Mi historia de hoy, en mayo del 2026, se remonta a una época muy lejana,
de cuando estudiaba el bachillerato, y recordaría a Jesús Cupello, uno de mis
compañero del Gonzaga y después colega ya fallecido, a quien una vez el padre Villar
(un joven maestrillo jesuita con gran
talento y amplio conocimiento musical), le escuchó en el recreo silbando
una melodía y al preguntarle que, ¿de dónde conocía las “Danzas polovtsianas” de
Borodin?, Jesús sorprendido le dijo que no, que eso era de una película que
recién había visto y que se llamaba “Un
extraño en el Paraíso”…
El episodio se grabó en mi memoria y creo haberlo relatado en este blog
en 2017, por eso, ayer-hace un par de días- cuando mi hijo mayor Jorge Eduardo,
me comentaba que Ella, “mi nieta
brillante”, bailaría de nuevo y por última vez con la Academia de Ballet
donde desde muy niña ha venido danzando en innumerables ocasiones (-antes de
comenzar su carrera universitaria en Brown University en
Rhode Island al sur de Boston), quisiera hablar de Alexandre Borodin y sobre su reducida
producción musical, la cual alcanza su clímax
en su ópera “Knyas Igor” (El
príncipe Igor) y, referirme particularmente a las famosas danzas de los pólovtsy o danzas
polovetsianas de Borodin, quien era médico, químico y también era uno
del grupo de cinco grandes músicos rusos.
Borodín nació en San Petersburgo en 1833. Era hijo ilegítimo de Luka
Gedevanishvili, un noble georgiano, que lo inscribió como hijo de uno de sus
siervos, Porfiri Borodín. Su madre de
25 años, fue Evdokia Constantínovna Antónova apodada por el diminutivo Dunia.
Su padre murió cuando Alexander tenía 7 años, pero él lo incluyó en su
testamento. Alexander fue autodidacta, aprendió a tocar flauta, violonchelo y
piano. Tuvo una vida confortable y recibió clases de piano, francés y alemán. A
los catorce años ya hablaba con soltura alemán, francés, inglés e italiano, y
tocaba el piano y la flauta. A los 15 años se inscribió en la Facultad de
Medicina, y en 1850 ingresó en la Academia Médico-Quirúrgica de San Petersburgo,
donde estudió botánica, zoología, cristalografía, anatomía y química.
En 1856 se licenció y fue nombrado profesor ayudante de Patología
General. En 1858 recibió el título de doctor en medicina con su tesis “Sobre
las analogías de los ácidos arsénico y fosfórico en su comportamiento químico y
toxicológico”, la primera que se presentaba en ruso, y no en latín, en una
universidad rusa. Entre 1859 y 1862, trabajó en la universidad alemana de Heidelberg,
en el laboratorio del químico Emil Erlenmeyer, hoy recordado por el matraz que
lleva su nombre. También pasó una temporada en la Universidad de Pisa. En 1862,
Borodín regresó a San Petersburgo, donde comenzó a estudiar composición musical
con Mily Balakirev a la vez que ejercía de profesor de Química de la Academia
de Medicina. Por acá comenzó esta historia…
La trayectoria científica de Aleksander Porfírievich Borodin, osciló
prontamente hacia la química. Su vocación lo inclinaba hacia la investigación,
más que hacia la práctica hospitalaria, a veces cruel. La Academia Militar de
San Petersburgo, en la cual recibió su formación, lo integró prontamente a su
cuerpo de investigadores y docentes. Su investigación sobre los aldehídos
transformó a Borodin en una verdadera autoridad en la materia, hasta el punto
de compartir con Charles-Adolphe Wurtz, científico alemán, el mérito de
descubrir la reacción aldólica. En 1858 publicó su investigación sobre Analogía
del ácido arsénico con el fosfórico, la que le valió reconocimientos
internacionales.
Con ese argumento surgió la obra musical “Kismet” (Kismet es una palabra
que se utiliza en Turquía para referirse al destino, la suerte o el plan divino
que determina el curso de la vida. Se cree que cada persona tiene un destino
único e inevitable que ya está predeterminado…). “Kismet”
triunfaría en Broadway y el año 1953 fue la ganadora del mejor musical de
1954 e inmediatamente dio origen a la producción de la Metro Goldyn-Mayer
dirigida por Minnelli el año 1955, con la música de Aleksander
Porfírievich Borodin.
El carácter exiguo de la producción musical borodiniana se explica por
el escaso tiempo que dedicaba a la crear musica. Se le conocen tres sinfonías
tradicionales, inconclusa la tercera; canciones aisladas y dos inefables
cuartetos de cuerda, entre los que destaca el segundo, verdadera joya melódica
y contrapuntística. “En las
estepas del Asia Central”, que su obra maestra, y describe el lento y
progresivo encuentro de dos caravanas, representadas con armónicos del primer
violín y el corno inglés. La ambientación de la obra, su creciente tensión
dramática y, sobre todo, la belleza melódica que asoma constantemente, la hacen
comparable con la Noche en el
monte Calvo de su amigo Modest Mussorgsky o con “La gran pascua rusa”, de Nicolai
Rimski-Korsakov. La reducida producción musical de Borodin ya señalamos que
alcanza su clímax en su ópera “El príncipe Igor” y,
particularmente, en sus danzas polovetsianas. Su ancestro nacionalista
crece en esta imborrable mezcla de ritmos, sonidos y sensualidad, que tan
pronto llama a la guerra como a la paz.
Borodin habría de fallecer en un baile de disfraces que ofrecía en su
residencia, cuando súbitamente moriría víctima de una apoplejía que le arrebató
la vida en medio del proceso de creación de su tercera sinfonía.
En Maracaibo, el
lunes 4 de mayo de 2026
No hay comentarios:
Publicar un comentario