El descubrimiento de la vulcanización y de la cámara
neumática en la década de
1850 dio lugar a una "fiebre
extractiva del caucho". La fiebre del caucho es la
denominación de una parte importante de la historia económica
y social de varios países, Brasil, Perú, Colombia, Bolivia, Ecuador y Venezuela
con territorios amazónicos. Este hecho se relacionó con la extracción y comercialización
del caucho, dándole gran impulso a ciudades amazónicas como Iquitos en
el Perú y en especial las ciudades brasileñas de Belém y Manaos. La fiebre
del caucho se dio entre 1879 y 1912, con un renacimiento ulterior entre los
años 1942 y 1945.
Después del descubrimiento de América,
la Amazonia brasileña se mantuvo en un estado
de aislamiento durante cuatro siglos y medio. Desde el inicio de la segunda
mitad del siglo XIX, la actividad
extractora del látex en la Amazonia se transformó en una actividad lucrativa ya
que el caucho natural comenzó a utilizarse en las industrias de Europa y Norteamérica. Su producción incremento el
precio y desencadenó la llegada de extranjeros a Brasil. El famoso árbol del
caucho y los métodos para la extracción del mismo se transformó en un nuevo
negocio y se desarrollaron las ciudades de Manaos, Belém y otras poblaciones
brasileñas.
La idea de construir un
ferrocarril en las márgenes de los ríos Madeira y Mamoré surgió
en Bolivia en el año de 1846. Este país no
tenía vías para sacar la producción de caucho y para exportar el
caucho a través del océano Atlántico inicialmente se
pensó en la navegación fluvial, por el río
Mamoré y después por el río Madeira en Brasil. Pero el recorrido tenía
veinte cascadas que impedían la navegación.
Entonces se pensó en una línea férrea para cubrir por tierra el trecho fluvial
problemático.
En 1869, el ingeniero
estadounidense George Earl Church obtuvo del gobierno boliviano la concesión
para crear una empresa que explorase las alternativas de navegación por los
ríos Mamoré y Madeira. Poco tiempo después, viendo las dificultades de este
proyecto decidieron construir un ferrocarril con una línea férrea en la zona de
las cascadas del río Madeira. A finales del siglo XIX, la extracción del caucho era abusiva y descontrolada.
Los trabajadores brasileños se adentraban cada vez más en la selva, generando
conflictos y luchas por cuestiones fronterizas, que llegaron a requerir la
presencia militar.
La República Brasileña recién
proclamada, sacaba el máximo provecho de las riquezas obtenidas con la venta
del caucho. La Cuestión del Acre,
era como se conocían los conflictos fronterizos por causa de la extracción del
caucho. Fue entonces cuando la intervención del diplomático barón de Río Branco y del
embajador Assis
Brasil, en parte financiados por los magnates del caucho,
culminó en la firma del Tratado de Petrópolis, en
noviembre de 1903 que puso fin a la contienda con Bolivia, garantizando el
control y posesión por parte de Brasil de las tierras y selvas del Acre.
Brasil obtuvo el dominio definitivo de la región,
dando a cambio tierras del estado de Mato
Grosso y el pago de dos millones de libras esterlinas, con el compromiso
de construir una línea férrea que superase el difícil trecho del río Madeira y que
permitiese el libre acceso del caucho y mercaderías bolivianas a los puertos
brasileños del Atlántico (inicialmente Belém do Pará, en la desembocadura del río Amazonas. La capital de Acre recibió
el nombre de Rio Branco y dos
municipios el nombre de los dos importantes personajes: Assis Brasil y Plácido de Castro.
El territorio peruano se extendía hasta el río Madeira en Brasil. Entre 1867 y
1909, todo el territorio del Acre pasó al Brasil sin librarse batallas. Los
presuntos derechos del Brasil sobre esa extensa zona se remontan a que, en
1867, el presidente boliviano Mariano Melgarejo había cedido
territorios peruanos a Brasil –como si fueran de Bolivia– y lo hizo nuevamente
en 1899 por el Tratado de Petrópolis, luego de una larga guerra fronteriza de casi
30 años. Brasil siempre quiso poseer por la fuerza dichas tierras. Pero el 25
de octubre de 1902, la guarnición peruana de Amuheya rechazó a un destacamento
brasileño que le exigía abandonar su puesto. En 1903, era imposible defender
militarmente la región, y la pérdida peruana se hizo efectiva por el Tratado
Velarde-Rio Branco de 1909.
La construcción de la línea férrea comenzó en 1907
durante el gobierno de Affonso Penna y se logró integrar
la región al mercado mundial mediante la comercialización del caucho. La línea
férrea Madeira-Mamoré fue construida bajo la gestión del empresario
estadounidense Percival Farquhar.
También conocida como el Ferrocarril del diablo (Ferrovia
do Diabo en portugués) pues durante su construcción cobró la vida de
cerca de seis mil trabajadores. El 30 de abril de 1912 fue inaugurado el último
trecho de la línea férrea y se registró la llegada del primer convoy a la ciudad de Guajará-Mirim, fundada ese mismo día.
El destino del ferrocarril construido con el propósito
de transportar el caucho en la región amazónica –por Bolivia y Brasil–, tuvo un
mal desenlace, pues la caída vertiginosa del precio del látex en el mercado mundial
volvió irrentable el comercio del caucho y coincidirían dos nuevas vías ferroviarias
( en Chile y en la Argentina),
y a la entrada en servicio del Canal de Panamá el 15 de agosto
de 1914. Estos hechos se sumaron a factores ambientales: la selva amazónica,
con su precipitación pluviométrica destruyó
trechos enteros de la vía, terraplenes y puentes,
tragándose, gran parte del proyecto y el funcionamiento del ferrocarril fue
deshabilitado parcialmente en la década de 1930 y totalmente en 1972, año en
que fue inaugurada la carretera Transamazónica de
364 km de longitud.
La fiebre del caucho convirtió las ciudades amazónicas en prósperos centros económicos y culturales. La ciudad brasilera de Manaos, localizada en el estado de Amazonas, era considerada en esta época la ciudad más desarrollada de Brasil y una de las más prósperas del mundo. Era la única ciudad de este país en poseer luz eléctrica y sistema de acueducto y alcantarillado. Manaos vivió su apogeo entre 1890 y 1920, gozando de tecnologías que otras ciudades del sur de Brasil no poseían. Ofrecía más de quince kilómetros de tranvía eléctrico, cuando Nueva York o Boston sólo ofrecía tranvías tirados por caballos. Las avenidas fueron construidas sobre pantanos desecados, se irguieron edificios imponentes y lujosos como el Teatro Amazonas, inaugurado el 6 de enero de 1897 con una representación de La Gioconda de Amilcare Ponchielli, interpretada por la Gran Compañía de Ópera Italiana, o el Palacio de Justicia, cuya construcción encargada por el gobernador Eduardo Ribeiro, costó dos millones de dólares.
Todo este apogeo fue posible gracias al alto
impuesto que se cobraba por la exportación del caucho. Estas condiciones
crearon un clima favorable para banqueros y comerciantes. La influencia europea
pudo entreverse en la ciudad de Manaos, sobre todo en su arquitectura y el estilo de vida,
haciendo del siglo XIX la
mejor fase económica vivida por la ciudad. En esta época, la región amazónica
era origen de casi el 40% de todas las exportaciones brasileras. Los nuevos
ricos de Manaos convirtieron esta ciudad en la capital mundial del comercio
de diamantes. Gracias al caucho, la renta per cápita de Manaos era
dos veces superior a la de la región productora de café (São Paulo, Río de Janeiro y Espírito Santo).
Con la exuberancia económica también arribaron los
peores excesos del capitalismo y la industrialización. La ostentación se
convirtió en una costumbre. “Los magnates del caucho prendían sus habanos con billetes de cien
dólares y aplacaban la sed de sus caballos con champaña helado en cubetas de
plata. Sus esposas, desdeñaban las aguas fangosas del Amazonas, y enviaban la
ropa sucia a Portugal para que la lavaran allá. Los banquetes se servían en
mesas de mármol de Carrara, y los huéspedes se sentaban en asientos de cedro importados
desde Inglaterra… Después de cenas que costaban a veces hasta cien mil dólares,
los hombres se retiraban a elegantes burdeles. Las prostitutas acudían en
tropel desde Moscú y Tánger, El Cairo, París, Budapest, Bagdad y Nueva York.
Existían tarifas fijas. Cuatrocientos dólares por vírgenes polacas de trece
años... Antes de iniciar su decadencia el lema de la ciudad era 'Vale
Quam Tem', o "vales lo que
tienes".
NOTA : Este artículo sobre el caucho
termina mañana jueves.
Maracaibo, miércoles 14 de enero del año 2026
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