domingo, 10 de febrero de 2013

Elogio a las letras de hispanoamérica



O - - o - - O

Elogio a las letras de hispanoamérica
Jorge García Tamayo

 Yo a veces me pregunto si tú sabrás en realidad quién es La Maga(1). Pienso que quizá si lo sabes, pero no obstante, puede que te haya ocurrido como a mí, ese instante de vivir la sensación de conocerla tanto que has llegado a quererla, casi a soñar con ella. No sé si habrás notado, como yo, ese descuido suyo, si has logrado percibir su olor, captar su desenfado, despiste, desparpajo, desgano alternando con oleadas de amor concentrado, ese tanto-todo que te dice en silencio su mirada, ese algo-mucho que parece aureolar a la mujer de Horacio, a La Maga, engendrada por Julio, el del cigarrillo humeando eternamente entre sueños y recuerdos, y de vez en cuando como sin quererlo, eructando un conejito blanco(2). Yo creo que no te tienes que preocupar por Horacio, entiende que él nunca sabrá cuanto amamos a La Maga, y es que él, está todo enredado, entre miles de hilos, los filamentos trenzados de su vida, esos que van y vienen cruzando su habitación de un lado a otro. Al menos yo, creo que estoy claro, y tú, espero que permanezcas lúcido, lo necesario al menos para que puedas percibir ese por siempre-jamás que nace en la sonrisa triste de La Maga, allí sentada contigo en un café, o cuando va prendida de tu brazo por un boulevard, bañada en la lluvia y el viento que ha destrozado su paraguas de basurero, o tal vez al calor de leños chisporroteando en una habitación, cálida dulzura en la mirada de osita de autostop, húmeda, hallada en un recodo del camino hacia Kindberg(3), mientras por la ventana, podrás otear los techos y las chimeneas de ese suburbio parisino que siempre padece de otoño. Tal vez la viste acercarse caminando por un puente del Sena, y como yo una vez, estático, te quedaste esperando su encuentro. Puede que fuesen aquellos los mismos sitios por donde corriera el mutilado Polo, hombre sándwich, tan solo cubierto por dos cartones, escapando de las turbas de flagelantes salpicados por la sangre y las carnes que saltaban a cada chicotazo, el mismo Polo, sí, quien inválido no se hallaba a sí mismo y presentía germinar en sus espaldas una cruz queloidea (4). Polo, anticristo que una vez fue engendrado en sudorosos ritos de sanguinarios aztecas, sobre las rocas porosas y negras por el uso, esponjas de sangre y filo de obsidiana, o quizás en alguna oscura covacha Toledana escuchando recitar salmos del Talmud, en cualquier lugar del mundo donde lo hubiese decidido Carlos, allí iba a estar Polo en su afán de compenetrarse con Ludovico y con Guzmán para ascender cual una Trinidad hasta el Post des Arts, sobre el Sena, mientras percibiría como en su propia carne se metamorfoseaba con Celestina quien lo había esperado entre el humo del tiempo y el polvo de la historia para fundirse con él(4). Verás llegar a La Maga paso a paso, avanzará hacia ti, se acercará sobre el puente, pero pasarán los segundos y podrás comprobar que nunca llega, y sentirás como se te aleja, se te escapa entre las carcajadas de La Dama Loca y los aullidos de la enana Barbarica, grotesca danzarina acondroplásica sobre el cadáver ya apergaminado de el antes hermoso Felipe y todos se alejan y se pierden entre la niebla.
Es por ese pensamiento mágico, el de Julio y de Carlos, por lo que me atrevo a preguntarte, ¿es que acaso tú no les conoces? Con pena me cuesta imaginar lo que será de ti sin saber nada de los sueños misteriosos de Julio, no conocer de famas ni de cronopios, ni haber oído del libro de Manuel, ni del fuego de todos los fuegos. ¡Nada! Ni tan siquiera sabrás del otro Julio, del nuestro… Ciertamente, más fácilmente llegan las imágenes a través de la caja cuadrada, la de vidrio que logró desquiciar con sus reflejos a Ceferino Rodríguez Quiñones, puede que ni llegases a verlo luciendo sus calzoncillos “Herculino”(5), pero, ¿te imaginas lo lamentable que resultaría saber que nunca te enteraste de cómo Don Julio fue lanzado al espacio sideral con el cometido singular de perseguir unas enaguas sin consultarle?, qué osadía, ¡a las nubes!(6). Pero ya ves como años después de haber desaparecido de este mundo, a pesar de todo y de su ausencia física, gracias a las páginas impresas Don Julio regresó para quedarse entre nosotros, por segunda vez, y para describir para siempre, aunque fuese apenas un recién nacido, la alcurnia de su origen. Es que siempre se puede leer y hasta releer, la literatura se hizo para la re lectura. Bueno, en tu favor acoto que supe de una vez, cómo en uno de tus viajes, conociste a Úrsula, y ¿quién no? Hoy día no existe un ser que no respete sus manías y no acepte sus opiniones, pues su fama trascendió más allá de las salobres planicies entre Santa Marta y Río de Hacha, en otros tiempos, quizá más difíciles, cuando las circunstancias te llevaron a visitar al coronel Aureliano, quien para la época todavía estaba cuerdo, a pesar de que ya vivía haciendo pescaditos de oro a la sombra del árbol en el solar de los Buendía(7). Supe que fue también en aquellos días de guerras y bananeras, cuando hablaste con el viejo Melquíades, a quien ahora algunos quieren confundir con Asclepius(8). En ese entonces, sé que hasta la tía Amaranta te desveló algunas facetas íntimas de su resentido corazón. Hasta allá habías llegado por la ruta de Maicao, pues son tuyas esas tierras guajiras, las de Demetrio Montiel (9) y bebiste chirrinche con los Aurelianos hasta emborracharte para conocer de las trochas y mochas de los caminos verdes que nos unen al hermano pueblo Neogranadino, tan Reinoso... Lo que nunca pude averiguar, y es que de eso no hablamos, digo, si has sentido como yo el embrujo de la noche. Si alguna vez te ha acontecido como a mí, hallarte envuelto a la hora de la conciencia y del pensar profundo(10), en una aura trémula de misterio y de miedo, y si has visto aletear detrás de tus pupilas, así cual si revoloteasen dentro de tu cabeza, cientos de mariposas del color de la flor del abrojo(7). Si le prestas atención al fenómeno, si logras fijarte en alguna de ellas específicamente, al concentrarte, podrás llegar a entender cómo es que entre tus ojos, siempre estará allí la esquina, ese punto que contiene todos los puntos, ese rincón, el más profundo del sótano en la casa de Beatriz Viterbo(11), el centro de tu mente donde Jorge Luis conociera de los prodigios del memorioso Ireneo de Fray Bentos(12), antes de penetrar en el jardín donde se bifurcan todos los senderos detectables gracias a sus dotes de invidente(13). No creo que sea una de tus ambiciones llegar a poseer una bacinilla heráldica como la de Fernanda(7), pero te puedo asegurar que necesitas cabalgar un rato por la orilla del mar al atardecer cuando todo se vuelve como naranjas amargas y cae el sol de los venados. Algún día lo deberás hacer, puede que sea tan solo con el poder de la imaginación, pues bien vale lograrlo sin salir de ti mismo, y es que aceptemos que es difícil ensillar un caballo en estos tiempos, mas si lo haces, cuando se esté ocultando el sol, y trotes o te lances al galope tendido frente al mar, entonces podrás, sobre el lomo sudado de tu corcel, observar cómo se hunde el astro rey chisporroteando. Así, tal cual, como lo habría de recordar Lorenzo, con una ilusión desesperada, soñando en ese momento crepuscular, de cabalgar en el conticinio de una vez y por siempre por la orilla cambiante, e ir con Dolores, su miliciana en la grupa, ambos sobre su cálido corcel brioso que chapoteaba el agua, como lo hicieran sus cascos saltando chispas sobre las duras piedras, con barro y lluvia, tan cerca ya de la frontera francesa y de su desgracia, para sentir entonces apagarse el verde de su joven mirada bajo la ráfaga asesina de aquel avión tudesco que apareciera en el cielo lechoso (14).
Quizá algunas de estas cosas que te escribo, las asociarás seguramente con cosas que leíste o viviste en tu niñez, pues aunque no quieras aceptarlo, entiendo que estás, o mejor dicho, nos estamos, poniendo viejos. Recuerdo que yo era tan solo un muchachito cuando me tropecé con aquel muerto tendido en la calle y sentí llegar los músicos a la esquina donde vociferaba el pulpero y luego percibí como comenzaron a vibrar con un no sé qué desgarrador, los primeros compases del himno nacional y la música sacudió mis nervios de niño y en mi sangre venezolana se encendieron los atavismos guerreros de mi raza y rompí a aplaudir y a cantar, pero mi madre me tomó por el brazo indignada y me enseñó al muerto que estaba tendido en la calle y me dijo con una voz inolvidable. Mira “el bravo pueblo”(15). Niñez valenciana revivida por mi entre páginas amarillentas ya, quizá escritas en el original con cabito de lápiz en las ergástulas de La Rotunda, o en las mazmorras del Castillo de Puerto Cabello, entre cangrejos y grilletes en el castillo de San Carlos, desde el exilio en Quebec, o en Nueva York, creadas por José Rafael, luchador, como Miguel. Te fuiste tú sintiendo a tu patria decadente y han pasado los años y ¿dónde estamos? Avanzamos y retrocedemos quizás a cada paso renunciamos un poco de lo que antes quisimos y al final, ¡cuántas veces el anhelo menguante pide un pedazo de lo que antes fuimos!(16). Caminando con Miguel, de su mano por los polvorientos caminos donde campean las fiebres palúdicas(17), o por los campos petroleros con esa fiebre (18) que inflama la sangre y seca el llanto de sus Victorianos(19), será una maravilla saber que te has desternillado de risa con su ingenio humorístico. Ojalá hayas tenido la suerte de haberte paseado por el socavón infinito de sus noches de azabache y carbón donde ni los cascos de los centauros ni una piara de diablos gruñidores te impedirán cabalgar en un caballo blanco, galopando desde la raya del horizonte, afilando con alas de alcatraces la luz, el mismo resplandor que guió al Tirano desde las montañas, por las selvas hasta el mar, la luz que animó a sus marañones, traidor, peregrino, soldado de la ira de Dios desatada sobre la Margarita, el príncipe de la libertad(20), y tú con él, de la mano de Miguel, sin soltarle, sin dejarle pues te ha reconfortado ese calor que irradia la piedra de amor que nos legara antes de partir para quedarse eternamente entre nosotros(21). Pero no era mi intención hablarte sobre Miguel, ni del padre de Doña Elvira, ni que por mi lo hiciese Castor Fulgencio(22), yo quería tan solo preguntarte si recuerdas a alguien que para mí es un mito, uno de tantos nacidos de la pluma del maestro Gallegos, como Barbarita, o el bachiller Mujiquita(23), uno que como el río de las siete estrellas(24) hace ya tiempo que desbordado ha florecido en nuestra tierra. Me preguntaba si conocías acaso al hombre que estuvo desnudo en el centro mismo de la tormenta, cuando reventaban copiosas magas de agua contra la selva de ramas vigorosas, quien abrazado a un mono araguato aquella vez se decía a sí mismo. ¡Qué hubo, se es o no se es! A un Marcos Vargas inmortal yo me refiero(25). Regresar a Gallegos, es saludable. Vuelve a tus viejas lecturas y dime si te acuerdas de Alberto Soria, un desadaptado en nuestro mundo desde que despuntara el siglo pasado(26), parangonable a tantos habitantes de tu país actual, o a unos cuantos, tipos como Rodrigo Pola el hijo de Gervasio tan marcado por el silencioso y sufrido carácter de su madre(27), o a gente como Guillermito, mito, el vástago de Claudia Nervo castradora y dominante mujer(28) ¿y qué me dices de Federico Robles y de su mujer, Norma Larragoiti?, rapaces con voracidad de un incendio, y es que un día de estos, cuando menos lo esperes, te los vas a tropezar en la calle, ellos están vivos y se repiten, en La Habana algunos se suicidan transformándose en teas humanas, como lo hiciera Norma en el afán de vengar a la raza de Ixca y de su madre Teódula Monctezuma(27), y es que todos ellos, hijos de los genios de la escritura nacen y reencarnan en otras gentes, habitantes cualquiera de los pueblos hispanoamericanos. Puede que habiten en las pampas, en el altiplano, en los llanos, en la selva amazónica, en la cuenca del Alto Ventuari, en inhóspitas tierras llenas de indios con taparrabos y largas flechas, pobres, más ricos en sus culturas ancestrales, muchos carentes de pirámides, quizás ahora enfermos de las pestes de los civilizados, caribes, guajiros, guaraos, motilones, paraujanos, habitantes autóctonos de extensiones umbrías azul verdosas por la gran humedad, sus ríos y sus cascadas, o de desérticos parajes cuarteados por los vientos de sal, tierra de Amadises(29), con casuchas revestidas de arenisca y de polvo de tiza y cal rojizo donde las gentes no tardan en enfermar de fiebres hemoglobinúricas, melancólicas o palúdicas que terminan por reducir a escombros sus casas ya abandonadas a su suerte por el destino infausto(17). No sé si te ha tocado la suerte de tener que adoptar a algún ángel decrépito con alas emplumadas para que habite en tu solar y lo proteja, y que duerma en la tierra, como cualquier animal, o llegar al colmo que haberte hecho cargo de una ballena, digo una vieja inmensa como la abuela de Eréndira, la chica de la sabanita almidonada y es que estarás conminado a mantenerla y hacer que sea feliz mientras ella la entalca con harina y va arrullándola para impedirle que se inmiscuya en asuntos ajenos, que no le vaya a dar por romper el idilio de Ulises y su nieta(29), porque la increíble cetácea es muy capaz de influenciar para que se disuelva hasta el triángulo de amor más colérico que inventara el Gabo, como el de Florentino y de Fermina con el doctor Juvenal Urbino, o eliminar al loro para que no se cumpla el episodio que llevará a Fermina y a Florentino a viajar para siempre en aguas del Magdalena(30). Al doctor Urbino, creo que le sentaría bien acercarse a la taguara de Bonifacia, pues seguro estoy de que disfrutaría con las cadencias del arpa nacidas en las manos prodigiosas del viejo Anselmo mientras la selvática dueña sirve los tragos luciendo sus encantos de puta(31), y todas estas situaciones tendrían lugar en uno de aquellos burdelitos de medio pelo, seguramente de los preferidos por el bandido de Florentino Ariza(30), o en realidad mejor habrían de funcionar si lo regentase Pantita, el mejor promotor de negocios en las verdes marañas del Piura(32), eficiente el Pantita, para sus amigos y conocidos, toda la clientela del barrio de La Maganchería y aledaños, donde si te fijas llegará Fuschía con el práctico Nieves(31) y Parrita con Manrique y Jimmy con Pablo Lira(33) y de repente y tal hasta puede que se aparezca José Arcardio, siempre dispuesto a emborracharse por Remedios La Bella(7) y estará todo el público presente extasiado, embelesado, atento al vibrar de las cuerdas del arpa del viejo Anselmo quien se inspirará virando sus ojos, poniéndolos en blanco como si soñara con la cieguita, mientras que detrás del mostrador la Chunga Chunguita estará siempre temerosa por la posible aparición de Lituma con sus primos y que se forme un lío para que les eche a perder la noche a todos los presentes(31).
Si conocieras a todo este gentío, te puedo asegurar que serías un feliz lector y si alguno se te escapa, yo te lo presento… A unos cuantos. Fíjate que siempre quise hacerlo con Moncho, me hubiese gustado que le conocieras y así lo acordé el otro día con Rubén, pero al final él insistió en que lo dejara así porque Rubén sabe muy bien que a ti no te gustan los arribistas, los trepadores, aunque sean de Lagunillas o de Bachaquero, pero le dije que no te molestarías porque tú bien sabes que esas son tonterías, al fin y al cabo así siempre serán las cosas de la política(34). Uno de estos días, casi como quién no quiere la cosa, voy y te presento a Moncho y a Zoraida, y esta Zoraida no es la mujer del cachaco scarface que detestaba Daniel Vargas (35), pero te aseguro que sin tener que ser devoto del doctor milagroso no será necesario que te conviertas en un Alfiero cualquiera y vayas a reventarle la cabeza a los locos dejando un reguero de sesos por la carretera para quedarte así, ido, mirando zigzaguear a las moscas hasta caer en una depre balurda de esas pata de cábricas, medio abrapalábricas(34). ¿Ves por qué le dieron a Luis su premio hace años ya? Si interviniese siempre el doctor milagroso, quizás le echemos a perder la historia a Carlos, una reláfica tan buena in artículo mortis como aquella, ¡caray!, pero, ¿qué tal si viene el hombre y se levanta? ¡Ah Chirión mi Artemio!(14), así le hubiese dicho mi hermanazo Mario… Porque te digo, el tipo podía estar cuasidifunto pero es que era uno de esos políticos de marras. Pues verás, ¡qué problema!, o que contrariedad, contratiempo, o contratema, es como si al final del viaje no hubiese existido nunca una bomba en el maletín de Adriano(36). Son los peligros de las letras y del milagro, ni que decirte de las guerras, las de cada cual, cuando la ficción se vuelve un camino de astucias para arribar al olvido, así pudo Olivier luchar su último round como si él mismo fuese su amigo Teo y es que de esa manera cualquiera puede entrar en el in-fight en las cuatro esquinas del cuadrilátero de la política nacional(37). ¿Te sorprendo? Si piensas en montañas y en neblina, puede que recuerdes una vez, como se quemaban los cirios ante un retablo de oro macizo, allá lejos, en el silencio oscuro de un templo del altiplano andino y recordarás que en la penumbra, escuchamos el canto triste de la Pachachoca y como al fondo resonaba el gemido dulce de una quena y luego al dejar la capilla, nos salimos, sí, así saldrás, has de salir a la luz y a la vida para vislumbrar de nuevo, estando en el sitio sagrado, como asoman los balcones entre las piedras de resquicios impenetrables, allí donde los incas las ensamblaron antes de la Colonia, con matemática precisión, en cualquier callejuela del Cuzco, con sus moscas y el berrenchín a trapitos inmundos, allí veras gotear constantemente los balcones, desde siempre, sutuspa, sutsiaka(38), y masticarás tus hojitas verdes de coca y darás gracias al Señor milagroso porque tú no necesitaste trabajar en la minas. ¿Has viajado acaso en el ferrocarril de Oruro?, pues te aseguro que tienes mucha suerte de no laborar bajo la tierra, aunque pudieses vivir en el techo de América. En aquellas alturas, si planeas cual cóndor, verás las nieves del Chimborazo, o te encandilará ya en la llanura el resplandor del límpido cielo de Cipaquirá, o súbitamente, puede que te halles en la región más transparente del planeta(27), en la atalaya de Chitchenitza, o bajo la tierra de Xochicalco en un observatorio tolteca, bajo tierra, sí, como en las minas del Potosí, o con más fresco y los marullos sonando en un palafito de la laguna de Sinamaica, o ¿qué tal en la cima del Aconcagua?, ¿y en el lago de Guanaco?, el de tu tierra donde siempre brilla el sol. Creo que habrá luz para rato. Siempre resplandecerá para nosotros los hispanoamericanos el sol de la libertad, porque somos un grupo de naciones muy grande con iguales raíces, y no te preocupes por ellos, pues siempre les hallarás en el camino, sobre todo en los sitios de singular riqueza más que belleza, donde existan riquezas naturales, pero no son ellos a quienes el poeta denominó, los nietos de Moctezuma, ni descienden de Pizarros ni de Almagros, no son cachorros ni son lobeznos del Libertador(39), son… En realidad tienen pinta de turistas. Descubriste en tu tierra a los guácharos hace ya muchos años con el barón germano(40) y aunque parezcas un mico y des aullidos en los manglares(41), te crees muy buen conocedor de arios, galos, gringos y sajones, de esos que han vivido cual Carlos en lides diplomáticas, o como el Javier de la batalla(42) y del corazón tan blanco(43), en las brumas del Támesis donde ahora se esconde, o se escuda el infante difunto(44) mientras se le vuelve humo (45) su prosa envenenada en el exilio(46). Es un fenómeno que existe, y algunos hasta se preocupan y posiblemente no es más que lo que Rosa Montero denominaba “el basurero intelectual” del escritor(47). Pero si hablamos del cuerpo diplomático, ¿has tomado un helado sangriento como postre en un castillo magiar?(48), porque para lidiar con tantos gringos viejos(49) hay que saber bastante de psicología, aunque sea para crear una gringa judía como la Elizabeth Ligea, la dragona, recuerdo cuando Carlos me llevó a espiarla bañándose en el mar Egeo y luego fue como un trance hipnótico al verla cambiarse de piel con su Javier y desaparecer entre los famélicos, aullantes, perros amarillos de la polvorienta Cholula(50). Si eres lector, cualquier cosa puede darse ante tus ojos, pero a mí, te juro que me hubiese gustado que Artemio me hablase de Regina y que lo hiciese con el corazón en la mano(14). Todos están allí, viven dentro de los libros, algunos muy criollos, tan vernáculos como a quien Israel le dijo que saliese bien temprano para matar al presidente(51), o cuando Emidgio escribe desde exilio sobre la vida de Lucidio y de Crisanto, sus amigos(52), otros pues serán más extranjeros que los Belzares pero valen para las letras tanto como una luna sangrienta para un casto Felipe(53) y si quieres un mejor ejemplo lee El Cuervo de Edgar Allan traducido por Pérez Bonalde(54). Pero no espero que hayas buceado en el archivo de Indias para indagar sobre Don José Oviedo y Baños(55), ya no se vuelve a los viejos textos, no hay más perlas de Enrique Bernardo(56) ni de aquel pasado tejido por Don Isaac quien nos mostrara las bellezas de la tierra de gracia frente al mar Caribe(57). Olvidamos a Santos Luzardo(23) y casi ni queremos saber de Robinsones(58) ni de Urogallos(59), porque ahora se trata de que nos debemos sentir avergonzados de Los amos del Valle(60), pero no es mal de morir, presiento que estas tormentas son cosas pasajeras, sin duda alguna, no es lo mismo la desgracia de una solapada dictadura, que la literatura, y siempre será mejor vivir en democracia, aunque aves agoreras presagien negras nubes de desgracia.
Por todas estas cosas de las que te he venido hablando es que quisiera que compartiésemos más el gusto por la relectura de los textos literarios y para ello he tratado de referirme a nuestros autores, los más cercanos a lo nuestro, y no es que me haya metido a indigenista, pero vale la pena releer a Arguedas y que te haga sentir las profundas corrientes de los quechua(38), o a Rulfo que te dio a conocer a Anacleto Morones y a Lucas Lucatero(61), si así lo quieres, cabalgarás como un jinete insomne por las riberas del lago de Chaupihuaranga(62) y te detendrás en el pueblo de Rancas, quien sabe si para visitar a Chacón(63) y sabrás por boca de Scorza del guerrillero Nicolás Centenario(64), y si de guerrillas te hablan, siempre te acordarás de la mujer habitada en Nicaragua(65) y del tiempo aquel del fulgor(66) en la tierra de Darío cuando se invocaba el castigo divino para los envenenadores(67), o de la figura del dictador y Chepito sin tenerle miedo a la sangre(68), todas estas historias relatadas por Sergio quien ha revivido a la hija del sabio Debayle(69), seguro estoy de que al leerlas, en el alma sentirás una alondra cantar; su acento y volverás a pensar que vale la pena a Margarita, contarle un cuento(70).
Dime si conociste a Jorge Amado… Es que recuerdo una vez en Salvador, Bahía, cuando visitamos su casa y revivimos la magia de Gabriela(71) y de los maridos de Doña Flor(72) y nos provocó cabalgar por las tierras del sin fin(73), tan vastas como el Gran Sertón de Guimaraes(74), tan plenas de contrastes como las hemos visto en las producciones de O´Globo, esas, las inmensas planicies brasileñas y sus gentes que parecieran estar listas para iniciar una guerra en el final del mundo(75). Pero una cosa nos ha faltado, si de guerras y de de guerrillas hablamos, ¿Por qué no repasamos las atrocidades de los gobiernos populistas, literariamente hablando, digo, tal vez eso que tan bien ha desnudado Tomás Eloy(76), en la Argentina de Eva Duarte (77) o del régimen de los militares y del horror de sus iniquidades(78), los héroes y las tumbas que nos mostrara Sábato incluyendo su informe sobre los ciegos(79), tan impresionante como la ceguera blanca que inventó Saramago(80). Sobre estos temas, del vecino país largo de Don Pablo, una mujer pequeña de estatura crearía desde esta tierra de gracia, grandes novelas sobre otra terrible dictadura militar austral(81,82). Lo interesante de todo esto que te digo, es que si te dejas llevar por la magia de nuestros escritores, disfrutarás cual si estuvieras bajo el cielo de Ixtab y sin mucho esfuerzo lograrás ver jaguares danzando (83,84) y sabrás como unos años después de haber inventado los días(85), cuanto se padeció bajo nuestra dictadura dictadura de los cincuenta bajo la luna caraqueña(86). Ya lejanas, las ásperas hojas secas (87), reverdecerán en una eterna primavera(88) porque Milagros habrá matado al caracol(89) más no su vena de escritora, y de ellas, estoy aquí obligado a recordarte el perfume de Laura(90) y las cartas de María Eugenia Alonso(91) y como Antonia la genial maestra de Calicanto, nos mostró a una niña decente(92). ¡Qué te puedo decir sobre la experiencia hermosa de conocer la poesía en prosa con la mano en el timón del barco(92) bajo un cielo de esmalte(93) pleno de estrellas en fuego transformadas por Ramos Sucre!(94), y ver caer sus chispas en las aguas del Caribe (95)para crecer esponjadas cual Madréporas(96) en versos, y ondular con la brisa, como un soplo dorado sobre un campo de girasoles(97).
Mi sana intención con todos estos recuerdos ha sido una propuesta, para que puedas mirar siempre al cielo cuajado de estrellas y divisar un horizonte sin brumas, como una vez lo soñó en el mar de los sargazos el almirante Cristóforo, Cristovao o Cristóbal(98) y bien sea que vayas solo, o con una bruja y amarrado al tronco de un árbol, puedas siempre llegar con la corriente de regreso hasta el mar(99). Aunque venga a tu mente la chichería de la machorra Doña Felipa y resuene la música de un arpista Kimichú(38), aunque recuerdes de las montañas la neblina artera, solo espero que puedas siempre sentir las raíces de tu tierra(100), que percibas como te nutren ellas con la savia de tus ancestros, y entonces habrás de volver a cabalgar, libre, sobre el potro de tu imaginación y emerger entre las letras impresas, galopando hasta el finisterrae mismo de esta patria de gracia tuya, de esta terra nostra de Hispanoamérica.

Referencias


1-Cortazar, Julio. Rayuela
2-Cortazar, Julio. Bestiario.
3-Cortazar, Julio. Octaedro.
4-Fuentes, Carlos. Terra Nostra
5-Liendo, Eduardo. El mago de la cara de vidrio.
6-Garmendia, Julio. La casa de Muñecas.
7-García Márquez, Gabriel. Cien años de soledad.
8-Romero Denzyl. Entrego mis demonios.
9-Gallegos, Rómulo. Sobre la misma tierra.
10-Bello, Andrés. La oración por todos.
11-Borges, Jorge Luis. El Aleph.
12-Borges, Jorge Luis. Funes El Memorioso (Ficciones)
13-Borges, Jorge Luis. El jardín de los senderos que se bifurcan   (Ficciones )
14-Fuentes, Carlos. La Muerte de Artemio Cruz.
15-Pocaterra, José Rafael. Memorias de un Venezolano de la decadencia.
16-Blanco, Andrés Eloy. La renuncia.
17-Silva, Miguel Otero. Casas muertas.
18-Silva, Miguel Otero. Fiebre.                       
19-Silva, Miguel Otero. Cuando quiero llorar no lloro.
20-Silva, Miguel Otero. Lope de Aguirre, príncipe de la libertad.
21-Silva, Miguel Otero. La piedra que era Cristo.
22-López, Castor Fulgencio. Lope de Aguirre, el peregrino.
23-Gallegos, Rómulo. Doña Bárbara.
24-Blanco, Andrés Eloy. El río de las siete estrellas.
25-Gallegos, Rómulo. Canaima.
26-Díaz Rodríguez, Manuel. Ídolos rotos.
27-Fuentes, Carlos. La región más transparente.
28-Fuentes, Carlos. Zona Sagrada.
29-García Márquez, Gabriel. La increíble historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada.
30-García Márquez Gabriel. El amor en los tiempos del cólera
31-Vargas Llosa, Mario. La casa verde.
32-Vargas Llosa, Mario. Pantaleón y las visitadoras.
33-Garmendia, Salvador. La mala vida.
34-Brito García, Luis. Abrapalabra
35-García Tamayo, Jorge. Para subir al cielo…
36-González León, Adriano. País portátil.
37-Liendo, Eduardo. El round del olvido.
38-Arguedas, José María. Los ríos profundos.
39-Blanco, Andrés Eloy. Canto a España.
40-Martinez, Íbsen Humbold & Bonpland, taxidermistas.
41-Martinez, Íbsen. El mono aullador de los manglares.
42-Marías, Javier. Mañana en la batalla piensa en mí.
43-Marías, Javier. Corazón tan blanco.
44-Cabrera Infante, Guillermo. La Habana para un infante difunto.
45-Cabrera Infante, Guillermo. Puro Humo.
46-Cabrera Infante, Guillermo. Mea Cuba.
47-Montero, Rosa. La loca de la casa.
48-Cortazar, Julio. 62 modelo para armar.
49-Fuentes, Carlos. Gringo viejo.
50-Fuentes, Carlos. Cambio de piel.
51-Centeno, Israel. El complot.
52-García Tamayo, Jorge. La Peste Loca.
53-Herrera Luque, Francisco. La Luna de Fausto.
54-Pérez Bonalde, José A . Traducción de “El Cuervo”, poesía de Edgar Allan Poe.
55-Oviedo y Baños, José. Historia de la conquista y población de la provincia de Venezuela.
56-Nuñez, Enrique Bernardo. Cubagua.
57-Pardo, Isaac. Esta tierra de gracia.
58-Uslar Pietri, Arturo. La isla de Robinson.
59-Herrera Luque, Francisco. Boves El Urogallo.
60-Herrera Luque, Francisco. Los amos del Valle.
61-Rulfo, Juan. El llano en llamas.
62-Scorza, Manuel. El jinete insonme.
63-Scorza, Manuel. Redoble por Rancas.
64-Scorza, Manuel. La danza inmóvil.
65-Belli, Gioconda. La mujer habitada.
66-Ramirez, Sergio. Tiempo de Fulgor.
67-Ramirez, Sergio. Castigo Divino.
68-Ramirez, Sergio. Me dio miedo la sangre.
69-Ramirez, Sergio. Margarita está linda la mar.
70-Darío, Rubén. A Margarita Debayle, en Poema del otoño y otros poemas.
71-Amado, Jorge. Gabriela clavo y canela
72-Amado, Jorge. Doña Flor y sus dos maridos.
73-Amado, Jorge. Tierras del sin fin.
74-Guimaraes Rosa, Joao. Gran Sertón.
75-Vargas Llosa, Mario. La guerra del fin del mundo.
76-Martinez, Tomás Eloy. La novela de Perón.
77-Martinez, Tomás Eloy. Santa Evita.
78-Sabato, Ernesto. Abaddón el Exterminador.
79-Sábato, Ernesto. Sobre héroes y tumbas.
80-Saramango, José. Ensayo sobre la ceguera.
81-Allende, Isabel. La casa de los espíritus
82-Allende, Isabel. De amor y de sombra.
83-Quintero, Ednodio. La danza del jaguar
84-Quintero, Ednodio. Bajo el cielo de Ixtab.
85-Noguera, Carlos. Inventando los días
86-Noguera, Carlos. Juegos bajo la luna.
87-Oropeza, José Napoleón. Las hojas más ásperas.
88-Mata Gil, Milagros. Memorias de una antigua primavera.
89-Mata Gil, Milagros. Mata al caracol.
90-Antillano, Laura. Perfume de gardenias.
91-De La Parra, Teresa. Ifigenia.
92-Palacios, Antonia. Ana Isabel una niña decente.
93-Ramos Sucre, José Antonio. La torre del timón.
94-Ramos Sucre, José Antonio. El cielo de esmalte.
95-Ramos Sucre, José Antonio. Las formas de fuego.
96-Lossada, Jesús Enrique. Madréporas.
97-Lossada, Jesús Enrique. El reloj de los girasoles.
98-Posse, Abel. Los perros del paraíso.
99-Donoso, José. El obsceno pájaro de la noche.
100-Díaz, Jesús. Las iniciales de la tierra.


Publicado en:
Reflexiones de un Anatomopatólogo, 1991
Revista Volátil, 2009

O - - o - - O

jueves, 7 de febrero de 2013

Al final de Régimen


Fragmento de la Septima parte de  "El movedizo encaje de los uveros"
Novela editada por la Facultad de Medicina de la UCV y de LUZ en el año 2003
UCV LUZ J. García Tamayo . . .
Detrás de las cortinas escuchó el tronar de su voz y él se sintió temeroso. Él, sin entender porqué en ese momento, quizás removiendo viejos temores de su infancia, recordó a su tierra y a su gente. Él, quien había sido dos veces Rector de la Universidad del Zulia y tres veces Secretario de Gobierno del Estado Zulia. Ni la Restauración, ni el General Castro, ni su importante posición frente al Ministerio, ocupaban su mente. Él se encontró rememorando su regreso a Maracaibo hacía tantísimos años, en 1880, ostentando orgulloso el Título de Doctor en Ciencias Médicas de la Universidad de París. Él, ¡caray!, él nunca pensó que pudiera encontrarse un día en tan penosa situación, detrás de unas cortinas palaciegas... ¡Él temeroso! Él escuchando tronar aquella voz... En sus cincuenta y siete años, hallarse él mismo escondido tras unos pliegues de tela, rodeado de trapos, tras bastidores, entre cortinas... Hasta le estaban dando ya ganas de orinar. Fue entonces cuando pensó en su próstata que estaba ya bastante grande y en las sondas de Beniquet para las estrecheces uretrales y las de Raynal para las blenorragias crónicas, y es que le apremiaban los deseos de orinar,... ¡Carajo! Él las había usado, las había introducido al país, las puso en uso, de moda, a su llegada, cuando era aún joven, y le interesaba la urología... Él, un afamado galeno marabino a su regreso de Europa... Pues sí, él había practicado con la crisoarabina en los tumores hemorroidales, los mariscos anales, condilomas, pero, ¿porqué este pujo?, será la próstata... ¡Carajo! Recordó como una vez llevó a cabo el acto de la dilatación forzada del esfínter anal para tratar las hemorroides, una dilatación, la dilación, delación... Ahora, él se hallaba detrás de unas infamantes cortinas del palacio presidencial... ¡Que vejación! Él estaba ya sintiendo retorcijones en sus tripas y desde hacía mucho rato, con apremios miccionales ¡Qué vaina tan seria! Contuvo la respiración al oír acercándose el ruido de las pisadas, y de nuevo comenzó a temblar al escuchar aquella voz que retumbaba gritando

-¿Dónde está ese otro gran carajo? 

Sentía su rostro encendido, tenía las orejas calientes, sus sienes le latían, transpiraba, hervía, estaba al rojo vivo... Como el termocauterio de Paquellin, y, ¿la curación algodonosa?, ese había sido un buen método de antisepsia, lo había propuesto le professeur Guerin... Sí, era como el guayacol, casi podía percibir su olor, ¿a miedo?, el guayacol, sí, él lo usó, guayacol-yodoformado, para la tuberculosis pulmonar... Ya en ese entonces, las denominaban, las inyecciones de Serafón... ¡Cuántas cosas! ¡Que de vainas, señor! ¡Tantas! Fueron muchas, más que todo en el comienzo, a su llegada a la ciudad de las palmas y del lago... Tantos esfuerzos, viniendo de París, se estableció en su tierra, la del lago de Coquivacoa. ¡Que de años! ¿Y ahora? Cabría preguntarse, ¿qué demonios hacía oculto detrás de un cortinaje? Él, todo un Señor ministro, escondido, y orinándose... ¿Esperando qué? Las piernas le dolían, le pesaban como plomo... Años atrás él trataba las elefantiasis con aceite de Chalmugra... Dos veces Rector, tres veces Secretario del Gobierno, había sido el médico de cabecera de Señor Presidente, era el Ministro del Interior, y ahora... ¡Escondiéndose! Como una rata medrosa... Ocultándose en el Palacio Presidencial capitalino. ¡Infamante desgracia! Él, detrás de un cortinaje, ¡en un vergonzante desideratum! En esto estaba cuando la voz retumbó como un trueno nuevamente creando ecos en el salón.

-¿Dónde está ese otro carajo?

Se le confundió el eco con el tropel de las pisadas y el ruido de los sables. Sentía sus manos sudorosas, y, ¡se orinaba! Estaba envuelto en las cortinas, y mientras percibía los latidos del corazón en sus oídos, un escalofrío le recorría el cuerpo. Tenía un incendio en la cabeza y estaba helado. Trató de ver a través de la tela... Atisbar, husmear... Veía, sí, veía... Él, quien había operado tantas cataratas... Él, considerado por sus colegas como un experto en cirugía ocular. Él, quien había probado el óxido amarillo de hidragirio en las queratitis, y sus pacientes se recuperaron con éxito, ellos volvieron a ver, mejor de lo que él podía detectar, vislumbrar, en ese momento, cuando se orinaba, sí, cuando tenía una agitada taquicardia... Él, quien  tan solo escuchaba la atronadora voz que increpaba.

-¿Dónde anda el otro? ¿Dónde está ese gran carajo?

Entonces encontró un par de hilos fuera de su sitio y pudo divisar al General Juan Vicente Gómez. Estaba vestido de militar, con sus largas botas y sus bigotes puntiagudos. Iba y venía y pasó a su lado gritando otra vez.

-¿Dónde está?

Por el descosido de la tela, vio acercarse a Lorenzo Carvallo, quien caminó directamente hacia él, y era impresionante, pues parecía como si él no estuviese escondido detrás de las cortinas, como si fuesen transparentes. Así ocurrió y vino aproximándose hasta estar muy cerca de él, quien detrás de la tela pudo ver aquella sonrisa, algo velada, pero evidente. Carvallo se reía, y sus dientes desiguales no podían ocultar el placer de la delación... Fue entonces cuando Carvallo abrió de golpe las cortinas y él quedó expuesto, en evidencia, flagrante.

-¡Anjá! 

Como un trueno retumbó el vozarrón en sus oídos, cuando como una garra, la mano temblorosa de Carvallo, le tomó del brazo y lo sacó hacia fuera. 
Se adelantaron un grupo de soldados, y tomaron al doctor Rafael López Baralt por ambos brazos, y se lo llevaron a rastras. Cuando pasó al lado del General Juan Vicente Gómez, éste no resistió la tentación y le asestó una tremenda patada al depuesto Ministro del Interior, la cual por acertarle un poco por encima de las posaderas hizo que el galeno de la Restauración pensase que se le habían desprendido los riñones de su sitio. López Baralt rodó por el piso de parquet alfombrado. Al levantar la vista, adolorido, vio rostros de odio, escuchó  risas y luego mirando las armas largas que le apuntaban a la cabeza pudo percibir los insultos de la soldadera. Se levantó tembloroso el médico, y al llegar a la puerta, recibió otro empellón. Ahora era Félix Galavís quien le empujaba hacia fuera y a pesar de todo, aún se pudo voltear el doctor López Baralt y ver al General Gómez enfrentado al también corpulento doctor Rafael Garbiras quien en ese momento estaba gritándole imprecaciones. Entonces escuchó cargar las armas. El ruido de fusiles en manos de los soldados que le llevaban hacia fuera le hizo estremecerse. Como en contracorriente, vio llegar a otro contingente de hombres armados. Ellos le detuvieron, y mientras todos gritaban encañonándolo, juntos volvieron de regreso al salón donde el doctor Rafael Garbiras Guzmán con su vozarrón le gritaba colérico al nuevo Presidente.

-¡Yo no tengo madera de traidor!

Garbiras trató de sacar un pañuelo del bolsillo porque su rostro rubicundo sudaba copiosamente, pero bastó su gesto para que los soldados le clavaran los fusiles en sus costillas haciéndole gemir de dolor. Un instante después los sacaron a los dos del salón, y dando tumbos descendieron por las escaleras hacia el patio del Palacio. Llegaron todos azorados para hacerle compañía a Pedro María Cárdenas quien de pie y con la frente en alto, soportaba los gritos e insultos de los guardias mientras esperaba por ellos en el centro del patio del Palacio Presidencial.   
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Este fragmento de la novela fue publicado en "El Gusano de luz" con el título de:
AL FINAL DEL RÉGIMEN

  Vale la pena imaginarse . . . 
  Escenario:el Palacio de Miraflores. Época: mes de diciembre del año 1908.
  Situación: cambio de una a otra dictadura, de mal a peor.
  Referencia musical: “Por la vuelta”de E, Cadícamo y J. Tinelli.
  Canta:  Felipe Pirela.
  Corolario: Ojo que “ ...la historia vuelve a repetirse... ”.        

Retazos del diario de Ruth



RETAZOS de "el diario de Ruth" en la novela 
"El año de la lepra"
Editorial elotro@elmismo, 2012

16 de noviembre,1991 : Mamita despertó en la noche quejándose. Yo la sentí desde mi cuarto y me levanté. Papaíto estaba allí a su lado y la cama era un desastre. Mamita había vomitado y las sábanas y el cobertor estaban manchadas de rojo, pensé en las fresas y las moras, no quería creer que era sangre. Ella estaba muy pálida y se quejaba como si tuviera mucho dolor. Papá me pidió que saliera y me llevé la ropa y fui a la cocina y la puse en la lavadora. Era ya de madrugada y Papaíto llamó al doctor Durán. Yo regresé con Brinolfo al cuarto, donde mamita se quejaba llorando con mucho dolor. El doctor dio instrucciones por el teléfono, pero no vino. Le dijo a papá que la vería hoy en su consultorio, al mediodía. Papá se quejaba de que ya no es como antes que los doctores iban a las casas a ver a los enfermos. Yo regresé con Brinolfo a la cocina, y esperamos que la lavadora terminara su ciclo, después pusimos a secar la ropa de cama y nos echamos a llorar. No me gusta ver a Brino así. ¡Él siempre es tan alegre!, pero era que al recordar a mamita y cuanto parecía dolerle, se encogía del dolor la pobre, nosotros no podíamos hacer otra cosas que llorar y esperar. Cuando papá salió del cuarto ya la ropa se había secado y ya no llorábamos más. Papaíto nos dijo que nos fuéramos a dormir porque le había dado a mamita un calmante y ella se había tranquilizado y estaba dormida. Yo pensé en muchas cosas y me dio mucha lástima ver a papaíto tan triste, y tan agobiado, lo noté envejecido y muy lloroso. Recen mucho. Eso fue lo que nos dijo. Rubén no se despertó y convencí a Brino que no le dijéramos nada hasta el otro día. Él está presentando exámenes esta semana y estudió hasta tarde. Hablamos Brino y yo bastante, con mucho miedo. Puede ser que el cáncer quiera aparecer otra vez y eso me aterra. Hoy mismo, ya de día, cuando mamita y papaíto ya salieron para donde el médico y estoy sola en la casa, tengo tanto temor que solo me atrevo a venir a conversar contigo diario querido, para contarte estas cosas terribles que nos están sucediendo. 
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22 de diciembre, 1991: Querido diario, escribo hoy más tranquila porque siento que ya mamita está mejor. Los exámenes dicen que no ha vuelto a aparecer el cáncer y yo no ceso de darle gracias a Diosito porque el milagro sé que se va a dar. Además estamos en unos días especiales, ya está aquí la Navidad. Toda la familia se reúne y hacemos hallacas y cenaremos juntos todos. Bueno mi diario querido, te cuento ahora sobre Brinolfo y sus estudios de Veterinaria en la universidad. A él siempre le gustaron los animales, y cuando nos sentamos a conversar siempre me cuenta montones de cosas interesantes sobre la anatomía, las vacas, la leche y las cosas que le ocurren a sus compañeros, y tiene montones de historias sobre algunos profesores que son más locos que las cabras y unos de esos cuentos son para morirse de la risa. Yo a veces pienso que eso del cariño de Brino por los animales es como una herencia por parte de mamá, digo, mamita nació y su familia vivía en el campo, en haciendas, con vacas y demás. Ahora ya eso todo se acabó. Por eso será que Brino dice que su hermanita, que soy yo, y él, somos como unos canarios, animalitos que vuelan dice él, y deberíamos dedicarnos más bien a cantar. Jajaja!
23 de diciembre, 1991: Ahora si que voy a escribir sobre Brino y sobre la música. A mí desde siempre me ha encantado cantar, ya te lo he contado y tú lo sabes bien mi diario querido. Cantar es algo que está por dentro de mí.  Mi hermano, cuando quiere y siempre que podemos, canta conmigo. Creo que él es quién desde pequeñita, iba a decir desde chiquita, pero parece que me voy a quedar chiquita, como mamá, ambas somos menudas, ya tu sabes esa mortificación interna mía querido diario, a veces quisiera crecer un poco más y aunque somos mamita y yo menudas, no es Menudo lo que más me gusta, mas bien me agrada Karina y canto como ella esto de, “se como duele comprender, como duele sonreír, me duele tanto sonreír y nada puedes hacer” y yo lo canto imitándola, como si tuviera un micrófono en la mano, jajaja. A Brino, le encanta Guaco, pero él me acompaña, por que él se las sabe todas, toditicas, las de Franco de Vita, las de Jordano, ah la Perla negra, y algunas de Frank Quintero, pero lo cumbre, para mí es oír a Brino imitar a Santiago: “Lluvia tus besos fríos como la lluvia” y yo le echo mucha broma porque no sé como es que él no tiene todavía una novia, bueno, dice él que no tiene, y yo le digo, pero mijito si estáis como una cocaíta, si sois un bomboncito, y él que se explota de la risa, porque él, al sentirse así medio cuestionado, se enseria y dice, dizque él que solo tiene en su cabeza una cosa, y eso es, estudiar, jajaja. Bueno, si lo hace. Estudia. Lo hacen, él y sus amigos, pero yo digo que es solo cuando están apurados, con Sergio en la casa madrugan y beben café, se puñalean que da gusto, eso es lo que hacen cuando hay exámenes, pero después arrancan con la parrandita y ¡dígame en estos tiempos!, lo que es en noviembre y diciembre son pura gaita. Cuando termine la temporada gaitera tendrán que volver a los libros, a estudiar, eso les digo yo...

miércoles, 30 de enero de 2013

Sobre la medicina y la ficción en mis dos últimas novelas…



. Sobre la medicina y la ficción en mis dos últimas novelas…

Como en mis otras cinco novelas previas, en “Ratones desnudos” y “El año de la lepra”, el tema de la investigación y del ejercicio de la medicina se percibe en el desarrollo de la trama. La presencia de un personaje histórico se da en ambas novelas. Humberto Fernández Morán se encuentra en “Ratones desnudos”, y sus peripecias fluirán en paralelo a las imaginarias aventuras de un grupo de investigadores en un Instituto Neuropsiquiátrico de Maracaibo donde cohabitan cos ratones desnudos, en tanto que se percibirá como el personaje principal yace secuestrado en la cajuela de un auto. En “El año de la lepra” la vida de Luís Daniel Beauperthuy narrará su lucha para curar leprosos en una isla en medio del río Esequibo, y en la novela, una investigación sobre bacilos de la lepra en cachicamos se dará en La Cañada al sur de Maracaibo, con un bieloruso que aspira dilucidar el secreto de las mutaciones de aquellos bacilos, y una isla, como la de Beauperthuy, donde existía un leprocomio la cual parecerá esconder un terrible misterio, situaciones todas que llevarán al director de un instituto de investigaciones y a una doctora que escribe su diario, con un marido celoso quien precisamente narra la historia de Luis Daniel el médico de Cumaná, a vivir con otros colegas sus experiencias durante el año 2011, que valdrán para que lo denominen, el año de la lepra.
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Jorge García Tamayo
Maracaibo 29 de enero del año 2013

martes, 29 de enero de 2013

Para hablar de los pie de páginas



Para hablar de los pie de páginas

Sin pretender hacer como lo que propuso Cortazar con Rayuela, donde el lector tenía que ser capaz de escapar al dictado del autor y utilizar la llamada “estética de la recepción” para decidir el orden de como leer su obra, la 3ra edición de “Escribir en La Habana” con 812 referencias ubicadas como “pie de páginas”, espera por su lectura para ser evaluada. Esta edición, podrá verse como una grotesca agresión contra el sencillo lector de novelas ante la desmesura de quien debería ejercer con cierto recato el llamado oficio de escribir. No obstante, debo revelarles que la intención velada del escritor al acometer lo que puede parecer un exabrupto, intentaba despertar el interés de los lectores para que fuesen ellos mismos quienes decidieran, cada uno y por su propia cuenta, eso sí, con intuición de lector inteligente, la manera como cada cual abordaría su lectura.
Hay algo que sintáxticamente todos debemos recordar sobre las notas de pie de página, y es que ellas constituyen literariamente, la manera más común de incluir anotaciones al texto. Ofrecen información adicional que puede ser de interés para el lector y que no se ha podido insertar de manera fluida en un texto corriente, y sabemos que ellas deberán ser un complemento del texto cuando son estrictamente necesarias. También es muy cierto que no se debe abusar de estas notas puesto que al hacerlo, el lector puede sentirse presionado ya que exagerar con ellas, puede ser sencillamente un signo de pésimo estilo literario. Acepto que incluir 812 notas como pie de páginas en una novela, constituyó  un experimento, bastante abusivo y evidentemente difícil de pasar por alto y podría estar de acuerdo con que este caso raya en la exageración.        
Es algo bien sabido que las notas en pie de páginas en general constituyen un problema cuando ellas se encuentran presentes en una novela.  Cito la opinión de Jon Edgard Martin, un escritor norteamericano experto en novelas sobre la antigua Grecia, quien ha  insistido en que, la magia de la ficción es sagrada en una novela, y quien la rompe precisamente en la propia novela es su nota a pie de página, la novela corre el riesgo de que el lector no vuelva a engancharse, se aturda, se desinterese y se desentienda de la historia”.   Voy a citar también a un catedrático y politólogo español, Rafael del Águila Tejerina (1953 - 2009), especialista en Teoría Política, quien en una de sus obras más sobresalientes "Sócrates furioso: el pensador y la ciudad", ensayo que fue finalista del premio Anagrama del año 2004, hizo este agudo comentario sobre los pie de páginas. “… Tener que leer un pie de página es como tener que bajar las escaleras para abrir la puerta mientras estás haciendo el amor”. 
  
Precisamente por estas razones y otras habíamos propuesto hacer una reunión que bien pudiera ser denominada “conversatorio” en la cual los lectores que se hayan atrevido a leer la novela, puedan ser reunidos para escuchar y discutir opiniones sobre la 3ra edición de “Escribir en La Habana. Esta propuesta hecha ante la Escuela de Letras de la Universidad del Zulia, ha estado precedida de la lectura de la novela por varios profesores de literatura y acercarla a los estudiantes a través de una edición digital en discos compactos, no obstante, quizás el impacto pareciera ser demasiado fuerte puesto que la idea todavía no terminar de cuajar. En lo personal, yo confío en que durante una reunión promovida para los fines propuestos, los lectores seguramente podrán  plantearse, casi como un reto, las opciones de cómo se puede abordar la lectura de esta novela en esa situación tan particular. La necesidad de saber como deberá abordarla el lector y cuales pueden ser sus dificultades para hacerle frente a la lectura de la misma es para mi un enigma y sigo esperanzado de que las autoridades de la Escuela de Letras acepten la idea. Siento que los resultados, sin ánimo de ser peyorativo, deberá depender de que la novela cuente con “lectores inteligentes” y en esta premisa estoy centrando mis expectativas, pues siento que serán éstos los lectores que sabrán sacarle provecho al texto. También confío que de esta discusión puedan hallarse caminos interesantes sobre como abordar esta obra.

Sin querer descargar las culpas sobre el lector, quiero recordar como Enrique Vila Matas en “Dublinesca”, decía: “sueño con un día en que la caída del hechizo del best-seller dé paso a la reaparición del LECTOR CON TALENTO y se replanteen los términos del contrato-moral entre el AUTOR y el PÚBLICO”. Vila Matas expresa su la opinión diciendo que,  “si se le exige TALENTO  a un ESCRITOR, también debe exigírsele al LECTOR”.  Él insistió en que sin llamarse a engaños, “el viaje de la lectura pasa muchas veces por terrenos difíciles que exigen capacidad de emoción inteligente”… Finalmente expresó como en su opinión “Las mismas habilidades que se necesitan para ESCRIBIR, se necesitan para LEER”.

Hablando de afirmaciones tajantes, puedo citar aquí a nuestro Director de la escuela de Letras de LUZ, el poeta Carlos Ildemar Pérez quien en su libro  “La mano de obra”, ha afirmado: “que la historia de la literatura no es más que la historia del lector”. Interesante aseveración ésta, pues quizás, en ese mismo sentido, lo que él argumenta para los lectores de poemas, siento que debe valer para los lectores de narrativa. Por ello, nuevamente debo citarlo en otra de sus aseveraciones en “La mano de obra”. “Para cortar por lo sano, quisiera señalar que estoy convencido de que no existen poemas buenos ni malos, existen lectores y poemas. A los lectores si que se les puede, y debe por desconfianza, reunir en excelentes, mejores, regulares y pésimos, etc, etc”.

Uno de los detalles que han interesado sobre la novela “Escribir en La Habana” es si acaso puede considerársele como una novela histórica, por cuanto los sucesos que se narran, para la época cuando fue presentada y premiada ( Bienal José Rafael Pocaterra, del año1994 ), se hallaban en el contexto de un fenómeno socio político del que poco o nada, que no fuese literatura panfletaria se escribía en aquellos días, y me refiero al fenómeno tan cacareado ahora, de  La Revolución Cubana. En estos años, ya la segunda década del siglo XXI, este comentario puede sonar a disparate, pero a comienzos de la década de los 90, lo que aquí afirmo fue un hecho cierto, de allí que los lectores iniciales de la novela “Escribir en La Habana”,  insistían en la interpretación y ubicación política del autor, quien neófito en esas lides literarias siempre insistió en que una novela es fruto de la imaginación y que no tenía que ver nada con la política. Recuerdo estos hechos por cuanto mi última novela publicada, la séptima intitulada “El año de la lepra”, así como en “La peste loca” del año 1978, tiene un trasfondo político, sin que por ello deje de ser un ejercicio de imaginación.

Orhan Pamuk (Estambul,1952) escritor turco galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 2006 ha dicho: “El reto de la novela histórica no es producir una imitación perfecta del pasado, sino relatar la historia con algo nuevo, enriquecerla y cambiarla con la imaginación y la sensualidad de la experiencia personal.” Julian Barnes, (Leicester, 1946), novelista británico cuyas novelas e historias cortas han sido vistas como ejemplos del posmodernismo literario ha señalado también como, “…Inventamos historias para tapar los hechos que no conocemos; conservamos unos cuantos hechos verdaderos y alrededor de ellos tejemos un nuevo relato”. Finalmente debo volver sobre las enseñanzas de mi buen amigo, el escritor Eduardo Liendo quien expresaba que el escritor está obligado a ser testigo de su época.

Me he desviado del tema original sobre la posibilidad de discutir ampliamente el tema de los pie de páginas en la 3ra edición de la novela “Escribir en La Habana” y conservo la esperanza de que este año 2013, la Escuela de Letras de LUZ organizará la reunión con docentes y estudiantes, llámese “conversatorio”, mesa redonda o una sencilla reunión para intercambiar ideas y esperemos que de sus frutos.

Maracaibo, 29 de enero del año 2013