Eduard Batlle pasó
todas las navidades de su juventud en la pastelería de sus padres, ayudando a
elaborar roscones de reyes en los años 80 y en el horno familiar que estaba en
un barrio obrero entre Barcelona y Hospitalet de Llobregat. “Había muchísima droga, algunos de mis
amigos acabaron mal con la heroína. Los sábados, acompañaba a mi madre en la
pastelería para que no estuviese sola, porque nos atracaban continuamente a
punta de cuchillo. Fue una época bastante jodida”, dice Eduard.
En la actualidad, el
biólogo Eduard Batlle, criado en la pastelería de sus padres, es uno de los
seis inventores del petosemtamab, un
revolucionario tratamiento experimental contra el cáncer. Eduard estudió Biología, inspirado
por la serie de televisión Cosmos, hace ya una década desde cuando inventó con cinco
colegas una molécula, el petosemtamab, que en sus primeras
pruebas lograría la aparente curación de algunos casos de cáncer. La empresa
danesa Genmab acaba de pagar unos 7.000
millones de euros para hacerse con
este fármaco experimental diseñado por el antiguo pastelero.
“Este es Peto”, dice Batlle mientras
muestra un frasquito de vidrio vacío. En su minúsculo despacho del Instituto de
Investigación Biomédica de Barcelona, recuerda como en mayo de 2018 se trató a
la primera persona con el fármaco y los primeros resultados fueron
prometedores, hasta la sorpresa que llego hace meses ya el año pasado, cuando el petosemtamab, combinado con la inmunoterapia estándar, logró la remisión
completa de los tumores de seis
personas con cáncer de cabeza y cuello.
Este tipo de cáncer
es una enfermedad que invade la boca y la garganta, asociada al tabaco y al
alcohol. De los 43 participantes en ese ensayo, el 63% tuvo una respuesta
parcial o total al tratamiento, y Batlle, nacido en Barcelona hace 55 años,
muestra la dramática fotografía de una mujer con un cáncer enorme en su boca que
ni la quimioterapia ni la inmunoterapia habían funcionado con ella y a quien se
le administró petosemtamab en vena y… “El tumor desapareció”, resume
Batlle. “Es bestial. Todos los que nos dedicamos a la investigación básica
soñamos con curar a la gente. Para nosotros esto es un sueño, muy inesperado”.
La historia con
mayores detalles, es que el petosemtamab existe porque dos niños se hicieron
amigos hace más de medio siglo en un colegio holandés. Uno era Hans Clevers, quien hoy es un genetista candidato
al Nobel por haber concebido los organoides: versiones en
miniatura de órganos humanos que se cultivan en el laboratorio a partir de
células madre. El otro era Ton Logtenberg, hoy un emprendedor en serie de
empresas biotecnológicas quien fundó en 2003 una compañía en Utrecht, bautizada Merus, para intentar crear anticuerpos contra el cáncer,
utilizando proteínas artificiales que se unen a las células tumorales en
un punto característico y provocan su destrucción. La novedad de Merus es que
dispone de una tecnología para producir anticuerpos capaces de actuar en dos
lugares de la misma célula a la vez, para garantizar su aniquilación.
En 2012, el empresario Logtenberg preguntó a su amigo
científico por algún experto mundial en cáncer de colon, con el objetivo de
intentar curar este tumor, que mata a casi un millón de
personas al año y Clevers le propuso un
nombre: Eduard Batlle,
un biólogo español que había trabajado entre 2000 y
2004 como investigador posdoctoral en su laboratorio, en el Instituto Hubrecht, en Utrecht. Los tres se pusieron manos a la obra.
Batlle ya era por
entonces un referente internacional en el cáncer de colon. Cuando todavía era
un treintañero, en Utrecht, había iluminado la relación entre las células madre
que regeneran el intestino y las que desencadenan el cáncer de colon. En 2005
lo ficharon para ayudar a fundar el Instituto
de Investigación Biomédica, un centro de la Universidad de Barcelona y la Generalitat de Cataluña.
Así fue como la
empresa holandesa Merus sabía producir anticuerpos con doble acción, y Hans
Clevers dominaba los organoides, esas bolitas de células vivas derivadas de
pacientes en las que probar estos fármacos en el laboratorio. Batlle conocía ya
de los entresijos del cáncer de colon. Así fue como todo el equipo se puso a
buscar puntos débiles de las células tumorales y a elaborar anticuerpos
diversos. Probaron más de medio
millar durante meses, hasta que encontraron uno con “resultados
espectaculares”: al que denominaron primero MCLA-158 y después petosemtamab.
Ahora todos lo llaman Peto, como si
fuera otro colega. Su mecanismo de acción es revolucionario. Es el primer
candidato a fármaco dirigido a células madre cancerosas de
tumores sólidos.
El gigante danés Genmab anunció hace tres meses que
compraba la holandesa Merus
por casi 7.000
millones de euros, con el objetivo
declarado de adquirir el petosemtamab y
llevarlo a los hospitales en 2027. La empresa nórdica, especializada en
anticuerpos contra el cáncer, habla públicamente de “un potencial de ventas anuales de al menos 1.000 millones de dólares
en 2029 e ingresos de varios miles de millones de dólares cada año
posteriormente”.
En su diminuto
despacho, con vistas al estadio de fútbol del Barça, el biólogo español
responde en tercera persona a la pregunta de qué porcentaje de este negocio
milmillonario es para él. “Eduard Batlle
no se lleva nada”, afirma. En la patente del
petosemtamab figuran seis inventores: los dos
amigos de la infancia (Hans Clevers
y Ton Logtenberg), el propio Batlle, el entonces director científico
de Merus, Mark Throsby; el director ejecutivo de la empresa holandesa HUB
Organoids, Robert Vries; y el biólogo Bram Herpers, implicado en el ensayo de los cientos de anticuerpos con
otra compañía neerlandesa, OcellO BV.
Este artículo en el
blog
lapesteloca es tomado de la entrevista con EL PAÍS en la primera vez
que Batlle hablaba tras la venta de la molécula y ni siquiera puede revelar qué
porcentaje se lleva su centro. “Ni yo ni
el Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona podemos dar información
sobre posibles acuerdos con Merus”, recalca. Peto es excepcional en la historia de la biotecnología en España.
Cinco entidades solicitaron la patente: las empresas holandesas Merus y OcellO BV, la Real Academia de
Artes y Ciencias de los Países Bajos -a la que pertenece el Instituto
Hubrecht de Hans Clevers- y las dos de Batlle: el Instituto de Investigación
Biomédica de Barcelona, donde trabaja desde hace 20 años, y la Institución
Catalana de Investigación y Estudios Avanzados, que es la fundación pública de
la Generalitat de Cataluña que le paga el sueldo.
La imagen
tridimensional de la molécula es sencilla (ver). Es una especie de i griega
mayúscula, Y, con dos brazos para unirse a los dos puntos de la célula tumoral.
Batlle y sus colegas la diseñaron para tratar el cáncer de colon, pero en las
primeras pruebas funcionó mejor en el de cabeza y cuello, el séptimo más común
en el mundo, con casi medio millón de
muertes al año. Estados Unidos ya ha concedido dos
designaciones de terapia
innovadora al petosemtamab para
esta indicación de la boca y la garganta, un paso burocrático que permite
acelerar el desarrollo de un tratamiento experimental si hay evidencias claras
de que funciona.
Batlle se lamenta de
“un problema general” en la creación de medicamentos contra el cáncer. Los
fármacos experimentales se prueban en enfermos ya desahuciados, en quienes
diferentes rondas previas de quimioterapia han transformado la biología del
tumor. El petosemtamab no funciona
en estos casos de cáncer colorrectal ya tratados en exceso, pero un reciente
ensayo con medio centenar de
pacientes sugiere que sí es eficaz si se usa como primera o segunda opción junto a la quimioterapia.
El biólogo cuando cuenta la historia del petosemtamab rememora la suya
propia: su abuela que montó la pastelería junto a su abuelo y pasaban las
noches sin dormir elaborando miles de roscones de reyes, mientras pululaban las
jeringuillas en la calle, le dijeron algo que lo marcaria para siempre, haz lo
que quieras, pero estudia”.
Maracaibo, el
viernes 30 de enero del año 2026