jueves, 15 de enero de 2026

La fiebre del caucho (2)


Hay una importante fase que no hemos relatado y es crucial ya que ante el desproporcionado auge de las ciudades de Belem de Para y Manaos durante la primera fiebre del caucho, iniciada en la década de 1850, pero hay que entender que aquellos territorios amazónicos estaban habitados en su mayor parte por etnias indígenas. Algunas de las más explotadas fueron la Bora, UitotoAndoque y Ocaina, las cuales estaban en la frontera entre Colombia y Perú.

La llegada de colonizadores a estos territorios en busca del preciado caucho y la fundación de la Peruvian Amazon Rubber Company, con la que Julio César Arana acumuló una gran fortuna, causaron un choque cultural y maltrato hacia los nativos, lo cual desembocó en torturas, prostitución forzada, pedofilia, esclavitudmasacres y mutilaciones. Para el momento en que se reportaron estas atrocidades, tres cuartos de la población nativa del Putumayo ya habían desaparecido.

Algunos de los personajes directamente relacionados con estas prácticas de sevicia y crueldad gozan de una injusta inocencia frente a la historia. Julio César Arana y sus crueles capataces, entre los cuales resalta el monstruoso Miguel Loayza, los funcionarios de las multinacionales, las autoridades locales que no defendieron a los indígenas de su exterminio. Según cálculos del escritor Wade Davis, “por cada tonelada de caucho producida, asesinaban a diez indios y centenares quedaban marcados de por vida con los latigazos, heridas y amputaciones que se hicieron famosos en el noreste amazónico”.

Pero toda esta historia disparatada tiene que tener un merecido final. Cuando la línea férrea Madeira-Mamoré, fue concluida en 1912 era muy tarde: La Amazonia ya estaba perdiendo la primacía del monopolio de producción porque los árboles del caucho plantados por los ingleses en Malasia BritánicaCeilán y en el África subsahariana, con semillas extraídas ilegalmente de la propia Amazonia, pasaron a producir látex con mayor eficiencia y productividad. Consecuentemente, los menores costos de producción se reflejaron en el precio final, lo que les permitió asumir el control del comercio mundial del producto. El caucho proveniente de la Amazonia, pasó a tener un precio poco competitivo en el mercado mundial, reflejándose en el estancamiento de la economía regional. La falta de visión empresarial y gubernamental se vio reflejada en la ausencia de alternativas que posibilitaran el desarrollo regional, lo que causó el ocaso de las otrora prósperas ciudades amazónicas. La Malasia Británica, investigó técnicas de extracción y siembra de árboles de caucho, y fue la principal responsable por la pérdida del monopolio cauchero de la región amazónica.

Además del ferrocarril Madeira-Mamoré y las ciudades de Porto Velho y Guajará-Mirim que dejó como herencia este apogeo, la crisis económica por el final de la fiebre del caucho, dejó marcas profundas en toda la región amazónica: el desplome del ingreso en los estados (mayormente en Perú y Brasil), alto índice de desempleoéxodo rural y urbano, estancias y mansiones completamente abandonadas y principalmente, la total ausencia de esperanzas dentro de la población que decidió permanecer en la región.

Muchos de los trabajadores de las zonas caucheras, desprovistos de las ganancias de la extracción, se establecieron en la periferia de Manaos, IquitosLeticia y otras ciudades en busca de mejores condiciones de vida. Allí, por falta de un lugar para vivir, comenzaron a partir de 1920, la construcción de una "ciudad flotante", que se consolidaría en la década de 1960. El gobierno central de Brasil creó una institución con el objetivo de controlar la crisis, llamado Superintendencia de Defensa del Caucho, pero resultó ineficiente y no consiguió solucionarla, siendo liquidada no mucho tiempo después de su creación. En la década de 1930, Henry Ford, el pionero de la industria norteamericana de automóviles, emprendió la tarea de sembrar árboles del caucho en la Amazonia, con técnicas de cultivo y cuidados especiales, pero la iniciativa no tuvo éxito ya que la plantación fue atacada por una plaga que afectó las hojas de los árboles.

Una segunda fiebre del caucho se produjo entre 1942 y1945 y la Amazonia viviría otra vez el auge del caucho durante la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, no duró mucho tiempo. Debido a que las fuerzas japonesas lograron dominar militarmente el Pacífico Sur durante los primeros meses de 1942 e invadieron Malasia, el control de las zonas caucheras de Asia pasó a manos niponas, lo que dio como resultado la pérdida por parte de los países aliados del 97% de la producción de caucho asiático.

En el afán de solucionar el problema de desabastecimiento de caucho que estaban sufriendo las Fuerzas aliadas, el gobierno brasileño pactó un acuerdo con el gobierno estadounidense (Acuerdo de Washington), que desencadenó una operación a gran escala de extracción de látex en la Amazonia que fue conocida como la batalla del caucho. Como las zonas de extracción estaban abandonadas, contando con tan solo 35.000 trabajadores, el gran desafío de Getúlio Vargas, entonces presidente de Brasil, consistía en aumentar la producción anual de látex de 18.000 a 45.000 toneladas, como rezaba el acuerdo hecho con los norteamericanos. Para semejante tarea, serían necesarios unos 100.000 hombres. El alistamiento de quien tuviese interés en trabajar en las zonas de extracción en 1943 era hecho por el Servicio Especial de Movilización de Trabajadores hacia la Amazonia (SEMTA), con sede en la ciudad de Fortaleza, en el nordeste brasileño, creado por el entonces denominado Estado Novo. La elección del nordeste como sede se debió esencialmente como respuesta a una sequía devastadora en la región y a la crisis precedente que tuvieron que afrontar los campesinos de la zona.

Además del SEMTA, fueron creados por el gobierno con la intención de sostener la "batalla del caucho" la Superintendencia para el abastecimiento del Valle Amazónico (SAVA), el Servicio Especial de Salud Pública (SESP) y el Servicio de Navegación de la Amazonia y de la Administración del Puerto de Pará (SNAPP). También se creó una institución llamada Banco de Crédito del Caucho que sería transformado en 1950 en el Banco de Crédito de la Amazonia. El órgano internacional Rubber Development Corporation (RDC), financiado con capital de los industriales norteamericanos, costeaba los gastos de desplazamiento de los migrantes (conocidos en esa época como los brabos). El gobierno de los Estados Unidos pagaba al gobierno brasileño cien dólares por cada trabajador llegado al Amazonas. Millares de trabajadores de varias regiones de Brasil atendieron el llamado del presidente y se lanzaron a la arriesgada aventura de extraer el precioso látex. Tan solo de la región nordeste se desplazaron a la Amazonia 54.000 trabajadores, siendo la mayoría del estado de Ceará. Por esta razón, los nordestinos recibieron el apodo de soldados del caucho. Nuevamente, la región experimentó la sensación de riqueza y pujanza. El dinero volvió a circular en Manaos, Belém, y en ciudades y poblados vecinos, fortaleciéndose la economía regional.

Cada trabajador firmaba un contrato con el SEMTA que ofrecía un pequeño salario durante el viaje hasta la Amazonia. Después de la llegada, recibirían una remuneración de 60 % de toda la ganancia que fuese obtenida con el caucho. El equipamiento que recibía cada trabajador, al firmar el contrato, consistía en: un pantalón de mezclilla azul, una camisa blanca de calicó, un sombrero de paja, un par de alpargatas de crin de caballo, una caneca, un plato, unos cubiertos, una hamaca, un cartón de cigarrillos Colomy y una mochila. Después de ser reclutados, los trabajadores eran alojados en un edificio construido para este fin, bajo rígida vigilancia militar, para después ser embarcados con destino al Amazonas en un viaje que llegaba a durar entre dos y tres meses.

Para muchos de los trabajadores provenientes del nordeste y otras regiones de Brasil, esta aventura significó un camino sin regreso. Cerca de 30.000 trabajadores del caucho murieron abandonados en la Amazonia, después de haber agotado todas sus fuerzas extrayendo el oro blanco. Murieron de malariafiebre amarillahepatitis y atacados por animales como jaguares, serpientes y escorpiones.

 El gobierno brasileño incumplió su promesa de transportar a “los soldados del caucho” de vuelta a sus lugares de origen al final de la guerra; se calcula que consiguieron regresar (por sus propios medios) tan sólo 6.000 hombres. Los trabajadores sobrevivientes de esta batalla, son reconocidos como héroes nacionales en todo Brasil, de la misma manera que las fuerzas brasileñas que participaron en la Segunda Guerra Mundial.

Hasta aquí la historia de “la fiebre del caucho”

Maracaibo, jueves 15 de enero del 2026

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