lunes, 3 de julio de 2017

"La crueldad"




“La crueldad” por Alberto Barrera Tyszka

Esto es tan solo un extracto, que resume el trabajo intitulado “La crueldad” de Alberto Barrera Tyszka publicado en PRODAVINCI el día 2 de julio, del año 2017 para señalar algunos detalles de lo que acontece en el país de América que dio vida y acepto proteger a centenares de hombres y mujeres que huían de atroces dictaduras  y buscaron refugio en nuestra patria…

“Después de casi 20 años, por desgracia hemos encontrado el gran logro de la revolución: la crueldad. El oficialismo reacciona con saña, la represión con cinismo, la violencia celebrada, la brutalidad como goce. Las detenciones arbitrarias, el robo a los manifestantes, las golpizas salvajes y en cayapa a cualquiera que se descuide sobre la calle, los juicios express y las condenas por traición a la patria, los traslados a los distintos reclusorios, las torturas, los asesinatos”… 

“No es una “violencia desmedida”. Por desgracia es todo lo contrario: es una violencia perfectamente medida, administrada con rigor, ordenada y ejecutada militantemente. Los excesos de los uniformados no son un desorden. Son un orden. Una orden. Nunca antes en el país, tuvimos un gobierno que celebrara de esta manera la muerte. El oficialismo en un grado de delirio inconmensurable promueve que perseguir, detener, saquear, golpear, torturar o matar estudiantes, es una virtud”. 

“El oficialismo está, practicando un rito fúnebre. Es otra manera de bailar delante de los cadáveres. Es la única oferta que hoy el chavismo le hace al país: la crueldad. Los cuerpos de seguridad también se comportan como un ejército en territorio enemigo, extranjero. Vienen a saquear y a liquidar, tienen que arrasar con todo. Por eso son crueles y celebran su crueldad. El hombre nuevo no se conmueve con nada. Disfruta el dolor de los otros. Cree que el sadismo también es bolivariano. Se ríe de todo lo que pasa. Nunca pregunta. Dispara primero y, después, vuelve a disparar”.

… en lapesteloca.blogspot.com y en Maracaibo el 3 de julio del 2017

domingo, 2 de julio de 2017

Los Cupello de Maracaibo




Los Cupello de Maracaibo

En un ranchito de la plaza Baralt, en el año 1901, un joven italiano, de quince años, fundó una joyería y relojería. Así comenzó la historia de Salvatore Cupello en Venezuela, quien no imaginó nunca que su negocio se convertiría, con el paso de los años, en el más antiguo de su ramo en el país. Ahora ya son cuatro las generaciones de Cupello que han llegado a instalarse en la región”. Así escribió hace ya un tiempo, con el título de “Inmigrantes”, la periodista (Licenciada en Comunicación Social de la Universidad del Zulia) Annel Mejias quien recogió comentarios de Myriam Cupello, hija menor de Salvatore Cupello y del médico historiador Dr Orlando Arrieta (1935-2013) para presentar una inteeresante historia que aprovecho para rescatarla, por varias razones: por haber sido compañero de estudios en el bachillerato de Jesús Cupello, médico pediatra hoy ya fallecido y por la bella Myriam de quien escuché hablar con admiración desde la edad de 9 años. De modo que así quise dar a conocer esta que es una historia local, en mi blog lapesteloca.blogspot.com
 
Los inmigrantes salen de su país para mejorar su vida. Ese fue el caso de mi padre”, le dijo a Annel, Myrian Cupello, la hija menor de don Salvatore, quien fue la primera Miss Venezuela en el año 1949, y quien le relató, la historia de su padre, uno de tantos miles de hombres y mujeres que abandonaron sus tierras para labrarse un destino. Si bien la mayor inmigración de italianos a Venezuela se dio luego de la II Guerra Mundial, a finales del siglo XIX y principios del XX llegaron hasta la región zuliana, familias, como los Fossi, Lovisi y Caruzo, Dagnino, Abot y, claro está, los Cupello, que dejaron marcas en la historia comercial de la región. “Maracaibo era la capital del occidente del país, prácticamente no tenía nada que ver con Caracas, era centro comercial de los Andes y tenía un puerto movido. Fue pionera en muchos avances, como ser la primera ciudad del país con luz eléctrica”- Así le narró, vía telefónica desde Caracas, Myrian a Annel Mejias que escribiría el trabajo sobre los inmigrantes, con la historia de don Salvatore, quien falleció en 1972. Ella nos fue relatando como el joven arribó en un barco a la ciudad de Maracaibo con dos intenciones: trabajar como ayudante de contabilidad en la firma Lovisi y Caruzo, una sastrería, y conseguir a su padre Francisco, quien se había aventurado a viajar hasta Maracaibo en el año 1886. Salvatore llegó solo, con una bolsa de joyas que otro italiano le entregó en su patria antes de partir, para un pariente que luego no consiguió en la ciudad, su ropa y una recomendación para trabajar en la sastrería.
“Se compró un burro, que llamó Gastone, y de lunes a sábado laboraba en la firma y los domingos iba de casa en casa en el burro vendiendo joyas”, dijo Myrian, para describir el inicio de un próspero hombre de negocios que dejó como legado dos joyerías en Maracaibo y una distribuidora de relojes en Caracas. Hasta quintas generaciones se ven de familias que llegaron a la región durante el siglo XVIII y XIX y que, en la mayoría de casos, se emparentaron con mujeres criollas, como Salvatore Cupello, quien tuvo su hijo mayor con Carmen Arrieta en 1907, Salvador Arrieta. Luego, Salvatore se casó con Josefa de Cupello, con quien procreó 11 niños. Mi abuelo envía en 1923 a mi padre, Salvador Arrieta, a Suiza a estudiar relojería”, así le relató Orlando Arrieta Meléndez, -muy apreciado médico zuliano  Annel Mejías, la historia de su abuelo Salvador Arrieta: “Se formó durante cinco años en la Ecole de Etudes D’Horlogerie de Géneve y, como tesis para graduarse, hizo en los laboratorios de la academia europea dos relojes de oro: uno de bolsillo, que aún funciona y posee como legado su hijo Arrieta, y otro de pulsera, que fue concedido al ex presidente Juan Vicente Gómez y cuyo paradero está entre Maracay y Caracas. Salvador Arrieta fue el primer venezolano en hacer relojes en el país y, en 1928, “el ciudadano presidente del Concejo Municipal del distrito Maracaibo, José Osorio, le notificó que la cámara lo había nombrado relojero público del distrito”.
lamentablemente fallecido el año 2013, beisbolista (el Tacho), historiador que publicaría 21 libros, miembro de la Sociedad Venezolana de Nefrología, la Sociedad Médico-Quirúrgica del estado Zulia, de la Academia de Medicina del estado Zulia, de la Sociedad Venezolana de Escritores Médicos y del Centro Zuliano de Historia de la Medicina: - para ampliarle a la periodista
El joven Cupello, al igual que muchos de sus compatriotas, se residenció en Maracaibo, una de las zonas más atractivas, junto con Cabimas y Ciudad Ojeda, en la Costa Oriental del Lago, donde se concentrarían  gran cantidad de italianos.  “Mi abuela, Josefa (con quien se casa Salvador), era andina, hija de italianos, era muy inteligente y maravillosa en los negocios. Tuvo con él cinco varones y seis hembras”.  Así le expuso María Eugenia Amado Cupello, de la tercera generación de esta familia, nieta de don Salvatore, a la autora de  “Inmigrantes”, Annel Mejías. “Me habían dicho que eran flojos. Esta gente no para de trabajar. Sólo descansan pocas horas. Y qué la ciudad, Paola (el pueblo de Calabria de donde venía) tiene sólo una calle. Aquí hay muchas. Con ragione mio nonno, che conosceva tutto il mundo, diceva che Maracaibo era citta con futuro”, se lee en una carta de Cupello del año 1900 publicada en el libro “Salvatore, el inmigrante”, escrito por Myrian.
Las razones para escoger al Zulia como área idónea presenta varias aristas, nos dijo Annel Mejías, y a juicio del historiador OrlandoArrieta, se debió  a que tanto el venezolano como el italiano tienen costumbres similares y el idioma parecido.Mi padre estaba muy contento en Maracaibo, le gustaba su gente y la ciudad”, narró Myrian, mientras la nieta de Salvatore, María Eugenia Cupello Amado, lo describió así:Hasta el día que murió, mi abuelo trabajó; recuerdo que luego de atender la relojería se iba a su casa a ensamblar las correas de los relojes y así duraba en ese rito hasta la medianoche”. De esta manera concluyo para este blog, un relato que para hablar de “los Cupello de Maracaibo” se apoyó en diversas impresiones personales en el trabajo, “Inmigrantes” publicado por Annel Mejías, quien es también autora de una obra con remembranzas de Barrancas titulada “Mapas y Sangre”(Editorial Monte Ávila) ganadora del premio Mención Narrativa de Autores Inéditos el año 2011.
Maracaibo, 3 de julio del año 2917

Anatomía del mal



Anatomía del mal

Reproduzco un interesante artículo publicado en El Nacional por Sergio Dahbar el 24/06/2017 que nos muestra  la cara del fantasma con el que nos estamos topando los venezolanos en esta época aciaga, ante la impasible complicidad de quienes “son capaces de comerse un elefante sin eructar”…

Quizás deba comenzar por una frase del historiador alemán Philip Bloom: “Para arreglar las cosas había que instituir la censura, la policía, los espías, excluir a la gente o ejecutarla. El ejemplo paradigmático sería Pol Pot, que, a través del asesinato de masas, intentó llevar a una sociedad hasta el feliz estado de la inocencia. En la filosofía de Rousseau está el comienzo de toda dictadura”.  Rousseau está en el comienzo. Y retumba en la Casa Amarilla, donde días atrás psicólogos cercanos a Nicolás Maduro participaron en el foro “Violencia y operaciones psicológicas en Venezuela”. Impresionante escuchar a terapeutas “demonizar” protestas de 80 días: por desabastecimiento, inseguridad y ruina económica; por ausencia de un Estado de Derecho; por destrucción de la institucionalidad; por aniquilación sistemática de justicia, y por la convocatoria de una asamblea nacional constituyente tapa amarilla.  Cuesta no advertir esta jugada a varias bandas del Ejecutivo, donde sacan del sombrero psicólogos que satanizan a los más jóvenes. Para justificar “laboratorios de paz, y reeducar guarimberos”.                                    Como éramos pocos, con el fantasma de Pol Pot nos hemos topado, Sancho.

Los ataques criminales a los vecinos de Los Verdes nos remiten inexorablemente a la patología represiva de Pinochet, con visitas nocturnas de terror y destrucción. Los testimonios de torturas en La Tumba revelan lo que ocurría en los centros de vejámenes del sur. Los laboratorios de paz ahora tienen la firma de la revolución comunista que aplicaron los jemeres rojos, entre 1975 y 1979, en Camboya, para reeducar a una población “desviada”, todos parásitos eliminables.  Cinco años de terror y exterminio caracterizaron la Kampuchea Democrática de Pol Pot: hospitales fueron desocupados, se destruyeron documentos de identidad, los billetes eran arrojados en las calles y cadáveres se acumulaban en las cunetas. Los libros y los juguetes fueron confiscados. No se podía usar calzado. Solo vestimenta color negro. Los lentes eran señal de superioridad intelectual. Toda expresión de sentimiento era sospechosa. Cruzar las piernas era un hábito capitalista. ¿Quiénes diseñaron este horror primitivo? Los jemeres rojos pertenecían a la clase media y alta; habían estudiado en liceos privados y en la Sorbona, París; fueron atrapados por la peor doctrina estalinista; tenían razones para ser resentidos, y fueron genocidas. Mientras esta aberración ideológica se cobró 1.700.000 camboyanos (25% de la población), la izquierda occidental consideraba que los jemeres rojos solo hacían el bien. ¿Suena conocida esa complicidad? 

 Noam Chomsky acusó “una fabricación de evidencias” para desacreditar a Camboya. Aseguró que refugiados camboyanos en Vietnam y Tailandia prestaban falso testimonio. Remitió las causas del genocidio a bombardeos estadounidenses sobre Camboya, entre 1969 y 1973. No fue el único. Malcolm Caldwell, del Journal of Contemporary Asia, objetó los testimonios de refugiados, mientras imitaba frases de los discursos de Pol Pot. Los jemeres rojos repetían que querían “empujar a la gente a ser feliz”. Ninguno de los intelectuales superdotados de Occidente que los celebraron advirtió el odio de esa frase. Hay gente que puede comerse un elefante y no eructa. 
Empecé con Rousseau y voy a terminar con Pin Yathay, sobreviviente de un campo de reeducación camboyano. Él recordó una nana para dormir niños. “Hijo, ¡recuerda! Tu padre ya no existe. Era un puro revolucionario… Debes guardar en tu corazón el odio de los opresores burgueses, capitalistas, imperialistas y feudales. Te toca vengar a tu padre”. Aquí estamos.

Maracaibo, 2 de julio del año 2017

sábado, 1 de julio de 2017

Alfonsina y Quiroga, la selva y el mar.



Alfonsina y Quiroga, la selva y el mar.

Alfonsina y el mar es una zamba compuesta por el pianista argentino Ariel Ramirez  y el escritor Félix Luna, publicada por primera vez en el disco de Mercedes Sosa Mujeres argentinas, de 1969. Yo la escuché por primera vez cantada por alguien en un evento de la Sociedad Venezolana de Anatomía Patológica, en Valera, Estado Trujillo organizado por el Dr Alberto León, casi con toda seguridad en 1974 y me llamó mucho la atención. Después seguí escuchándola, la cantaba mi amigo Eduardo-Blasco y sin conocer la historia de la poeta siempre me pareció su letra y música hermosa. La canción es un homenaje a la poeta argentina Alfonsina Storni, que se suicidó en 1938 en Mar del Plata, saltando al agua desde una escollera, aunque, según la canción, se internó lentamente en el mar. Ariel Ramírez no conoció directamente a la poetisa, ésta fue alumna de su padre, Zenón Ramírez, quien trasmitió a su hijo el drama de la poeta Storni. Impresionado por estos recuerdos y por las poesías de Storni, que le trajo Félix Luna, Ramírez compuso la música y Luna aportó después la letra. La canción fue publicada en formato de simple de 33 1/3 por Philips en 1969. Aprovecho para divulgar algunos detalles, e inicialmente,
aquí va la letra de “Alfonsina y el mar”:
Por la blanda arena que lame el mar/ su pequeña huella no vuelve más./ Un sendero solo de pena y silencio llegó hasta el agua profunda./ Un sendero solo de penas mudas llegó hasta la espuma./// Sabe Dios qué angustia te acompañó/ qué dolores viejos calló tu voz,/ para recostarte arrullada en el canto de las caracolas marinas./ La canción que canta en el fondo oscuro del mar, la caracola.//  Te vas Alfonsina con tu soledad,/ ¿qué poemas nuevos fuiste a buscar?/ Una voz antigua de viento y de sal te requiebra el alma y la está llevando/ y te vas hacia allá como en sueños, dormida, Alfonsina, vestida de mar./// Cinco sirenitas te llevarán/ por caminos de algas y de coral/ y fosforescentes caballos marinos harán una ronda a tu lado;/ y los habitantes del agua van a jugar pronto a tu lado./// Bájame la lámpara un poco más,/ déjame que duerma, nodriza, en paz/ y si llama él no le digas que estoy, dile que Alfonsina no vuelve más,/ y si llama él no le digas nunca que estoy, di que me he ido.///  Te vas Alfonsina con tu soledad,/ ¿qué poemas nuevos fuiste a buscar?/ Una voz antigua de viento y de sal te requiebra el alma y la está llevando/ y te vas hacia allá como en sueños, dormida, Alfonsina, vestida de mar.///
 


Una anécdota dice que un día Alfonsina Storni estaba en la mesa de un bar con su amigo Santiago Cozzolino y le dijo: “Estoy enferma de soledad... ¿No cree usted que yo debería haberme casado? Pero nadie quiere casarse conmigo”. El amigo reaccionó así: ¡Cásese conmigo, Alfonsina! De una tertulia literaria habida en Santa Fe, Alfonsina obtuvo un romance y de allí un hijo, Alejandro. El nacimiento se produjo en 1912 y del parto nació otro verso célebre: Yo soy como la loba, ando sola y me río... El hijo y después yo, y después,... ¡lo que sea! Las relaciones de Alfonsina Storni, madre soltera y feminista, fueron circunstanciales y desmentidas. El escritor uruguayo Horacio Quiroga, que había llegado de su refugio en San Ignacio, Misiones, durante el año 1916, conocería a Alfonsina Stormi en 1922 cuando ella frecuentaba la casa del pintor Emilio Centurión, de donde surgiría el grupo Anaconda. Horacio Quiroga era ya el autor de sus libros más importantes, Cuentos de la selva, Anaconda, El desierto, y vivía modestamente de sus colaboraciones en diarios y revistas donde desempeñó un papel protagónico en el intento de profesionalizar la escritura. Alfonsina había publicado sus libros Irremediablemente (1919) y Languidez (1920).  

A Alfonsina le venía gustando “esa cosa trágica, insolente y animal de Quiroga”. También la fama de lobo estepario y perseguidor de doncellas. Compartieron conferencias, tertulias, provocaciones y la pasión por Wagner. Quiroga la nombraría frecuentemente en sus cartas, sobre todo entre los años 1919 y 1922, y la destaca entre un grupo donde había otras mujeres escritoras. Sin embargo, cuando Quiroga resuelve irse a Misiones en 1925, Alfonsina no lo acompañará. En 1927 Quiroga contrajo segundas nupcias con una joven amiga de su hija Eglé, con quien tuvo una niña. Sintiendo el rechazo de las nuevas generaciones literarias, Horacio regresó a Misiones para dedicarse a escribir en la selva y a la floricultura. 

El 20 de mayo de 1935 Alfonsina fue operada de un cáncer de mama. Tuvieron que quitarle el seno derecho y nunca se recuperó del todo de este mal. A partir de entonces ella vivió en un progresivo enclaustramiento en su propio hogar. Horacio Quiroga sintetizó las técnicas de su oficio en el Decálogo del perfecto cuentista, estableciendo pautas relativas a la estructura, la tensión narrativa, la consumación de la historia y el impacto del final. Incursionó asimismo en el relato fantástico. Algunos estudiosos de la obra de Quiroga lo relacionan con Edgar Allan Poe y Baudelaire por la fascinación con la muerte, los accidentes y la enfermedad, quizás debido a la vida increíblemente trágica que le tocó en suerte. Quiroga, pensó que en medio de la selva podría vivir tranquilo con su mujer y la hija de su segundo matrimonio, pero un avatar político provocó un cambio de gobierno, que rechazó los servicios del escritor y lo expulsó del consulado. Un avanzado estado de su enfermedad prostática lo hizo padecer de dolores y dificultades para orinar, hasta que una cirugía exploratoria reveló que sufría de un avanzado cáncer de próstata, intratable e inoperable. La madrugada del 19 de febrero de 1937 Horacio Quiroga bebió un vaso de cianuro que lo mató pocos minutos entre espantosos dolores.

 Alfonsina le dedicaría un poema de versos descarnados: “Morir como tú, Horacio, en tus cabales,/ Y así como en tus cuentos, no está mal;/ un rayo a tiempo y se acabó la feria…/ Allá dirán/ Más pudre el miedo, Horacio,/ Que la muerte que a las espaldas va./ Bebiste bien, que luego sonreías…/ Allá dirán”. Dos años después la salud de Alfonsina empeoraba y ella presentía el final. También le costaba seguir adelante producto del dolor y de su estado anímico. En esta etapa sus poesías expresan sentimientos de muerte maximizados por el suicidio de Horacio. Finalmente, la poeta se suicidó en Mar del Plata en 1938 arrojándose de la escollera del Club Argentino de Mujeres.

Maracaibo 2 de Julio del año 2017