En septiembre de 2020,
en este blog(lapesteloca) hablamos de
una poeta rusa, Anna Ajmátova, quien fue testigo de la quiebra del
intimidante imperio zarista y del advenimiento del gobierno de los soviets. Hoy
relatamos la historia de Marina Ivánovna Tsvetáyeva, escritora rusa, que destacó como
poeta y prosista quien es considerada una de las poetas más originales del
siglo XX. Su obra no fue del gusto de Stalin y del régimen comunista por lo que
su rehabilitación literaria no empezó hasta los años 1960. Su poesía proviene
de lo más profundo de su personalidad, de su excentricidad y de su uso muy
preciso del idioma.
Marina Tsvetaeva (también conocida como Marina Cvetaeva o Marina Tsvetayeva)
nació en Moscú. Su padre era profesor y fundador del Museo de Bellas Artes, y
su madre quien era pianista de concierto, falleció de tuberculosis cuando
Marina tenía 14 años. A los 18 años, Tsvetaeva publicó su primer
poemario, Álbum vespertino. A lo largo de su vida escribió poemas,
obras de teatro en verso y textos en prosa; se la considera una de las poetisas
más renombradas de la Rusia del siglo XX.
En 1922 emigró con
su familia a Berlín, luego a Praga, y finalmente en 1925, se estableció en
París, donde la familia vivió en la pobreza. Sergei Efron trabajaba para la
policía secreta soviética, y Tsvetaeva expatriada en París, fue marginada por
la comunidad rusa. A lo largo de los años de privaciones y exilio, la poesía y
el contacto con poetas fueron el sustento de Tsvetaeva. Mantuvo correspondencia
con Rainer Maria
Rilke y Boris Pasternak, y dedicó una obra a Anna
Akhmatova.
Tsvetaeva fue testigo de la quiebra del
intimidante imperio zarista y del advenimiento del gobierno de los soviets, un
mundo de esperanzas que prontamente se convertiria en un asfixiante amordazamiento
de la sociedad. Marina, al igual que una pléyade de escritores y artistas de la entonces
Unión Soviética, se negaron a plegarse al régimen y a prostituirse.
Los críticos y traductores de la obra de Tsvetaeva suelen destacar la pasión de sus poemas, sus rápidos cambios de ritmo y su sintaxis inusual, así como la influencia de las canciones populares. También es conocida por su retrato de las experiencias de una mujer durante los «años terribles» (como Aleksandr Blok describió este periodo de la historia rusa).
Después de
la revolución rusa, tuvo que exiliarse en
Berlín, Praga (1922)
y luego en Francia (1925)
con su marido, antes oficial blanco en activo, que se desengañó poco a poco con
la actitud de los emigrados. Vivió 14 años en Francia, a disgusto y deprimida.
Tenía dos hijas, Irina y Ariadna, y un hijo, Gueorgui.
Al
fin, en 1939, regresó a la Unión Soviética con su hijo Gueorgui (Mur)
para reunirse con su marido Serguéi Efrón, quien había regresado a Rusia con su
hija Ariadna en 1937, como un responsable del contraespionaje soviético. Marina
escribió al jefe del NKVD, Lavrenti
Beria, pidiendo información y defendiendo a su marido, tras una desgraciada
misión oficial. En 1941, Serguéi Efrón y Ariadna fueron arrestados. Su marido,
Serguéi, fue fusilado el 16 de octubre de 1941.
Ariadna
tuvo que autoacusarse como era habitual, pero tras permanecer ocho años en
el Gulag,
fue arrestada de nuevo en 1949 y enviada al destierro en el raión de Turujansk.
En 1939, Tsvetaeva regresó a la Unión Soviética. Efron habia sido ejecutado y
su hija, la única superviviente, había sido enviada a un campo de trabajo. Cuando
comenzó la Gran Guerra Patria, con la ocupación nazi,
Tsvetáyeva fue evacuada a Yelábuga, Tartaristán.
El ejército alemán invadió la URSS, Tsvetaeva evacuada a Yelabuga junto con su
hijo, se suicidó ahorcándose el 31 de agosto de 1941.
Pese a todas esas
desdichas (y de la conciencia escrita de ellas) dejó unas obras muy vivas, de
impresionante calor, intransigente y llenas de valentía, donde está el recuerdo
de toda una serie de escritores y artistas de su época, así como el retrato de
sus propias obsesiones, con una lengua entrecortada y agudísima. Su
correspondencia cruzada con Pasternak y Rilke (sólo
publicables desde 1979) nos da la media de su personalidad, su fuerza especial
y la atracción de todo tipo que ella ejerció.
La obra de Marina Tsvetaeva se salvó de la destrucción y del
olvido gracias a su hija Ariadna Efrón. En la Unión Soviética permaneció casi
inédita hasta después de la Segunda Guerra Mundial, cuando se la
empezó a conocer a través de la publicación de literatura en hojas
clandestinas. "Nabókov rectificó sus prejuicios sobre la
difícil Tsvietáyeva ('leerla
solamente causa estupor y dolor de cabeza'), pero se negó a encabezar su rehabilitación, que no ha llegado del todo
hasta hace unos días cuando se ha publicado en Rusia su obra completa", según escribió Enrique Vila-Matas.
La obra poética de Tsvetáyeva ha
sido traducida al español por la eslavista Selma Ancira,
mexicana residente en Barcelona. Aunque empezó mucho antes en la
editorial Siglo XXI,
desde 1990 «otras editoriales, atrapadas en la amorosa red fanática de Ancira,
continuaron la labor». Para Tzvetan
Todorov fue una de las escritoras más grandes
del siglo XX.
Su poesía no solo influyó en la
literatura, sino también en otras ramas del arte. Por ejemplo, la gran
compositora soviética Sofiya Gubaidúlina le dedicó obras como Stunde
der Seele (en español: Hora del alma, 1976), para mezzosoprano y
orquesta de vientos; y Homenaje a Marina Tsvetáyeva (1982),
suite en cinco movimientos para coro a cappella. Ambas, con textos de
Tsvetáyeva.
LIBROS DE VERSOS: Álbum de la tarde, 1910; Linterna mágica,
1912; De dos libros, 1913; Bandada de cisnes, 1917-1921; Leguas,edición
1, 1922;Fin de Casanova, 1922¸Separación, 1922¸Versos a
Blok, 1916-1921; Psique, 1923; Profesión, 1923; Después
de Rusia, 1922-1925; Versos a Chequia, 1938-1939. POEMAS:"Hechicero",1914
;"Don Juan",1917 ;"Doncella reina",1920 ;"Un
bravo",1922 ;"Poema de la montaña",1926; "Poema del
fin",1926 ;"Poema de Escalera",1926 ;"Сazador de
ratas",1926 ;"Siberia",1930.
Maracaibo, sábado 15 de agosto del año 2026
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