miércoles, 18 de junio de 2014

Capítulo 24 de la novela "El año de la lepra"


El año de la lepra
Jorge García Tamayo, 2011

Capítulo 24
Yo Arístides Sarmiento retomaré la secuencia del abandonado diario de Ruth y ante lo que sucedió siento que puede ser interesante resumir los sucesos de los años 2008 y 2009.
Alejo y Ruth seriamente se plantearon el divorcio. Eusebio había recaído, y padecía de insuficiencia cardiaca. Dejó la ebanistería, en realidad le preocupaba mucho la situación de su hija Ruth y de Alejo, quien ante el supuesto desamor de Ruth y en su condición de minusvalía, siguió bebiendo con sus amigos. El hijo de Sergio y Zulay fue creciendo, Brinolfo y Ruth lo bautizaron. En marzo se dio la liberación de Ingrid Betancourt en la “operación jaque” en Colombia. Se habló mucho de llamado síndrome de Estocolmo… La actitud del presidente con sus contradictorias declaraciones sobre las FARC nuevamente resultaron ser grotescas. Brinolfo y Sergio quienes estuvieron trabajando con empresas de avicultura, entraron a trabajar formalmente como veterinarios para el Bioterio del Laboratorio de La Cañada. Nos visitaron expertos de la Universidad de Columbia mas sin embargo, la propuesta de los investigadores gringos no fue aceptada, no obstante, siguiendo sus recomendaciones se hicieron trabajos de remodelación para crear áreas de aislamiento dentro del Bioterio. Se logró la separación de algunos bacilos.

Resumen final consignado por Arístides Sarmiento para cubrir algunos detalles sobre lo acontecido el año 2010.
La aparición de enfermedad en alguno dasypus nos hizo pensar en posibles mutaciones bacterianas y advertidos sobre el peligro de accidentes, fuimos precavidos. Tuvimos suerte. Gracias a la devoción de Ruth Romero, se hicieron grandes modificaciones del Bioterio. Esperábamos para el 2012 poder mostrar resultados ante nuestros pares de Atlanta quienes seguramente estaban en lo mismo. Informaríamos como inducíamos las alteraciones genéticas para provocar los cambios mutacionales en los bacilos. Aparentemente los trámites del divorcio entre Alejo y Ruth arribaron a una fase final. Ya en el año 2010 se escuchaban algunos rumores sobre la isla, y ya no se podía ir como cuando Ruth y Víctor buscaron arenas para hacer los estudios durante el año 2006. Parecía evidente que Víctor y Ruth estaban cada día más unidos. Ruth, al parecer no aceptaba algunas propuestas de Víctor, quién embullado por Rubén suponía que algo siniestro se estaba produciendo en la isla e insistía en volver a visitarla señalanado que por eso nadie podía acercarse a ella. La verdad era que la isla estaba muy protegida. Ese año, a pesar de su desorden natural y de sus etapas depresivas, llegaría para Alejo Plumacher el momento cuando su novela sobre el médico de Cumaná pareció estar ya lista para la imprenta.

***
Yo, Alejo Plumacher, soy posiblemente descendiente del Cónsul Plumacher (esto no me consta en papeles, ni tengo árboles genealógicos que lo afirmen). El fulano Cónsul de Los Estados Unidos de Norteamérica residió durante muchos años en Maracaibo, sí, en nuestra “ciudad de fuego” durante el siglo XIX, (esto no lo supe sino hasta hace unos años). Mi padre, quien tampoco entró conmigo en detalles sobre el origen de nuestro apellido (este tipo de cosas parecían no interesarle), era un contador público que trabajaba en una gran casa de comercio de nuestra ciudad, y nunca se ocupó de asuntos tan baladíes. Aparte de su tarea llevando los libros, cosa que hacía con una gran habilidad, el salario que percibía trabajando en lo mismo para varias empresas petroleras, nos proporcionaba a sus dos hermanas mayores y a mí lo suficiente para vivir bien. Éramos una familia pobre pero lo que llaman, de clase media acomodada. Por estos motivos, y habiendo fallecido mi madre durante mi primeros años de vida, poco sabía yo sobre el mundo exterior y ni idea podía tener de cómo eran las mujeres, (no tenía otra referencia que no fuese la imagen creada por mis dos tías, unas santas beatas muy rezanderas). Pienso que tampoco me ayudó mucho el hecho de haber ido a una escuela de religiosos. Estudié en un colegio de curas para varones donde mi formación humanista fue excelente, siendo supervisada en particular por un par de sacerdotes quienes esperaban me fuese al Seminario al terminar el bachillerato. Afortunadamente ellos me introdujeron en el mundo de los libros. Con ellos aprendí a saber apreciar el valor de la lectura y accedí a tener la suerte de recibir mucha información sobre los clásicos, el siglo de oro español y otras obras traducidas como Shakespeare, y recuerdo especialmente “El paraíso perdido” de Milton. En el colegio pude leer muchas obras de la literatura universal. Cuando mi padre falleció súbitamente de un ataque al corazón (tenía yo 13 años para ese entonces), se fue dejándonos a mí y a mis dos tías, la casa y una renta que habría de cubrir los gastos durante el resto de mis estudios de bachillerato. Debo señalar que mi padre, más allá de hablarme sobre lo feliz que había sido durante su matrimonio con mi madre, nunca me ofreció detalles ni instrucciones sobre como eran las féminas ni como debería un varón manejarse con las mujeres. Él, supongo que había dejado todos esos menesteres en manos de mis mentores religiosos y de allí que me imagino que también esperaría verme ir tranquilamente al Seminario. Con estos antecedentes, tras su deceso, me transformé en un adolescente rebelde y un tanto descreído, sobretodo tras la tragedia del fallecimiento de mi tía mayor (una terrible historia de casi dos años de padecimientos por algo que ahora posiblemente llamarían el mal de Alzheimer). Su enfermedad nos sumió a mi tía Berta y a mí mismo, en una suerte de penurias al necesitar constantemente estar vigilando a mi tía, su hermana Amelita, cada vez más perdida en el tiempo y el espacio y quien terminaría actuando como una recién nacida. Como requería de cuidados constantes, decidimos invertir casi todo el patrimonio en pagarle a una persona para que la cuidase permanentemente, esto por no acceder a colocarla en una casa de salud. Tonterías que hace uno. Si no hubiese sido por Eusebio y Carmen Luisa Romero quienes desde los primeros años de mis estudios en la escuela primaria me acogieron como a un hijo, cual si fuese el hermano menor de mi amigo Rubén, creo que mi vida hubiese tomado otro rumbo, no muy sano. Al final, ya terminando mi bachillerato estaba yo trabajando en una imprenta como corrector de linotipos para percibir un exiguo salario y mi tía Berta se defendía planchando ropa por encargo, cuando Amelita falleció como un pajarito. Sobrevivimos mi tía Berta y yo, pero debo aceptar que al finalizar mi bachillerato estábamos los dos bastante amargados. He vuelto sobre estos recuerdos y como ya mencioné tuve una gran suerte al haber contado con mi mejor amigo y compañero del colegio, Rubén, quien si bien es cierto estuvo siempre más interesado en hacer deporte y en sacar cuentas (y ahora que lo pienso quizás esa aversión mía a las matemáticas fue una reacción ante el esclavizante trabajo de mi padre como contador público, pero en realidad no lo se). Mi amigo Rubén Romero era un verdadero hermano y yo terminé casi por mudarme a su casa hasta terminar el bachillerato. La madre de Rubén, Carmen Luisa, quien me quiso como si fuese un hijo, fue quien, me llevó por el camino de la literatura y sobretodo quien me enseñó a querer la poesía. Ella, sin duda alguna influyó decisivamente en mi orientación profesional. Siempre quise ser escritor y me empeciné en esa idea desde que comencé a estudiar Derecho en la Universidad. Siento que puede ser interesante, a propósito del tema de las mujeres, y de mis enfermizos celos, hablar de algunos recuerdos lejanos en aquella época, cuando estudiaba Derecho. En el segundo año de la carrera de Derecho, al fin tuve una novia, Lucila Bravo, pero ella se enamoró de José Luís Montero, quien también era nuestro compañero de estudios, un par de años más avanzado por lo que él pasó a suplirme en el romance. Alejado quedé pues de ella y me sentía un Alejo de lo más pendejo, con las tórridas noches de pasión de Lucila tan solo para el recuerdo. Tras un par de meses de “no poder terminar de aceptarlo”, no tuve otro remedio que decírselo a Carme Luisa casi llorando, rumiando aquella, mi primera amarga decepción amatoria. Para la época, la suerte de compartir mi adolescencia con la familia de mi amigo Rubén, hacía que me sintiese casi como un ser normal. En medio de las penurias devenidas tras la muerte de mi padre y la enfermedad de Amelia, a pesar de estos tropiezos, debía aceptar que a pesar de todo aquello me estaba transformando en una persona más amable y sobretodo menos amargado. Recuerdo que después de mi fracaso con Lucila Bravo, todavía estudiaba Derecho cuando decidí enamorarme de Zulimar, la hermanita de Elis Perozo, mi compañero del tercer año con quien compartía un especial interés por la literatura y en particular por la lectura de Borges. Zulimar era muy joven, una preciosa morena clara, espontánea y radiante, dos años menor que yo quien terminaba su bachillerato. En la oportunidad de prestarle a Elis las “Inquisiciones” de Borges, la conocí en su casa y unos días después fui al cine acompañando a Zulimar con Elis y con su novia Paula. Nos divertimos mucho, Zulimar bromeaba chispeante y yo decidí jugandito que podría “echarle los perros”. No llegamos más allá de tomarnos de las manos y algún beso fugaz, cuando entre miradas y suspiros Zulimar insistió en que debería hablar con sus padres porque ella quería una relación seria y estable. Al punto comprendí que Elis no me quería como “su cuñado” y preferí no profundizar sobre el asunto. Así fue como a pesar del supuesto “enamoramiento” decidí hacer “mutis por el foro”, en este caso romano y derecho, hecho que bastó para que Paula y Elis comenzaran a verme como a un enemigo. Me “dejaron de tratar” y nunca recuperé ni su amistad ni las “Inquisiciones” de Borges. Terminé sintiéndome muy mal porque apreciaba bastante la amistad de Elis, lo cierto es que ese su gesto absurdo terminó por desconcertarme y decidí al olvidarme de Zulimar, mandar la Escuela de Leyes “muy largo al carajo”. Entonces, con la ayuda de la madre de Rubén, salí adelante de ese otro fracaso amoroso pero vino a ocurrir la tragedia de su enfermedad. Carmen Luisa tenía un cáncer. Terminaría por aceptarse mi traslado a la Escuela de Letras en la Universidad y me dije mirando hacia el futuro, que aunque habría menos posibilidades crematísticas, también habría que considerar el dicho aquel de que no hay abogado que no sea pícaro y terminé por convencerme de que había hecho lo correcto y que seguramente en la Literatura encontraría mayor honestidad. El apoyo de Carmen Luisa fue total para todo cuanto tendría que implicar mi apasionada dedicación a “las letras”. Traté de creer que todo aquello valdría la pena y decidí admirar a “Las Letras” cual si todos fuésemos unos futuros Tolstois o como si la cucaracha de Franz Kafka me hubiese infectado el alma. Con un absurdo desprendimiento de la raza humana, asumí mis estudios como un asunto enfermizo. En aquellos días ya lejanos, Carmen Luisa, había sido mi único “paño de lágrimas”. Ella me consolaba y trató de que yo entendiese que en la vida es necesario arriesgarse si uno quiere lograr lo que se propone. Eso aprendí de ella, de Carmen Luisa quien respaldó mi decisión y estimuló mis deseos de querer ser el mejor estudiante de la Escuela de Letras. La muerte de Carmen Luisa fue para mí como si hubiese perdido a mi verdadera madre. Un golpe duro y sombrío. Estos eventos afianzaron mi pasión por la literatura como un deber y mis convicciones sobre lo que debería esperar de la vida.
Con nostalgia recuerdo muchos episodios que ahora me parecen lejanos y se me antojan insólitos por cuanto no se como me atrevía yo, tan joven a hablar de tantas cosas con Carmen Luisa, madre y amiga, siempre sonriente y dispuesta a escucharme. Ella atenta a mis cuitas, muchas veces lo hizo en medio de los padecimientos del tratamiento y de su enfermedad. Todas estas remembranzas, ahora que la vida ha seguido su curso, tórpido y cruel dejando en mi haber lamentables secuelas de amores, y tristes recuerdos, me han obligado a analizar mis errores. Revisando los papeles de mi mujer, encontré unas breves notas que Ruth escribiera el año 2010, sobre el análisis de las secuelas que tuvo una reunión donde ella me confesó que quizás si hubiese salido preñada, las cosas habrían sido diferentes. También, y no sé si fue con un tono retaliativo, ella me informó que se había hecho todos los estudios necesarios con un buen ginecólogo y supuestamente, insistió en que no ella tenía ningún problema para poder tener hijos… Tardíamente logro ver que en buena medida todos estos hechos pueden estar relacionados con nuestros problemas como pareja. Pienso también que desde joven, he partido de un error craso al creer que el mundo debe ser un emporio de justicia y de bondad, y que a la larga, estos dones del espíritu serían los vencedores sobre el mal. La honestidad, creía yo que a mediano o a largo plazo, habría de imponerse sobre la falsedad. Tampoco he sido yo un modelo a seguir por lo que ahora, no estoy tan seguro, de nada. Esa idea, la de los malos moviendo las cuerdas de los habitantes de las ciudades y los pueblos de mi país como si fuesen marionetas, sin importarles otra cosa que no sean sus propios intereses, crematísticos o sencillamente de poder, la veía como un disparate y aunque antes me pareciese inaceptable, he terminado por considerarlo como un hecho irrefutable. Me parece es el corolario de tantas bajezas y traiciones como las que hemos tenido que padecer in crescendo. Ha sido triste haber visto caer y arrodillarse a unos cuantos personajes entre quienes están algunos de quienes en un tiempo pensé serían incorruptibles. Como Plutarco, he pasado a creer que la pasión del poder transforma a mis congéneres en bestias. Pero hay un detalle para mí particular que en el fondo me duele. Debo aceptar que al escribir mis comentarios demuestro tener cierto compromiso sociopolítico, y siento que eso me descalifica como escritor de novelas. Aunque la realidad sabemos que supera la ficción, no creo que las novelas puedan conllevar tareas orientadoras o aleccionadoras porque esto las desvirtuaría en su esencia. Ya al final de mi situación personal, y de incorporar los retazos del diario de mi mujer, tengo la impresión de que lo escrito por mí, sobre la historia del sabio Beauperthuy seguramente valdrá para clausurar mis delirios escriturales. Lo acepto. Para ponerle fin a esta perorata intentando elucubrar ideas bajo el ominoso signo de la lepra, y con la intención de poder condensar todo lo pasado, así como comprender lo que subsiste en el presente, me pregunto si cuanto he escrito sobre el doctor Luís Daniel Beauperthuy es una novela histórica o si es una historia novelada que he puesto a correr en paralelo a los retazos del diario de mi Ruth… Ahora cuando he llegado al final de la misma entiendo que sería un absurdo que fuese yo mismo su relator. Uno no debe ser juez y parte, aunque ahora esté de moda administrar justicia de esa manera. Me toca a mí dejar en manos de otra persona la decisión de cómo organizar los sucesos que nos han avasallado hasta aventarnos fuera del país. Cuanto sea dicho, podrá ser tal vez considerado como una historia verdadera, y no faltará quien lo vea como el desquiciado intento de crear una novela para disfrazar hechos reales. Finalmente, la decisión de cómo organizar los eventos que nos marcaron definitivamente durante el año de la lepra, la he dejado totalmente en manos de Arístides Sarmiento en la seguridad de que por su condición de investigador y de hombre de ciencia, su decisión será la más acertada.
AP

PD: debo acotar algo adicional sobre el profesor Sarmiento que tal vez ayude a aclarar su situación, personal, sobretodo después de ya que somos varios quienes hemos tenido que abandonar el suelo patrio subrepticiamente. Sarmiento había dejado de ofrecer sus opiniones en los periódicos, desde el episodio del año 2004 cuando aquel artículo donde él hablaba de Darwin y del Big Bang publicado en el Diario del Occidente, reportaje este que suscitó una airada respuesta de parte del presbítero Omar Yagüe, Sarmiento pareció decidido a no escribir más en la prensa local. De fuentes seguras he sabido que desde esa época él decía que escribir en los periódicos era una manera de hacer catarsis. Eso lo dijo en una reunión del laboratorio y según me comentaron, Sarmiento complementó sus ideas diciendo:
“Pocas veces tocamos en estas reuniones el tema de la política y es mejor así. Hay grandes preocupaciones entre nosotros pero uno se las guarda, o prefiere callar por la inseguridad y la justicia vendida, estos y otros males que afectan a nuestros ciudadanos, van creciendo con las restricciones a la libertad de expresión pero seguimos confiando en que estas cosas no nos afectarán a nosotros. Quizás cuando eso suceda, cambiaremos de actitud”.

***
El teniente Dimitri Yakolev se siente muy mal. Ha regresado a su hotel y se dispone a marcharse. Él sabe que debe estar en el aeropuerto antes de las 5.30 de la mañana para tomar el vuelo de las 6 am en ASERCA. De momento se mira en el espejo, está desencajado y nota en la frente un nódulo, se pregunta si será que van a comenzar a aparecerle tumores, y dice para él mismo… ¡Ni que yo fuera un ratón o un cachicamo, no me jodan!… Esto lo piensa y luego regresa a recordar el episodio de la puerta cerrada y del vidrio roto y de la mano, su mano y el vidrio roto, la mano cortada, sangrando… Pero se dice a si mismo que no puede ser… Él insiste que no y que no. No obstante, evidentemente, él está percibiendo un malestar creciente. Entiende que se siente muy mal, tanto que él diría que tiene mucha fiebre y lo sacuden súbitos escalofríos. Deja su ropa sobre la cama y solamente toma la pequeña maleta de aluminio. Al llegar al auto, su Mazda plateado, lanza la maleta de aluminio en la cajuela trasera del coche y de una vez la cierra violentamente. Está enfurecido y en realidad no sabe que hacer para sentirse mejor pero si de algo está seguro, es de que tiene que tomar ese avión para regresar a la capital. Conduce rápidamente y pronto se dirigirá hacia una autopista. Él se conoce todos los atajos para llegar lo más rápidamente al aeropuerto, lo ha hecho muchas veces. Todavía llueve. Dimitri maldice internamente al notar que se le van los tiempos, es decir, él nota que se marea, o que todo parece bailarle alrededor. Ya ha avanzado mucho, por la autopista donde no se ven autos, solo la lluvia golpea y salpica sobre el vidrio delantero, el limpiaparabrisas va y viene, y él de momento cree que perderá el control del auto por lo que tiene que detenerse. Es la lluvia que no le deja ver. Eso dice tratando de tranquilizarse. En un minuto se han empañado los vidrios del auto, limpia el retrovisor y se mira en el espejo… Ahora está convencido de que la situación se le está complicando, su rostro ha cambiado, se mira atentamente y ve que está ante una faz leonina. No puede tener ninguna duda, es la lepra. Maldice en voz baja, enciende el motor de nuevo, y avanza acelerando, se convence de que ya está en la última parte de la autopista, sabe que ya ha pasado el puente que va hacia La Concepción y La Paz, y Palito Blanco y La Sibucara, todo eso que ya lo sabe de memoria, lo ha estudiado, lo ha aprendido, él se conoce todas las vías que se trifurcan en la periferia de La Cañada de Urdaneta, pero de momento entiende que está muy mareado y nauseoso y obligado, por las malditas circunstancias tiene que reducir la velocidad. Decide detenerse. Se acercan unos motorizados en medio de la lluvia. Son dos policías vestidos de negro. Él les escucha decir… Ponga las luces intermitentes. ¿Qué le pasa ciudadano?, ¿tiene una falla?, él cree que va a vomitar. Los oye muy cerca o muy lejos, escucha como vuelven a preguntarle… ¿Se siente mal? Es como una voz que le habla desde un túnel lejano… Él escucha cuando le dicen… Usted está muy enfermo, mierda chamo, esté coño si está feo, mirale la cara, ay vergación, parece estar muy mal, vamos a llamar a una ambulancia… Dale ahí, aló aló, aja… Señor, señor… Estacionarse aquí es un riesgo… Un hombre, si, y está enfermo… sí, ya casi llegando al aeropuerto, ajá…

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El lunes en la tarde, tras haber desaparecido totalmente los efectos de la burundanga, Omar Yagüe Oliva despertó en la habitación 28 del hotel El Aladín en la Circunvalación No 2 de Maracaibo también llamada la “ciudad de fuego”, y conocida por muchos como “la tierra del sol amada”. Omar considerará al saberse vivo aunque bastante maltratado, la posibilidad de ponerse a dar gritos. Pensó que no le cabría otro remedio dadas las circunstancias. Se encontraba desnudo en pelotas, atado con unas esposas al tope de una cama redonda en una habitación donde solo lograba ver botellas y vasos como si hubiese habido una gran fiesta, y desde su sitio únicamente lograba divisar un jacuzzi burbujeando agua rosada de donde sobresalían las piernas de alguien que parecía haberse metido de cabeza a bañarse, vestido, pero que sin duda tenía que haberse ahogado. Antes de gritar, Omar pensó, tratando de calmarse, en como intentaría resolver por su cuenta el acertijo de no saber exactamente donde estaba, ni terminar de entender que era lo que le había sucedido después de que el gordo moreno había destruido su casa y le había golpeado inmisericordemente, y finalmente lo había robado… ¿Como justificaría él su presencia allí?, y en esas condiciones, ¿donde se hallaba?, y ¿que hacía un hombre ahogado de cabeza en un jacuzzi en esa habitación? Imposible adivinarlo, por lo que decidió sin más remedio, ponerse a gritar desaforadamente. Omar gritará un rato y llegado el momento cuando abrirán la puerta, quienes le vieron llegar la noche anterior con sus amigos, le informarán que ellos, los dos, se fueron en la madrugada con las dos putas y que dijeron en la recepción que él se quedaría con el gringo, que ambos eran gays y que pasarían juntos un día más. Como todo estaba pagado ya, y los amigos les pidieron que no les molestasen, nadie se preocupó ni quisieron interrumpirlos. Además, el guajiro que estaba en el lobby recordaba muy bien como él había llegado muy sonriente, con su gorra de Las Águilas del Zulia pasando lo que a todas luces era una pea feliz, con las mujeres y sus dos amigos, ya tarde en la noche, así que ahora, en tremendo peo él los había metido a todos, a la gerencia y a todos los del hotel, por su culpa, y él en particular, con el asunto del gringo gay, ahora difunto en remojo, era difícil pensar que fuese a salirse con la suya puesto que a él, no lo salvaría ni Bambarito, del CICIPC o de la PETEJOTA, o de cualquier otro organismo policial que ya estaba convocado para que se hiciese cargo de la vaina, por que no lo iban a soltar ni de verga, y nadie iba a tocar nada, ni un coño, hasta que la autoridad no se hiciese presente, porque ese era el procedimiento que en estos casos había que cumplir, ya lo sabían todos por las situaciones que no dejaban de suceder con cierta frecuencia, eso le explicaron, hoy día es del común, le dijeron, y de repente y tal él hasta podía ser que lograse salir de esa sin dejar el pelero, solo si tenía buenos contactos, existían varios casos, pero que una cosa si tenía que quedarle muy clara y es que hasta que se completasen los expedientes de ley y se instruyesen los mismos, tanto con los funcionarios de la fiscalía, como con los jueces y los detectives y los otros funcionarios que se requieren en estos casos para salvaguardar el nombre de los futuros visitantes a tan prestigioso establecimiento hotelero que por demás es casi una franquicia en el país nacional, nadie podría mover ni un pelo de la escena del crimen. Cuando llegó la policía y la Guardia Nacional y cuando todos los que tenían que estar allí, más los curiosos que nunca faltan, y hasta la prensa, particularmente la amarillista con sus fotógrafos especiales arribó al sitio del suceso, costó mucho trabajo y dinero, para que en esa semana que se iniciaba con graves denuncias y curiosas noticias que estremecerían la región, justamente Omar Yagüe Oliva no apareciera conectado con las serias acusaciones que comenzarían por implicar a varias personas de su entorno.

miércoles, 11 de junio de 2014

Luís Guillermo Hernández en la historia literaria del Zulia

CINCUENTA Y CINCO AÑOS DE HISTORIA LITERARIA DE LA UNIVERSIDAD DEL ZULIA
La asociación civil Movimiento Poético de Maracaibo, recupera y publica el libro “Aproximaciones a la Historia de la escuela de Letras de la Universidad del Zulia” escrito hace cinco años por el Dr. Luis Guillermo Hernández con la ayuda del joven poeta Luis Perozo Cervantes.

Luis Guillermo Hernández fue, sin duda, el primer gran historiador de las literaturas regionales del país. Gracias a Hernández podemos entender los procesos y significados de nuestra memoria literaria en más de trescientos años; arrebatado sorpresivamente por la delincuencia, a la edad de 72 años, el doctor Luis Guillermo Hernández había publicado más 50 obras fundamentales para el rescate de nuestra tradición y vanguardia literaria, dejando inéditas y dispersas otro tanto. Muchos conocerán su obra maestra, escrita en coautoría con el historiador Jesús Ángel Parra: El Diccionario General del Zulia.
La labor editorial de la asociación civil Movimiento Poético Poética de Maracaibo, que vio la luz el 29 de noviembre de 2013, con la presentación del poemario Los Heredarios, del poeta Carlos Ildemar Pérez, remonta hoy a la increíble suma de 48 publicaciones, distribuidas en siete colecciones: Colección Biblioteca Carlos Ildemar Pérez, Colección Biblioteca Jorge García Tamayo, Colección de Dramaturgia Chucho Pulido, Colección Puerto de Escala, Colección Volante, Colección Sesión de Nuevas Voces y la Colección de Memoria Histórica Luis Guillermo Hernández; donde el pasado 26 de marzo, día del nacimiento del ilustre historiador, se publicó la primera de sus obras inéditas: Pompeyo y Víctor Davalillo en la historia del Beisbol.
Este viernes 13 de junio, se celebrará la publicación de otro de los libros que quedaron huérfanos tras su fallecimiento en octubre de 2009; en esta oportunidad se nos presenta un libro escrito en ocasión de conmemorar, en 2009, los cincuenta años de fundación de la escuela de Letras de la Universidad del Zulia. Hoy, a cincuenta y cinco años de esa importante creación, volvemos sobre un texto que nos permite analizar el importante e irremplazable papel que ha jugado la escuela de Letras de L.U.Z. en la conformación de nuestra literatura.
No solo registra los por menores de su fundación, sino que recoge las diferentes experiencias académicas y creadoras que se han suscitado en la escuela más imaginativa de la academia zuliana. La función de este libro en la reconstrucción de nuestra historia literaria es clave, solo con él podremos entender los aportes reales de la vida universitaria al desarrollo de la ciudad poética que día tras día intentan construir los poetas que hacen vida en el Movimiento Poético de Maracaibo. El encuentro será en el Museo Municipal de Artes Gráficas Luis Chacón, en la planta baja de la Alcaldía de Maracaibo, frente a la plaza bolívar a las 6 p.m. La invitación es extensiva a todos los interesados en departir sobre la historia literaria del Zulia y el desarrollo de la academia creadora.
Para Mayor información sobre las actividades del Movimiento Poético de Maracaibo pueden acurdir a su página web www.movimientopoetico.org.ve o su cuenta en twitter @festival_poesia

"FRACKING": AMENAZA PARA LA REGIÓN ZULIANA

NUEVA AMENAZA PARA LA REGIÓN ZULIANA! ! !
 



Miguel Guaglianone: Venezuela - El peligro del fracking

 Domingo, 08 junio, 2014 
El día 21 de Mayo pasado, en la Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ingeniería Petrolera, el ministro presidente de PDVSA, Rafael Ramírez en su conferencia declaró que "Vamos a iniciar una exploración en el campo Concepción para ir a buscar formaciones de gas Lutita en nuestro Lago de Maracaibo, vamos a ver cómo seguir aumentando nuestra producción de gas".  Agregó que “He autorizado la explotación de las reservas que acá existen. Los trabajos estarán a cargo de la empresa mixta Petrowayu.”  Refirió que se trata de detectar cuanta cantidad existe de este gas no convencional para posteriormente informar sobre las posibilidades de incrementar la producción gasífera desde Occidente para el resto del país.
Petrowayu es una empresa mixta de la cual PDVSA tiene el 60% de las acciones, la brasilera PETROBRAS tiene el 36% y la estadounidense Williams International Oil & Gas el 4%. Estas declaraciones se difundieron a través de una noticia de la agencia oficial venezolana AVN y de un cable de Reuters firmado por su corresponsal Alexandra Ulmer.
Lo que queremos mostrar aquí, es que estas son afirmaciones muy preocupantes por parte de un vocero oficial del alto gobierno venezolano.
Cuando se habla de gas Lutita, se refiere a una forma elegante de nombrar al gas de esquisto, un hidrocarburo que a diferencia de los convencionales, no está libre entre los estratos del suelo sino que se encuentra atrapado dentro de rocas porosas. La única forma conocida para obtener ese gas (o el crudo de este tipo), es utilizando la técnica llamada fracturación hidráulica, fractura hidráulica o estimulación hidráulica, más conocida por su nombre en inglés de “fracking”.
El fracking
Al estarse agotando las reservas de hidrocarburos convencionales en el territorio de los Estados Unidos, y frente a su progresiva dependencia de la importación, las autoridades de ese país hace unos años decidieron buscar en su geografía hidrocarburos “no convencionales” para eliminar esta dependencia energética que corre el constante riesgo de convertirse en dependencia política.
Para ello estimularon la investigación a través de las grandes corporaciones, establecieron la existencia de los hidrocarburos incrustados en formaciones rocosas, y desarrollaron la técnica del fracking para poder explotar estos nuevos recursos.
Esta técnica consiste fundamentalmente en una perforación vertical convencional que luego se continúa en forma horizontal, hasta llegar a las capas de esquistos que van a ser intervenidas. Se aplica entonces horizontalmente a (muy) alta presión una mezcla de agua y otras sustancias corrosivas que pulveriza las rocas (las fractura), permitiendo la salida del hidrocarburo que estaba en su interior, que al quedar libre se extrae de forma convencional.
El problema es que como siempre, la necesidad económica se impone al sentido común, y esta tecnología de la fracturación hidráulica es altamente perjudicial, ya que deja “daños colaterales” muy graves.
1)         Se trata de una tecnología de muy altos costos, por lo cual los hidrocarburos que se obtengan a través de ella tendrán precios muchos más altos que los convencionales.
2)         La mayor parte del agua utilizada en muy grandes volúmenes no se recupera sino que se pierde, reduciendo inevitablemente la disponibilidad de este líquido vital.
3)         El residuo que queda en los suelos (y asciende a través de los estratos superiores, aún hasta llegar a la superficie) es altamente contaminante, ya que está compuesto por sustancias agregadas al agua (ácido hidroclórico, benceno, metano, isopropanol, etilenglicol, etc.) que son altamente tóxicas y cancerígenas, y que al ascender contaminan no solo los suelos a su paso sino sobre todo las reservas acuíferas (subterráneas o superficiales) que encuentran en su camino. La contaminación puede llegar inclusive hasta la atmósfera. El número de aditivos de este tipo oscila entre 12 y un centenar, y la alta toxicidad de algunos de ellos es reconocida por las propias empresas que utilizan el fracking, que solo argumentan en su descargo el pretexto que otros productos de uso doméstico como limpiadores o desmaquillantes también los utilizan.
4)         Finalmente, los hidrocarburos convencionales (gases y crudos) se hallan en la naturaleza en “bolsones” que están entre estratos más rígidos. Se trata de capas geológicas “blandas” o fluidas (aún las de aquellos crudos bituminosos como los de nuestra Franja Petrolífera del Orinoco). La extracción de los hidrocarburos convencionales se realiza a través de los pozos en forma progresiva, lo que unido a la elasticidad de la capa que se está extrayendo permite que las otras capas geológicas que se encuentran por encima vayan compensando en forma natural el vacío que se produce, y se reacomoden sin producir convulsiones. Cuando se usa el fracking, se hace desaparecer en forma violenta una capa geológica sólida, arriesgando a producir convulsiones del terreno por encima, que según algunos científicos puede ir desde la aparición de grietas y huecos repentinos, hasta la generación de terremotos.
La técnica del fracking está específicamente prohibida en Francia, Canadá y Sudáfrica. Está en estudio su regulación en la Unión Europea. En los Estados Unidos, un decreto especial del presidente George W. Bush (la "Energy Policy Act of 2005”) liberó a las corporaciones petroleras del cumplimiento de las leyes federales que regulan el derecho al aire y el agua limpios de contaminación (otra vez el poder de las corporaciones). Esta disposición es la que ha permitido el uso indiscriminado del fracking en el territorio estadounidense.
En el caso específico que nos ocupa, las características de la región zuliana, en la cual comenzarían las prospecciones orientadas a la futura extracción del gas, maximizan las graves consecuencias producidas por la fracturación hidráulica.
A diferencia de otros suelos del país que tienen bases geológicas muy sólidas (como el Macizo Guayanés o el Macizo Andino), la mayor parte de los suelos del Noroccidente venezolano son de origen aluvional, lo que significa que no están asentados sobre estratos geológicos sólidos.
La utilización del fracking, haciendo desaparecer violentamente capas rocosas de unos suelos fundamentalmente aluvionales, apareja el riesgo casi seguro de la aparición repentina de desniveles, deslizamientos, rupturas, contracciones, agrietamientos y grandes huecos a nivel de la superficie.
El otro gran problema de la región zuliana es la debilidad de sus reservas de agua dulce. Ya los acuíferos zulianos tienen desde hace tiempo pendiente una Espada de Damocles sobre ellos, con la constante presión de las grandes corporaciones carboníferas para que el Estado venezolano permita la explotación del carbón en minas a cielo abierto. Hasta hoy el peligro de la inmediata contaminación de los dos principales lagos de agua dulce que constituyen casi la totalidad de las reservas superficiales de agua de la región, ha sido una de las más fuertes razones para lograr contener esas presiones.
Pero si ahora nuestra propia empresa petrolera podría manejar la extracción de gas utilizando la fracturación hidráulica, ya no solo se pondrían  en peligro las reservas superficiales de agua de la región, sino también las subterráneas.
Como vemos, el riesgo ecológico que produciría la concreción de estas determinaciones por parte de PDVSA sería de desastrosas consecuencias futuras para una de las regiones vitales del país.
El aspecto legal
Aún sin considerar las previsiones sobre la conservación de nuestro patrimonio ecológico que están asentadas en la Carta Magna, basta considerar la Ley del Plan de la Patria para descubrir como la utilización de la fracturación hidráulica puede muy fácilmente ser calificada como ilegal.
El Objetivo histórico Nº 5 del Plan de la Patria está taxativamente destinado a “Contribuir con la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana”. Todo su articulado está orientado hacia la visión del ecosocialismo, y condena la utilización de tecnologías depredadoras.
Más aún, tres de sus numerales parecen estar destinados a la descalificación directa del fracking como tecnología a utilizar:
5.1.3.1 Promover la investigación, la innovación y la producción de insumos tecnológicos de bajo impacto ambiental, así como el rescate de tecnologías ancestrales para la producción del pensamiento agrícola y pecuario, entre otros, aumentando los índices de eficacia y productividad.
5.1.3.8 Promover las prácticas de conservación del ambiente en la actividad socio-productiva, superando el criterio de la “eficiencia económica” por ser una práctica desvinculada de la racionalidad en el uso de los recursos naturales.
5.2.1 Promover acciones en el ámbito nacional e internacional para la protección, conservación y gestión sustentable de áreas estratégicas tales como fuentes y reservorios de agua dulce (superficial y subterránea), cuencas hidrográficas, diversidad biológica, mares, océanos y bosques.
Esperamos que estas reflexiones puedan contribuir a alertar sobre decisiones respecto al medio ambiente que serían altamente perjudiciales para el país.
Que cuando el directorio de PDVSA considere la necesidad de recurrir a hidrocarburos no convencionales, tenga en cuenta no solo estos hechos y argumentos que exponemos, sino muchos otros que reafirman la necesidad de prohibir –del mismo modo que hasta ahora se ha hecho con las semillas transgénicas– la utilización de la fracturación hidráulica en el país, para preservar la ecología de nuestro entorno. Así podrán tomar la decisión más justa para todos.
Confiamos que así será. Del mismo modo que con el carbón, son conocidas las grandes presiones que a todo nivel ejercen las grandes corporaciones para el logro de su lucro inmediato, depredando sin medir consecuencias, pero hasta ahora el Proceso Bolivariano ha logrado resistir esas presiones y ha tomado las decisiones que lo sitúan como una avanzada de la contrahegemonía corporativa capitalista. Sigamos adelante y mantengamos el legado del Comandante Chávez.

domingo, 8 de junio de 2014

Parte del Cap VII de la novela "La Peste Loca" en el blog =



Fragmento del Capítulo VII  
de la novela
“La Peste Loca”
Los interesados en leerla pueden buscar la 2da Edición en Amazon
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En aquella época llegaron los chimbangleros, los sambeniteros y los sanviteros, todos con ese merequetén de bailar al santo para auyentar la peste. No era loca ni era de bestias, quizás por eso vos los veías descender desde el Cerroeloscachos y del Nuevomundo, de los Altos de Jalisco, de la Pomona, de por La Limpia, La Curva y las Playitas, por la CañáeMorillo y hasta del Empedrao allá por Santa Lucía. Venían con la cantaletica de "San Benito cayó, en la puerta mayor, se rompió la cabeza, con un plato de arroz". Arroz con leche y arroz con coco. Venían sucios, cubiertos de cenizas, ¡con una pintaelocos!, vestidos con bartolas suplicando perdón, mesándose los cabellos, jalándose y tironeándose las parraguerras como si estuvieran de huevito, emollejaitos de bola, como si el coco les patinara, con chivo o con iguana, siempre en coco. Venían con sogas en el pescuezo, curricanes en el cuello, pitas en el cogote, más sucios que el siruyo. Con velas y relicarios, azotándose hasta sacarse la chicha, correazos sobre ellos mismos y dándole a los demás. Querían expiar las culpas creyendo que el mal era un castigo del cielo, venían repartiendo, dame, a mí, ¡dame dame más!, dale más duro, ¿queréis maduro?, y juápiti y zácata y así por las calles, largando el forro, levantando un polveroloco, y con ese pocoteeperros que se les pegaban atrás. Venían esgañitándose, cantando, perdoná a tu pueblo señor, misericordia, no estéis eternamente enojado. Venían en un verdadero rebullicio, ese que mantenía el barón Giles a su alrededor, ¿Mengiles? Mesie Giles, sí, el sirviente del Señor. Los clérigos de la colegiata, los diáconos, los coadjutores, los vicarios, capellanes y monaguillos, corrieron, la paloma estaba en las alturas. Venid y vamos todos, ninguno parecía saber nada, todos prestos para proteger y defender del fuego las almas de sus fieles, ¡y Giles como el Esculapito!, eran unos barones santificados, ¡las vainas del poder!, ellos defendían el pellejo de sus allegados, eran como doscientos fieros caballeros, los felices, ¿felinos?, con sus respectivos criados, pajes, alabarderos altimarinos y sus respectivos espalderos, ¡perdón!, digo, escuderos, ¡los doce del patíbulo se quedaron pendejos! Al anochecer el castillo de Champtocé se bañaba en sangre. ¡Es plash! Miraflores menstrual. Entonces fue cuando aparecieron los flagelantes. ¡Juápiti, flíquiti y zuácata! Venían en un solo cardumen, embartolaítos, como una onda epidémica, ellos eran, ¡que locura!, eran la propia peste, una miasmita, parecían verdaderos mamarrachos, algunos disfrazados hasta de curas, otros de gorra militar, había mancos, quebraítos con su popora atrás, enanos, tuertos virolos, tullíos, escrofulosos, machetepandos, se colearon algunos leprosos de contrabando, unos venían con la chingolita y otros con la pata coja, varicosos, maricosos, mocosos, ociosos y bastantes morbosos. Eran los simuladores. Ya viene la plaga, cantaban unos, nos gusta bailar aullaban otros, venían bailando al son que les tocaban, unos parecían ser víctimas del rascabucheo, se estremecían brincando, parecía ser por la piquiña, con movimientos desesperados, exagerados, eran una propia turba de suplicantes, esguañangándose para lograr el perdón divino, algún iluso, probablemente soñando con acceder a la torcaza del Señor, muchos religiosamente convencidos de que con la penitencia lograrían algún subsidio, aunque fuese con la Beneficencia, o del pote sin fondo del hipódromo, o manque sea un pisito en el complejo Juan Veintitrés, ¡que de valor!, había que verle la cara a esa remollejamentasón de locos, hasta cienmil, bueno como unos quinientosmil más o menos, e iban de pueblo en pueblo, de casa en casa, repitiéndole las mismas vainas a todos, ¡pero con una ilusión del carajo!, ¡la torcaza nos sacará de abajo!, ¡y ese tambor!, dale que dale, los chimbangles sonando, culoepuyas, kukurbatas, minas y hasta bongós. ¿Y los látigos? No te me vayáis a olvidar de los bejucos, con agujetas, corozos, cascajos, con alfileres, hasta con alpitas los arreglaban y juqui y juaqui, con pepas de guásimo, los más suaves, ¿vos me entendéis?, ¡dándose fleje mano!, y de vez en cuando a cualquiera le daba un patatús, era por el sol!, soponcio, hasta un tabardillo les podía entrar a esos pobres cristianos, venían envueltos en aquella ola de calor, pero ellos palante con el entierro y se sacaban los chisguetes, los pedazos, los trozos, estrozaos iban quedando. Venían en una sola lamentadera, suplicando y pidiendo perdón, querían los cobres y pedían misericordia, ¡era mucha la necesidad mi hermano!, bueno daban más funciones que el Variedades, y fuete y fuete. En realidad, se quejaban más que camión de cochinos, ni que decir de aquel perfume, puro berrenchín, butacón de tullío, bragueta de loco, era lógico porque, ¿como se iban a bañar?, vos te podéis figurar el olorcito tropical, sin cambiarse los sayones, durante semanas escuchando letanías y sermones, en aquel sofoco. Terminaban por llegar al sitio, arribaban a la ciudad de fuego, ¡resplandeciente y fulgurante la sultana del lago! Eso sí, abajo de las matas de mango, de nísperos y de mamones, estaban los vendedores de cepillado, los chicheros, el de la horchata y el de la vitamina, los buhoneros, tipos raros con cucuruchos en la cabeza, con boinas terciadas, con cachuchitas y pañuelos de colores, algunos lucían cristinas, otros con chisteras, venía el empanadero, el cafecero, un mandoquero, el proveedor, el distribuidor, el vendedor de pitillos, un montón de poleros, por el calor ya sabéis, aquello era una ventolera, parecía venir del mismísimo cipote viejo, sin ton ni son. Tuvieron que llegar los señores banqueros a tomar cartas en el asunto, a todos los compraremos, y les dijeron, gendarme necesario maifren, eso fue lo que les propusieron, y entretanto le hacían carantoñas a las gorritas, en realidad les ofrecían todo el dinero del mundo, money para tenerlos tranquilos, dólares para las cúpulas, aplacados ellos, ¡a organizar la fiesta! La cosa cambió radicalmente. Timbales, tamboreros, charrasqueros, furreros, la tambora y el cuatro, ¿como es?, el güiro vos sabéis, guapachosos, con una rochelita, merecumbiando y al ratico aparecieron unos vallenatos, llegaron con sus porros acordoniando, siempre con la cumbiamba, con un verdadero samplegorio montado, como que si todo lo que estaba aconteciendo fuese una sola mamaderitaegallo. Los doctores, los expertos, los investigadores, los que examinaban el humor colérico y el flemático, el sanguíneo y el melancólico, solo decían "parchos", ponémele parchos porque ya le llegaron al serote. Parchos sí, y no vulcanizados, parchos porosos, en la barriga, en las costillas, de caraña en el ombligo o de tacamahaca, pero parchos. Algunos con más interés en la madre natura, olían las brisas para interpretar lo que les llegaba desde las fosforescencias del lago, juraban que con la paloma emparejada podrían contar, con el Escula de parejo, estaba bien dotada, pero ¡queva mijo!, vana ilusión, amor de lejos, eneaconrinquicalla, les caería hasta coquito. Humo color zapote venido del Tablazo y pescados con más mercurio que un termómetro, eso era lo que obtenían en la ciudad de fuego. Los galenos hubiesen recetado sanguijuelas, sangrías para el desaguadero, pero, pobre Hipócrates, se fueron por la línea de los purgantes. Un delicioso, tamarindo sin pepas, aceite de ricino, un kiloesulfato, y si la gusanera era muy vermichélica les daban leche de Higuerón. Así andaba la gente, regresando a las hierbas aromáticas porque ya, ¡ni con las lavativas!, telas de araña tenían obstruyéndoles el tracto gastrointestinal, y si veían un hinchón, ¡sangría y cauterio!, no conocían del tratamiento quirúrgico de los bubones, puro emplasto caliente, sinapismos, azufre, vinagre, miel de abejas, cuernoeciervo, polvo de unicornio, al del cachito torneado me refiero, e igualmente usaban polvos de antimonio del que espanta al diablito, los otros polvitos, los blancos, de lavar y de aspirar, penetraban a raudales sin récipe médico. La medicina simplificada y la familiar como la botella grande, estaban fuera del perol, pero de la prevención ni hablar. Naiboa, que es la misma ensaimada. Por eso es que yo digo, estimado diputado, concañebrio. ¿Que más queréis?

Capítulo 23 de la novela "El año de la lepra"






El año de la lepra
Jorge García Tamayo, 2011

Capítulo 23



En 1850, Luís Daniel tenía 43 años y había sido designado Profesor de Anatomía en los cursos de Ciencias Médicas del Colegio Nacional de Cumaná, dos años después, en 1852, fue nombrado Inspector Químico de las Minas de Carúpano, y en 1857, Napoleón lo designó Agente Consular de Francia en la ciudad de Cumaná, una ciudad donde la lepra era endémica, y que había sido parcialmente destruida por un violento terremoto en julio del año 1853. En ella, secuencialmente se dieron terribles epidemias de fiebre amarilla y de cólera y Luís Daniel Beauperthuy se transformó en un incansable luchador contra las adversidades que aquejaban a los cumaneses.
El “medico de Cumaná” ejerció la medicina no solo en los hospitales, iba de casa en casa en su yegua viendo enfermos e instruyendo medidas sanitarias. Como si esto fuese poco, la ciudad primogénita de América conmocionada el año 1859 por los enfrentamientos de la Guerra Federal tuvo a “el médico de Cumaná” involucrado en todas las acciones de guerra enfrentando la necesidad de tratar a decenas de heridos por armas de fuego y curar y ampurtar a pacientes mutilados. Estas actividades asistenciales de Luis Daniel, contribuyeron a acrecentar su prestigio, motivo por el cual en 1863, le fue otorgado, el cargo de Médico de la Junta Central de Sanidad y en los años siguientes, sucesivamente fue nombrado de Médico del Hospital Militar de Cumaná en 1864 y Médico de los Pobres y Desvalidos en 1865. La tarde que precedió al terremoto fue descrita por Luís Daniel de esta manera:
“El astro del día desapareció detrás de una cortina de púrpura y sangre, iluminando con sus últimos reflejos un cuadro que no es dado a ninguna voz describirlo. Esa magnificencia de la naturaleza, este espectáculo lleno de una deslumbrante grandeza que atrajo la admiración de las multitudes maravilladas, no era más que el preludio de siniestras catástrofes; la naturaleza no embelleció con tanto esplendor la morada del hombre más que para cubrirla de ruinas y de duelo”.

Luís Daniel tenía tan solo 46 años, en los días del terremoto y de las epidemias desatadas en Cumaná y quizás por ello, al comunicar sus hallazgos a la Academia de Ciencias de Francia fue considerado demasiado joven para ser tomado en cuenta como científico por sus colegas académicos. Decepcionado, el doctor Beauperthuy decidió dedicarse al febril y apasionante trabajo de explotar las salinas de Araya. Hizo construir estanques y utilizó métodos que había visto emplear a su padre en las salinas de San Martin hasta lograr en 1856 por primera vez en nuestro país, una sal limpia, pura y blanca. Aquellas veleidades de investigador ambulante con su microscopio a cuestas, en mula, de pueblo en pueblo, parecían haber sido dejadas detrás en el pasado y no obstante, su afán de investigador no perecía y sin cesar persistía en describir sus observaciones. Así fue como, a pesar de sus múltiples ocupaciones, él continuaría enviando sus observaciones a la Academia de Medicina de Paris y publicando sus resultados en algunas revistas del área del Caribe.

Tan solo un año antes de tu estadía en la isla Kaow, en 1870, cuando los médicos de la vecina isla de Trinidad conocieron de tus experimentos con los enfermos de lepra, fuiste notificado en una comunicación oficial por el gobierno británico. Seguros ellos de tu dedicación y tus aciertos, decidieron aceptar tu propuesta. El médico de Cumaná, el bien conocido doctor Beauperthuy, merecía ser ayudado. Eso te dijeron al aceptar que pudieses continuar tus investigaciones en el territorio de la Guayana Británica. Cualquier cosa valdría la pena en la búsqueda de una curación para la lepra. Te habían planteado la creación de un hospital experimental para leprosos en una isla en medio del río Esequibo y tú aceptaste la idea. La oportunidad era envidiable pues te aseguraron que el leprocomio estaría totalmente bajo tu dirección, aislado en la pequeña isla, ubicada frente a Bartica Point en el río Esequibo. Pensaste que podrías trabajar allí con tranquilidad. Pocos días después de tu llegada ya te habías familiarizado con los enfermos. Aunque las cosas no habían resultado exactamente como te las habían propuesto, aceptaste las situaciones del lazareto y te sobrepusiste a algunos desacuerdos con sus autoridades previamente designadas por el gobierno británico, en la seguridad de que esta sería tu última esperanza para comprobar la eficacia de tus propuestas terapéuticas para el mal de Lázaro.

Las aguas de los ríos Mazaruni y Esequibo fluyen hacia el mar, y tú imaginabas que eran los ríos como la vida, como tus pensamientos, esos que iban hacia un mar inmenso, difuminado, un horizonte sin fin, emborronado en brumas que no terminaban de ayudarte a esclarecer el sentido de tu vida. Para ti, el tiempo transcurría inexorable. En ocasiones creerás que pasan tan lentamente los días y las noches, que quizás es por ello que no lograrás apreciar los progresos de tus medicamentos, sus beneficios en la vida y la salud de tus pacientes. Sin cambios aparentes, lo escribes a diario en los informes, y muchas veces llegas a exasperarte por lo pausado de la desaparición de las alteraciones en la piel de algunos enfermos. A pesar de la minuciosa atención que les dedicas, para tu desconsuelo, siempre existen casos en los que no consigues detectar mejoría alguna. Otros pacientes que te han encomendado en la isla, mostraban lesiones que estaban ya demasiado avanzadas, algunos en diferentes etapas y al llegar hallaste varios casos de seres humanos viviendo en aquel degredo, quienes ni siquiera, en tu opinión, padecían de lepra.

Desde hace ya muchos años, has visto con dolor los padecimientos, las mutilaciones y demás horrores de la terrible enfermedad en los leprosos. Ahora, en el pequeño hospital de la isla Kawo, percibes el olor de una mezcla de aceite alcanforado, deyecciones, cloroformo y nubes de creolina. Todos estos olores saturan los ambientes del pequeño hospital. En las tardes, cuando regresas a tu casa en la ribera del río, después de cenar frugalmente, te sientas a escribir, como si el día de trabajo no tuviese final. Mientras tu sobrino José ha salido a caminar, tú escribes y te detienes a escuchar los platos en la habitación contigua, la cocina que es el reino de Lorencita quien te ha ofrecido una cena con pescado, plátanos, yuca y guarapo de piña. Luego, ya en tu habitación enciendes una vela de sebo que está clavada sobre una palmatoria, te sientas y organizas los papeles. Piensas un momento, e introduces la pluma en el tintero para con tu cuidadosa caligrafía escribir…
 “La cauterización con el aceite de anacardo sobre las partes afectadas de manchas tuberculosas, de tubérculos y de infiltraciones albuminosas determina la hinchazón de la piel, la erupción herpética y la exudación abundante de un fluido filante y viscoso de color blanco sucio u opalino el cual, desecándose, se concreta en chapas espesas, morenas, amarillentas o verdosas que se exfolian y se caen”…

Te detienes un momento a pensar si acaso ese efecto pudiese realmente perdurar en el tiempo y si como pareciera en algunos enfermos reaparecerían las infiltraciones dérmicas. Ya has visto varios casos donde tras el nitrato de plata y el efecto del aceite de anacardo, las lesiones brotaban al transcurrir muchos meses. Lo piensas y retomas la pluma y la remojas en el tintero para continuar escribiendo.  “La cauterización repetida termina por sanar la piel y la enfermedad desaparece”. Vas dejando en tus notas escritas, un diario con las evidencias en detalle sobre la evolución de las lesiones de la lepra de los nervios y sus mutilaciones que constituyen verdaderas gangrenas secas, relatarás como caerán en trozos dedos y orejas. Cual hojas secas de los árboles, escribes y gráficamente lo expresas diciendo que los tejidos se desprenden en pedazos, y de cómo se irán quedando los despojos y las carnes esfaceladas, envueltas en los vendajes. En ocasiones tan solo puedes lanzar los desechos humanos al fuego. Estarás consciente de que esas horruras deberán ser incineradas.

Tu mirada se pierde en la oscuridad de la noche. Sabes que pronto la luna emergerá amarilla, detrás de los penachos violáceos de la selva y su luz plateada rielará sobre la corriente del río. Entonces te levantarás, dejarás la pluma en el tintero y los papeles sobre la mesa e irás a la ventana para mirar muy lejos, oteando la sombra de la isla donde reposan tus enfermos. Piensas en ellos, en el desagradable aspecto de las blandas deformaciones de la piel elefantiásica, en la humedad supurante de la lepra lepromatosa, en la crispación de tus enfermos de rostros leoninos, y el convencimiento de que sobre aquellas pieles que tú intuyes infectadas por algún germen desconocido, tú aplicarás las mezclas oleosas, tus ungüentos cauterizantes. Ellos mejoran. Habrán de sanar totalmente. Mientras, detienes la escritura para pensar constantemente en tu familia lejana y entiendes que el tiempo está conspirando contra tus proyectos…

viernes, 6 de junio de 2014

Cap 22. 2da parte EL AÑO DE LA LEPRA ( novela )



***
El año de la lepra
 Jorge García Tamayo, 2011
Capítulo   22
(Segunda parte )

Todavía en tu cama, decidirás que muy a pesar de la tempestad que se percibe afuera, tendrás que levantarte y estar lista para acercarte hasta el laboratorio, como si fuese un día cualquiera, un día de trabajo, pero es domingo, te lo dices y logras sonreír pues te dirás, ¡de pilipilingo!, pero eso no vale cuando tienes una importante tarea que cumplir. Te sentirás feliz y sin temor pensarás que pronto Víctor habrá de relatarte sus andanzas en la isla, lo que vieron, como les fue, y estando bajo el chorro de la regadera mientras enjabonas tu cuerpo tararearás una canción de amor y luego, ya secándote con la toalla, volverás a pensar en el profe Silvester y en Eusebio tu padre, ambos hombres mayores, ya despierto tu viejo, debe estar desde ya preparándose el café. Saldrás del baño a cepillar tus dientes, imaginando la labor que te espera en la mañana, sin saber como le irá al pequeño dasypus de la camada 12. Luego de tu sábado libre, tan triste y apagadito lo habías dejado el viernes en la tarde, hoy quizás habrá muerto, o deberás sacrificarlo, para hacer su necropsia, tomar las muestras y hacer las inoculaciones pertinentes, y te detienes un momento a pensar en tu Víctor nuevamente, pero se te atropellan todas esas obligaciones que tienes tan pendientes. Pero está bien, te dices y saldrás de tu cuarto murmurando, ¡y eso que hoy es domingo!, y lo repetirás para ti misma y muy sonriente, mientras vas colocando en tu muñeca izquierda el reloj que te informa ya son las cinco y cuarto, ya son y todavía ¡tú con tu bata de dormir encima!, por ello corres por el pasillo aún en penumbras hasta la cocina, donde ya Eusebio tiene listo el café. Te abrazará tu padre dándote un beso con los buenos días y te preguntará si acaso puede ser posible que salgas con semejante tempestad afuera. Sí papaíto le informarás bebiéndote el café, hay una animalito que me espera y así riendo, corres y luego te vestirás rápidamente con un jean, la camisa, tus zapatos de goma, la chaqueta impermeable y saldrás como una tromba hasta el garaje, antes besarás a Eusebio despidiéndote, y ya sentada, encenderás las luces y el limpiaparabrisas de tu pequeño chevrolito. Una cortina de agua trepidante te cae encima en cuanto sales, aunque muy pronto estarás en la autopista y de lo más precisa calculando cual si de una competencia se tratase, un llegar a la meta, a pesar de la lluvia, el viento y los relámpagos, acelerando en la ruta de La Cañada de Urdaneta, para justo a la seis estar llegando, cumpliré, eso te dices, cual si fuese un día de trabajo normal.

***
Tomando del brazo a Nicolai Martinovic, Cheo Ortega salió del ChiquitaNais Bar en Las Galeras y caminó a su lado a lo largo del centro comercial ya casi sin gente, mientras rebuscaba las palabras adecuadas para explicarle la situación que tenía en mente. Él se sentía mal, pero sabía que peor debía estar pasándola su amigo, el cura Omar Yagüe Oliva, preso en El Aladín. Con unos prolegómenos algo confusos él trató de explicarle a Nicolai lo que sentía. Una especie de remordimiento por su venganza, por una conducta vil y desalmada, la suya, capaz quizás de ser la inductora de tantas trágicas desgracias como las que de momento lo estaban atosigando. Omar era una persona fi el, que no se merecía ese trato. Más que un amigo, era como un hermano para él. Con la muerte de Pinilla habían perdido una gran suma de dinero, en dólares, y se había venido abajo todo un negocio millonario, pero el dueño real del dinero era Omar… Entonces angustiado le preguntó al serbio Martinovic como queriendo escuchar alguna defensa de sus actos.
- ¿Me comprendes? Es posible que traten de liquidarme, la gente del cartel, digo, pero antes tienes que ayudarme a corregir un grave error mío, una maldad que hicimos, ¡una coñoemadrá!… Te voy a pagar, te pagaré bien, pero necesito tu ayuda.
Nicolai dijo para sí, que un nuevo negocito de última hora, para rematar su acción en la “ciudad de fuego”, no le caería mal, así que sonrió tratando de calmar a Don Cheo y decidió preguntarle directamente.
– ¿A quien tengo que matar?
– ¡Coño no!, No se trata de eso– replicó presto Cheo Ortega,– es tan solo que me ayudes liberando a un amigo que tienen secuestrado en El Aladín, unos tipos… ¡Unos malandros pues! Lo haces y yo, te pago.
Nicolai le pidió más explicaciones.
–Tengo que saber de que se trata. ¿Es un secuestro express?
El Blackberry de Cheo vibró sonoro en el bolsillo interno de su paltó y él hizo un gesto de espera mientras lo sacaba y atendía la llamada temblando. Era el General Henares y Cheo suspiró y sintió que le volvía el alma al cuerpo. Como un chispazo le llegó la idea de que quizás, hasta podía ser que lograra salvarse…
–Alcides, ¡coño! ¿Donde te habías metido? La vaina se nos complicó toda. Mataron a Pinilla y le robaron los cobres… ¡Si “la boloña”!… Todo mano, todo. ¿Cómo podemos? Manú y yo estamos fritos. ¿Cómo nos aparecemos ante esos colombiches así?, ¿limpios de bola? Coño mi hermanito, tenéis que ayudarnos, es una verga de vida o muerte. ¡Sí! No se, vos poné a La Guardia a funcionar, presionalos, no sé como podréis hacer vos, ya sabréis vos. Vos sois la ley. ¡Que ley guajira ni que coños Alcides!, ¡La ley! Vos sabéis… Es urgente Alcides, tenéis que defenderme, ve que si me joden, ellos saben de vos, ajá, ¿sí?, bueno, cuento con vos, ya sabéis…
Cheo Ortega miró a Martinovic y pareció de momento regresar a la realidad, entonces le dijo.
–Te voy a explicar como es que Omar Yagüe fue a parar a El Aladín y por qué es necesario que mañana él esté en su casa vivito y coleando, sin problemas. ¡Que peo! Te explico. El tipo, Omar, que es como mi hermano, resulta que es cura. Sí, cura, así que no debe, no puede aparecer en un hotel borracho, ni en una parranda, o en una orgía con putas, por que en esta ciudad todo se sabe, la prensa todo lo dice y te podéis imaginar como quedará su prestigio si una verga así llega a divulgarse. Sí, ya veo que me vais a preguntar porqué coños lo metimos nosotros mismos en ese peo. Alcides y yo estábamos arrechos con él, por la vaina de los dólares y porque no quiso aceptar el negocio millonario que le
propusimos, así que lo quisimos castigar, pero ahora veo que eso estuvo muy mal hecho, todas las vainas se me están desconflautando y siento que ese es el motivo, la causa, la razón… ¿Me entendéis? Él es mi amigo y yo necesito que vos que sois un carajo hábil, arrecho y con cojones, me hagáis ese favor, un favor que yo te voy a pagar de una vez, y luego te daré otra parte más si me lo sacáis ya mismo del El Aladín. Puede que te encontréis allá con un portugués, un tal Joao y con un par de carajos que se llaman Jairo y Diove, pero ya sabéis, les podéis explicar lo que vos queráis pero vos me tenéis que sacar a Omar de allí. Tomá esto como un adelanto…
Cheo Ortega le entregó a Nicolai una faja de billetes verdes sujetos con una doble liga y el serbio los recibió gustoso pues al aceptarlos y asegurarle que cumpliría su petición, presintió que antes de dejar la “ciudad de fuego”, seguramente que para siempre, necesitaba entrar en acción y seguramente que El Aladín podía ser un sitio que prometía ofrecérsela.

***

En medio del aguacero, la lancha de fi bra de vidrio con los dos motores Yamaha fuera de borda había atracado en el muelle de La Cañada. Los cuatro amigos salieron de ella saltando y corrieron por un puente de listones de madera hasta hallarse bajo el alero de la casa que servía para la vigilancia. En ese momento llovía a cántaros y no se veía ni un alma. Rubén tocó la puerta pensando que el vigilante dormiría adentro, pero nadie respondió. Víctor golpeó entonces la puerta con más fuerza y se escuchó una voz rezongante que se transformó en un hombre mayor de pelo crespo entrecano y desordenado quien se asomó a la puerta. Inmediatamente y sin mediar saludos le preguntaron si existía un teléfono en la casa y si tenía como sacarlos de allí, en algún vehículo… El hombre les mostró un jeep con el techo rasgado que estaba al descampado y por tanto inundado de agua y luego les dijo que podían usar su teléfono, que era el de la guardia costera y estaba pegado en la pared. Rubén después de varios intentos localizó una Línea de Teletaxis y les pidió con urgencia dos autos. Explicó en el teléfono que era una emergencia y que se acercasen hasta la caseta de la guardia costera en La Cañada de Urdaneta. Le dijo a la telefonista que necesitaban de inmediato los taxis. Él decidió que tenía que regresar a Los Puertos de Altagracia a recuperar su camioneta, pero Sergio le propuso a Brinolfo irse directamente a su casa en la ciudad, ya habían decidido que después resolverían como volver por el Volswagen que estaría estacionado frente a la bodega del compadre Genívero. Rubén les propuso que él encontraría a alguien para que trasladase el escarabajo de vuelta hasta Maracaibo y le pidió las llaves a Sergio. Víctor llamó entonces por el teléfono al celular de Ruth quien estaba en ese momento llegando al Bioterio. Ella le dijo que las puertas de la cerca ciclón estaban abiertas y no veía al vigilante, pero como estaba lloviendo todavía y muy fuerte, iba a entrar en el edificio para acercarse hasta el laboratorio.

***
Cuando Nicolai Martinovic llegó a El Aladín, todavía estaba lloviendo. Estacionó su auto y antes de abrir la puerta revisó su pistola Glock 17, ajustó el cargador con 17 balas y se la colocó en la parte trasera de la correa tapada por su chaqueta impermeable de color azul marino. Ingresó al hotel sin ponerle mucha atención a la decoración de las mil y una noches y avanzó directamente hasta la recepción. A esa hora, solo un hombre pequeño y de rasgos indígenas estaba detrás del mostrador y de inmediato le preguntó si necesitaba una habitación. Nicolai le dijo que venía a conversar con los inquilinos de la 28 y esperaba que les avisara que había llegado. El recepcionista sonrió y le informó que lo pondría a hablar con “los de la alfombra mágica”, discó unos números y le pasó el teléfono al serbio. Luego de varios repiques, una voz masculina le respondió de mala manera.
–¡Que no necesitamos más un coño, ya te dije!
Nicolai decidido, y sin saber si era Diove o era Jairo quien le respondía, le explicó que no le llevaría nada pero que él se acercaría a la habitación, ya que venía para la fiesta de parte del gordo Pinilla. Una voz que sonó de borracho, le dijo que si era así, que no había problemas, que pasara para echarse los palos.
–Aquí tenemos la caña que jode y que cachea mi hermano, así que véngase pacá.
Siguiendo instrucciones, Nicolai se introdujo en un largo pasillo, luego torció hacia la izquierda y comenzó a mirar los números en las puertas. Al llegar al 28 se detuvo y golpeó tres veces. Diove era un individuo pequeño de complexión atlética, lucía un bigote delgado sobre el labio superior que se unía como un trazo dibujado con las patillas, su pelo negro y crespo brillaba aceitoso o por efecto de alguna gelatina. Cuando abrió la puerta, estaba en interiores y franelilla y en medias de cuadros rojos que le llegaban a la mitad de las piernas. Portaba un vaso con whisky en la mano izquierda, y la derecha se la estiró al serbio para estrechársela, presentándose como Diove para de inmediato escrutadoramente mirarlo y exclamar riéndose.
–¡A la verga si el amigo del gordo es un musiú!
Nicolai dio un paso al frente y pudo rápidamente observar la situación. Había una gran cama redonda ante la puerta donde tres personas desnudas estaban echadas. A la izquierda, existía una puerta entreabierta que evidentemente conectaba con un baño, una alfombra de color azul eléctrico con vetas rojas se extendía larga en el piso y en el otro extremo de la habitación un jacuzzi burbujeaba con una mujer adentro. El serbio reconoció fácilmente entre los nudistas a Omar por la descripción que Cheo le hiciera, sobretodo por su corte de
cabello, un peladito casi al rape inconfundible. El otro hombre era muy blanco, colorado, lleno de pecas, calvo y delgado y estaba abrazado a una mujer morena quien por estar en ese momento de espaldas a Nicolai, solo le mostraba un impresionante nalgatorio. Omar estaba con los brazos extendidos hacia arriba, con los ojos cerrados y amordazado con lo que parecía un “tape negro” parecía dormir.
Estaba atado con unas esposas al tope de la cama que consistía en un entramado metálico simulando ramas y hojas con pájaros volando. En el jacuzzi, Nicolai pudo observar a una joven mujer de cabellera pintada de rojo quien tenía una copa de vino tinto en alto, como si estuviese brindando. Diove, no tardó en hacerle las presentaciones de rigor.
–Él es Jairo, el de la cama, y ellas son Yelma y Aleida que es la coñita que se está bañando. En la mesita hay caña de la que vos queráis. Mirá, decime, ¿como te llamáis vos?
–Nicolás, me llamo Nicolás.
Esa fue la respuesta del serbio quien de momento observaba una mesa pegada a la pared con varias botellas de licor. Diove lo empujó hacia la mesa diciéndole.
        ¡Como san Nicolás!, bueno vamos a darle play de una vez.

***

Víctor comenzó a luchar con el jeep tratando de que arrancara, pero la batería estaba floja. La ajustó, y sin embargo el encendido no daba por el arranque. Finalmente decidió ponerlo “directo” y logró que el motor comenzara a corcovear hasta que emparejó. Se subió y se sentó en un asiento encharcado y pronto el jeep salió disparado dando saltos y tumbos hacia el Bioterio que estaba a menos de cinco minutos del atracadero de las lanchas. Al llegar, la puerta estaba abierta y sintió la voz de Ruth que le llamaba. Subió la escalera hasta las ofi cinas y encontró a Ruth en el suelo con el profesor Silvester en su regazo. En ese momento él le decía con un hilo de voz, que tenían que salir de inmediato del sitio.
Todo va a volar por los aires en pedazos. Eso le escuchó decir Víctor, quien después de lo que habían vivido en las últimas horas pensó que bien valía la pena creer cualquier cosa por disparatada que pareciese. Así fue como levantó al profesor en sus brazos y le gritó a Ruth que bajara rápidamente con él para escapar del edificio. En ese momento explotó la primera carga de C4 en el área más apartada de las oficinas y a pesar de que la onda expansiva los tumbó por el suelo, ya habían logrado bajar por la escalera y pudieron salir corriendo, hacia la puerta caída de la cerca ciclón. Víctor corría casi arrastrando al profesor y Ruth detrás de ellos en busca del Jeep…


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A pesar del tono de borracho alegre con el que hablaba, Diove parecía más consciente que Jairo quien no se levantaba de la cama encaramado encima de su voluminosa morena que daba griticos y suspiraba ruidosamente. Ante la mesa, el serbio Nicolai detectó un par de botellas de whisky Etiqueta Negra, una de Ginebra Gordon´s, botellas de vino chileno blanco y tinto y licores dulces como Cointreau, Fra Angélico y Licor de Cacao. Había vasos de plástico, copas de vidrio y una cava de anime con una gran bolsa llena de cubos de hielo. Mientras el serbio se servía whisky en un vaso con hielo, Diove le dijo.
–Si vos sois amigo del gordo Germán, tenéis que echarte un palo, como los buenos.
Mientras sorbía su whisky, Nicolai observó que en la cama, la morena había levantado su cabeza que antes tenía sumergida entre las piernas del calvo Jairo y lo miraba sonriente mientras apartaba de un manotón su cabellera azabache de la cara. Diove volvió a la carga preguntándole.
–Verga, vos como que sois gringo, ¿o algo así?
Nicolai bebió un par de tragos antes de decidirse a hablar. Mirando de reojo a la pelirroja que era un descomunal hembrón y recién salía del jacuzzi, le dijo a Diove.
–Yo no quiero echarles a perder la fi esta, pero realmente vengo con un encargo. Les traigo un pedido de Don Cheo Ortega…
Guardó silencio esperando una reacción. En la cama notó que Jairo seguía aferrado a la morena quien de nuevo había metido la cabeza entre sus piernas. En ese momento, la joven pelirroja avanzaba mojando a su paso la alfombra azul de vetas rojas, y sin soltar la copa con vino tinto se acercaba hacia él. Diove al lado del serbio le preguntó con un cierto tono burlón.
–Mirá y decime, ¿cual será el encargo que nos traéis?, ¿cobres?
Nicolai sonrió, la pelirroja ya estaba ante él y soltando la copa sobre la mesa le echó los dos brazos al cuello diciéndole que lo estaba esperando y que él era su amor lindo, mientras él sin poder resistir la tentación la acarició agarrándole las nalgas. Diove no pareció aprobar el espectáculo de la jovencita diciéndole mi amor lindo al serbio y en voz alta le comentó a su amigo de la cama.
– ¡A la verga Jairo! Ahora si nos jodimos, como que esta coñita se enamoró del musiú.
Jairo y la morena se sentaron en la cama mirando como la seductora pelirroja Aleida se restregaba apretada a Martinovic quien observó como Omar en la cama abría los ojos y había comenzado a tirar patadas haciendo ruidos guturales. Jairo le agarró una pierna a Omar y ante la agitación del prisionero esposado, le dijo amenazador.
– Estate quieto güevonsón y no me patiéis porque te va a pesar.
Diove, todavía aparentemente incomodado por la insistencia de la pelirroja empeñada en despojar de la chaqueta a Nicolai, pareció decidido a tomar las riendas del asunto e interpeló al extraño musiú quien aún poco o nada les había dicho sobre el gordo Pinilla.
–Bueno es mejor que aclaremos las vergas. ¿Quién coños sois vos y que es lo que queréis? Porque lo que Joao nos dijo era que el gordo vendría a acompañarnos, así que vos estáis aquí apareciendo como un asomao y no nos termináis de decir que es lo que queréis.

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Cuando Sergio habló por el teléfono con Zulay ella le dijo que el niño tenía fiebre y por eso fue que él decidió regresar a su casa de inmediato. Así se lo propuso a Brinolfo. Luego vino el planteamiento de Rubén y la idea de que él consiguiese a alguien que moviese el escarabajo V.W desde Los Puertos de Altagracia hasta Maracaibo, lo cual le pareció bien a Sergio y lo aceptó. Ambos Brinolfo y Sergio estaban emparamados hasta los tuétanos y en el taxi, aunque el chofer conducía
raudo y veloz hacia la ciudad, ellos iban con los vidrios cerrados, y viajando así, se quedaron adormilados sin saber nada más del mundo que les rodeaba. Rubén por el contrario, también mojadas sus ropas y muy inquieto por todo cuanto habían tenido que aprender en la noche y en la madrugada, lejos de sentir sueño estaba sumamente excitado y no aguantaba la tentación de hablar con el conductor, un señor mayor de edad quien manejaba un Impala de los años setenta, lenta y parsimoniosamente. Cuando habían pasado el último pilastre del puente sobre el lago Coquivacoa, Rubén percibió el sonido de una explosión y la onda pareció golpear y mover el automóvil donde él viajaba hacia Los Puertos. Rubén pensó en la explosión de algún pozo petrolero o en cualquier cosa menos que fuese algo relacionado con ellos. Quiso rememorar a sus amigos, y luego pensó en Ruth y en su padre, miró el reloj y leyó que eran las 6:50 de la mañana…

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Nicolai se separó trabajosamente de la escultural nudista pelirroja y decidió aclarar su posición en la habitación número 28. Miró al calvo Jairo quien estaba sentado en la cama con cara de pocos amigos, y a Diove a su lado y les habló pausadamente y tratando de sonreír.
–Se que el portugués pagó por todo esto ya, y que ustedes se pueden quedar hasta mañana gozando de El Aladín, pero yo he venido porque me tengo que llevar al carajo que tienen esposado en la cama, a Omar Yagüe Oliva. Eso es lo que me encomendaron y lo voy a cumplir aunque no les guste.
Diove se rió señalándolo y mirando a Jairo, le dijo casi a gritos.
– ¡Ve esa verga chico! Si el musiú nos salió arrechito, y hasta mandón el coñoemadre.
Jairo poniéndose de pie habló por primera vez para decirle con una voz chillona al serbio un par de groserías y luego añadir…
–¡Estáis más pelao que rodilla e chivo! Nosotros solo recibimos órdenes de Joao o si acaso de Germán Pinilla así que andá a cagar y no seáis vos tan regüevón!
Diove se volteó y mascullando imprecaciones se dirigió hacia el baño. La pelirroja se acercó hasta la cama, y la morena acomodó su trasero monumental entre las piernas flacas y pálidas de Omar quien dejó de moverse. Nicolai terminó de beberse en dos tragos su whisky y pensó si acaso valdría la pena informarles sobre la muerte del gordo Pinilla, o si quizás ese anuncio fuese contraproducente. Jairo se levantó de la cama y trastabilló, pues estaba bastante bebido. Se adelantó entonces hasta estar frente a Nicolai y le tomó de la chaqueta encarándolo y llamándolo gringo de mierda. Sin soltarlo murmuró algo como que quien coños sabía lo que se había creído y trató de golpearlo pero al levantar la mano, el serbio le propinó un puñetazo en la cara que lo lanzó lejos sobre la alfombra azul. Detrás de Nicolai apareció Diove quien regresaba del baño y le decía gritando amenazador.
–Creo que metiste la pata con nosotros, gringo e mierda, te vais a joder...
Mientras Jairo se sentaba en la alfombra sobándose la quijada y escupiendo sangre y las mujeres se abrazaban ambas al borde de la cama, Nicolai estaba ya encima de la cama mirando el triste espectáculo de Omar, pálido con la frente envuelta en un vendaje y con magulladuras y excoriaciones en la cara y en el cuerpo. Pensando como hacer para abrir las esposas, les preguntó a las mujeres que quien tenía las llaves. Ambas estaban abrazadas e hicieron signos negativos mientras la morena del nalgatorio daba unos grititos gimoteando. Nicolai le arrancó el “tape negro” de la boca a Omar quien con cara de angustia solo pudo emitir algunos gemidos pelando los ojos de manera tal que obligó a Martinovic a voltearse para enfrentarse con Diove quien portaba una Mágnum 357 con silenciador y ya estaba frente a él. Nicolai rápidamente buscó su Glock 17 en la parte posterior del cinturón y cuando la sacaba sintió como golpes el choque de las balas de la Mágnum en su pecho. Sin soltar el arma ya aferrada a su mano derecha, no logró disparar ni un tiro y tambaleante avanzó hasta la alfombra para luego, voltearse con cara de angustia y llegando al borde del jacuzzi cayó de cabeza en el agua que siguió burbujeante tiñéndose de rojo.