Quizás les
sorprenderá saber que existe un grupo de
investigadores de varias universidades chinas que ha desarrollado una minúscula
y fina prótesis
de retina para recuperar la visión de ratones y monos ciegos.
El estudio, ha
sido publicado en el verano del 2025 en la
revista Science, y concluyó que el dispositivo no solo restauró
la vista de los animales, además les permitió percibir el espectro infrarrojo,
que es invisible al ojo humano. Los autores hablan de una “visión aumentada” o
incluso de una forma de “supervisión”: el aparato posibilitó ver en condiciones
de baja iluminación o completa oscuridad, gracias a su capacidad de ampliar el
rango de sensibilidad visual.
El camino hacia los
ensayos en humanos es todavía largo, pero los desarrolladores aseguran que no
sería éticamente correcto aplicarlo en personas con los ojos sanos. La
investigación se planteó como objetivo restaurar la visión en casos de ceguera
causada por enfermedades
degenerativas de la retina, como la retinitis
pigmentosa o la degeneración macular
asociada a la edad. El diminuto implante, de dos milímetros de alto
y ancho, y 0,1 de espesor, reemplaza los fotorreceptores dañados para imitar
sus funciones.
Se diferencia de
otras prótesis de la misma membrana porque está construido con nanohilos
de telurio, un material conductor con amplia sensibilidad a la luz que
le permite absorber fotones tanto visibles como de baja energía, imposibles de
captar para los seres humanos.
El telurio o teluro
es un elemento químico cuyo
símbolo es Te y su número atómico es 52.
Es un semimetal que se encuentra en el grupo 16 y en el periodo 5 de la Tabla periódica de los elementos
y fue descubierto en 1782 en minerales de oro por Franz-Joseph Müller von Reichenstein,
en Transilvania (Rumanía), denominándolo metallum
problematicum. En principio se confundió el telurio con el antimonio.
El telurio es un elemento relativamente
estable, insoluble en agua y ácido clorhídrico, pero soluble
en ácido nítrico y en agua regia. Reacciona con un
exceso de cloro para
formar dicloruro de teluro, TeCl2 y
tetracloruro de teluro, TeCl4. Se oxida con ácido nítrico y produce
dióxido de teluro, TeO2, y con ácido crómico para dar ácido
telúrico, H2TeO4. Con el hidrógeno y ciertos metales,
forma telururos,
como el telururo de hidrógeno, H2Te, y
el telururo de sodio, Na2Te.
La científica Jiayi
Zhang, de la Universidad de Fudan, es una de las que participa en la
investigación, OPIMS WIR:: “Al
convertir la luz en señales eléctricas espontáneas que se transmiten al
cerebro, la prótesis imita y amplía la función de los fotorreceptores
naturales, logrando tanto restaurar la visión en casos de degeneración
retiniana, como extender el rango de sensibilidad visual más allá de
lo normal”.
Los ratones y
macacos ciegos implantados con la prótesis recuperaron el reflejo pupilar y
reconocieron patrones geométricos. Además, mostraron actividad neuronal en
la corteza visual al ser expuestos a luz con longitudes de onda de hasta 1.550
nanómetros. En comparación, los fotorreceptores humanos solo son sensibles
hasta aproximadamente 700 nanómetros. “Teóricamente, la capacidad de percibir el
espectro infrarrojo podría permitir acceder a un rango más amplio de señales
ambientales, como visión nocturna, detección térmica o incluso aplicaciones de
visión a través de obstáculos”, asegura Zhang.
Los resultados en
monos con los ojos no dañados fueron todavía más sorprendentes para los
científicos. La “visión extendida”
se mostró compatible con la visión natural, y los animales fueron capaces de
percibir objetos a niveles de iluminación aún más bajos que los empleados en
los roedores. El estudio señala que otra de las virtudes del telurio es su biocompatibilidad, ya que
los primates sobrevivieron con el implante durante más de tres meses. “El
dispositivo posee propiedades físicas favorables, incluido su diseño pasivo, el
tamaño reducido y el perfil ultrafino, lo que reduce significativamente la
complejidad quirúrgica y minimiza el daño al tejido retiniano circundante
durante la aplicación”, explica Zhang.
El horizonte se
muestra entonces optimista para su uso clínico en humanos con células
fotorreceptoras dañadas por enfermedades degenerativas en fases avanzadas,
aunque los autores llaman a la cautela. “Nuestro objetivo inmediato es continuar con
el desarrollo y la validación en el ámbito académico, aunque estamos abiertos a
otras vías de emprendimiento si surgen oportunidades”, asegura la
investigadora de la Universidad de Fudan.
También les
presenta un dilema ético al comprobarse que, al menos en primates con una
fisiología cercana a la humana, no solo se restaura la visión, sino que también
se amplía a nuevos rangos espectrales: “¿Estamos simplemente tratando la ceguera o
también potenciando las capacidades humanas? Esa tensión probablemente influirá
en cómo evoluciona esta tecnología”. La disyuntiva adquiere mayor
complejidad cuando aparecen posibles usos más allá de lo médico, como el
tecnológico o incluso el militar.
El estudio habla de
un tipo de “pseudo-visión escotópica en
infrarrojo”, equivalente a la visión nocturna, que otorga mejor contraste y
detección de objetos en entornos difíciles, junto a una notable capacidad de
identificar fuentes de calor. Por ello, la implantación de la prótesis en
personas con visión normal “no es
éticamente permisible”, asegura Zhang. “Además, para quienes tienen la vista
intacta, la detección de infrarrojo puede lograrse fácilmente con dispositivos
externos, por lo que la intervención quirúrgica no es necesaria”,
completa.
La discreción del
equipo no puede ocultar un marcado optimismo en su aplicación futura. Este es el
primer estudio que utiliza nanohilos de
telurio en una prótesis retiniana, lo que permite un contacto más natural
con las capas de la retina, reduciendo la inflamación y mejorando la
transmisión de señales. Junto a su nivel de compatibilidad con el cuerpo
humano, se destaca que no necesita una fuente eléctrica externa como otros
modelos, ya que la energía proviene
directamente de la luz absorbida, sin necesidad de equipos auxiliares
voluminosos.
La ilusión de la
científica no cede cuando se le pregunta sobre el costo del dispositivo y su
factibilidad en la salud pública. “En la actualidad, el coste fabricar la
prótesis basada en telurio es relativamente de bajo debido a la simplicidad de
los materiales y al carácter escalable del proceso de producción”. Sin
embargo, quedan varias tareas pendientes antes de pasar a las pruebas clínicas,
como optimizar la fabricación,
garantizar el cumplimiento regulatorio y validar la eficacia a largo plazo.
Las aspiraciones
son claras: Si se logra trasladar exitosamente a la producción clínica,
anticipamos que el coste podría mantenerse significativamente más bajo que el
de muchos sistemas protésicos visuales existentes”.
Maracaibo, para lapesteloca el viernes 2 de enero
del año 2026
No hay comentarios:
Publicar un comentario