Hay una importante fase que no hemos relatado y es
crucial ya que ante el desproporcionado auge de las ciudades de Belem de Para y Manaos durante la primera fiebre del caucho, iniciada en la década
de 1850, pero hay que entender que aquellos territorios amazónicos estaban
habitados en su mayor parte por etnias indígenas. Algunas de las más explotadas
fueron la Bora, Uitoto, Andoque y Ocaina,
las cuales estaban en la frontera entre Colombia y Perú.
La llegada de colonizadores a estos territorios en
busca del preciado caucho y la fundación de la Peruvian Amazon Rubber Company,
con la que Julio César Arana acumuló
una gran fortuna, causaron un choque cultural y maltrato hacia los nativos, lo
cual desembocó en torturas,
prostitución forzada, pedofilia, esclavitud, masacres y mutilaciones. Para el momento
en que se reportaron estas atrocidades, tres cuartos de la población nativa del
Putumayo ya habían desaparecido.
Pero toda esta historia disparatada tiene que tener
un merecido final. Cuando la línea férrea Madeira-Mamoré, fue concluida en 1912
era muy tarde: La Amazonia ya estaba perdiendo la primacía del monopolio de producción porque los
árboles del caucho plantados por los ingleses en Malasia Británica, Ceilán y
en el África subsahariana, con semillas
extraídas ilegalmente de la propia Amazonia, pasaron a producir látex con mayor
eficiencia y productividad. Consecuentemente, los menores costos de producción
se reflejaron en el precio final, lo que les permitió asumir el control del
comercio mundial del producto. El caucho proveniente de la Amazonia, pasó a
tener un precio poco competitivo en el mercado mundial, reflejándose en el
estancamiento de la economía regional. La falta de visión empresarial y
gubernamental se vio reflejada en la ausencia de alternativas que posibilitaran
el desarrollo regional, lo que causó el ocaso de las otrora prósperas ciudades
amazónicas. La Malasia Británica, investigó técnicas de extracción y siembra de
árboles de caucho, y fue la principal responsable por la pérdida del monopolio
cauchero de la región amazónica.
Además del ferrocarril Madeira-Mamoré y las
ciudades de Porto
Velho y Guajará-Mirim que
dejó como herencia este apogeo, la crisis económica por el final de la fiebre
del caucho, dejó marcas profundas en toda la región amazónica: el desplome del
ingreso en los estados (mayormente en Perú y Brasil), alto índice de desempleo, éxodo
rural y urbano, estancias y mansiones completamente
abandonadas y principalmente, la total ausencia de esperanzas dentro de la
población que decidió permanecer en la región.
Muchos de los trabajadores de las zonas caucheras,
desprovistos de las ganancias de la extracción, se establecieron en la
periferia de Manaos, Iquitos, Leticia y otras ciudades en
busca de mejores condiciones de vida. Allí, por falta de un lugar para vivir,
comenzaron a partir de 1920, la construcción de una "ciudad
flotante", que se consolidaría en la década de 1960. El gobierno central
de Brasil creó una institución con el objetivo de controlar la crisis, llamado Superintendencia de Defensa del Caucho,
pero resultó ineficiente y no consiguió solucionarla, siendo liquidada no mucho
tiempo después de su creación. En la década de 1930, Henry Ford, el pionero de la industria
norteamericana de automóviles,
emprendió la tarea de sembrar árboles del caucho en la Amazonia, con técnicas
de cultivo y cuidados especiales, pero la iniciativa no tuvo éxito ya que la
plantación fue atacada por una plaga que afectó las hojas de los árboles.
Una segunda fiebre del caucho se produjo entre
1942 y1945 y la Amazonia
viviría otra vez el auge del caucho durante la Segunda Guerra Mundial, sin
embargo, no duró mucho tiempo. Debido a que las fuerzas japonesas lograron dominar militarmente
el Pacífico Sur durante los
primeros meses de 1942 e invadieron Malasia,
el control de las zonas caucheras de Asia pasó
a manos niponas, lo que dio como resultado la pérdida por parte de los países
aliados del 97% de la producción de caucho asiático.
En el afán de solucionar el problema de
desabastecimiento de caucho que estaban sufriendo las Fuerzas aliadas, el gobierno brasileño
pactó un acuerdo con el gobierno estadounidense (Acuerdo de Washington), que desencadenó una
operación a gran escala de extracción de látex en la Amazonia que fue conocida
como la batalla del caucho. Como las
zonas de extracción estaban abandonadas, contando con tan solo 35.000
trabajadores, el gran desafío de Getúlio
Vargas, entonces presidente de Brasil, consistía en aumentar la
producción anual de látex de 18.000 a 45.000 toneladas, como rezaba el acuerdo
hecho con los norteamericanos. Para semejante tarea, serían necesarios unos
100.000 hombres. El alistamiento de quien tuviese interés en trabajar en las
zonas de extracción en 1943 era hecho por el Servicio Especial de
Movilización de Trabajadores hacia la Amazonia (SEMTA), con
sede en la ciudad de Fortaleza, en el nordeste
brasileño, creado por el entonces denominado Estado Novo. La elección del
nordeste como sede se debió esencialmente como respuesta a una sequía devastadora en la región y a la
crisis precedente que tuvieron que afrontar los campesinos de la zona.
Además del SEMTA,
fueron creados por el gobierno con la intención de sostener la "batalla del caucho" la Superintendencia
para el abastecimiento del Valle Amazónico (SAVA), el Servicio Especial de Salud Pública (SESP) y el Servicio de
Navegación de la Amazonia y de la Administración del Puerto de Pará (SNAPP). También se creó una
institución llamada Banco de Crédito del Caucho que sería
transformado en 1950 en el Banco de Crédito de la Amazonia. El
órgano internacional Rubber Development Corporation (RDC), financiado con capital de los
industriales norteamericanos, costeaba los gastos de desplazamiento de
los migrantes (conocidos en esa
época como los brabos). El gobierno de los Estados Unidos pagaba al
gobierno brasileño cien dólares por
cada trabajador llegado al Amazonas. Millares de trabajadores de varias
regiones de Brasil atendieron el llamado del presidente y se lanzaron a la
arriesgada aventura de extraer el precioso látex. Tan solo de la región
nordeste se desplazaron a la Amazonia 54.000 trabajadores, siendo la mayoría
del estado de Ceará.
Por esta razón, los nordestinos recibieron el apodo de soldados del
caucho. Nuevamente, la región experimentó la sensación de riqueza y
pujanza. El dinero volvió a circular en Manaos, Belém, y en ciudades y poblados
vecinos, fortaleciéndose la economía regional.
Cada trabajador firmaba un contrato con el SEMTA que ofrecía un pequeño salario durante el viaje hasta la
Amazonia. Después de la llegada, recibirían una remuneración de 60 % de
toda la ganancia que fuese obtenida con el caucho. El equipamiento que recibía
cada trabajador, al firmar el contrato, consistía en: un pantalón de mezclilla azul, una camisa blanca de calicó, un sombrero de paja,
un par de alpargatas de
crin de caballo, una caneca,
un plato, unos cubiertos, una hamaca,
un cartón de cigarrillos Colomy y
una mochila. Después de ser reclutados, los
trabajadores eran alojados en un edificio construido para este fin, bajo rígida
vigilancia militar, para después ser embarcados con destino al Amazonas en un
viaje que llegaba a durar entre dos y tres meses.
Para muchos de los trabajadores provenientes del
nordeste y otras regiones de Brasil, esta aventura significó un camino sin regreso. Cerca de 30.000
trabajadores del caucho murieron abandonados en la Amazonia, después de haber
agotado todas sus fuerzas extrayendo el oro blanco. Murieron
de malaria, fiebre
amarilla, hepatitis y
atacados por animales como jaguares, serpientes y escorpiones.
El gobierno
brasileño incumplió su promesa de transportar a “los soldados del
caucho” de vuelta a sus lugares de origen al final de la guerra; se
calcula que consiguieron regresar (por sus propios medios) tan sólo 6.000
hombres. Los trabajadores sobrevivientes de esta batalla, son reconocidos como
héroes nacionales en todo Brasil, de la misma manera que las fuerzas brasileñas
que participaron en la Segunda Guerra Mundial.
Hasta aquí la historia de “la fiebre del caucho”
Maracaibo, jueves 15 de enero del 2026
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