jueves, 15 de enero de 2026

La fiebre del caucho (2)


Hay una importante fase que no hemos relatado y es crucial ya que ante el desproporcionado auge de las ciudades de Belem de Para y Manaos durante la primera fiebre del caucho, iniciada en la década de 1850, pero hay que entender que aquellos territorios amazónicos estaban habitados en su mayor parte por etnias indígenas. Algunas de las más explotadas fueron la Bora, UitotoAndoque y Ocaina, las cuales estaban en la frontera entre Colombia y Perú.

La llegada de colonizadores a estos territorios en busca del preciado caucho y la fundación de la Peruvian Amazon Rubber Company, con la que Julio César Arana acumuló una gran fortuna, causaron un choque cultural y maltrato hacia los nativos, lo cual desembocó en torturas, prostitución forzada, pedofilia, esclavitudmasacres y mutilaciones. Para el momento en que se reportaron estas atrocidades, tres cuartos de la población nativa del Putumayo ya habían desaparecido.

Algunos de los personajes directamente relacionados con estas prácticas de sevicia y crueldad gozan de una injusta inocencia frente a la historia. Julio César Arana y sus crueles capataces, entre los cuales resalta el monstruoso Miguel Loayza, los funcionarios de las multinacionales, las autoridades locales que no defendieron a los indígenas de su exterminio. Según cálculos del escritor Wade Davis, “por cada tonelada de caucho producida, asesinaban a diez indios y centenares quedaban marcados de por vida con los latigazos, heridas y amputaciones que se hicieron famosos en el noreste amazónico”.

Pero toda esta historia disparatada tiene que tener un merecido final. Cuando la línea férrea Madeira-Mamoré, fue concluida en 1912 era muy tarde: La Amazonia ya estaba perdiendo la primacía del monopolio de producción porque los árboles del caucho plantados por los ingleses en Malasia BritánicaCeilán y en el África subsahariana, con semillas extraídas ilegalmente de la propia Amazonia, pasaron a producir látex con mayor eficiencia y productividad. Consecuentemente, los menores costos de producción se reflejaron en el precio final, lo que les permitió asumir el control del comercio mundial del producto. El caucho proveniente de la Amazonia, pasó a tener un precio poco competitivo en el mercado mundial, reflejándose en el estancamiento de la economía regional. La falta de visión empresarial y gubernamental se vio reflejada en la ausencia de alternativas que posibilitaran el desarrollo regional, lo que causó el ocaso de las otrora prósperas ciudades amazónicas. La Malasia Británica, investigó técnicas de extracción y siembra de árboles de caucho, y fue la principal responsable por la pérdida del monopolio cauchero de la región amazónica.

Además del ferrocarril Madeira-Mamoré y las ciudades de Porto Velho y Guajará-Mirim que dejó como herencia este apogeo, la crisis económica por el final de la fiebre del caucho, dejó marcas profundas en toda la región amazónica: el desplome del ingreso en los estados (mayormente en Perú y Brasil), alto índice de desempleoéxodo rural y urbano, estancias y mansiones completamente abandonadas y principalmente, la total ausencia de esperanzas dentro de la población que decidió permanecer en la región.

Muchos de los trabajadores de las zonas caucheras, desprovistos de las ganancias de la extracción, se establecieron en la periferia de Manaos, IquitosLeticia y otras ciudades en busca de mejores condiciones de vida. Allí, por falta de un lugar para vivir, comenzaron a partir de 1920, la construcción de una "ciudad flotante", que se consolidaría en la década de 1960. El gobierno central de Brasil creó una institución con el objetivo de controlar la crisis, llamado Superintendencia de Defensa del Caucho, pero resultó ineficiente y no consiguió solucionarla, siendo liquidada no mucho tiempo después de su creación. En la década de 1930, Henry Ford, el pionero de la industria norteamericana de automóviles, emprendió la tarea de sembrar árboles del caucho en la Amazonia, con técnicas de cultivo y cuidados especiales, pero la iniciativa no tuvo éxito ya que la plantación fue atacada por una plaga que afectó las hojas de los árboles.

Una segunda fiebre del caucho se produjo entre 1942 y1945 y la Amazonia viviría otra vez el auge del caucho durante la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, no duró mucho tiempo. Debido a que las fuerzas japonesas lograron dominar militarmente el Pacífico Sur durante los primeros meses de 1942 e invadieron Malasia, el control de las zonas caucheras de Asia pasó a manos niponas, lo que dio como resultado la pérdida por parte de los países aliados del 97% de la producción de caucho asiático.

En el afán de solucionar el problema de desabastecimiento de caucho que estaban sufriendo las Fuerzas aliadas, el gobierno brasileño pactó un acuerdo con el gobierno estadounidense (Acuerdo de Washington), que desencadenó una operación a gran escala de extracción de látex en la Amazonia que fue conocida como la batalla del caucho. Como las zonas de extracción estaban abandonadas, contando con tan solo 35.000 trabajadores, el gran desafío de Getúlio Vargas, entonces presidente de Brasil, consistía en aumentar la producción anual de látex de 18.000 a 45.000 toneladas, como rezaba el acuerdo hecho con los norteamericanos. Para semejante tarea, serían necesarios unos 100.000 hombres. El alistamiento de quien tuviese interés en trabajar en las zonas de extracción en 1943 era hecho por el Servicio Especial de Movilización de Trabajadores hacia la Amazonia (SEMTA), con sede en la ciudad de Fortaleza, en el nordeste brasileño, creado por el entonces denominado Estado Novo. La elección del nordeste como sede se debió esencialmente como respuesta a una sequía devastadora en la región y a la crisis precedente que tuvieron que afrontar los campesinos de la zona.

Además del SEMTA, fueron creados por el gobierno con la intención de sostener la "batalla del caucho" la Superintendencia para el abastecimiento del Valle Amazónico (SAVA), el Servicio Especial de Salud Pública (SESP) y el Servicio de Navegación de la Amazonia y de la Administración del Puerto de Pará (SNAPP). También se creó una institución llamada Banco de Crédito del Caucho que sería transformado en 1950 en el Banco de Crédito de la Amazonia. El órgano internacional Rubber Development Corporation (RDC), financiado con capital de los industriales norteamericanos, costeaba los gastos de desplazamiento de los migrantes (conocidos en esa época como los brabos). El gobierno de los Estados Unidos pagaba al gobierno brasileño cien dólares por cada trabajador llegado al Amazonas. Millares de trabajadores de varias regiones de Brasil atendieron el llamado del presidente y se lanzaron a la arriesgada aventura de extraer el precioso látex. Tan solo de la región nordeste se desplazaron a la Amazonia 54.000 trabajadores, siendo la mayoría del estado de Ceará. Por esta razón, los nordestinos recibieron el apodo de soldados del caucho. Nuevamente, la región experimentó la sensación de riqueza y pujanza. El dinero volvió a circular en Manaos, Belém, y en ciudades y poblados vecinos, fortaleciéndose la economía regional.

Cada trabajador firmaba un contrato con el SEMTA que ofrecía un pequeño salario durante el viaje hasta la Amazonia. Después de la llegada, recibirían una remuneración de 60 % de toda la ganancia que fuese obtenida con el caucho. El equipamiento que recibía cada trabajador, al firmar el contrato, consistía en: un pantalón de mezclilla azul, una camisa blanca de calicó, un sombrero de paja, un par de alpargatas de crin de caballo, una caneca, un plato, unos cubiertos, una hamaca, un cartón de cigarrillos Colomy y una mochila. Después de ser reclutados, los trabajadores eran alojados en un edificio construido para este fin, bajo rígida vigilancia militar, para después ser embarcados con destino al Amazonas en un viaje que llegaba a durar entre dos y tres meses.

Para muchos de los trabajadores provenientes del nordeste y otras regiones de Brasil, esta aventura significó un camino sin regreso. Cerca de 30.000 trabajadores del caucho murieron abandonados en la Amazonia, después de haber agotado todas sus fuerzas extrayendo el oro blanco. Murieron de malariafiebre amarillahepatitis y atacados por animales como jaguares, serpientes y escorpiones.

 El gobierno brasileño incumplió su promesa de transportar a “los soldados del caucho” de vuelta a sus lugares de origen al final de la guerra; se calcula que consiguieron regresar (por sus propios medios) tan sólo 6.000 hombres. Los trabajadores sobrevivientes de esta batalla, son reconocidos como héroes nacionales en todo Brasil, de la misma manera que las fuerzas brasileñas que participaron en la Segunda Guerra Mundial.

Hasta aquí la historia de “la fiebre del caucho”

Maracaibo, jueves 15 de enero del 2026

miércoles, 14 de enero de 2026

La fiebre del caucho (1)


El descubrimiento de la vulcanización y de la cámara neumática en la década de 1850 dio lugar a una "fiebre extractiva del caucho". La fiebre del caucho es la denominación de una parte importante de la historia económica y social de varios países, Brasil, Perú, Colombia, Bolivia,  Ecuador y Venezuela con territorios amazónicos. Este hecho se relacionó con la extracción y comercialización del caucho, dándole gran impulso a ciudades amazónicas como Iquitos en el Perú y en especial las ciudades brasileñas de Belém y Manaos. La fiebre del caucho se dio entre 1879 y 1912, con un renacimiento ulterior entre los años 1942 y 1945.

Después del descubrimiento de América, la Amazonia brasileña se mantuvo en un estado de aislamiento durante cuatro siglos y medio. Desde el inicio de la segunda mitad del siglo XIX, la actividad extractora del látex en la Amazonia se transformó en una actividad lucrativa ya que el caucho natural comenzó a utilizarse en las industrias de Europa y Norteamérica. Su producción incremento el precio y desencadenó la llegada de extranjeros a Brasil. El famoso árbol del caucho y los métodos para la extracción del mismo se transformó en un nuevo negocio y se desarrollaron las ciudades de Manaos, Belém y otras poblaciones brasileñas.

La idea de construir un ferrocarril en las márgenes de los ríos Madeira y Mamoré surgió en Bolivia en el año de 1846. Este país no tenía vías para sacar la producción de caucho y para exportar el caucho a través del océano Atlántico inicialmente se pensó en la navegación fluvial, por el río Mamoré y después por el río Madeira en Brasil. Pero el recorrido tenía veinte cascadas que impedían la navegación. Entonces se pensó en una línea férrea para cubrir por tierra el trecho fluvial problemático.

En 1869, el ingeniero estadounidense George Earl Church obtuvo del gobierno boliviano la concesión para crear una empresa que explorase las alternativas de navegación por los ríos Mamoré y Madeira. Poco tiempo después, viendo las dificultades de este proyecto decidieron construir un ferrocarril con una línea férrea en la zona de las cascadas del río Madeira. A finales del siglo XIX, la extracción del caucho era abusiva y descontrolada. Los trabajadores brasileños se adentraban cada vez más en la selva, generando conflictos y luchas por cuestiones fronterizas, que llegaron a requerir la presencia militar.

La República Brasileña recién proclamada, sacaba el máximo provecho de las riquezas obtenidas con la venta del caucho. La Cuestión del Acre, era como se conocían los conflictos fronterizos por causa de la extracción del caucho. Fue entonces cuando la intervención del diplomático barón de Río Branco y del embajador Assis Brasil, en parte financiados por los magnates del caucho, culminó en la firma del Tratado de Petrópolis, en noviembre de 1903 que puso fin a la contienda con Bolivia, garantizando el control y posesión por parte de Brasil de las tierras y selvas del Acre.

Brasil obtuvo el dominio definitivo de la región, dando a cambio tierras del estado de Mato Grosso y el pago de dos millones de libras esterlinas, con el compromiso de construir una línea férrea que superase el difícil trecho del río Madeira y que permitiese el libre acceso del caucho y mercaderías bolivianas a los puertos brasileños del Atlántico (inicialmente Belém do Pará, en la desembocadura del río Amazonas. La capital de Acre recibió el nombre de Rio Branco y dos municipios el nombre de los dos importantes personajes: Assis Brasil y Plácido de Castro.

El territorio peruano se extendía hasta el río Madeira en Brasil. Entre 1867 y 1909, todo el territorio del Acre pasó al Brasil sin librarse batallas. Los presuntos derechos del Brasil sobre esa extensa zona se remontan a que, en 1867, el presidente boliviano Mariano Melgarejo había cedido territorios peruanos a Brasil –como si fueran de Bolivia– y lo hizo nuevamente en 1899 por el Tratado de Petrópolis, luego de una larga guerra fronteriza de casi 30 años. Brasil siempre quiso poseer por la fuerza dichas tierras. Pero el 25 de octubre de 1902, la guarnición peruana de Amuheya rechazó a un destacamento brasileño que le exigía abandonar su puesto. En 1903, era imposible defender militarmente la región, y la pérdida peruana se hizo efectiva por el Tratado Velarde-Rio Branco de 1909.

La construcción de la línea férrea comenzó en 1907 durante el gobierno de Affonso Penna y se logró integrar la región al mercado mundial mediante la comercialización del caucho. La línea férrea Madeira-Mamoré fue construida bajo la gestión del empresario estadounidense Percival Farquhar. También conocida como el Ferrocarril del diablo (Ferrovia do Diabo en portugués) pues durante su construcción cobró la vida de cerca de seis mil trabajadores. El 30 de abril de 1912 fue inaugurado el último trecho de la línea férrea y se registró la llegada del primer convoy a la ciudad de Guajará-Mirim, fundada ese mismo día. 

El destino del ferrocarril construido con el propósito de transportar el caucho en la región amazónica –por Bolivia y Brasil–, tuvo un mal desenlace, pues la caída vertiginosa del precio del látex en el mercado mundial volvió irrentable el comercio del caucho y coincidirían dos nuevas vías ferroviarias ( en Chile y en la Argentina), y a la entrada en servicio del Canal de Panamá el 15 de agosto de 1914. Estos hechos se sumaron a factores ambientales: la selva amazónica, con su precipitación pluviométrica  destruyó trechos enteros de la vía, terraplenes y puentes, tragándose, gran parte del proyecto y el funcionamiento del ferrocarril fue deshabilitado parcialmente en la década de 1930 y totalmente en 1972, año en que fue inaugurada la carretera Transamazónica de 364 km de longitud.

La fiebre del caucho convirtió las ciudades amazónicas en prósperos centros económicos y culturales. La ciudad brasilera de Manaos, localizada en el estado de Amazonas, era considerada en esta época la ciudad más desarrollada de Brasil y una de las más prósperas del mundo. Era la única ciudad de este país en poseer luz eléctrica y sistema de acueducto y alcantarillado. Manaos vivió su apogeo entre 1890 y 1920, gozando de tecnologías que otras ciudades del sur de Brasil no poseían. Ofrecía más de quince kilómetros de tranvía eléctrico, cuando Nueva York o Boston sólo ofrecía tranvías tirados por caballos. Las avenidas fueron construidas sobre pantanos desecados, se irguieron edificios imponentes y lujosos como el Teatro Amazonas, inaugurado el 6 de enero de 1897 con una representación de La Gioconda de Amilcare Ponchielli, interpretada por la Gran Compañía de Ópera Italiana, o el Palacio de Justicia, cuya construcción encargada por el gobernador Eduardo Ribeiro, costó dos millones de dólares.

Todo este apogeo fue posible gracias al alto impuesto que se cobraba por la exportación del caucho. Estas condiciones crearon un clima favorable para banqueros y comerciantes. La influencia europea pudo entreverse en la ciudad de Manaos, sobre todo en su arquitectura y el estilo de vida, haciendo del siglo XIX la mejor fase económica vivida por la ciudad. En esta época, la región amazónica era origen de casi el 40% de todas las exportaciones brasileras. Los nuevos ricos de Manaos convirtieron esta ciudad en la capital mundial del comercio de diamantes. Gracias al caucho, la renta per cápita de Manaos era dos veces superior a la de la región productora de café (São PauloRío de Janeiro y Espírito Santo).

Con la exuberancia económica también arribaron los peores excesos del capitalismo y la industrialización. La ostentación se convirtió en una costumbre. “Los magnates del caucho prendían sus habanos con billetes de cien dólares y aplacaban la sed de sus caballos con champaña helado en cubetas de plata. Sus esposas, desdeñaban las aguas fangosas del Amazonas, y enviaban la ropa sucia a Portugal para que la lavaran allá. Los banquetes se servían en mesas de mármol de Carrara, y los huéspedes se sentaban en asientos de cedro importados desde Inglaterra… Después de cenas que costaban a veces hasta cien mil dólares, los hombres se retiraban a elegantes burdeles. Las prostitutas acudían en tropel desde Moscú y Tánger, El Cairo, París, Budapest, Bagdad y Nueva York. Existían tarifas fijas. Cuatrocientos dólares por vírgenes polacas de trece años... Antes de iniciar su decadencia el lema de la ciudad era 'Vale Quam Tem', o "vales lo que tienes".

NOTA : Este artículo sobre el caucho termina mañana jueves.

Maracaibo, miércoles 14 de enero del año 2026

martes, 13 de enero de 2026

ADN tridimensional


Marcela Sandoval Velasco y col publicaron en Cell (Vol 187. No 14 . 3541-3562) del 11 de junio 2025) un artículo sobre poder ver cómo es que la arquitectura tridimensional del genoma que persistía en una muestra de piel de mamut lanudo de 52.000 años de antigüedad. El estudio del ADN antiguo había comenzado con la secuenciación de fragmentos mitocondriales de muestras históricas y posteriormente ha experimentado una notable expansión.

Los análisis paleogenómicos actuales implican la secuenciación de ADN de genomas completos (ADNa-Seq) de una plétora de humanos extintos y arcaicos (Green et al., Rasmussen et al ), en animales (Miller et al.,// Orlando et al. ), en plantas (Martin et al., Ramos-Madrigal et al. ) y en patógenos (Bos et al., Smith et al. ) todos estos estudios con publicaciones de muchos investigadores abarcan más de un millón de años.

Sin embargo, dada la naturaleza fragmentaria de las moléculas típicas de ADNa, dichos análisis se basan invariablemente en el mapeo de lecturas cortas a un genoma de referencia moderno. Esto permite la identificación de polimorfismos de un solo nucleótido y pequeñas indeles para análisis filogenómicos y poblacionales, así como la identificación de variantes con consecuencias funcionales. Sin embargo, estos métodos pasan por alto diferencias a mayor escala, como los reordenamientos cromosómicos y las únicas diferencias a gran escala que se pueden identificar son los casos en los que una secuencia moderna está ausente en el genoma antiguo.

Hay que entender que una célula alberga un universo propio, donde el ADN humano se enrolla y se pliega, lo que crea una arquitectura sorprendente e invisible. El hallazgo, publicado recientemente por la revista Nature, según los autores abre la puerta a nuevas maneras de entender el origen y desarrollo de enfermedades genéticas. Localizar y seguir cada gen en este mapa abre el camino a futuros diagnósticos y terapias, ya que el modo en que el ADN se organiza afecta directamente todo el funcionamiento celular.

Los estudios de ADNa también han explorado las diferencias epigenéticas mediante la recuperación de citosinas metiladas de plantillas antiguas o a través de patrones de desintegración del ADN, que pueden indicar la posición de los nucleosomas. Sin embargo, no existen datos epigenéticos de todo el genoma para muchas especies antiguas de interés, como el mamut lanudo († Mammuthus primigenius ). Aquí, también, la corta longitud del ADNa dificulta ubicar las características epigenéticas en su contexto genómico. La Hi-C (High-throughput Chromosome Conformation Capture) podría ser imposible en muestras antiguas, porque los fragmentos de ADNa sobrevivientes son tan cortos que pueden difundirse a través del espacio, borrando gradualmente la morfología cromosómica antigua.

En la investigación descrita en Nature participaron Job Dekker, el equipo del Proyecto Nucleoma 4D y varias instituciones científicas de Estados Unidos. Descifrar cómo se acomoda el genoma humano dentro de la célula es uno de los grandes retos de la ciencia. El ADN no es una hebra recta, se ordena enroscado sobre histonas, formando la cromatina y creando vínculos y lazos.

Durante mucho tiempo, los expertos quisieron entender cómo esa morfología física define si un gen se enciende o apaga. El gran objetivo fue construir la imagen más fiel de la disposición interna de los genes. El núcleo celular es minúsculo y ordenado, con cada fragmento de ADN en lugar específico. Los científicos lo nombran nucleoma 4D al sumar la variable del tiempo, porque la configuración varía según la etapa de la vida celular. El nuevo estudio buscó descubrir si la ubicación y el contacto entre genes influyen de verdad en las funciones y comportamientos celulares.

Diseñaron una base de datos robusta que muestra conexiones y ubicaciones exactas de cromosomas en el núcleo, al recurrir a técnicas específicas de captura cromosómica. La investigación se centró en células madre embrionarias y en fibroblastos, ambos tipos centrales para la biología humana. Se identificaron más de 140.000 lazos de cromatina por tipo celular, lo que permitió reconstruir con precisión el patrón de plegado del ADN. El trabajo combinó diferentes métodos y validó sus resultados. “La integración de conjuntos de datos de los diferentes métodos permitió a los autores comparar cada método y evaluar su utilidad”, señalaron los investigadores.

El equipo pudo desarrollar mapas espaciales que muestran procesos genéticos como la transcripción y la replicación en un contexto 3D dentro de la cromatina. La mezcla de técnicas dio sentido tanto a la estructura como a la dinámica de cada cromosoma. El estudio destacó la importancia de validar pruebas y cotejarlas con información previa.

Los investigadores consideraron que los resultados facilitarán nuevas rutas para la investigación biológica y médica. “Este recurso proporciona una base para una comprensión mejorada de cómo la organización física del ADN humano se asocia con la expresión biológica”.  Por ahora, este mapa sienta las bases para que los biólogos estudien el papel de los cromosomas humanos en la salud y los trastornos del organismo.

Maracaibo, martes 13 de enero del año 2026

lunes, 12 de enero de 2026

Agua por todas partes

El 20 de diciembre del año pasado 2025, en este blog (lapesteloca) escribí sobre Leonardo Padura (La Habana, 1955), el escritor cubano residente en La Habana, en un artículo (https://surl.li/ntczvp) que parecía interrogar si acaso era que… ¿Todos mienten? No obstante, comenzaba recordando el interés personal por la figura de León Trotski del autor de la brillante novela El hombre que amaba a los perros en varias ocasiones ya comentada en este blog.

El año 2025, a unas horas de recibir el doctorado Honoris Causa de la Universidad de Guadalajara, y en el marco de la 39 Feria Internacional del Libro de Guadalajara, Padura presentaba su reciente novela Morir en la arena, y afirmaba que: … “En este marasmo de estados de la verdad, al menos una cosa parece ser cierta: la ignorancia programada es hoy una realidad política suprasistémica y universal, y cada vez nos resulta más difícil saber dónde encontrar la verdad. Y decidir si alguien nos miente. ¿O es que todos mienten? Pregunta a la que respondía yo mismo, diciendo en maracucho con su acento vernáculo que no faltaría quien sonriendo le respondiese al Padura de la Habana… “Serán argunos

Pero resulta que hoy, poco antes de haber transcurrido un mes desde el año pasado, he tenido noticias sobre la obra “Agua por todas partes” de Leonardo Padura, que recién ha sido editada por TusQuets Eds, la cual no es un ensayo, ni una autobiografía, ni un manual de literatura, ni una novela formal, aunque se disfrace de todos estos tópicos a cada rato, simulando ser más bien una declaración de estado, como si Padura dijera: “esto es lo que soy cuando ya no necesito convencer a nadie”.

Desde el inicio del tema húmedo, queda claro que Padura no escribe para explicar lo que es él, ni lo que es Cuba. Sin decirlo, él explica su tozuda decisión de seguir siendo “el escritor en La Habana”. Leonardo Padura escribe para permanecer, que es la palabra que lo atraviesa todo, aunque no aparezca escrita. Permanecer en la isla, en La Habana, en la ciudad, el barrio, la casa, permanecer en la lengua, en la memoria. Permanecer cuando quedarse duele más que irse. Existe una frase de Virgilio Piñera que no funciona aquí como cita literaria, sino como un diagnóstico existencial. El agua no es solo geografía, el agua es límite, es cerca que lo rodea, es espejo que lo refleja, amenaza desde siempre, pero es tentación y excusa. El agua es lo que te circunda cuando no hay otros caminos posibles. El Malecón es una frontera mental.

Virgilio Piñera (1912-1979) como lo hizo también Reynaldo Arenas (1943-1990) quiso revisar y corregir su obra literaria, ambos le hicieron cambios para cumplir con los estrictos criterios exigidos, pero nunca lograron convencer a los editores para publicarla. “Se le aconsejó” a Arenas quitar lo erótico y lo homosexual de la novela para que se pudiese publicar a lo que él este se negó rotundamente, es aquellos inicios de la revolución la escritura era el único tipo de libertad que tenía en la isla.

Padura no hace un drama ni un romance con el tema de su encierro, pero tampoco glorifica la huida. Lo suyo es más incómodo aun, es asumir algo que parece una absurda contradicción sin resolverlo. Es estar dentro y duele mucho, tanto como estar afuera que también dolería. No hay una síntesis limpia. Solo hay lealtades, aunque ellas se paguen caro. Como lector, lo que más impresiona es el tono del “agua por todas partes” pues no hay grandilocuencia ni victimismo y lo que hallamos es una sobriedad cansada, una lucidez que ya pasó por la rabia y decidió quedarse en la intemperie. Cuando describe a, La Habana, el reguetón, el deterioro, la economía absurda, no lo hace como cronista ni como juez moral, sino como alguien que no puede desentenderse porque está implicado en el todo del asunto hasta los huesos.

La ciudad aparece como un organismo que se desdobla:  es la Habana postal y la Habana real; la Habana que se vende y la que sobrevive; la Habana que se ilumina para otros y la que se apaga para los suyos. Y en medio de todas estas contradicciones se encuentra Padura, el escritor, que no se concede el privilegio de la distancia. Escribir desde dentro puede ser que contamine, pero también que muestre la verdad.

Hay una idea que atraviesa todo el libro como una corriente subterránea: el escritor no pertenece a un país, pertenece la Habana, a una ciudad, y más aún, a un barrio, a una casa, a una memoria concreta. La literatura no nace del mapa político, sino del territorio afectivo y Leonardo Padura se coloca en una posición incómoda para todos: no es un disidente épico, ni una voz oficial; no es un exiliado ni un propagandista. Es algo mucho más difícil de tolerar: es alguien que se queda y piensa y en ciertos contextos, pensar es más subversivo que gritar. No se habla solo de Cuba. Se habla de cualquier lugar donde la pertenencia se vuelve carga, donde amar un sitio implica aceptar su desgaste, su ruido, su fealdad, su fracaso parcial.

El escritor no esquiva el ámbito personal y nos muestra la parte más íntima de su trabajo, la mesa donde cobran vida sus personajes y sus tramas que luego pasan a formar parte de celebradas novelas. Nos describe con un brillante relato el cómo se transforma en material narrativo lo que empieza siendo una tenue luz en la mente del escritor. El propio autor nos revelará que: “entre una obsesión abstracta, casi filosófica y el complicado proceso de escribir una novela, existe un trecho largo, lleno de obstáculos y retos”. Padura lleva gentilmente y de la mano al lector, mientras él mismo se encarga de iluminar ese complicado camino hasta dejarlo a las puertas de la novela.

Padura, le permite al lector curiosear por todo aquello que rodea y conforma su escritura y este como otros libros de Leonardo Padura están hechos de historia, y de literatura. La nueva obra de Padura, el narrador de La Habana, es una celebración al humo de un cigarro cubano, a la emoción del béisbol y a la música. En suma, es un homenaje al género de la novela, del que el escritor se siente deudor y promotor de este invento cultural que lleva siglos siendo una herramienta de transformación de la sociedad y un reflejo de ella.

"Yo quisiera ser Paul Auster" es uno de los textos que componen "Agua por todas partes", donde el narrador cubano dice lamentarse de que en las entrevistas a las que se somete le consulten mucho más sobre la realidad de su país que sobre sus libros, o que se imaginen que él es un "astrólogo, un pitoniso y hasta un babalao", y le exigen fechas precisas sobre los hechos que cambiarán el futuro de sus compatriotas. La pregunta en sus encuentros con periodistas es siempre una explicación para entender por qué ha elegido quedarse en Cuba, en vez de hacer su carrera de escritor en más favorables para la elaboración y difusión de su trabajo.

La intención de responder esas preguntas con honestidad ha animado a Padura a escribir las piezas que integran este volumen, donde el amor por su país, su literatura y su historia personal se despliegan sin por ello dejar de señalar los problemas de una nación donde la normalidad se ha convertido en poco menos que un milagro. El testimonio de Padura, quien es uno de los integrantes de una nueva camada de escribidores de oficio quienes llenan de páginas y páginas dedicados a contar desde sus inicios como escritor entre sus propias dudas personales y las inevitables restricciones ideológicas para ofrecer al mundo una contribución valiosa acerca de la muy poco conocida etapa por la que ha transitado la literatura cubana.

El relato de Padura sobre el aprendizaje de un escritor en los años de la caída de la Unión Soviética, y durante el terrible Período Especial es real, es real y muy sufrido donde siempre ha permanecido latente la esperanza de estabilidad en la isla-país. Así lo ha confesado el autor de El hombre que amaba a los perros y ahora de Agua por todas partes una obra heredera de la maravilla que sentía Piñera por vivir en un pequeño lugar del mundo que es más grande de lo que parece para cada uno de los cubanos que así lo sienten.

Maracaibo, el lunes 12 de enero del año 2026

domingo, 11 de enero de 2026

El ME y la patología tumoral (2)

 

En 1981, un par de trabajos con el ME marcarían un hito de relevancia; uno de ellos el estudio experimental en bovinos sobre la ultraestructura del tejido nervioso de la médula espinal de animales afectados por rabia paralítica, señalando detalles sobre la alteraciones de las neuronas ante la acción del virus de la rabia ; el otro trabajo, menos experimental demostraría con el ME de Transmisión y el ME de Barrido el poder de penetración de las pseudohifas de Candida Sp y la división intracelular de las esporas en las células del epitelio vaginal.

 

Durante los años 1982 a 1984 publicamos varios trabajos sobre la ultraestructura de 15 timomas y de los tumores malignos de células redondas, el tumor odontogénico epitelial calcificado, el tumor de células gigante maligno de los tejidos blandos, y las pápulas perladas del pene. Entre 1983 y 1989 publicamos nuevamente trabajos sobre el VPH y sus efectos en la neoplasia epitelial vulvar , se revisó nuevamente la ultraestructura del VPH y el cáncer ginecológico y describimos ciertos cambios ultraestructurales en las células descamadas durante la infección con el VPH. El año, 1986 publicaríamos un trabajo experimental importante sobre el efecto del virus de la EEV utilizando la cepa TC83, menos virulenta que la Guajira por ser la usada para la vacuna.


En los años antes descritos, nuestros estudios experimentales sobre aspectos de la respuesta inmune y la ultraestructura del sistema nervioso central (SNC) en el fenómeno encefalítico experimental inducido por el virus de la EEV. Con el apoyo del Departamento de Virología de IVIC logramos que ratas sobrevivieran a la inoculación con la letal cepa Guajira y describimos un modelo experimental para mostrar el daño intrauterino provocado por este virus. Con Esparza y Carreño, en 1979 mostramos la ultraestructura del SNC en las ratas sobrevivientes. El modelo experimental propuesto para investigar el daño intrauterino, fue aceptado y publicado en el Boletín de Patología Comparada del Instituto de Patología de las Fuerzas Armadas de EUA. En1981 informaríamos sobre las lesiones tempranas de fetos y placentas en las ratas Sprague Dawly utilizando el ME y también la inmunohistoquímica. Igualmente examinamos la reactivación de la toxoplasmosis cerebral en ratas y publicamos estudios con el ME en casos de amibiasis cerebral y de encefalitis granulomatosa amibiana.

 

Tercera etapa. En 1988 y 1989 se publicarían dos importantes trabajos sobre tumores cuya morfología no estaba clara y en los que la ultraestructura ayudaría a dilucidar su origen; la fasciitis pseudosarcomatosa una lesión de miofibroblastos y el hemangioendotelioma epitelioide, una lesión descrita por Sharon Weiss y Enzinger que simulaba ser una neoplasia epitelial. Estábamos ya viviendo la pandemia del SIDA y comenzaríamos a publicar nuestra experiencia con la ayuda del ME en las autopsias y las biopsias de estos enfermos; inicialmente sobre 50 autopsias y luego señalamos la importancia de la inmunohistoquímica estaba aportando en los estudios ultraestructurales, para describir casos de Herpes, y cuando ya teníamos 404 autopsias de SIDA examinadas sobre las infecciones micóticas oportunistas y sobre 69 biopsias hepáticas y la patología pulmonar en el SIDA.

 

En 1962 se publicó un estudio clínico, histológico y ultraestructural sobre la anemia drepanocitica y las lesiones hepáticas en esta patología, y 34 casos de tumores pediátricos epiteliales y mesenquimáticos, e igualmente se examinaron 17 casos de rabdomiosarcomas examinados con el ME. Tras reportar un nuevo caso de encefalitis granulomatosa amibiana en una revista alemana publicaríamos un estudio sobre el aporte del ME en las biopsias endomiocárdicas en particular en la cardiomiopatía dilatada y posteriormente en 1997 sobre la ultraestructura pulmonar en la proteinosis alveolar. Finalmente tuvimos la oportunidad de examinar con el ME muestras de cultivos celulares de humanos infectados con el virus de la EEV en otra epidemia de encefalitis acaecida en el Zulia en 1995.

 

En realidad, sucedió que los costos de los estudios con el ME habían elevado considerablemente, y la inmunohistoquímica había llegado para resolver casi todos los problemas de diagnóstico para los cuales antes dependíamos del ME. En 1997 me tocó en lo personal tener que sepárame de mi trabajo en la Sección de microscopía electrónica del IAP de la Facultad de Medicina en la UCV. Me hubiese gustado que las numerosas personas que trabajaron en estas lides y se involucraron en los estudios ultraestructurales de nuestra patología pudiesen ser coautoras de este trabajo, ellas estarán presentes en las referencias bibliográficas. Guardaré siempre un recuerdo muy especial para el personal técnico y para los entusiastas médicos residentes que durante sus años de preparación para hacerse patólogos intervinieron en tantos casos, aprendiendo y enseñándonos a todos. Sin embargo, sin que por ser los últimos dejen de ser importantes, debo terminar de referirme a otras publicaciones que seguirían naciendo del estudio ultraestructural de los tumores, ya acompañados usualmente de la correlación inmunohistológica.


De esta manera, ese mismo año 1997 publicamos un detallado trabajo con el título de: Aplicación de la Microscopía Electrónica de Transmisión y la inmunohistoquímica al diagnóstico de los tumores malignos, para así iniciar una serie de publicaciones sobre tumores con los resultados del estudio ultraestructural e inmunohistoquímico, sobre el tumor murino transplantable, el fibrosarcoma congénito, Glioblastoma Multiforme congénito, el tumor de Askin, la Nesidioblastosis , el estudio ultraestructural del Pneumocistis carinii y de la aplicación del ME al estudio de la patología microbiológica  del SIDA. En el año 2001 David Mota y colaboradores publicarían sobre la ultraestructura e inmunohistoquímica del carcinoma medular de tiroides.

 

Para concluir, debo señalar que en la Revista Vitae Academia Biomédica Digital, de la Facultad de Medicina, de la Universidad Central de Venezuela pudimos seguir publicando una larga serie de trabajos sobre la inmunohistoquímica (IHQ) de los tumores. Estas publicaciones no corresponden a trabajos directamente hechos con el ME, exceptuando uno de ellos, el de José Rafael Tovar, Eduardo Caleiras y mi persona sobre la ultraestructura del virus del Dengue en humanos, utilizando el ME. Sin embargo, algunas de las publicaciones en VITAE Academia Biomédica Digital, pueden servir de ayuda al examinar el diagnóstico diferencial de los tumores bajo los criterios que ofrece la IHQ, ya que para corroborar los diagnósticos, habríamos en cada caso, de aplicar cuanto habíamos aprendido sobre la ultraestructura de las neoplasias.

 

Nota: Este trabajo llevaria un centenar de referencias bibliográficas, que certificaran todas las investigaciones mencionadas, las que han sido obviadas para poder mostrarlo como parte del blog lapesteloca.

 

En Maracaibo, el domingo 11 de enero del año 2026