lunes, 19 de enero de 2026

¿Sonríen los macacos?


En un reportaje de Patricia Fernández de Lis, el pasado 8 de enero en El País, España, ella mostraría los resultados de un  estudio realizado con simios “macacos” que revela como sus gestos no son meros reflejos emocionales sino que ellos constituyen el resultado de la compleja coordinación entre distintas regiones cerebrales que operan a velocidades diferentes.

A pesar de que la industria del cautiverio y hasta la del cinematógrafo, quiere hacernos creer lo contrario, el significado de la expresión facial que todos estábamos acostumbrados a ver en los chimpancés “artistas” (la mona Chita) no tiene nada que ver con una supuesta alegría… De manera general, podríamos acertar si entendemos que cuando un mono muestra los dientes, aplana sus orejas y tensa los músculos de la garganta, es por miedo.

Los gestos y las expresiones faciales y corporales sin duda alguna, son muy importantes y existe una gran variedad gestual de las mismas en los seres humanos. Cuando un chimpancé siente miedo, muestra todos sus dientes apretados, como en una sonrisa humana, y en cambio, cuando los chimpancés juegan y ríen, solo muestran los dientes de la mandíbula inferior y… Vaya que esta es una diferencia gestual de risa o de satisfacción que no conocemos en los seres humanos.

Sonreír, fruncir el ceño, mostrar los dientes en señal de amenaza en general en los primates (humanos incluidos) y utilizamos constantemente el rostro para comunicarnos, pero se desconocía cómo es que el cerebro coordina los músculos faciales para producir esos gestos. En la revista Science se ha demuostrado en un estudio reciente, que las expresiones faciales no son simples descargas emocionales automáticas, ellas son el producto de una red cortical distribuida que funciona con una jerarquía temporal: algunas regiones procesan información rápida y dinámica para controlar el movimiento momento a momento, mientras que otras mantienen representaciones estables, que podrían reflejar el contexto social.

Este trabajo de Science fue liderado por Geena Ianni, de la Universidad de Pensilvania, quien registró la actividad de cientos de neuronas en cuatro regiones cerebrales de dos macacos mientras los animales producían espontáneamente tres tipos de gestos; los lipsmack (chasquido de labio, como una sonrisa), amenaza y masticación. Los resultados echan por tierra la idea clásica de que existe una división estricta entre circuitos cerebrales: uno lateral para movimientos voluntarios y otro medial —que atraviesan la línea media del cerebro— para expresiones emocionales.

“Lo que hemos encontrado es que todas las regiones corticales motoras faciales están involucradas en todos los tipos de gestos”, explica Ianni. Es decir, que todas las zonas que antes se suponían separadas para diferentes tipos de gestos contienen neuronas que respondían tanto a gestos socioemocionales como a movimientos voluntarios. Para desentrañar cómo operan estas regiones en conjunto, los investigadores utilizaron técnicas de resonancia magnética combinadas con implantes de microelectrodos.

La clave fue registrar la actividad cerebral simultáneamente en las cuatro áreas mientras los animales interactuaban con estímulos sociales —vídeos de congéneres, avatares interactivos, o encuentros cara a cara— que provocaban gestos naturales sin entrenamiento previo. El hallazgo más sorprendente fue que las regiones cerebrales no se organizan según una jerarquía espacial clásica —de áreas inferiores a superiores— sino según una jerarquía temporal.

Los resultados también desafían la idea de que las expresiones faciales son meros reflejos. La actividad neuronal segregaba los distintos tipos de gestos mucho antes de que comenzara el movimiento —hasta un segundo antes—, lo que indica preparación e intencionalidad. Además, las trayectorias neuronales de cada gesto nunca se solapaban, incluso en períodos de reposo facial, sugiriendo que el cerebro ya está preparando el gesto específico que vendrá.

Bridget Waller y Jamie Whitehouse, investigadores del Departamento de Psicología de la Universidad de Nottingham (Reino Unido), destacaron que :“Los hallazgos de Geena  Ianni y sus colegas tienen implicaciones notables para entender la evolución y función de las expresiones faciales”,  “La visión clásica —que las expresiones faciales señalizan un estado emocional interno— sugiere que compartir emociones sentidas es evolutivamente adaptativo y ha sido seleccionado para facilitar las interacciones sociales con otros. Esto puede ser cierto hasta cierto punto, pero si las expresiones faciales se planifican, entonces queda en entredicho hasta qué punto representan siempre lecturas honestas y precisas del estado interno”.

Es decir: cuando sonreímos o amenazamos, nuestro cerebro está ejecutando una compleja sinfonía neuronal en la que diferentes secciones de la orquesta —rápidas y lentas, dinámicas y estables— colaboran para producir el gesto exacto en el momento social preciso. 

Ignacio Morgado, catedrático emérito de Psicobiología en el Instituto de Neurociencias de la Universidad Autónoma de Barcelona, que no ha participado en el estudio, valora que :“la novedad principal radica en que las regiones de la corteza frontal del cerebro que controlan los músculos de las expresiones faciales voluntarias y las que controlan las expresiones faciales emocionales codifican ambos tipos de expresión”. Sin embargo, añade una nota de cautela sobre las implicaciones: “La investigación tiene más interés neurológico que psicológico, pues no hay novedad en cuanto al papel social de las expresiones faciales”.

Este trabajo tiene potenciales implicaciones clínicas muy precisas. Comprender cómo funciona nuestro cerebro a la hora de generar nuestras expresiones podría usarse en el diseño de interfaces cerebro-computadora, para restaurar estas funciones en pacientes con lesiones cerebrales.

Maracaibo, lunes 19 de enero del año 2026

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