Sexto Vario Avito Basiano fue un noble y sacerdote
romano, emperador de la dinastía Severa que reinó durante cuatro
años, desde 218 hasta 222. Fue un emperador muy joven, pues tenía apenas
catorce años cuando accedió al trono, y dieciocho cuando fue asesinado. Al
convertirse en emperador tomó el nombre de Marco Aurelio Antonino
Augusto, y mucho tiempo después de su asesinato empezó a ser conocido
como Heliogábalo.
Heliogábalo nació en
203 en Emesa,
en la provincia romana de Siria, con el nombre de Vario Avito
Basiano. Su padre pertenecía al orden
ecuestre romano pero más tarde alcanzó el rango de senador.
Su madre era prima del emperador romano Caracalla.
Su abuela materna, Julia Mesa, era viuda del cónsul Julio Avito,
hermana de Julia Domna y cuñada del emperador Septimio
Severo (r. 193-211).
Como
emperador romano, Heliogábalo, representa
el primer caso conocido de una persona transexual. Fue emperador desde 218 al
222, y como emperador, se casó en cinco ocasiones diferentes con 4 mujeres
diferentes, y aparentemente se casó en secreto con un esclavo rubio de Caria llamado Hierocles, a quien se refería
como "su marido".
Corría
el rumor que el emperador había ofrecido enormes cantidades de dinero al médico
que pudiera dotarle de genitales femeninos. “La Historia
Augusta” sostiene
que también se casó con un hombre llamado Zotico, un atleta de Esmirna, en una ceremonia pública en Roma.
Herodiano (178-252) fue un funcionario romano de rango menor que
escribió una Historia Romana en ocho libros que cubre los años
180 a 238. Por estos motivos, Heliogábalo ha sido considerado por escritores
modernos como el primer caso documentado de una persona transexual.
Heliogábalo,
hijo
de Sexto Vario Marcelo y Julia Soemia
Basiana, desde temprana edad sirvió como sacerdote del dios El-Gabal en
su ciudad natal, Emesa (actual Homs, en Siria). En 217, el emperador Caracalla (r. 198-217) fue
asesinado y reemplazado por su prefecto del pretorio, Macrino (r. 217-218). La tía
materna de Caracalla, Julia Mesa, promovió con éxito una revuelta
entre la Legio III Gallica para conseguir que
su nieto mayor, Heliogábalo, fuera
declarado emperador en su lugar y Heliogábalo, de 14 años de edad, ascendió al
trono imperial y comenzó un reinado marcado por la polémica.
Para ayudar al pueblo romano a
adaptarse a la idea de tener a un sacerdote oriental como emperador, Julia Mesa hizo
enviar a Roma un retrato de Heliogábalo vestido de sacerdote y dispuso que se
situara por encima de la estatua de la diosa Victoria en el edificio del
Senado. Esto puso a los senadores en una posición incómoda, pues al
mismo tiempo que hacían ofrendas a la diosa, estaban reverenciando al
emperador. Las legiones quedaron consternadas ante su comportamiento y
rápidamente lamentaron su decisión de haberlo apoyado como emperador. Se
muestra(ver)
un denario encargado
por Heliogábalo, mostrando su retrato.
Durante su mandato, Heliogábalo
hizo caso omiso de las tradiciones religiosas y los tabúes sexuales de Roma.
Reemplazó al dios Júpiter, cabeza del panteón romano, por su dios asimilado
como Sol Invicto (Deus Sol
Invictus), y obligó a miembros destacados del gobierno de Roma a
participar en los ritos religiosos en honor de la deidad, de la que él era sumo
sacerdote. Se muestra (ver)
un Áureo romano representando a Heliogábalo.
En el reverso se lee Sanct Deo Soli Elagabal (Al sagrado
dios del sol Elagabal), y representa una cuadriga dorada
que lleva la sagrada piedra del templo de Emesa.
El nuevo emperador resultó un
desastre, ofendiendo a los romanos con sus escándalos sexuales y religiosos, y
fue tanto así, que Julia Mesa decidió promover a su otro nieto, Alejandro
Severo. Primero convenció a Heliogábalo de adoptar a Alejandro, y
poco después, el emperador fue asesinado por la Guardia pretoriana, junto con su madre. Ambos
cuerpos fueron arrojados al Tíber,
tras ser arrastrados por las calles. Julia Mesa murió en fecha cercana a 226, y
fue deificada, al igual que su hermana. De manera que, como ya señalamos, en
medio de una creciente oposición, Heliogábalo, con solo 18 años de edad, fue
asesinado y reemplazado por su primo, Alejandro
Severo (r. 222-235),
en una conjura tramada por su abuela, y por miembros de la Guardia Pretoriana.
El
psiquiatra estadounidense Robert Stoller fue
el primero que describió la transexualidad como una condición
diferenciada. La relacionó con la identidad de
sexo, en contraposición al sexo biológico. La primera
comprobación de Stoller fue que las mujeres transexuales, aunque deseadas como
varones, reconocidas sin equívoco y bien aceptadas como tales, presentan desde
su primera infancia un comportamiento femenino, tanto en sus elecciones de
vestimenta, sus juegos y gestos, como en la entonación de su voz y su
vocabulario.
Stoller
rechazaba la reasignación quirúrgica de sexo.
De la definición y el diagnóstico de transexualidad depende la prescripción
terapéutica para la reasignación hormonal y quirúrgica del sexo. La Organización Mundial de la Salud lo
incluyó como síndrome médico en 1977, en una resolución
adoptada en la XXIX Asamblea Mundial de la Salud.
Definía tres trastornos diferentes: trastorno de
la identidad sexual de la infancia, tranvestismo de rol doble y
transexualismo. La cuarta edición del Manual DSM IV recogió
estas distinciones dentro de una misma categoría, denominada trastorno
de la identidad sexual, y especificó que la insistencia por parte de un
individuo de ser del otro sexo no debe ser considerada delirante. El 16 de
octubre del 2009, distintas organizaciones transexuales se manifestaron en todo
el mundo para solicitar que desaparezca la transexualidad como patología.
En 2016 se sumaron diversos organismos expertos de derechos
humanos, como el Comité de los Derechos del Niño de
la ONU, la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos y la Comisión
Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos, entre
otros, para señalar que la patologización «ha
sido históricamente, y continúa siendo, una de las causas principales de las
violaciones de derechos humanos que enfrentan». Esta noción fue respaldada
en julio del 2016 por grupo de investigadores financiados por el Instituto
Nacional de Psiquiatría de la Ciudad de México quienes presentaron
un estudio para apoyar el pedido de que la Organización Mundial de la Salud retirara
la transexualidad de la sección de trastornos mentales.
El estudio mexicano se sumó a trabajos similares en Brasil, India, Francia, Sudáfrica y
el Líbano, que se presentaron en el 2018, cuando se
discutió la reclasificación de la transexualidad en el CIE-11. Estos estudios coinciden en señalar que
el factor causal del malestar está
en el rechazo y la discriminación que vivieron. Por ese motivo, los
especialistas consideraron importante eliminar un diagnóstico que contribuye a
la estigmatización y, de
ese modo, a abordar el verdadero problema.
Maracaibo, viernes 9 de enero del año 2026
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