Aquí vamos a hablar sobre la desconocida “menopausia'de las plantas”, pero
primero, vayamos a las flores… El espectáculo de las flores, como vistosos (y olorosos) órganos son en el mundo
vegetal, algo relativamente reciente. Se piensa que
las plantas surgieron hace unos 470
millones de años, y que no fue hasta 330
millones de años después (hace “la
pelusa” de unos 140 millones de años) cuando algunas especies vegetales empezaron
a florecer. Pero, si no tenían ni color ni olor… ¿Cómo eran capaces de atraer a
los insectos para reproducirse? ¡Ah! Esta es una interesante pregunta. Un
estudio de la Universidad de Harvard del equipo liderado por Wendy
Valencia-Montoya ha sido publicado en 'Science' dice tener la
respuesta y ella dicen que es sencilla y concreta: todo sucede a través del calor.
Los investigadores se fijaron en las cícadas, que son una suerte de 'fósiles vivientes', ya que el de las
cícadas, es uno de los linajes vivos más antiguos de plantas con semillas. Así, los investigadores se percataron de que
estas especies, que tienen troncos robustos y coronas de hojas similares a
plumas (tanto que se parecen a las palmeras y los helechos, aunque no están
relacionadas con ellos), calientan sus
órganos reproductivos para atraer a los escarabajos polinizadores. Algunas
especies de escarabajos
seducidos por el calor de plantas milenarias aumentan la temperatura de
sus órganos reproductivos para atraer a los insectos y lograr así que
polinizaran otras plantas… Esto es una especie de un “doble-play” beisbolero…
Pero esta 'relación' no es
unidireccional: esos insectos también poseen sensores infrarrojos para detectar las señales. «Esto
básicamente añade una nueva dimensión a la información que las plantas y los
animales utilizan para comunicarse, una información que desconocíamos»,
afirma Valencia-Montoya. «Conocíamos el olor y el color, pero
desconocíamos que la
luz infrarroja pudiera actuar como señal de polinización». De hecho, el calor podría ser uno
de los modos de comunicación más antiguos entre animales y plantas, e incluso
anterior a los dinosaurios, existían algunos animales que ya se alimentaban de las cícadas. «Mucho antes de los pétalos y el
perfume -señala Valencia-Montoya-, las plantas y los escarabajos se
relacionaban entre sí al sentir el calor».
En una relación de polinización de empuje y atracción, las cícadas utilizan una combinación de señales, como calor, olor y humedad, para atraer a los escarabajos y alimentarse del polen de los conos masculinos. Llegado a cierto punto, estas señales se vuelven tan abrumadoras que los escarabajos son expulsados de las plantas masculinas hacia los conos femeninos ovulatorios. «Es como cuando un hombre se aplica colonia para una cita», explicó Naomi Pierce, profesora de Biología en Harvard y coautora del estudio: «Un poco es agradable, pero demasiado es repulsivo». Al moverse entre plantas, los escarabajos transmiten el polen masculino y fertilizan las semillas de las plantas femeninas.
Valencia-Montoya y sus colegas
tomaron imágenes térmicas y descubrieron que la producción de calor de las
cícadas se concentraba en los conos.
Las partes que albergan los órganos reproductivos, las esporofilas, contenían altas concentraciones de mitocondrias
productoras de energía. La Zamia furfuracea podía calentar sus
conos hasta 7 °C por encima de la temperatura ambiente, pero otras cícadas
podían alcanzar temperaturas aún mayores. Los investigadores examinaron 17
especies de cícadas y descubrieron que todas seguían un patrón circadiano al
final del día: primero los conos masculinos se calentaban y luego se enfriaban
y aproximadamente tres horas más tarde, los conos femeninos comenzaban a
calentarse.
A continuación, Valencia-Montoya y sus colegas rastrearon los movimientos de los escarabajos polinizadores marcándolos con tintes fluorescentes ultravioleta y observándolos de noche mientras se desplazaban entre las plantas en un campo abierto. Los escarabajos se sintieron atraídos por las partes más cálidas de los conos: primero los machos, y luego las hembras. «Esta fue una de las primeras pruebas contundentes de que esto probablemente está relacionado con la polinización», dice Nicholas Bellono, porfesor de Biología Molecular y Celular de Harvard y otro de los autores del estudio. «Las plantas macho y hembra se calentaban de forma controlada circadiana, y pudimos observar que esto se sincroniza con el movimiento del escarabajo».
En los insectos, los principales
órganos sensoriales son las sensilas,
las estructuras similares a pelos en la antena. Usando técnicas como la
microscopía electrónica, la electrofisiología y la transcripción de genes
expresados en las células, los investigadores descubrieron que las puntas de las antenas de los escarabajos
poseen órganos termosensibles especializados, repletos de neuronas
termosensibles. Un sensor molecular clave fue la proteína TRPA1, que también utilizan las serpientes y los
mosquitos para detectar presas de sangre caliente. Estos órganos se calibraron
según la temperatura de calentamiento específica de la cícada. Los investigadores examinaron otra especie de escarabajo
y descubrieron que también tenía un rango sensorial ajustado a la temperatura
de calentamiento específica de su propia cícada huésped.
Hasta ahora, se creía que la
polinización mediante insectos se debía principalmente al olor. El nuevo estudio sugiere que el calor fue probablemente también otro tipo de mecanismo
muy extendido entre las plantas, y que evolucionó cerca de los orígenes de las cícadas hace unos 275 millones de años, siendo la señal
de polinización más antigua conocida. Las
plantas productoras de calor suelen provenir de linajes antiguos (las
cícadas representan aproximadamente la mitad de ellas). En el gran esquema de
la evolución vegetal, la importancia del calor disminuyó y el color aumentó.
Con el tiempo, las cícadas de colores apagados fueron desplazadas por la
radiación explosiva de las plantas con flores de colores vibrantes, y sus
polinizadores, como las abejas y las mariposas, desarrollaron sentidos visuales
más agudos (la mayoría de los escarabajos
solo tienen visión dicromática y una percepción cromática deficiente, mientras
que las abejas tienen visión tricromática y las mariposas, visión
tetracromática).
Hoy en día las
cícadas se encuentran principalmente en relictos en el Hemisferio Sur, y
muchas de sus especies están en peligro o en vía de extinción, consisten en
unas 185 especies y 9 géneros. Según la Lista Roja de
2021, el 64 % de las cícadas
están en peligro de extinción. Las cícadas hoy se encuentran en el sudeste
de Estados Unidos, México, América Central, algunas islas del Caribe,
Sudamérica, el este y sudeste de Asia, Australia, y en partes de África. Son
una de las cuatro divisiones de plantas con semilla desnuda que encajan en el
tradicional concepto de gimnospermas.
Maracaibo, viernes 27 de marzo del año 2026