas y francesas, para más tarde sustituidas por preceptores rusos y alemanes, hasta que fue arrancado de sus afectos. Su patrimonio familiar, se perdió en 1919, con la revolución rusa. Sin embargo, Nabokov siempre afirmó que su odio por la revolución bolchevique no tenía que ver con asuntos de propiedad. "La nostalgia que he estado acariciando durante todos estos años no es el dolor por los billetes de banco perdidos sino una hipertrofiada conciencia de infancia perdida". 

Nabokov, ya había cumplido los 56 años, cuando logró el reconocimiento y la fama internacional con el escándalo que supuso la publicación de su novela, Lolita. Por esa misma razón algunos críticos comenzaron a insultarlo y se vio obligado en numerosas entrevistas, a asegurar que su novela no era en absoluto autobiográfica. Lolita resultó ser uno de sus libros más queridos. Es probable que Nabokov durante sus años como profesor de literatura en la universidad Wellesley College, exclusiva para mujeres, adquiriese conocimientos precisos sobre la seducción femenina; lo cierto es que terminó Lolita el 6 de diciembre de 1953, cinco años después de comenzar a escribir la novela. Debido a su tema, Nabokov pensó publicarla bajo un seudónimo, pero el manuscrito fue rechazado por Viking, Simon & Schuster, New Directions, Farrar, Straus, y Doubleday. Después de estos rechazos se publicó en Francia por Maurice Girodias, dueño de Olympia Press. Nabokov firmó un contrato con Olympia bajo su nombre verdadero ignorando que la mayoría de los libros publicado por Olympia eran pornográficos. 

Lolita fue llevada a la pantalla grande en dos oportunidades, en el año 1962 por Stanley Kubrick, con James Mason, Shelley Winters, Peter Sellers y Sue Lyon cómo Lolita, y en el año 1997 por Adrian Lyne con Jeremy Irons y Melanie Griffith y con Dominique Swain, en el papel de Lolita. Sobre ambas películas y sus repercusiones escribiré algo en otra oportunidad.

La afición de Nabokov por las mariposas se fraguó debido a los libros que encontró a la edad de ocho años en el desván de la finca de la familia. La Natural History of British Butterflies and Moths, de Newman, las Mémoires del gran duque Nikolay Mihailovich sobre lepidópteros asiáticos, las láminas de insectos del Surinam realizadas en el siglo XVIII por Maria Sybylla Merian y otras joyas del género, fascinaron a Nabokov que tuvo el placer, ya de adulto, de dar su nombre al Doguillo de Nabokov o Eupithecia nabokovi a varias especies de mariposas. Su carrera como entomólogo fue muy destacada. Acumuló una gran colección de insectos. En la década de 1940 estuvo a cargo de la colección de mariposas de la Universidad de Harvard. El género Nabokovia fue nombrado en su honor, así como otras mariposas, especialmente de los géneros Madeleinea  y Pseudolucia.  Nabokov jugaba al ajedrez, otra de sus grandes aficiones. Consideraba el ajedrez como un arte "bello, complejo y estéril".

En su autobiografía, Nabokov relata sus primeros poemas de amor dedicados a Tamara, una muchacha de 15 años con la que conoció la pasión en los bosques cercanos a la casa familiar. Antes de partir definitivamente hacia su exilio europeo los Nabokov se instalaron en Crimea y Tamara siguió escribiendo cartas a la dirección de San Petersburgo que Nabokov nunca contestó. Vladimir Nabokov no volvió a pisar Rusia y de Tamara nunca más supo. Tal vez habría que buscar sus remotas huellas en sus novelas Ada o en El ardor.  Vladimir Nabokov murió en Montreux, a la edad de 78 años, después de conocer el éxito, soportaría durante años la crítica marxista tachándole de "ruso blanco" y de "escritor aristocrático". El tiempo le ha dado la razón, convirtiéndole en el talento literario que él creía ser. 

Mississauga, Ontario, cerca de Toronto el miércoles 3 de julio del 2019

martes, 2 de julio de 2019

Kafka y el insomnio


Kafka y el insomnio

Los investigadores Antonio Perciaccante y Alessia Coralli publicaron en la revista The Lancet Neurology (2016; 15: 1014) un artículo sobre el efecto del insomnio y la parasomnia en la obra creativa de Kafka, donde le dedican especial atención al efecto hipnótico o alucinatorio que la privación de sueño pudo generar en él. Perciaccante y Coralli planteaban que el escritor checo encontró una inesperada fuente de expresión y creatividad en ese instante específico en que el sueño parece sobrevenir al crearse una frontera un tanto vaga entre la realidad de la vida diurna y la vida onírica. 

Los investigadores se detienen en plantear el posible efecto un tanto hipnótico y hasta  alucinatorio que la privación del sueño pudo generar en Kafka, transformándose en algunas de las “visiones” que pueblan sus escritos. Consideran los autores del trabajo en The Lancet Neurology que en el instante en el cual, parece sobrevenir el sueño, se crea una especie de paréntesis entre la conciencia y la pérdida de la misma y sería en ese momento cuando aparentemente en la mente de Kafka llegarán a surgir algunos de sus pensamientos más sorprendentes. 

Perciaccante y Coralli, piensan que Kafka encontró la forma de mantenerse ahí, y  sostener ese estado ambiguo entre la vigilia y el sueño, logrando sacarle provecho y utilizarlo para escribir. Como para darle soporte a dicha propuesta, ellos citan como en una entrada en su diario el 2 de octubre de 1911, Kafka escribió: “Noche de insomnio. Es ya la tercera de la serie. Me duermo bien, pero una hora después me despierto como si hubiese metido la cabeza en un agujero equivocado...Duermo literalmente junto a mí, mientras yo mismo tengo que andar a golpes con los sueños... ...En resumen, me paso toda la noche en el estado en que se encuentra una persona sana unos breves instantes, antes de dormirse realmente. Cuando me despierto, todos los sueños se han congregado en torno a mí, pero evito pasarles revista en mi memoria…… Creo que este insomnio se debe únicamente a que escribo…

El análisis de los escritos de Kafka, ha sido objeto de diversos estudios que parecen señalar indubitablemente que el escritor checo padecía de trastornos del sueño que incluían el insomnio y la parasomnia y evidentemente, él utilizaría estos, que eran sus problemas personales, para enriquecer su lenguaje literario. De esta manera vemos como en 1910 él mismo afirmaría: “Yo creo que mi insomnio me llega, solamente porque escribo”. En carta a Max Brod en 1922, Kafka le escribió: Quizás existan otra formas de escribir, pero esta es la única que yo conozco; en la noche, cuando el miedo me mantiene despierto, y esa es la única manera que yo conozco”. Aaron Mishara señaló que Kafka escribía viviendo un trance, especie de actividad Dionisíaca nocturnal que le permitía penetrar en los abismos de una oscuridad sin fin.  (Mishara AL. Phil Ethics Human Med. 2010; 5: 13). De acuerdo con el examen de estas y de otras muchas otras citas referidas a su diario y a su correspondencia, Kafka torturado por un incesante insomnio, lo sabía aprovechar para en esos viajes, (en términos Jungianos) profundizar en su inconsciente. 

En otro artículo escrito en Sleep Sci. (2016 Jan-Mar); Alessia Coralli y Antonio Perciaccante examinaron nuevamente la coexistencia de los trastornos del sueño y desórdenes psiquiátricos en los jóvenes y extenderán sus comentarios, señalando como a partir del diario y de las cartas a Milena, se hace evidente en Franz Kafka, su personalidad insegura, ansiosa, frágil y depresiva como una muestra de su melancólica relación con sus familiares, amigos y con las mujeres amadas, lo cual conforma el status de una persona con tendencias autodestructivas, alienada por el mundo que le rodeaba. En un trabajo más reciente titulado The insomnia of Franz Kafka publicado en Sleep Medicine (Vol 50, Octubre 2018), A.Iranzo, A.Stefani, B.Högl y J.Santamaria señalan como Kafka muestra 292 referencias relativas al insomnio, las que sin duda sirven para destacar su compleja personalidad con las frustraciones y pensamientos negativos que conllevaría su excesiva preocupación por el insomnio, así como su intolerancia al ruido.

La enfermedad obligaría a Kafka a pasar largas temporadas en diversos sanatorios, primero en los Alpes italianos y finalmente en Kierling, cerca de Viena. A pesar de la enfermedad, de la hostilidad manifiesta de su familia hacia su vocación literaria, y de cuatro tentativas matrimoniales frustradas, en 1920, el encuentro con la traductora y periodista checa Milena Jesenská se transformó en una relación profunda, testimoniada en las Cartas a Milena, quien casada con otro hombre, a partir de 1921 comenzaría también a distanciarse de él. Todas estas circunstancias influenciarían las narraciones del escritor checo, tanto que la lengua común ha incorporado el adjetivo kafkiano para referirse a una situación particularmente absurda y angustiosa.

La existencia atribulada de Kafka se refleja en una especie de pesimismo irónico que impregna toda su obra, con un estilo que transita desde lo fantástico al realismo estricto. Esa manera de escribir donde se hace difícil captar el principio ni el fin, lo ha colocado a la cabeza de la renovación del género novelístico en las primeras décadas del siglo XX, con los grandes maestros Marcel Proust, James Joyce y William Faulkner.

Mississauga, Ontario, martes 2 de Julio, de 2019

lunes, 1 de julio de 2019

Crio-electronmicroscopía, y un escritor frustrado



Crio-electronmicroscopía, y un escritor frustrado

Entre 1962 y 1985 el doctor Humberto Fernández-Morán introdujo el concepto de crio-microscopía electrónica y en su publicaciones [1], hablaría del crio-microscopio electrónico [2],  del uso de lentes superconductoras [3] y del crio-ultramicrotomo [4]. En 1982, Aaron Klug recibió el Premio Nobel de Química por el uso cuantitativo de las imágenes del microscopio electrónico que en aquellos años, le permitían extraer información más detallada. En 1985 Fernández Morán escribirá sus reminiscencias y reflexiones sobre la crio-microscopía electrónica, y hasta su muerte, acaecida en Estocolmo 1999 sería considerado como el precursor de los avances en crio-electronmicroscopía.
 
En las dos últimas décadas, la criomicroscopía electrónica de partículas aisladas ha emergido como una técnica de biología estructural aplicable al estudio de sistemas biológicos complejos Los últimos avances en instrumentación y programación han mejorado enormemente la capacidad de la criomicroscopía electrónica para dilucidar la estructura de partículas aisladas. Las bases de datos se están colmando de nuevas estructuras aportadas por la criomicroscopía electrónica, que hasta hace muy poco se consideraban metas fantasiosas. Con la introducción de recientes mejoras la aplicabilidad, rendimiento y resolución de la crio-microscopía electrónica se ha despertado un gran interés en todo el mundo y ha sido considerada método del año por la revista Nature Methods.

Joachim Frank (1940) es un biofísico,​ nacido en Siegen, Alemania, nacionalizado estadounidense, quien fue galardonado con el Premio Nobel de Química en 2017. Se le considera como el fundador de la Criomicroscopía electrónica (cryo-EM) de partículas. Frank también hizo contribuciones significativas a la estructura y función del ribosoma de bacterias y de las células eucariotas. Entre 1975 y 1986, desarrolló una herramienta para fusionar las imágenes borrosas en dos dimensiones obtenidas con los microscopios electrónicos. Su técnica permite, utilizando electrones en lugar de luz visible, juntar las piezas para generar una sola imagen nítida en tres dimensiones. Joachim Frank compartió el Premio Nobel (2017) con Jacques Dubochet y Richard Henderson, que les fue otorgado al trío por "desarrollar la criomicroscopía electrónica para la determinación estructural en alta resolución de biomoléculas en soluciones".
 
El desarrollo de esta tecnología tiene un inmenso potencial en el campo práctico de la medicina. Frank fue quien hizo la tecnología más fácil de aplicar en un marco general, procesando el material de forma que las borrosas imágenes en dos dimensiones se transformaran en claras estructuras en 3D. Dubochet logró vitrificar el agua (conservando todas sus características en su estado líquido) en el microscopio electrónico, permitiendo que las biomoléculas conservaran su forma natural incluso en el vacío, y Henderson logró presentar la estructura de una molécula bacteriana a una resolución atómica.

Joachim Frank ha comentado con entusiasmo sus logros científicos, pero se entristece su voz cuando dice percibir su existencia como si actuase en una vida paralela: “la de un escritor frustrado”. La razón de esta afirmación de debe a que ha terminado tres novelas, pero no encuentra ninguna editorial que se las publique. Además de ser profesor de Biología en la Universidad de Columbia, en Nueva York, Frank, el premio Nobel de Química en 2017 insiste en que él comenzó su carrera literaria hace más de 35 años, cuando se apuntó a un curso del escritor estadounidense William Kennedy, posteriormente ganador del Pulitzer. Joachim Frank considera que sus tres libros inéditos, de alguna manera están relacionados con la ciencia. “El observatorio”, cuenta sobre un astrónomo que espera recuperar un antiguo observatorio convertido en prostíbulo con estriptis, pero terminará viviendo con su antigua secretaria y ejerciendo como contador en una peluquería. En “Narcis” la situación en un entorno post apocalíptico en un Nuevo México desértico donde un laboratorio estadounidense hacía experimentos con animales y habrá cucarachas gigantes deambulando por el desierto. Finalmente en “Adam Zee” un científico que acude a una conferencia en Los Países Bajos, se hospedará en un viejo hotel donde va a encontrar un túnel del tiempo…  

Frank viaja a menudo a España para, entre otras cosas, visitar a su antiguo discípulo José María Carazo, del Centro Nacional de Biotecnología, en Madrid. En septiembre de 2018, el Ministerio de Ciencia español anunció una inversión de ocho millones de euros para instalar en el Centro Nacional de Biotecnología el primer criomicroscopio electrónico de última generación de España.  Hace tan solo unos días, se realizó el simposium 25 años de criomicroscopía electrónica en España. Un homenaje a José L. Carrascosa y se ha celebrado los días 12 y 13 de junio en el Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC). El encuentro contó con la presencia de ponentes de renombre internacional, como los profesores Frank y Richard Henderson. A lo largo de dos jornadas, más de 30 científicos expertos pusieron en común sus logros y su experiencia en el uso de técnicas de criomicroscopía electrónica en sus investigaciones en diferentes campos que han permitido dar respuesta a problemas científicos tan diversos como el cáncer,  la estabilidad genómica, las infecciones virales o la enfermedad de Parkinson.

Resultó para mí imperativo recordar al doctor Fernández Morán, ya que gracias al apoyo que entre él y el doctor Pedro Iturbe le dieron a la microscopía electrónica en Maracaibo, me tocó la suerte de trabajar en ese campo de la investigación desarrollando, lo que denominamos la patología ultraestructural. Por ello, personalmente he querido hacer un comentario adicional, sobre lo que me he atrevido a ver como un paralelismo (salvando la distancia científica) entre el profesor Joachim Frank, y mi persona, y es que se me ha hecho difícil pasar por alto la increíble circunstancia para ambos, de escribir novelas y sentir que le resulte a un brillante laureado premio Nobel, casi imposible poder publicarlas. Confío en que ya el profesor Frank haya superado este escollo y con unos argumentos tan sensacionales, estoy seguro de que al publicarlas, sus novelas serán todo un éxito. 

Referencias: 1- H. Fernández-Morán. Proc. Natl. Acad. Sci. USA 56: 801, 1966; 2.- H. Fernández-Morán. Proc. 10th. Int. Cong. E.M. Berlin Vol 1, pp751, 1982; 3.- H. Fernández-Morán. Proc. Natl. Acad. Sci. USA 53: 445, 1965; 4.- H. Fernández-Morán. Appl. Cryog. Technol. 5: 153, 1973.
En Mississauga, Ontario, el lunes 1 de julio del año 2019