Hoy hace ya nueve años, cuando en el canal
Antena 3 de la TV española, un domingo a las 10:30 pm volví a ver una película
del cine español, El embrujo de Shanghai. Hoy en 2026 regreso a relatarles esta historia sobre un
genial escritor español.
Personalmente
recordé que cuando vi la película, ya había leído la novela homónima de Juan
Marsé y en el mes de marzo del 2017, hablé sobre esta película en este
blog y comentaría que como fue la primera vez que la vi y me gustó mucho
en aquella ocasión por lo que quiero volver a compartir mis impresiones con
ustedes.
Desde “mi cinemania”, les comento que, la
novela de Lowry Bajo el volcán, fue convertida por Cabrera Infante
en un brillante guión y filmada luego por John Huston. Este fenómeno no es lo habitual
en las películas sobre obras literarias. El hecho coincide con la impresión de
Vicente Molina Foix, quien escribiría que, con la excepción de Shakespeare, y
de Gustave Flaubert, Juan Marsé “es el único autor capaz de trasladar más
de una versión de su libro propio a otro medio”.
Marsé
lograría este difícil cometido con la película de El embrujo de
Shanghai y hay constancia de su arduo trabajo por la publicación de su
largo guión perteneciente al limbo del cine invisible ya que la película que
iba a ser dirigida por Víctor Erice, por desavenencias con Andrés Vicente Gómez
el productor, terminaría dirigida por Fernando Trueba, afortunadamente diría
yo, pues fue él quien en realidad no utilizaría el guion ya escrito y preparado.
Juan Faneca Roca, nació en Barcelona en 1933, y tras la muerte de su madre en el parto fue adoptado por un
matrimonio, de quienes tomó sus apellidos, pasándose a llamar Juan
Marsé Carbó. Inició su carrera literaria en 1958 con
unos relatos que aparecerían en las revistas Ínsula y El
Ciervo. En 1959 obtuvo su primer premio literario, el “Sésamo de cuentos”
por su relato Nada para morir y dos años más tarde publicó su
primera novela Encerrados con un solo juguete.
En 1959 se instaló en París,
ciudad en la que residiría hasta 1962 como
profesor de español, traductor y mozo de laboratorio en el Departamento de
Bioquímica Celular del Instituto
Pasteur. Regresó a Barcelona,
donde colaboró con el mundo publicitario, de una empresa editorial y fue
guionista cinematográfico. Como periodista ha sido redactor jefe de la revista Boccaccio y
colaborador de la revista Por favor, en la que llegó a ocupar el
puesto de jefe de redacción. Se casó en 1966 con Joaquina Hoyas, de la que
tendrá dos hijos, Alejandro en 1968, y Berta en 1970; en este mismo año
aparecería su novela La oscura historia de la prima Montse, donde
están las claves del universo literario que continuaría cultivando y existe hasta
el presente. La década de los 90 supone la consagración definitiva del escritor
barcelonés. En 1990 recibe el Premio Ateneo de Sevilla por El
amante bilingüe; en 1994 le conceden por El embrujo de Shanghai el Premio de la Crítica.
Entre una veintena de premios recibidos por Juan Marsé destacan, en 1965 el Premio Biblioteca Breve Seix Barral, en 1978 Premio
Planeta, en 2001 el Premio Nacional de Narrativa, y en el año 2008 el Premio Cervantes. Sus
novelas han sido adaptadas al cine: La oscura historia de la prima Montse (Jordi Cadena,
1977); La muchacha de las bragas de oro (Vicente Aranda, 1980);Últimas
tardes con Teresa (Gonzalo Herralde,
1984); Si te dicen que caí (Vicente Aranda, 1989); El amante bilingüe (Vicente Aranda, 1993); Domenica (Wilma Labate,
2001) -adaptación de Ronda del Guinardó-; El embrujo de Shanghai (Fernando Trueba, 2002); Canciones de amor en Lolita's Club (Vicente Aranda, 2007),
“El embrujo
de Shanghai” (1993), su novela que fue galardonada con
el Premio Nacional de la Crítica y
el Aristón, y llevada al cine por
Fernando Trueba en 2002, es relatada por Dani, un joven que comparte con
Susana la ausencia de un padre que murió en la guerra y donde ella, como una
odalisca presa en un castillo, será su primer amor que lo marcará para siempre. Cuando
el capitán Blay le encarga a Dani para hacer un retrato de Susana, él encuentra
por fin la manera de llegar a la torre donde está recluida su princesa enferma
de tuberculosis. Forcat aparecerá como un personaje envuelto en el misterio de
poseer extraños poderes y guardar graves secretos, y les narrará a los jóvenes
la historia de Kim, (el
padre ausente de Susana, y también el padre idealizado por Dani). Kim y sus
aventuras en Shanghai, pasarán a ser las de un personaje
imaginario especie de un héroe de tebeo y será entonces cuando aparecerá
Mascaró, apodado el Denis, la nube negra, detonante de la violencia que los
envolverá haciéndolos víctimas de una tragedia.
Marsé era experto en el arte de narrar como muestra sus novelas Si te dicen
que caí (1973); La muchacha de las bragas de oro (1979); Un
día volveré (1982); Ronda del Guinardó (1984); El
fantasma del cine Roxy (1985); La fuga del río Lobo (1985); Teniente
Bravo (1986); El amante bilingüe (1990); El
embrujo de Shanghai (1993); Rabos de lagartija (2000); Cuentos
completos 1957-1994 (2002); La gran desilusión (2004)
Canciones de amor en Lolita's Club (2005); Caligrafía
de los sueños (2011). Cuando Trueba, escribió su propia adaptación
de El embrujo de Shanghai, Marsé estuvo allí para filmar con
él dos embrujos distintos. Marsé pudo leer la atrevida trasposición al papel
firmada por Erice, y a continuación sentarse en los cines para ver la hermosa
película que Trueba extrajo de las páginas de su novela. Ganadora del Goya
2002, con premios a la mejor dirección artística para Salvador Parra; mejor
diseño de vestuario para Lala Huete y premio al mejor maquillaje y peluquería
ganado por Gregorio Ros y Pepito Juez.
El embrujo
de Shanghai representa ese arte de crearnos ilusiones que nacen en la pantalla
del cinematógrafo. Marsé, Erice y Trueba, con una gran dosis de lirismo nos
presentarían la fachada del cine de barrio y su taquillera rubia con la
angustia del franquismo, y el hirsuto el capitán Blay en un armario cual ogro
benéfico de un cuento, y sentimos como el niño Dani la primera vez que con él
descubrimos voluptuosamente a Susana, la odalisca tuberculosa.
Uno de los
grandes logros de Trueba fue desarrollar sutilmente su película a partir de la
mirada del niño, que no ve nada diferente a lo que observamos todos, excepto
Shanghai que resulta ser una falsificación interesada de lo real, eso que se
llama un ensueño. Erice en su libreto decidió mostrar a Shanghai en unos
simulacros de postales y novelitas populares, y Trueba abordará a Shanghai
ayudado por ese artista de la luz que es López-Linares construyendo atmósferas,
temperaturas, en blanco y negro que hacen confluir armónicamente las dos vías
dramáticas de esta fiel adaptación de la novela de Marsé. Los discrepantes
relatos oídos sobre el asesinato al final destacarán la figura del capitán Blay
con toda la gracia que Fernán-Gómez aportó siempre a sus interpretaciones.
Marsé creó una crónica de lo que era la podredumbre moral de la posguerra, y un
personaje que representa la conciencia que emerge como un referente entre las
fantasiosas tragedias de la Guerra Civil, las apariciones y desapariciones de
los maquis, desde el otro lado de la frontera, con las historias de sus
aventuras que era lo único que animaba el ambiente gris de la posguerra, la de
los exiliados y sus mutiladas familias viviendo bajo la égida del dictador
Franco.
Juan Marsé se convirtió en uno de los referentes de la
literatura española actual, memoria literaria de la infancia de posguerra. Su
vida se apagó la noche del sábado 18 de julio de 2020 en el Hospital de
Sant Pau de Barcelona, a los 87 años de edad.
Maracaibo, sábado 5 de
septiembre del 2026
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