viernes, 5 de noviembre de 2021

Prólogo revisado…

 

Prólogo revisado…

El año 2010, el doctor José Antonio Serrano me propuso que prologara un libro sobre  La Microscopía electrónica en Venezuela el cual resumía casi sesenta años de trabajo y dedicación de mucha gente que vivió y padeció en diversos laboratorios del país las dificultades que conllevó hacer investigación de calidad con el uso del microscopio electrónico (ME). 

 

 

En la propuesta original, cada uno de los investigadores convocados debía expresar su opinión sobre sus vivencias y reseñar la productividad en los sitios donde había trabajado. En principio, este cometido se cumplió a cabalidad, con la lamentable ausencia de quienes no existían ya para conversar o de quien por estar fuera del país, no pudo hacerlo. 

 

Yo escribiría con la intención de complementar los esfuerzos de José Antonio Serrano convencido de que valía la pena resumir la historia de los laboratorios de ME y de sus gentes. Debería reseñar igualmente la suerte de algunos equipos que comenzarían a llegar a nuestro país cuando recién estaba el doctor Fernández Morán iniciando sus estudios en Suecia. Me refería a la intención de avanzada del Rector Jesús Enrique Losada en el Zulia, de haber logrado un ME para su Alma Mater ya en el año 1948.

 

Haber organizado aquel libro, en una época que ya era difícil como la de nuestro país en 2010, me pareció que era un logro que estaba precedido por una gran dosis de optimismo. Curiosamente el trabajo de investigación con el ME en Venezuela, cual si se mantuviese emulando la desproporcionada historia de “El brujo de Pipe”, siempre en un territorio de disparatadas dificultades, pareció haber estado signado por inconvenientes de todo tipo. 

 

El caso del Laboratorio de ME del Sanatorio Antituberculoso de Maracaibo, fue expuesto en un informe correspondiente, ante la destrucción de los equipos que estaban bajo la tutela del Servicio de Patología. La denuncia que fue formalmente planteada, quedó sin resolverse. La manera como la Sección de ME del IAP de la UCV fue intervenida en el año 1997 por una supuesta denuncia sobre contaminación ambiental, y de cómo la Dirección de ese Instituto manejó la situación de enfermedad de su personal administrativo, llevarían a mi apremiante jubilación y en aquella condición, obligado a buscar ayuda en el ME de la Universidad Simón Rodríguez fuera de Caracas, terminaría por obligarme a abandonar 30 años de trabajo en ultraestructura para dedicarme únicamente a la inmunohistoquímica como método auxiliar del diagnóstico anatomopatológico.

 

Cuando “situaciones laborales” generaron la salida del doctor Serrano del CME de la ULA, afortunadamente pasó a la Unidad de Ultraestructura del Departamento de Patología de la Facultad de Medicina de la ULA en el Hospital Universitario de los Andes para poder continuar realizando investigaciones en el campo de la ultraestructura bacteriana y fue en esa época cuando salió de Mérida invitado por la Universidad Lisandro Alvarado del Estado Lara para la creación de una Unidad de Investigación en Ultraestructura.

 

Diversas publicaciones del Dr. Serrano y sus colaboradores, entre los años 1982 y 1988 en la Unidad, por él creada en la UCLA dan cuenta de esos años de trabajo. Así mismo, resaltaría el importante trabajo del doctor Palacios Prū y de la doctora Rosa Virginia Mendoza el CME de la ULA quienes continuarían la obra iniciada por los Drs.  Julio M. Sosa y José A. Serrano. Entre 1991 y el año 2000 los esfuerzos de la Lic. Auristela Sánchez de Mirt en la Universidad Experimental Francisco de Miranda provocaron un despertar del interés por la investigación en ultraestructura en el Estado Falcón, no obstante, problemas relativos al mantenimiento de los equipos y de otra índole, que pueden denominarse laborales, obligaron a la Lic. Sánchez de Mirt a dejar su cargo. 

 

El deterioro de los equipos de microscopía electrónica sin estos poder ser reemplazados, ha llevado a situaciones de paralización como ha sucedido en el Laboratorio de la Facultad de Odontología  de la UCV, así como en otros laboratorios existentes en universidades e institutos del país. 

 

El año 1982, la Dra. Susan Tai fundó el Centro de Microscopía Electrónica del Núcleo Sucre de la UDO con un ME de barrido, un ME de transmisión (1986), y un ME de emisión de campo, analítico, para 1987 y ese año, el Centro de ME pasó a ser el Instituto de Investigaciones y Ciencias Aplicadas (IIBCA) de la UDO. La doctora Tai logró los recursos para que estos equipos se ubicasen en una edificación nueva con cubículos diseñados para albergar los cursantes de un postgrado de Maestría y Doctorado y sus conexiones nacionales e internacionales facilitaron la formación de más de una docena de jóvenes profesionales quienes ahora algunos son excelentes técnicos o investigadores en diversos campos de la ultraestructura. La doctora Susan Tai, organizó la Conferencia Atlántica de ME en Mérida, el año1992 la cual fue todo un éxito con la asistencia del Dr. Fernández Morán. Las “situaciones laborales” de la doctora Tai la mantuvieron como personal administrativo de la UDO, sin lograr nunca el privilegio de ser personal docente y de investigación. Cuando tuvo que abandonar el país, lo hizo dejando toda una obra en el campo de la ultraestructura que no ha recibido el merecido reconocimiento. 

 

Debo confesar que finales del pasado siglo XX, embargado por la preocupación de ver que la productividad de los ME en el país había estado siempre muy por debajo de la cuantiosa inversión realizada, me dirigí al CONICIT, en comunicación enviada a la Lic Lucy Bujanda para solicitarle al Directorio un estudio sobre este negativo fenómeno. En esta comunicación les sugería que fuese precisamente el Dr. Ernesto Palacios Prū, en su condición de ex -presidente de la Institución, quién pudiese servir como árbitro de esa investigación-. Quien esto escribe, se enteró por la doctora Elena Ryder, quien para esa época, era parte del Directorio del CONICIT, que  dicha carta fue discutida, mas, nunca se llegó a tomar una decisión sobre lo planteado en el documento.

 

Escribí sobre el prólogo en 2010, permitiéndome haber vuelto sobre algunas situaciones no muy afortunadas en el desarrollo de las investigaciones con el ME en Venezuela, y consideré que lejos de deprimirnos éstas deberán señalarnos que vale la pena reconocer nuestras fallas, no olvidarlas para poder avanzar mejorando.

 

Hace años solíamos decir que “cada defecto es un tesoro” en el sentido de que debemos analizar nuestras fallas para aprender de nuestros errores y mejorar hacia el futuro. En este sentido, sentía que el libro ayudaría a crear expectativas y estimularía el interés para proseguir haciendo investigación de calidad con el ME, en Venezuela. Esto lo pensaba en 2010 pero sería una vana ilusión ante el proceso destructivo que durante los pasados 12 años ha terminado arruinando totalmente al país… “Que oiga quien tenga oídos”

En Maracaibo, el viernes 5 de noviembre, del año  2021.

 

Nota: Regreso para reexaminar el Prólogo del libro" La microscopía electrónica en Venezuela" Orígenes y desarrollo”. Dr José A. Serrano Coordinador. Edit: Consejo de Estudios de Postgrado de la Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela. 2010.

 

jueves, 4 de noviembre de 2021

La verdadera historia

La verdadera historia

 

En este breve informe, relataré (nuevamente) la historia sobre los orígenes del agente etiológico del cáncer del cuello uterino. Comenzaré recordando las observaciones hechas en Italia en el siglo antepasado (1842) sobre la aparición de cáncer del cuello uterino con mayor frecuencia en las mujeres ya casadas, y era raramente visto en monjas. Este detalle en particular fue considerado como  la primera oportunidad cuando se hizo la sugerencia sobre la posibilidad de que algún  agente infeccioso fuese el responsable del cáncer cervical (1).

 

En 1971, en el VIII Congreso Latinoamericano de Patología,  que se realizó en el hotel del Lago, de Maracaibo, Venezuela. El ginecólogo Jorge Nágel y el patólogo Elio Casale, demostraron con el microscopio electrónico (ME) la presencia de partículas virales en unas lesiones observadas en el cuello uterino como «manchas rosadas».  José Trinidad Núñez Montiel un ginecólogo zuliano y Jorge García Tamayo, presentes en el evento decidirían examinar con el ME muestras del exocérvix.

 

Dos años después (1973) en el siguiente, IX Congreso Latinoamericano de Patología en un par de trabajos libres, mostraron evidencias inequívocas sobre la apariencia colposcópica, histopatologica, y los cambios ultraestructurales del cuello uterino con la identificación y demostración detallada por tinción negativa del virus del papiloma humano (ver). Las evidencias en lesiones de displasia y de cáncer del cuello uterino se publicaron en las Memorias del evento (2,3). Los cambios citológicos de la infección con este virus fueron descritos posteriormente por Meisels y Fortín (4) y por Puroloa y Savia (5) en la revista Aca Cytologica el año 1976.

 


 

Una publicación relacionada con nuestros hallazgos, en una revista médica venezolana en 1978 (6), precedió algunos otros trabajos (7, 8, 9) hasta que Harald zur Hausen demostró la presencia de las secuencias de ADN viral en el cáncer del cervix (10).  Unos años más tarde ZurHausen y algunos otros investigadores estudiarían la relación entre los  diversos tipos de VPH y la neoplasia cervical (11,12,13), hasta quedar firmemente establecido el hecho de que más del 70% de los casos de cáncer cervical están relacionados con el VPH.

 

Con nuevos métodos de biología molecular, los estudios de Nubia Muñoz y sus colaboradores en la Agencia Internacional para Investigación sobre el Cáncer (IARC) en Francia (2003), concluirían demostrando que en un  99.7% de todos los casos de cáncer cervical, se deben a VPH de los tipos 16 y 18 (14) y el VPH es la causa necesaria para que estos tumores se hayan desarrollado (15).

 

Referencias

 

1-Scotto J,  Bailar JC III  Rigoni-Stern and medical statistics: a nineteenth-century approach to cancer research. J Hist Med Allied Sci  1969, 24: 65-75.

2-García Tamayo J, Núñez Montiel JT. Identificación de partículas virales en el exudado vaginal de pacientes   con papilomas y condilomas genitales. Resumen publicado en Patología (Mex)Supl 1-11,81, 1973.

3-Núñez Montiel JT, García Tamayo J. Colposcopia, histopatología y ultraestructura de papilomas y condilomas genitales. Resumen publicado en Patología(Mex) Supl 1-11, 86, 1973.

4-Meisels A, Fortín R. Condylomatous lesions of the cervix and vagina. Cytologic patterns. Acta Cytol 1976, 20: 505-509.

5-Puroloa E, Savia E. Cytology of gynecologic condyloma acuminatum. Acta Cytol 1977,21: 26-31.

6-García Tamayo J, Núñez Montiel JT. Investigación con el microscopio electrónico sobre la papilomatosis cérvico-vaginal. Acta Médica Venezolana (Ven) 1978,  25(3-4): 132-138.

7-Durst M et al. A papillomavirus DNA from a cervical carcinoma and its prevalence in cancer biopsy samples   from different geographic regions. Proc Natl Acad Sci USA 1983, 80: 3812-3815

8-Gissmann L et al. Human papillomavirus types 6 and 11 DNA sequences in genital and laryngeal papillomas  and in some cervical cancers. Proc Natl Acad Sci USA 1983, 80: 560-563

9- Boshart M et al. A new type of papillomavirus DNA is present in genital cancer biopsies and in cell lines    derived from cervical cancer. EMBO J 1984,  3: 1151-1157

10-ZurHausen H. Virus in human cancers. Science 1991, 254:1167-1172

11- zur Hausen H Papillomaviruses and cancer: from basic studies to clinical application. Nat Rev Cancer       2002, 2: 342-350

12-Duensing S,  Lee LY, Duensing A, Basile J, Piboonniyom S, Gonzalez S, Crum CP,  Münger K. The human papillomavirus type 16 E6 and E7 oncoproteins cooperate to induce mitotic defects and genomic instability by uncoupling centrosome duplication from the cell division cycle. Oncogene 2002; 21: 6241- 6248.

13-Duensing S, Münger K. The Human Papillomavirus Type 16 E6 and E7 Oncoproteins Independently Induce Numerical and Structural Chromosome Instability. Cancer Research 2002; 62: 7075-7082.

14-Munoz Nubia , Bosch X, de Sanjose S y col. Epidemiological classification of human papillomavirus types associated with cervical cancer. New Engl J Med 2003; 348: 518-527

15-Walboomers JM, Jacobs MV, Manos MM, Bosch FX, Kummer JA, Shah KV, Snijders PJ, PetoJ,  Meijer CJ,  Muñoz N.  Human papillomavirus is a necessary cause of invasive cervical cancer worldwide. J. Pathol.  1999; 189: 12-19.

 

Maracaibo, jueves 4 de noviembre del año 2021

 

NOTA: el trabajo de incorporación como Miembro Correspondiente Nacional a la Academia Nacional de Medicina que se está presentando hoy (04-11-2021), no tiene nada que ver con el recordatorio aquí publicado. El título del trabajo es: “Necrosis cerebral intrauterina. Reseña de un modelo experimental” y se refiere a la investigación sobre el efecto intrauterino provocado experimentalmente en el cerebro por el virus de la encefalitis equina venezolana (EEV):

 

miércoles, 3 de noviembre de 2021

Un apéndice…

Un apéndice…

El diccionario, habla del apéndice como la parte no esencial de algo, y se lee que es “generalmente de forma alargada y saliente”. Por otra parte –valga “la rebusnancia”-todos asociamos la palabra con el conocido apéndice cecal -apéndice vermicular o apéndice vermiforme- como una prolongación delgada y hueca situada en la parte inferior del intestino ciego, el llamado colon ascendente y causante del llamado “cólico miserere” que antes de los antibióticos mataba a los enfermos complicándoles un simple “dolor de barriga”.

Reclamaré la autoría de este “apéndice” por haber sido ya denominado “Apéndice II” que ya está publicado al final de mi novela “Vesalio el anatomista” (Maracaibo-Ars Grafica 2016). Aparece pues como una “parte no esencial” del libro, pero 5 años después de su edición me ha parecido que era importante publicarlo de nuevo, para los lectores de este blog, lapesteloca.

“En el mes de noviembre del año 1990, fui invitado a dictar una conferencia titulada “De “La Fábrica” del siglo XVI a la Anatomía Patológica de 1990”. Tenía la sana intención, en aquellos días, de referirme a la necesidad que los médicos anatomopatólogos de mi país deberían sentir por la preservación de su identidad, e insistía en que muchos nos desconocían. Allí, antes de la charla, dije que algunas veces ni los mismos patólogos habían definido los criterios que deberían privar para el correcto ejercicio de la especialidad. Algunos de los tópicos mencionados tenían que ver con algo que años atrás denominábamos, “la mística”, y me referí en concreto al tema, para aquel tiempo casi un lei motiv, de la necesidad de entender que la autopsia es un arma muy poderosa para ejercer el control de calidad de la medicina hospitalaria.

Dije que me citaba yo mismo y:  “Me cito: “Hoy quiero aprovechar esta oportunidad para hablarles de un hombre que trabajaba con cadáveres, precisamente porque veo que la autopsia, que es parte indisoluble de la Anatomía Patológica, va decayendo poco a poco, y ni en los patólogos de sótano umbrío, ni en los de oficina resplandeciente, veo renacer el interés por las autopsias”. 

Tras disertar un rato sobre la importancia de las autopsias volví a insistir en que quería conversar “sobre un hombre que vivió antes de que existiese la Anatomía Patológica, un individuo del siglo XVI, un hombre de Los Países Bajos que disecaba y estudiaba los cadáveres y quien se atrevió siendo muy joven a desafiar los postulados del gran Galeno en su afán por buscar la verdad. Aquel médico contradijo ideas consagradas durante siglos y repetidas como infalibles y dio su opinión e ilustró sus razonamientos con dibujos y esquemas, escribió sus ideas y las publicó: me estoy refiriendo a Andrés Vesalio, el anatomista, un hombre que hace cinco siglos, trabajaba examinando sistemáticamente los cadáveres”.

Veintitrés años más tarde, en la ciudad mexicana de Oaxaca, y en la oportunidad de asistir a otro evento de nuestra especialidad durante el año 2013, tuve la suerte y el placer de conversar de nuevo, brevemente, con mi maestro, el profesor de patología doctor Ruy Pérez Tamayo. Le dije que estaba reuniendo información y que escribía una novela sobre la vida del anatomista flamenco Andrés Vesalio, hombre de los Países Bajos y súbdito del imperio español. Al comentarle sobre la novela e informarle que sentía que la misma estaba ya bastante adelantada, insistí en que para mí serían muy valiosos sus comentarios, pues él había escrito previamente trabajos serios sobre el personaje en cuestión. Mi maestro sonrió capcioso.

Me refirió entonces, que él poseía ciertos datos interesantes y poco conocidos, áreas oscuras en la vida de aquel hombre del siglo XVI sobre quien afortunadamente para mí, estaba dispuesto a conversar. Me pareció fenomenal que pudiésemos intercambiar ideas, y pensé que tal vez lograríamos programar algunas reuniones para examinar diversos aspectos de la vida del anatomista. Le comenté sobre el manuscrito que permanecía aún en gruesos legajos de papeles plenos de notas y de cuanto me gustaría que él pudiese revisarlo.

Desde hacía varios años venía intentando darle un ordenamiento lógico a la vida y acciones del singular anatomista, mas sin embargo me debatía ante la idea de sostener un curso lineal para reinventar su historia. Había rechazado la posibilidad de presentarme cual narrador omnisciente, e imaginé que mi maestro mexicano me daría luces al respecto y quizás con su ayuda pudiese lograr una concatenación razonable para mi versión novelada de la vida de Vesalio, el anatomista. 


Debo decir para tranquilidad de algún lector quisquilloso, que la distancia y otras dificultades, políticas y económicas conspiraron contra nuestras reuniones, de tal modo que puede resultar difícil evaluar lo que hay de verdad y cuantas cosas son imaginarias en ésta, como en cualquier otra novela. En particular en una como ésta que gira alrededor de Andrés Vesalio, es evidente que no será posible olvidar que usualmente la realidad supera con creces a cualquier ficción. 

 

Finalmente, y esto vale para la literatura tanto como para la vida misma, quisiera regresar a algo que dijera en cierta ocasión Fyodor Dostoyevsky. “¿Qué puede ser más inverosímil que la realidad?”

Maracaibo, miércoles 3 de noviembre del año 2021

NOTA: a quienes estén interesados, informo que tengo ejemplares de la novela en casa y con gusto puedo regalarla; añadiré que el profesor Antonio Tinoco quien lleva el pulso de un Club de Lectura con décadas de actividad en Maracaibo, considera que “Vesalio” es mi mejor novela”, opinión que sé, también es compartida por Jesús Ángel Semprún.