martes, 20 de octubre de 2015

La Decadencia, y donde está la lbertad de Víctor Vielma Molina



  “La decadencia” 
   título de uno de los capítulos de
                                 “La entropía tropical”, novela, Ediluz Edts. 2003

 Te acordáis Néstor de aquel libro de tapas verdes, el Consejero Médico del Hogar, estaba allá arriba, escondido, en lo alto del closet de papá. Allí me encontré también aquellos dos volúmenes amarillentos, sarmentosos, de hojas quebradizas, dos libracos que decían Editorial Elite año 1937, ellos también estaban ocultos, muy altos, en lo alto, en el closet de papá, pero yo los había detectado... Cuando me dejaban solo en casa, me encaramaba en una silla y los bajaba, los ponía sobre la cama de papá y cuidadosamente iba hojeándolos. Los volúmenes amarillos tenían en la mitad fotografías y mostraban lo que fue la Rotunda, un edificio con un plano lleno de cubículos que lucían pequeños, de paredes muy sucias, empegostadas y los grillos, que eran montones de hierros, usados en las piernas por unos señores, casi todos de espaldas, con pantaloncitos cortos. Allí vi fotografiado al general Gómez y a un señor que se llamaba Nereo Pacheco, era como el jefe de ese presidio, además había fotos del Castillo de Puerto Cabello y el libro decía muchas cosas que ocurrieron en mi patria, relatadas por el autor, un tal José Rafael Pocaterra. Yo era solo un niño y sabía que él, José Rafael, había vivido en Maracaibo y había sido amigo de mi papá, eso lo supe cuando luego de preguntarlo insistentemente, al fin mi papá nos relató, en voz baja, las historias de cuando su amigo había estado confinado en varias prisiones de Venezuela.
Los cuentos de papá sobre sus amigos de juventud, me hacían creer que todo cuanto aparecía en aquellos dos volúmenes sarmentosos tenían que ser cosas rigurosamente ciertas y lo que no comprendía bien era porqué estaban arriba, en el closet, por qué no eran lectura para niños... Por todo eso, imaginaba que era muy peligroso hablar del general Gómez, pero entendía que él ya se había muerto, eso ocurrió muchos años atrás, me decía, ¿y entonces?  Más extraño me resultó el hallar otro libro, con tapas gruesas y una cubierta protectora, se llamaba, “Una aureola para Gómez”. Las cosas se confundían en mi mente de niño de seis o tal vez de siete años...
¿Sabéis Néstor lo que decía Pocaterra sobre la decadencia de nuestra patria? Allí, leí unas frases suyas, en una carta, al comienzo del primer volumen, algo que había escrito el señor Pocaterra el año 1937, desde el Canadá, unas frases que a mí se me grabaron, palabras impresas, las releí hasta casi aprendérmelas de memoria, eran unas líneas... “La Patria, andrajosa, enferma, negada, poseída, abandonada en el fondo de una barranca aragüeña”. Yo nunca pude entender por qué tenía que ser aragüeña la barranca, pero, querido Nestor, a mí me parece que aunque seamos primos, aunque crecimos juntos, no sé por qué pero los dos vemos a la patria de una manera muy diferente, no lo sé, pero dudo mucho de que vos te la podáis imaginar desbarrancada...

...”Apúñase los pezones martirizados, estrecha los muslos dilacerados y con la voz rota de angustia y muy débil y muy tímida, para que no vuelvan sobre ella los que la enmascularon de asalto; está cantando desde su corazón, en la moza del rancho, en la obrerita de la alcabala, en “la niña”de la ciudad, el arrullo del porvenir, ese “duérmete mi niña que tengo que hacer”...  Muy seguro estoy, querido primo, que a vos, que te gusta escribir, estas cosas, cuando las leéis, no te agradan. Para vos la patria tiene que ser algo menos sensiblero y más pragmático, casi puedo jurar que en tu opinión, nunca vivió momentos que ameritaran la creación de una prosa, ¿tan, cursi?, o quizás ¿populista? ¿Es así como vos la llamarías?...

...No lava pañales porque no los hay y si los hay, están sucios de sangre y de lodo; no hace de comer, porque le dejaron vicio y se llevaron el pan. Pero ella tiene que hacer. Nutrir, formar y educar el futuro que pernea en la cuna, aún mal lavado de adherencias placentarias, la boca en queja, los ojitos nublados. Por la carretera se fueron los truhanes con las armas al cinto, jugando el botín y la paternidad a cara o cruz”...  

¿Verdad Néstor que son muchos los truhanes que han exprimido y saqueado a la patria? A tu patria, a la mía, a nuestra patria y se han ido, a disfrutar sus usufructos afuera, o se han quedado para digerir en silencio su botín. ¿Cuantos no viven de eso? Y como lo disfrutan, con fruición... Pero nadie dice nada...   Estoy seguro de que a vos, estos comentarios míos, no te van a gustar, porqué sé, me consta, que vos preferís ver a la patria de otra manera, sin tanto melodrama, sin populachos, y yo te entiendo, desde que éramos niños, te puedo jurar que yo te entiendo. Pero de todas estas cosas, querido Néstor, de cuanto hube leído en aquellos dos volúmenes de hojas quebradizas, había allí una escena especial, una vivencia que guardo en mi conciencia y que yo la llamo, la del bravo pueblo. Cuando tengáis tiempo, echale un ojo, revisala Néstor, está al final de segundo capítulo, leétela y tal vez entenderéis, de niño a niño, el por qué yo aprendí, bajando esos libros de lo alto del closet de papá, a querer a una patria maltratada, a sentir amor con dolor por ella, siguiendo línea tras línea, en la lectura, las palabras escritas por Pocaterra, con los compases del “Gloria al Bravo Pueblo” sonándome en mi conciencia.

“Y no se nos pregunte dónde está la libertad”
Víctor Vielma Molina / Educador / victormvielmam@gmail.com 

Quien ama a la patria, trabaja para hacerla libre y un bien para todos. Aspira verla en manos de políticos probos e inteligentes que la amen, la honren y la conviertan en una nación próspera, cargada de progreso, para que cada habitante avance hacia la nave maravillosa  de todos los futuros posibles. Por ello, usa a su autoestima y sentido de pertenencia, para construir día a día la libertad, la democracia y la prosperidad. Porque, “La patria es el hombre”, tal como lo cantaba Alí Primera. En fin, la patria se hace apología actuante y demostrable por y para la libertad. Por la libertad se hace patria. 

¿Cuántos hombres, desde el dolor y la resistencia, lucharon contra la conquista, la colonia, el despotismo, adversaron tiranías, cruentas dictaduras, regímenes egocéntricos y nepotistas? ¿Cuántos héroes ofrendaron su sangre y sus vidas a favor de nuestras libertades? Son testigos las ciudades, los campos, las montañas, los ríos y el mar; las cárceles y sus calabozos; los grillos y cepos; las páginas de la historia venezolana y la memoria del pueblo. Si no, revisemos, entre otras obras y escritos: El hombre de Hierro, de Rufino Blanco Fombona. El Cabito, de Pedro María Morante. Memorias de un Venezolano de la Decadencia, de José Rafael Pocaterra. Contra la dictadura de Juan Vicente Gómez, de Rómulo Betancourt. Se llamaba SN, de José Vicente Abreu. Los crímenes impunes de la dictadura, Centauro. El libro Negro 1952, José Agustín Catalá, editor.

La libertad se sostiene reconociendo la memoria de la lucha heroica e histórica de quienes nos antecedieron y de los que ahora se sacrifican. La libertad es un fin continuo de solidaridad, de organización y de luchas por los derechos universales del hombre. En Venezuela hay más de un centenar de presos políticos, decenas en arresto domiciliario y miles en régimen de presentación. Hay gente que está sufriendo el azote de este Gobierno que dice llamarse revolución. 

Por ello, en reconocimiento al heroico escritor carabobeño José Rafael Pocaterra (1889-1955) y de todos aquellos que luchan contra las dictaduras, recojo, de su obra, Memoria de un Venezolano de la Decadencia, al siguiente fragmento: “Y no se nos pregunte en dónde está la libertad. La libertad es sencillamente la luz que emerge de la voluntad de un pueblo cuando esa voluntad se convierte en sol porque es la suma de la voluntad enérgica y resuelta de todos los ciudadanos.” 
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La Decadencia con pequeñas modificaciones es uno de los capítulos de La Entropía Tropical, novela de Jorge García Tamayo.
Y no se nos pregunte por la libertad es un artículo de Víctor Vielma Molin,a publicado en el diario La Verdad de Maracaibo

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